Página principal

Ampliación de declaración indagatoria del cc (RE) Ricardo Cavallo


Descargar 0.73 Mb.
Página1/11
Fecha de conversión21.09.2016
Tamaño0.73 Mb.
  1   2   3   4   5   6   7   8   9   10   11

Ampliación de declaración indagatoria del CC (RE) Ricardo Cavallo.

Juicio ESMA I , TOF N° 5 (Iniciado 11-12-2009)

Fecha: 20/09/2016


Sumario
Como llegué a este juicio:
Introducción:
Que fueron los militantes:

Organizaciones de superficie:

El método elegido:
Rol de Cuba:
Fue una guerra:

En América Latina.

En Argentina.

Las fuerzas de la revolución

Misión de las fuerzas principales

Militarización.

Trato entre enemigos.

Dos bandos que decidieron hacer la guerra.
El método de lucha contra el terrorismo:

Antecedentes, experiencias anteriores:

CAFEPENA”.

EFECTOS DE LA AMNISTIA

LA VERSION DE UNO DE LOS PROTAGONISTAS DE LAS DECISIONES


El poder de decisión:
¿Estuvieron cerca de ganar?:

Cantidad de efectivos de los terroristas.

Querían “un mundo mejor”: ¿Cómo era?
Como llegué a este juicio:
Como dije antes, no me doy legalmente por impuesto de la acusación en mi contra porque:


  1. Durante la lectura de las acusaciones se han omitido partes tanto del pedido de elevación a juicio del fiscal como del auto de elevación del juez instructor.




  1. En el momento de las omisiones no he pedido que se releyera el documento completo porque no tenía derecho a hablar, razón por la cual presenté mi solicitud por escrito en cuanto tomé conocimiento de las mutilaciones. Esta solicitud fue rechazada por el tribunal, cercenando de esta forma mi derecho a oír la acusación en mi contra, derecho que reclamo todavía.




  1. No he podido conocer los documentos que reclamo se lean porque:




    1. Mis pedidos de obtención de copias de las actuaciones por parte del juzgado instructor no han sido satisfechos.




    1. He constatado que la respuesta ritual que dan los juzgados cuando dicen que “la causa está a disposición del imputado para su consulta en el juzgado” es de imposible cumplimiento para trabajar con vistas a la preparación de una defensa en juicio. Probablemente se pueda implementar para una consulta puntual, pero no se puede concurrir diariamente al juzgado para trabajar en la construcción de una defensa. Para explicarlo brevemente esto significa un desplazamiento de no menos de 16 horas de duración para poder estar en contacto con la causa un máximo de tres o cuatro horas, si el cuerpo que se solicita no está en posesión de otro interesado, como el fiscal o el propio juez. Claramente no se puede hacer esto a diario por razones físicas obvias.




    1. Dada la imposibilidad de obtener copias en papel ni de consultar la causa en el juzgado, queda la opción de disponer de copias digitales. Este camino surge como el adecuado con solo leer algunos cuerpos de la causa. Su volumen y complejidad fueron repetidamente invocados por el juzgado de instrucción, la fiscalía, las querellas y las defensas, usualmente para requerir extensiones de plazos para presentar diversos tipos de documentos, como para pedir simplemente copias digitales de documentos puntuales.

El propio juez de instrucción hace más de un año dictó un auto en el que decide que el juzgado entregará solamente copias digitales a quienes soliciten copia de alguna parte de la causa debido, precisamente, al volumen de la misma.

Es así que he solicitado al juzgado de instrucción que se me autorice la utilización de una computadora en mi lugar de detención durante el tiempo necesario para poder trabajar con la causa. Esta petición no fue atendida por el juez Torres, si lo fue por este tribunal, que tuvo a bien otorgarme esa autorización hace más de ocho veintitrés meses.

Al día de hoy todavía no se ha llevado a la práctica esta disposición de este tribunal.


    1. Tampoco he tenido éxito en conseguir la copia de la causa, ya que mi abogado desde hace más de un año (hoy ya son dos años) está intentando obtener copia y todavía le falta más de un veinte por ciento del total. no ha terminado.

Todo esto me lleva a la conclusión de que me encuentro en un evidente estado de indefensión.


