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“All you can eat” Consumismo: Una feliz falsedad


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. El creciente nivel de consumo le está proporcionando una mejora de su calidad de vida a la clase consumidora mundial?
. Puede la sociedad consumir en forma equilibrada, consiguiendo armonizar consumo y conservación del medio natural?
. Pueden las sociedades reorientar las opciones que se ofrecen a los consumidores para que su capacidad de elección sea real?
. Puede la sociedad conceder prioridad a satisfacer las necesidades básicas de toda la población?
Mientras empujamos el carrito de la compra…mientras visitamos las catedrales laicas de los Centros Comerciales…mientras vivimos el hechizo hedonista y las frivolidades surtidas, con la “tarjeta” en la boca…el consumismo nos consume.

La carrera por el consumo es el producto de años de entrenamiento y condicionamiento publicitario dentro de una sociedad de consumo.

El consumismo es viejo y hace envejecer.

El consumismo no es creativo ni entusiasma.

El consumismo satisface, pero no alegra.

El consumismo adormece y embota.


Las nuevas generaciones se enceguecen ante la vanalidad, lo superfluo, las candilejas, la televisión y el consumismo. La cultura del exceso. La elevación de las expectativas de mejora del nivel de vida basado en el apetito material y el consumo, conjugado con una crisis de valores éticos.

Los jóvenes, esclavos del consumismo, han hecho de el la primera religión global del planeta.

El hiperconsumismo o como se fabrica el amor a las posesiones, concluye en la humanidad desechable.

Se produce una ruptura entre el “ser” y el “parecer”. Surgen los llamados “ismos”:

Relativismo – Permisivismo – Hedonismo – Consumismo.
El Relativismo es mirar todo de acuerdo al cristal que se use, todo “depende”. Cada uno decide lo que las cosas son. Es aquí donde comienza el cambio. No hay una verdad, hay verdades a la carta. Si todo es Relativo, todo esta permitido.
Permisivismo. El mundo del desenfreno, sin presiones, ni exigencias. El bien y el mal pasan a ser decisión individual. Las normas éticas dejan de regir. Debo complacerme permanentemente.
Aparece el Hedonismo. Se busca lo que es placentero, el fin es el bienestar exclusivamente, confundiéndoselo con la felicidad. El sacrificio y el esfuerzo no tienen sentido. Se trata de privilegiar los impulsos más bajos antes que los más nobles. Aquello que es apreciado por el placer que provoca, es objeto de deseo y es lo buscado.
Consumismo. Tanto se tiene, tanto es el valor humano. Esta nueva forma de vida le brinda al individuo un montón de oportunidades: variedad de productos, facilidad para obtenerlos, devolución en caso de disconformidad, etc., pero por otro lado lo obliga a consumir y a querer tener aquello que se le ofrece que quizás no esté a su alcance por lo que se le genera frustración.
Relaciones humanas y tiempo libre, elementos indispensables de la felicidad, se han visto invadidos por el consumismo, pasando el ocio casi al olvido.

La libertad es sinónimo de independencia desvinculada.

La era del consumo, tiende a reducir las diferencias instituídas desde siempre entre los sexos y las generaciones.
El hombre post-moderno no se aferra a nada, no tiene certezas absolutas, nada le sorprende y sus opiniones son susceptibles a modificaciones. Tan pronto un acontecimiento ha sido registrado, se olvida, expulsado por otro más espectacular.

Se maximizan los derechos y se evaden los deberes.


Dado que lo trascendente ha pasado a no ser importante ni vital, todo lo contrario, lo elemental, genera estrés: elegir entre alternativas diferentes, comprometerse y responsabilizarse por lo elegido, envejecer, engordar, tomar vacaciones o educar, dan lugar a problemas irresolubles: el hombre se ha vuelto muy vulnerable.
Vivimos en un profundo individualismo, la tradición y la posteridad han sido dejadas de lado: ya no interesa el pasado lleno de enseñanzas y cargado de cultura, ni el futuro, al cual se le teme: el paso del tiempo lleva a una vejez desvalorizada y desprestigiada, motivo por el cual la angustia de la muerte se hace intolerable.

“En esta época posmoderna, la sociedad actual se ha “adolescentizado”. Los niños desean llegar pronto a ser adolescentes, mientras que los adultos no desean nunca perder su juventud”, nos dice Adriana Ceballos, Orientadora Familiar, en su interesante trabajo: “El postmodernismo. Sabemos qué es? Soy o no un posmo?


Intermezzo
A modo de descanso, a mis lectores más jóvenes, les propongo un test. Un cuestionario sobre “Creencias en relación al consumo”. Podríamos denominarlo: “El hábito no hace al monje”.

