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Anarquismo y organización


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CAPÍTULO 5

Los editores del Sozialist pensaron al principio volver a publicarlo en el extranjero, pero después de un paréntesis de siete meses lograron volver a publicarlo en Berlín como época nueva. Pero el género y el estilo de escribirlo era diferente. El nuevo Sozialist perdió su anterior tono de mozo bravo de sus primeros años, concretándose exclusivamente a cuestiones puramente teóricas en cuyo terreno contribuyo considerablemente. Como ejemplo recuerdo solamente los admirables estudios sobre el marxismo y, en especial, los análisis críticos de la interpretación materialista de la historia, que fueron ampliamente tratados.


Pero los artículos del Dr. Eugenio Enrique Smith, Ladislauer, Gunplowicz, Benedicto Frid Lander, Bruno Wille, Ommer Born, Brude, etc., a pesar de toda su bondad, no podían corresponder a las necesidades de los trabajadores anarquistas que no estaban lo suficientemente instruidos, como para apreciar las idealizaciones de los intelectuales. Lógicamente esto debía terminar con un hondo confusionismo dentro del movimiento berlinés y que más tarde se extendió a otras localidades. Los mismos editores del Sozialist comprendieron que habría que intentar algo en ese sentido para nivelar las contradicciones que aparecían cada vez más expresivas y fundaron en 1896 el Annen Konrad (El pobre Conrado) una especie de suplemento popular al Sozialist. También el nuevo periódico, que aparecía bajo la dirección de Alberto Weidner, estaba bien presentado pero su formato era muy chico para ocupar el lugar que precisaba. Mientras tanto se ahondaron demasiado las divergencias que la orientación del Sozialist ocasionó. Aunque con un poco de buena voluntad se habría podido llegar a un arreglo razonable y favorable para todo el movimiento, pero en Alemania donde esas disputas abarcaban desde tiempo atrás un carácter más hostil que en cualquier otra parte, según parece fue imposible.
De esa manera apareció en 1897 en el sector de los elementos descontentos con la orientación del Sozialist, un nuevo órgano anarquista Neues Leben (Vida Nueva). Pero el nuevo periódico no granjeó ningún honor especial para su tan prometedor título, a pesar de toda la buena voluntad de sus editores, porque les faltaba la suficiente capacidad que se requiere para sacar un periódico bien redactado. No obstante, el nuevo periódico logró desposeer al Sozialist, el que, a fines de 1899, después de largas y arduas luchas financieras, dejó de aparecer.
Evidentemente no fue buena señal para la fuerza espiritual de ese movimiento, que una hoja como Neues Leben logrará arrojar del escenario a un periódico excelente y comedido como lo fue el Sozialist. Pero tales acontecimientos deben también ser juzgados desde otro punto de vista. Sin duda había entonces entre los anarquistas alemanes un cierto número de elementos que pueden ser considerados con mayor justicia como socialistas decepcionados, más que como anarquistas. Ese elemento aún hoy no desapareció del todo en Alemania.
Que el Sozialist no haya podido ser para ellos un periódico conveniente es fácil de comprender, pero existe otra causa que tomo un rol importante en esa lucha mutua entre anarquistas, y quizá tuvo una importancia decisiva. Una parte de los trabajadores anarquistas sintieron instintivamente que la posición que adoptaba el Sozialist lo alejaba cada vez más de la clase trabajadora, porque una parte considerable de sus colaboradores se perdía, de facto, en ideaciones que eran completamente ajenas a la vida real con sus luchas cotidianas. Se sentía que el contacto interno con el movimiento obrero en general se debilitaba, cada día más, previendo en ello un accidente que habría de perjudicar al desarrollo ulterior del movimiento.
Esas cosas en general las siente el trabajador simple más tenue e intensamente que el intelectual, aunque no siempre posee las facilidades de darle una expresión a esos sentimientos. La mayoría de los camaradas alemanes aspiraban a un movimiento obrero anarquista y sentían instintivamente de que una acentuación demasiado unilateral de teorías puramente abstractas sobre la soberanía ilimitada del individuo y otras cosas análogas por medio de las cuales puede suponerse todo lo posible e imposible, desalojaría a las masas del campo del movimiento convirtiéndolo en una secta petrificada. Esto indujo a muchos a tomar una actitud resuelta contra el Sozialist y encaminarse por otras vías. Es profundamente sensible la injusticia amarga que de esa manera se cometió, tanto desde el punto de mira puramente humanitario como del de interés del movimiento, con un hombre como Gustavo Landauer. Un vistazo a su excelente Manifiesto al Socialismo, es suficiente para reconocer que justamente Landauer fue uno de los pocos en Alemania que más profundamente interpretaron el lado social del anarquismo. Pero también sería injusto si se atribuyera todo, en esa lucha, a simples odios personalistas o restricciones espirituales, a pesar de que muy a menudo son lamentablemente acontecimientos que acompañan a tales pleitos.
El buen sentido indujo a muchos obreros anarquistas a desear una raíz de unión más potente del anarquismo con el movimiento obrero. Para muchos fue quizá más instintivamente que a sabiendas. Se sentía la necesidad interna, pero no se tenía la certidumbre del camino conveniente. El periodo de Neues Leben no fue seguramente camino verdadero, pero, para algunos, acelero la aclaración interna no obstante estar fuertemente influenciado por los acontecimientos que se operaban en el extranjero. El joven movimiento sindicalista en Francia se desarrollo con una rapidez pasmosa, y muchos anarquistas activos empeñaron toda su energía en el nuevo movimiento, participando en sus innumerables luchas. La razón de ser de un movimiento de masas se levanto poderosamente después de un adormecimiento tan largo durante el tiempo de las leyes de excepción. La grandiosa idea de Huelga General comenzó a abarcar a la muchedumbre de los países latinos y, bajo la directa influencia de grandes luchas obreras las que, durante los primeros años del presente siglo, conmovieron España, Francia, Italia, la Suiza francesa, Holanda, Hungría y otros países, también entró el movimiento anarquista en una nueva fase de su evolución, que volvió a acercarlo a sus precursores.
En enero de 1904 empezó a aparecer en Berlín Der Freie Arbeiter (El Obrero libre), cuyos editores se colocaron enteramente en el terreno del movimiento revolucionario de las masas, predicaba la huelga general y la acción directa. Un intento firme, en ese sentido, ya fue hecho con anterioridad por Rodolfo Lange y otros camaradas, los que con tal motivo sacaron el Anarchist. Pero, en el momento de colocarse en el terreno del movimiento revolucionario de las masas, el punto Organización volvió al tapete y, en efecto, fue Lange uno de los decididos partidarios de la organización anarquista en gran escala concitando muchas veces la contrariedad de una gran parte de los camaradas alemanes, con su defensa resuelta de este pensamiento. Cuando la Conferencia de Mannheim, de la Federación Anarquista Alemana (1907), elaboró y aprobó líneas de conducta en ese sentido, como era de esperar provocó innumerables protestas, protesta donde la frase La autonomía absoluta del individuo autócrata jugó un rol prominente.
Acontecimientos iguales ocurrieron también, en una más o menos idéntica forma, casi en todas partes, es decir, se trataba de asuntos que debían hacer en todas partes, el mismo efecto. El conocido anarquista holandés Christian Cornelissen, relató bien detalladamente ese estado en su interesante estudio sobre La Evolución del Anarquismo donde emite su opinión de la siguiente manera:
En diversos países modernos el anarquismo recién se hizo camino práctico como oposición a la centralización y disciplina de la social-democracia. Pero dicha oposición, como ocurre generalmente en movimientos opositores, se fue bien pronto al otro extremo. Junto a la influencia de los elementos libertarios y artísticos contribuyó mucho a prestar cierto apoyo al individualismo como teoría y hasta introducir en todas partes la desorganización en el movimiento. Sobre todo a principios del noveno decenio del siglo pasado, durante la época en que la llamada acción individual incitó diversos atentados con bombas, la crítica individualista de allí así como también de Italia, Alemania, Holanda, Bohemia, etc., atacaba primero a la forma de organización y más tarde a la organización misma. En los sindicatos apareció el espíritu individualista de desorganización y en muchas sociedades de reciente fundación, se puso como cuestión preliminar en la orden del día, que estatutos y presidentes llevan en sí el germen de un nuevo dominio. No contentos con criticar el abuso de la organización y el empleo de todos los medios para evitar que los miembros directores de los sindicatos poseyeran demasiado poder en sus manos, pues son sencillamente los mandatarios de los asociados, empezaron luego los individualistas a combatir a la misma organización, soñando ver siempre nuevos tiranos hasta allí donde se trataba tan sólo de regular los asuntos sindicales más simples. También en estos casos fueron erróneamente empleadas palabras como tiranización de la minoría por la mayoría y represión de la libertad individual. Pero, la crítica individualista, no notó aquí el peligro de que cuando en una organización obrera no existe una reglamentación se hace valer con más facilidad la autoridad personal y hasta la dictadura de individuos de acción, igual que en la vieja sociedad combatida. Más aún que en los sindicatos halló resonancia el individualismo en el periodo transitorio de que hablamos aquí, en los grupos y en los centros de estudio y de agitación los que se colocaron directamente frente a las sociedades de los social-demócratas. Recién, no hace mucho en diversos países se discutieron problemas como los siguientes: ¿Si no es un repudio contra la libertad del individuo el votar y concebir resoluciones en grupos revolucionarios? ¿Si es permitido apelar a los miembros de tales grupos, para que abonen con regularidad sus contribuciones a la caja del grupo? ¿Si se está autorizado para nombrar un presidente de mesa en los grupos para que anote a los que pidan la palabra o un secretario y especialmente un tesorero, pues son todos responsables ante los miembros y esto establece una nueva dominación como ocurre en los social-demócratas? Además, relativo a responsabilidad, el individuo soberano es deudor ante sí mismo de la responsabilidad. Que no se vaya a creer que es exagerado. Todavía, en el Congreso Internacional revolucionario de Londres en 1896, entre los presentes se hallaba un stirneriano empedernido que protestaba cada vez que había que aprobar alguna resolución: ¿Qué, una resolución? jNo quiero resoluciones! jNo vine para pactar con otros! ¡Yo quiero ser YO MISMO! Pero entonces la tendencia comunista ya tenía la supremacía y se le dijo al opositor: Eso podrías haber hecho en casa! No debes venir para aburrirnos.
Cite tan detalladamente a Cornelissen porque dio en la tecla con sus consideraciones y lo sobrevivió todo igual que yo. Lamentablemente, el espíritu de entonces no desapareció aún del todo del movimiento anarquista en Alemania y sigue mareando acá y acullá a gente que se embriaga fácilmente con palabras huecas y no tiene la habilidad de escarbar en la substancia de los conceptos. Esa gente queda apegada a las formas exteriores de las cosas, porque sufren de un incurable fetichismo que les representa siempre los cuadros de su imaginación como la verdad realista. Me basta recordar aquí solamente el Boletín que la Bolsa de Obreros Mozos creyó conveniente publicar en ocasión del último congreso sindicalista de Dusseldorf. La misma herejía autoritaria y las mismas réplicas que quedaron completamente intactas por las experiencias del tiempo. Una sola cosa se cambió. La hojita se titula Der Vorgeschobene y es realmente algo nuevo. Pues que en una sociedad tan ilustrada de individuos soberanos pueda haber también rebaño, es algo que antes nadie hubiera soñado. Aparte de eso, es así como viejos espectros nocturnos que se sumergen otra vez en el sepulcro, ante la primera iluminación del alba.
En el momento en que el movimiento anarquista volvió a colocarse sobre el terreno de la acción de las masas, como lo hicieron sus grandes precursores en la época de la Internacional, el problema de la organización debía naturalmente volver de nuevo a la orden del día y fue principalmente ese problema el que originó la convocación del Congreso Anarquista Internacional de Amsterdam (1907) y de la creación de la Internacional Anarquista. El compañero francés Dunois inició el punto Anarquismo y organización, con una pequeña relación, en la que puntualizó el carácter social de la idea anarquista y declaró que el anarquismo no es individualista sino federalista y que puede definirse como federalista en todos los terrenos. En la discusión todos los camaradas, exceptuando el individualista holandés Croiset, se expresaron por la necesidad de la organización. Con especial acentuación lo hizo nuestro viejo camarada Errico Malatesta, quien siempre fue un campeón incansable de las ideas organizadoras.
Guardémonos de la falsa concepción, dice Malatesta, de que la ausencia de organización es una garantía para la libertad; los hechos palpables nos demuestran lo contrario. Un ejemplo a su favor: existen en Francia periódicos anarquistas que no dependen de ninguna organización pero están cerrados para todos aquellos cuyas ideas, estilo y persona tienen el infortunio de no caer en gracia a sus editores, resultando en tal caso, que unos individuos poseen más poder para coartar la libertad de opinión a otros, no como pudiera ocurrir con un periódico editado por una organización. Se habla mucho de autoridad y autoritarismo. Aclaremos de una vez por todas qué es lo que se entiende por tal. No cabe duda de que nos sublevamos desde el fondo de nuestro corazón, y nos sublevaríamos siempre, contra la autoridad que está representada por el Estado y la que persigue el único objeto de mantener la esclavitud económica en el seno de la sociedad, pero ningún anarquista, sin excepción, se negaría a respetar una autoridad puramente moral la que debe su origen a experiencia, inteligencia y talento. Es un grave error acusar a los partidarios de la organización, los federalistas, de autoritarismo, y es un gran error creer que los llamados enemigos de la organización, los individualistas, se hubieran condenado voluntariamente a un aislamiento completo. Yo soy de la opinión de que la lucha, que se mantiene entre individualistas y partidarios de la organización, gira en general alrededor de frases huecas, que no pueden tener ningún valor para los hechos prácticos. En Italia sucede muchas veces que los individualistas están sin tener en cuenta de que son contrarios a la organización, mejor organizados que algunos defensores de la organización, los que a cada paso reafirman su necesidad y nunca la realizan en la práctica. Sucede también a menudo que en los grupos, donde tanto se perora de la libertad del individuo, hay más autoritarismo efectivo que en las sociedades tituladas de autoritarias porque tienen un presidente de mesa y adoptan resoluciones. Basta de frases huecas y dediquémonos mejor a los hechos prácticos. Las palabras separan, los hechos unen. Es tiempo ya de que organicemos nuestras fuerzas para obtener una influencia decisiva sobre los acontecimientos sociales.
En ese sentido el Congreso adoptó diversas decisiones creando un Bureau Internacional para que facilite las relaciones entre las diferentes organizaciones nacionales. El segundo congreso de la Internacional Anarquista que debía efectuarse en el verano de 1914 en Londres y para el que ya estaban notificados delegados de 21 diversos países de Europa y América, fue interrumpido por la guerra mundial que estalló justamente cuando el congreso tenía que realizarse y los cinco miembros que componían el Bureau fueron más tarde dispersados por diversos países.