Esta conclusión se ve reforzada por los siguientes hechos:

  1. Luego de la presentación de las cuestiones preliminares el tribunal ya tenía tomada su decisión de rechazarlas todas. Aunque el tribunal me ha denegado el pedido que presenté para que se tomaran las medidas correctivas que la ley establece para ese caso, lo cierto es que en la misma desestimación a mi pedido el tribunal reafirmó que en el momento de pasar a cuarto intermedio para analizar su decisión ya tenía tomada, al menos, la de rechazar todas las cuestiones presentadas que implicaran, de ser aceptadas, una detención del juicio, con lo que no solo tenía un prejuzgamiento sino que lo hacía público.




  1. Por lo que hemos visto hasta ahora, parece que las querellas y la fiscalía tienen el derecho de decir lo que deseen sobre cualquier tema, utilizando esta sala y este público para hacer declaraciones que poco tienen que ver con el tema específico del juicio, mas bien parecen declaraciones políticas, más destinadas para los medios que contribuyentes al desarrollo del juicio.

No tengo particular problema con ello, en tanto haya igualdad de trato, pero esto funciona de manera que no nos deja ni siquiera contestar las declaraciones que hacen, algunas de ellas tan poco fundamentadas que parecen la simple opinión de quien las dice. Esto hace a la igualdad de condiciones de las partes frente a este juicio. Sin embargo esta igualdad es solo teórica porque:




    1. Uno de los abogados de una de las querellas hizo declaraciones ante los medios de comunicación el día del comienzo del juicio. En ellas dijo que para este juicio no solo contaban con el apoyo de la fiscalía sino también con la del mismo tribunal. Esta declaración pública de parcialidad del tribunal no ha merecido ningún comentario por parte del mismo hasta este momento.




    1. Ese mismo abogado al final de una de las sesiones del juicio se dirigió al tribunal diciendo mas o menos así: “…hoy han ganado los imputados…no debemos volver a permitirlo…” haciendo una clara autocrítica y, de paso, involucrando al tribunal sobre la actitud que debían tener en adelante. Lo verdaderamente sorprendente, por decirlo de alguna manera, ya no es que alguno diga estas cosas, ya no asombran, sino la falta de respuesta del tribunal que, con el silencio ante estas afirmaciones deja de tomar la distancia de las partes que debería mantener para, al menos en las formas, dar imagen de ecuanimidad.




    1. Otro abogado de las querellas parece tener un tema personal con la forma en que somos conducidos a esta sala. Pasando por al lado, pero lejos, de lo que establece la ley para el traslado de prisioneros argumentó ante el tribunal para que sea modificado el procedimiento. El tribunal no le contestó pero al día siguiente el procedimiento en cuestión fue modificado por orden del tribunal. Lo que el abogado había argumentado no tenía en cuenta la legislación vigente, pero eso parece no ser importante para quienes toman la decisión.




    1. Cada vez que en la platea alta se suceden comentarios en voz alta o ruidos el tribunal envía algún funcionario para que le ordene al personal policial de guardia que los evite, incluso les limitan hacerse visibles desde abajo, probablemente porque a alguien o algunos les molesta que saludemos a los conocidos, agradeciéndoles su presencia en este momento de prueba. Tanto encomio y diligencia no se ve reflejado en lo que ocurre en la platea de la planta baja. En su última presentación, el señor vicealmirante Montes tuvo que soportar que se lo insultara a su paso a través de la platea baja sin ninguna reacción por parte del tribunal.




    1. En relación con lo sucedido el 11 de febrero de 2010 en la sesión de este juicio. En resumen, y para ubicarnos en lo que ocurrió, se estaba leyendo el requerimiento de elevación a juicio de la fiscalía en la causa que se da en llamar “Walsh”. El fiscal incluyó en su requerimiento la llamada “Carta abierta a la junta militar”, escrito que, según él, sería de la autoría del sr. Walsh y la llevaba consigo en el momento de su muerte.

Al finalizar la lectura de la carta el público presente en la planta baja prorrumpió en aplausos (previamente había comenzado a llegar gente a esa sala, justo cuando estaba por terminar la lectura de esa “carta”).

Al terminar los aplausos el sr presidente del tribunal dijo al público que “esto es un juicio, no un acto político”. No pude dejar de notar que el sr presidente no interrumpió los aplausos, sino que dejó que terminaran y luego hizo su observación.

La realidad es que los aplausos fueron la culminación del acto político, que consistió en la lectura ante el tribunal de la llamada “carta abierta a la junta militar” que se atribuye al sr Walsh.

No aparece en la instrucción de la causa ninguna medida de investigación tendiente a verificar que la “carta...” pertenezca realmente al sr Walsh y, en ese caso, que la leída fuera esa y no otra modificada.

También se puede encontrar, a poco que se tome el trabajo de buscar, que el sr Walsh tuvo una actuación destacada en el ataque al desembarco en la bahía de Cochinos, en Cuba en los años ´60 y fue un cuadro conspicuo de la estrategia cubana de promover la revolución marxista en América Latina.

Puede ser opinable que un manifiesto político, tal como es la carta mencionada, sea apropiado que se lea en este juicio en estas circunstancias, Pero resulta que el mismo sr fiscal ha dicho en el pedido de elevación a juicio que las Fuerzas Armadas decidieron poner en práctica un plan de acción, cito “con el alegado propósito de combatir a la subversión…”. Especialmente en el caso del sr Walsh se puede encontrar información que complete su trayectoria pública. Aparte de su pertenencia a la organización Montoneros y diferentes hechos que protagonizara en ese carácter, que podrían o no ser conocidos o reconocidos por el fiscal, también fue el autor de una carta a la Conducción Nacional de Montoneros, de fines de 1976, en disidencia con la política militarista y del enfrentamiento “aparato contra aparato” (según Firmenich).

En todo caso esa carta a la Conducción Nacional, parece una fotografía mucho más fiel de su pensamiento.




  1. Un aporte importantísimo a la forma en que este juicio se desarrolla es producido por los “testigos necesarios”. Hemos escuchado en los autos de elevación una justificación de su existencia y propósito. Dado el peso que le han dado a este tipo de “testigo” cualquier declaración por la defensa (incluso de los mismos imputados) o prueba documental que aporte alguna defensa será desestimada.

En realidad lo que han creado es una “licencia para mentir”. Se ve claramente en la instrucción que ante aportes de pruebas exculpatorias de alguno de los imputados, pocos días después aparecieron varios “testigos necesarios” que contradecían el descargo presentado, haciendo lugar el juez de instrucción, por supuesto, a la ponencia de los “testigos necesarios”.


Poco importa si para decir esto los “testigos necesarios” contradecían sus propias declaraciones anteriores, aún realizadas bajo juramento, incurriendo de manera flagrante en falso testimonio. Si este tribunal adhiere a la calificación de “testigo necesario” para los testigos de la fiscalía y las querellas, cosa previsible por cierto, entonces frente a esto cualquier declaración que yo o cualquier otro imputado haga no tiene ningún sentido y el transcurso de este juicio no deja de ser un rito, vacío absolutamente de contenido y, claro, de justicia.

Todos los imputados sabemos esto, los que han declarado hasta ahora lo han hecho a pesar de este conocimiento, lo que da otro sentido a sus declaraciones.


(…)

Sin duda este no es el camino para encontrar la verdad, solo encontrarán el “relato”, como está de moda decir ahora, de los “testigos necesarios”. Pocas cosas hay más alejadas de la verdad que una visión parcial de los hechos.



Por todo lo expuesto declaro que estoy en estado de indefensión frente a este juicio ya que no se cumplen las condiciones de igualdad que establece la Constitución Nacional. Solicito además que se tomen las medidas necesarias para dar solución a esta situación.
Lo que acabo de leer es una reiteración de parte de mi declaración del 8 de abril de 2010. La releí porque no he tenido ninguna respuesta del tribunal a mis solicitudes. Siguen, por lo tanto, vigentes todas las cuestiones que he planteado en aquella oportunidad.

Dado el volumen de la causa, no quise arriesgarme a que la carga de trabajo de este tribunal, que es enorme, les impida recordar lo que he denunciado en aquella oportunidad, razón por la cual he repetido las partes que, a mi juicio, merecen alguna resolución del tribunal.