La primera parte de la catástrofe gigantesca está ahora detrás nuestro y sería imposible prever que es lo que podría traernos la segunda parte. Sólo podemos suponerlo dentro de contornos bastante obscuros. Inmensos problemas se nos plantean esperando una solución. El movimiento anarquista sufrió mucho en todas partes a consecuencia de la guerra y los compañeros de todos los países deben hacer los mayores esfuerzos posibles para juntar nuestras fuerzas dispersas y reanimarlas para la acción. Se concibe ahora en todas partes que el movimiento anarquista necesita una base organizadora para obtener un resultado eficaz en, las grandes luchas que se nos presentan y para que los socialistas estatales de una u otra tendencia no se conviertan en los herederos gozosos de nuestra actividad y sacrificio. Rusia nos dio en este sentido un ejemplo previsor. Allá el movimiento anarquista, a pesar de la enorme influencia que tenía sobre el pueblo, y a pesar de los inmensos sacrificios con que contribuyeron los anarquistas para la causa de la revolución, concluyó siendo víctima de su dispersamiento interno y de su desorganización. Coadyuvó a exaltar a los bolcheviques al poder y nuestros compañeros sienten hoy muy bien su sabor amargo. Lo mismo sucederá en todas partes mientras que no logremos unirnos en determinadas líneas de conducta y fusionar en organizaciones nuestras fuerzas.