Introducción:

Soy inocente de los cargos que se me imputan en este juicio.
Ninguno, de los cerca de 200 testigos que declararon en este juicio me ha acusado de los cargos que aquí se me hacen. No se ha hecho una demostración de mi participación ni objetiva ni subjetiva en los hechos de los que me acusan y por los que me están juzgando.
Sobre los sitios en los que he prestado servicios, me remito a mi legajo personal de la Armada Argentina, que tengo entendido se encuentra en este tribunal o en el Juzgado Federal Nº 12, en su versión original.
Dado lo que acabo de leer en repetición de mi declaración indagatoria, parece inútil y ocioso cualquier intento de defensa. Estoy convencido que no importa que prueba se presente, el resultado es inamovible.
He participado de casi todas las audiencias de este debate, entre otras cosas para tratar de entender que esta pasando. Es lamentable, pero luego de más de un año y tres meses de juicio debo decir que no ha habido nada para que pueda cambiar de opinión, mas bien al contrario: todo lo que ha ocurrido no ha hecho más que reafirmar mis suposiciones del comienzo y que expresé en mi declaración indagatoria ante este tribunal.

También esta concurrencia me ha permitido constatar que aquí no se ha hablado de algunas cosas que, si se ignoran, impiden tener una idea cabal de lo que ocurrió.
He propuesto en 1985 a la Armada Argentina que se procediera a juzgar a todos y cada uno de los denunciados. Yo me encontraba entre ellos (en realidad mi foto con mi apellido y otro nombre), me parecía entonces la manera más lógica de averiguar la verdad de lo ocurrido y deslindar las responsabilidades pertinentes. Dado lo ocurrido es obvio que no se accedió a mi pedido.

Hoy sigo pensando lo mismo, sigue siendo lo mejor. Lo que está pasando es otra cosa.

Aquí se ha modificado de tal manera el marco legal vigente que esto no tiene nada de justo desde el mismo comienzo, mucho menos el esperable final.
Dado lo asimétrico, en mi perjuicio, que es este juicio me veo impedido de aceptar preguntas que no sean de mi abogado. Entiendo que en este contexto solo colaboraría con la injusticia, que he bautizado en cuanto conocí lo que se está haciendo como una verdadera “máquina de condenar”.

Voy a contar lo que creo que son grandes falencias de lo que se ha expuesto hasta ahora en este debate, en el que poco se ha avanzado en el descubrimiento de la verdad. Lo que no se ha dicho, al menos hasta ahora y que ha generado una imagen distorsionada de los hechos. Ello porque:
Detrás de una pretendida “apertura” del tribunal (he escuchado muchas veces que todas las partes y algunos jueces hablaban del amplio criterio aplicado) he visto que los defensores no podían preguntar algunos temas a los testigos, si estos eran de los propuestos por la fiscalía o las querellas, claro. Bastaba que algún abogado de alguna querella o el propio fiscal dijera en voz alta que se oponía a la pregunta (normalmente era una pregunta relacionada con la historia del testigo) usando por todo fundamento que “no corresponde”, para que el presidente hiciera lugar a la objeción. Alguno de los defensores lo manifestó de viva voz: “está visto que esta defensa no puede preguntar”.
Si se daba curso a las preguntas de las defensas y hubieran sido contestadas permitirían ayudar a conocer el contexto en el que los hechos ocurrieron o como hizo el fiscal en, al menos, una oportunidad: “para conocer la verdad señor presidente”. En esa ocasión el presidente del tribunal no dudó en acceder a hacer lugar a la pregunta a la que inicialmente había negado validez. Me estoy refiriendo al testimonio del señor almirante Arosa.
Del mismo modo en ocasión del testimonio de otro, marino?, el sr Argimiro Fernández, he podido ver como hacía el tribunal para impedir prácticamente cualquier pregunta que se apartara un milímetro del objeto por el que fue citado a testimoniar. Los abogados de las querellas y la propia fiscalía hicieron denodados esfuerzos por hacer preguntas que ampliaran la declaración del testigo, siempre de manera infructuosa, tanto que aún en la audiencia siguiente una de las querellas todavía manifestó su disconformidad con lo ocurrido con este testigo.

En cambio hemos visto en el testimonio de, por citar un ejemplo porque en realidad fue en casi todos los casos de testigos ofrecidos por las defensas que pertenecieran a las Fuerzas Armadas, el Señor Capitán de Navío Varela. En él se permitió un interrogatorio rayano en el hostigamiento por parte de abogados de las querellas. Incluso alguno de ellos dijo que era imposible lograr que conteste algo. En realidad el Sr. Capitán Varela contestaba las preguntas, ya que nadie lo impedía solo que, evidentemente, no contestaba lo que quien preguntaba quería oír.
Me parece encomiable evitar el hostigamiento de los testigos ofrecidos por las defensas. Me pregunto porque no se hizo con todos ellos, en lugar de solo con uno.

Hay otro caso que será, creo yo, paradigmático: la identificación de los cuerpos encontrados en el cementerio de General Lavalle.

Pasaron por aquí, supongo que citados por la fiscalía y las querellas, tanto el director del laboratorio Litmo, de Córdoba, donde se hacen los análisis de ADN como dos fundadores del Equipo Argentino de Antropología Forense que vinieron a testificar ante este tribunal.
Del testimonio de los tres quedó absolutamente claro hasta para un lego como yo que no se cumplió ningún protocolo legal para la identificación, razón por la cual esas identificaciones son legalmente nulas.
Así, se echa sombra sobre la difundida “amplitud de criterio del tribunal”. Si existe, esta claro que no es tan amplia que abarque a todos; cosa que hasta este juicio creía que debe ser una actitud permanente de quien juzga: medir con la misma vara a todos, caso contrario deja de ser aplicación de justicia para ser otra cosa.
Esto no hace más que embonarse con lo que ya me ha pasado a lo largo de este “juicio” y he denunciado al principio del debate, evidentemente sin éxito.
Hace más de un año, un abogado que trabaja en el Poder Judicial, con destino en este edificio se encontró con uno de los defensores de un imputado por los llamados “delitos de lesa humanidad” (ninguno de este juicio). En la conversación giraron alrededor de este tema, con apreciaciones no demasiado diferentes de las que escuchó el dr. Hergott de otro magistrado y que motivaron en él la reacción que terminó en su recusación para este juicio:



Si bien en la resolución no se nombra al magistrado que pronunció esta frase, es de conocimiento público que se trataba de un miembro del tribunal que estaba juzgando el juicio llamado “ABO”. A pesar de su afirmación ese magistrado no quiso o no pudo lograr que la Justicia se impusiera, no pudo impedir que fueran condenados todos los acusados menos uno, a condenas de dos tipos: cadena perpetua y 25 años de prisión, sin importar el grado de conexión con los hechos que pudo haber tenido cada uno de los imputados ni la prueba presentada. Hasta donde pude conocer, no son muy diferentes de las que aquí se han exhibido hasta este momento.

La conversación entre los letrados terminó con una afirmación de parte del abogado que trabaja en este edificio: “doctor, ya sabemos que en este país hay tres derechos, el común, el de los políticos y el de los militares!”
Oscuro panorama, entonces.
Sin embargo promediando este juicio, el 15 de agosto de 2010 se publicó en el suplemento “Enfoques” del diario La Nación un reportaje a los jueces que juzgaron a los miembros de las juntas militares en la llamada Causa N° 13/84. Entre otras cosas dijeron:

Torlasco: Aquí en este momento se están juzgando muchos hechos que normalmente hubieran estado prescriptos de acuerdo con el artículo 18 de la Constitución, se está juzgando por aplicación retroactiva la convención sobre la imprescriptibilidad de delitos de lesa humanidad.

LN: Y como lo ven?

Valerga Aráoz: Yo no estoy de acuerdo.

Ledesma: Yo tampoco.

Torlasco: Yo tampoco.

Moreno Ocampo: Yo creo que la objeción de Guillermo (Ledesma) de que los crímenes de lesa humanidad, si no se utilizaron en el juicio no se pueden utilizar para la prescripción, es válida. Hay un problema serio de prescripción…

Ledesma: Yo creo que, si se admite la imprescriptibilidad, que acabo de decir que viola el principio de legalidad, también deberían ser juzgables hoy en día los líderes de la subversión.

(…)


Ledesma: Yo diría que está legislado por el tribunal de Roma, por un lado, y por el otro, adhiero al fin de un artículo de Andrés (D´Alessio) sobre este tema, el principio de legalidad, donde cita a Radbruch. A pesar de haber sido perseguido por el nazismo, Radbruch decía que con el advenimiento de una sociedad democrática había que aferrarse más que nunca a los principios, y creo que el principio de legalidad no puede ser derogado por nada porque es uno de los logros más importantes de la civilización.

(…)


Moreno Ocampo: … La ley no es solamente para los jueces, la ley es para la sociedad y para los gobiernos en todos los temas, en los crímenes como estos, en los delitos ordinarios, en los delitos de corrupción…”.
Es decir, los jueces que juzgaron a las juntas militares en la causa 13, (que son tenidos por mucha gente en muy alta estima), están de desacuerdo con este juicio, por prescripción (aplicación retroactiva de imprescriptibilidad de delitos de lesa humanidad) y por violación del principio de legalidad.