En Francia nuestros camaradas se unieron en la Unión Anarquista y despliegan una actividad satisfactoria. En Italia es hoy en día la Unión Anarquista una de las organizaciones más importantes e influyentes en el movimiento obrero italiano. En España, donde los anarquistas siempre han concentrado el peso de sus actividades propagandísticas y organizadoras en el movimiento sindical revolucionario, enseguida después de la guerra se desarrolló la Confederación del Trabajo portentosamente. Después de una serie entera de luchas, fue en cierta manera desposeída de la publicidad por la espantosa reacción que nuevamente bulle allá, durante los últimos dos años, pero no desapareció a pesar de las persecuciones atroces que sufrió y que sigue sufriendo hasta hoy día. Solamente debido a su inquebrantable actividad organizadora lograron nuestros camaradas españoles resistir a los violentos ataques de la reacción y reafirmar la estabilidad del movimiento. También en Portugal y en Sudamérica, donde los movimientos están bien emparentados con el español, contribuyeron mucho nuestros camaradas en el terreno de la organización y son acreedores de las mejores esperanzas en el futuro.
En Alemania adquirió el anarquismo un terreno firme, a partir de la revolución, debido al fuerte desarrollo del movimiento anarco-sindicalista que abarca a todos los elementos del movimiento obrero anarquista. Según mi opinión es el acontecimiento más significativo en toda la historia de la evolución del anarquismo en Alemania, a pesar de que aún no está suficientemente valorizado por la fracción de los compañeros que están en principio sobre la base del movimiento obrero y de la organización. El que sepa valorizar toda la odisea de dicho desarrollo concebirá que justamente esos compañeros que dejaron de ser novicios en el movimiento deben estar especialmente interesados en acelerarlo en todo lo posible, porque un largo divisionismo como podemos ver hoy en la mayoría de las organizaciones extremistas existentes, hubiera sido al mismo tiempo un desmoronamiento del movimiento anarquista del que no podría restablecerse por mucho tiempo.