Aún con la lógica de este tiempo, lo que piensan estos señores sobre este tema tiene algún peso, no solamente en mi criterio, sino en el de mucha gente.


En todo el desarrollo del juicio, hasta ahora, he escuchado que hubo en los años ´70 “militantes de movimientos sociales” que “querían un país más justo para todos”…y varias frases más que podrían traducirse como sinónimos de “jóvenes idealistas”, que en todo caso deberían tomarse como descripción modélica de personas con “sensibilidad social” y preocupadas por mejorar las condiciones de vida de sus conciudadanos indigentes y/o sometidos a cuasi esclavizantes condiciones de trabajo y de vida.
Sin tener en cuenta el contexto en que ocurrieron los hechos, podría decirse que formaban parte de organizaciones del estilo de “ONG´s” que apoyaban a los desposeídos para mejorarles la vida…nada más lejos de ello.
Para mi sorpresa también he aprendido que el objeto de este juicio, y de todos los juicios en este país, es la búsqueda de lo que realmente pasó, “búsqueda de la verdad de lo ocurrido”. Lo han dicho el fiscal, varios de los abogados de las querellas y varios de los abogados defensores. Asumo que es cierto: que el objeto de este juicio es la búsqueda de la verdad.
Debo decir entonces que en este juicio no se ha encontrado la verdad que, por cierto, ni se ha asomado a esta sala: los testigos han mentido, al menos los que dicen haber estado detenidos (en realidad ellos dicen “secuestrados”), algunos incluso haciendo ostentación de haber cooperado con otros para modificar sus recuerdos de lo que vieron y/o vivieron, armando de esta manera un testimonio coordinado entre varios testigos. Ni siquiera se tomaron el trabajo de hacerlo de manera disimulada.

Hemos escuchado testigos que fueron modificando su testimonio con el correr del tiempo, que probablemente sean tomados como “testigos necesarios” por el tribunal (nada hasta ahora indica lo contrario).
Tampoco han ajustados a la verdad la fiscalía, las querellas y los testigos que presentaron en cuanto a la calidad y cantidad de los perseguidos.

El hecho de que mientan los testigos no debe asombrarnos. Ya lo han hecho y se han ufanado de ello, como la señora Graciela Daleo hizo públicamente respecto de su declaración en el juicio de la llamada “Causa 13”. Una vez más, debido a mis limitaciones actuales de acceso a la información no he podido aportar la nota en cuestión, pero ha declarado a los medios que mintió en su testimonio de ese juicio porque no podía “admitir la militancia ya que temía ser procesada”. Gracias a la existencia de Internet y Google seguramente será fácil para el tribunal verificar que la señora Daleo ha reconocido haber mentido en una declaración bajo juramento. Hoy seguramente ya está prescripto el delito, pero da una idea de lo que se puede esperar de su testimonio como “testigo necesario”.

Nada se ha dicho de lo que realmente ha ocurrido, del verdadero contexto en que ocurrieron las cosas y los verdaderos motivos, sino excluyentes, al menos principalísimos y en absoluto desdeñables. Nadie los ha mencionado.
Están ustedes, señores jueces, juzgando sobre hechos que se imputan como ocurridos hace más de treinta años. Esos hechos ocurrieron en un contexto y hasta aquí, en este juicio nadie lo ha descripto y ustedes eran muy jóvenes en aquella época para haber conocido los hechos terroristas de primera mano.
En el tiempo que llevo privado de mi libertad he tratado de enterarme de que es lo que realmente pasó. Hoy podría darles a ustedes mi versión, pero también he comprendido que no tiene sentido, ya que mi credibilidad frente a la de los “testigos necesarios” es nula. De todas formas pude reconstruir lo que sigue que, efectivamente, ocurrió y no esta dicho por mí:
Dejo constancia que, dadas las limitaciones que tuve y tengo, tanto para acceder a información como para trabajar sobre ella (que ya he mencionado), lo que voy a decir a continuación es, necesariamente, incompleto.

También que para construir lo que sigue, he consultado dichos y escritos de gente que está identificada, hoy, con los acusadores más que con los acusados.
  1   2   3   4   5   6   7   8   9   10   11


La base de datos está protegida por derechos de autor ©espanito.com 2016
enviar mensaje