CAPÍTULO 6


Queremos que no se nos confunda. Si hemos defendido aquí tan fervientemente la organización, no queremos de modo alguno manifestar que es un bálsamo para todas las clases de enfermedades. Sabemos muy bien que en primera línea está el espíritu que anima e inspira un movimiento; cuando falta ese espíritu para nada sirve la organización. No se puede resucitar a muertos organizándolos. Lo que sí interpretamos es que allí donde realmente existe el espíritu y donde están las energías necesarias, es la organización de las fuerzas sobre la base federativa el mejor medio para alcanzar los resultados más grandes. En la organización hay un campo de actividad para todos. La estrecha cooperación de los individuos por una causa común es un medio poderoso para el levantamiento de la fuerza moral y de la conciencia solidaria de cada miembro. Es absolutamente falso el afirmar que en la organización se pierden la individualidad y el sentimiento personal. Todo lo contrario, justamente por el constante contacto con iguales se despliegan recién las mejores cualidades de la personalidad. Si se entiende por individualismo nada más que el constante pulimiento del propio YO y el ridículo temor de que en todo contacto estrecho con otros hombres reside un peligro para la propia persona, se olvida que justamente ahí yace el mayor obstáculo para el desarrollo de la individualidad. Cuanto más estrechamente está ligado un hombre a sus prójimos y cuanto más profundamente siente sus alegrías y sus dolores, más hondo y rico es su sentimiento personal y más grande su individualidad. Se puede afirmar tranquilamente que el sentimiento personalista de un hombre se desarrolla directamente de su sentimiento social.


Por eso el anarquismo no es contrario a la organización, sino su más ferviente defensor, claro está, suponiendo que se trata de una organización natural de abajo arriba, que nace de las relaciones comunes de los hombres y encuentra su expresión en una cooperación federativa de las fuerzas. Por eso combate también toda imposición de esa cooperación que se impone desde arriba sobre los hombres; porque destruye las relaciones naturales entre ellos, que es la base de toda organización real y convierte a cada individuo en una parte automática de una gran máquina que se dirige por privilegiados y trabaja para determinados intereses particulares.
Se puede, como Malatesta, reposar todo el peso sobre la organización de los grupos anarquistas y de su unión federativa, o estar con Kropotkin, de que los anarquistas continúen con sus pequeños grupos y depositar todo el peso de sus actividades en las organizaciones sindicales. Se puede hasta representar el mismo punto de vista que James Guillaume, el valeroso compañero de luchas de Bakunin, para que no se hable siquiera de organizaciones anarquistas especiales, sino que se trabaje exclusivamente dentro de los sindicatos revolucionarios para la evolución y profundización del socialismo libertario. Estas son disparidades de criterio que se prestan a discusión, pero de todas maneras queda establecida la necesidad de la organización.
Justamente ahora, antes de que se avecine la tempestad, es más urgente esa necesidad. Las contradicciones sociales se han hecho más palpables en todos los países y enormes masas del proletariado están aún dominadas por la creencia de que el uso de la violencia estatal por el mismo proletariado, lo coloca en condiciones de resolver el problema social. Ni el derrumbamiento espantoso de Oriente, puede curar a la mayoría de ese engreimiento. Es absurdo pensar que el socialismo estatal perdió su poder fascinador sobre las masas. Es todo lo contrario, y por sobre el mismo debe colocarse frente al espíritu de servidumbre general, el IDEAL DE LIBERTAD Y SOCIALISMO. Una lucha, una lucha sin piedad a todas las fuerzas de la tiranía y a todos los idólatras del poder y del dominio, bajo cualquier máscara que estén escudados. La suerte de nuestro avenir próximo está sobre la balanza de la historia. Deben, por lo tanto, unirse todas las fuerzas en una gran alianza y abrir las puertas para un porvenir libre.




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