A continuación se van a encontrar una serie de frases que indican diferentes actitudes hacia el consumismo y la moda.

Tras leerlas con la máxima atención y comprender muy bien el significado de cada una de ellas, rodea uno de los números que le siguen.
Los números significan:

1 – Estoy completamente de acuerdo.

2 – Estoy de acuerdo.

3 – No estoy ni de acuerdo ni en desacuerdo, me da igual.

4 – Estoy en desacuerdo.

5 – Estoy totalmente en desacuerdo.


Siendo pobre y teniendo pocas cosas estamos condenados

a ser desgraciados 1 2 3 4 5


Gastar, mientras más mejor 1 2 3 4 5
Nada hay mejor para ligar que vestir a la última moda 1 2 3 4 5
La ambición de tener más cosas no es un defecto sino una

virtud 1 2 3 4 5


Donde se pongan unos vaqueros caros de marca que se

quiten otras imitaciones 1 2 3 4 5


Lo importante en la vida es tener y disfrutar al máximo 1 2 3 4 5
Todo el mundo es egoísta y piensa en si mismo 1 2 3 4 5
Lo caro es muchísimo mejor que lo barato 1 2 3 4 5
Estrenar lo que sea, sobre todo si es lo que se anuncia en

TV., me llena de satisfacción 1 2 3 4 5


El dinero debe gastarse pronto y en lo que a cada cual le

apetezca 1 2 3 4 5


Es preferible deber las cosas a no tenerlas 1 2 3 4 5
Si a uno/a le sobra el dinero tiene derecho a malgastarlo 1 2 3 4 5
De entre todos los refranes, el más sabio es “tanto tienes,

tanto vales” 1 2 3 4 5


Lo quieras o no, te acomplejan quienes tienen mas que tú 1 2 3 4 5
Ahora es el momento de que conozcas tu propia actitud hacia el consumismo y la moda. Para que la valoración sea adecuada necesitas aplicar el siguiente baremo:


  • Entre 60 y 75: Actitud positiva hacia el consumismo.

  • Entre 31 y 59: Actitud no definida hacia el consumismo.

  • Entre 15 y 30: Actitud negativa hacia el consumismo.

  • Si has falseado las puntuaciones: Actitud negativa hacia la verdad

Fin del “intervalo”.
La esclavitud intelectual del consumismo
El consumismo aparece a primera vista como un comportamiento social masificado, sello distintivo de las llamadas sociedades de consumo. El consumo, en tanto función económica, se ha convertido en nuestro tiempo en una función simbólica.

“El consumismo constituye una nueva habla social que ante la bancarrota de los metarrelatos articula una pluralidad de microrrelatos efímeros, no trascendentes y despolitizados; que transforman una ideología en sentido común. Desde otro punto de vista, no podemos dejar de observar que el consumismo es un nuevo “ethos cultural”, en que las necesidades impuestas por un orden económico devienen impulsos o deseos. Esta mutación antropológica, puede ser explicada como un nuevo perfil psicosocial; entre los técnicos contemporáneos se ha acuñado el término neo-narcisismo, para describir el perfil del sujeto actual”, nos dice Alvaro Cuadra en su artículo, “La ciudad sin rostro – El consumismo: consumación de la mitología burguesa”.


El consumismo es un nuevo modo de socialización. Esto es así porque, en tanto función simbólica, esta nueva modalidad se aleja del polo infraestructural, para flotar en el “universo virtual” de los signos. Esto explica la tremenda fuerza y la universalidad que posee esta modalidad cultural que como nueva sociosfera, no reconoce fronteras.
Las sociedades de consumo han emergido por doquier en la era del postcomunismo. Uno de los rasgos centrales de esta época es el descrédito de los grandes relatos; que de un modo u otro le otorgan un sentido a la sociedad, definiendo el lazo social. Hoy, el individualismo masificado no ha traído como consecuencia una atomización absoluta de la sociedad ni su descomposición; qué nuevas modalidades permiten que los átomos – individuos no sean lanzados a la entropía social? Jean-Francois Lyotard, nos propone una respuesta: “El sí mismo es poco, pero no está aislado, está atrapado en un cañamazo de relaciones más complejas y más móviles que nunca. Joven o viejo, hombre o mujer, rico o pobre, siempre está situado sobre “nudos” de circuitos de comunicación, por ínfimos que estos sean”.
El consumismo puede ser entendido como una red dialógica que ha sido redefinida por nuevas reglas constitutivas a partir de un cierto saber narrativo. Las nuevas micronarraciones se presentan como un agregado disperso y relativamente autónomo que se auto legitima, en cuanto la función narrativa estatuye el derecho y la responsabilidad de los hablantes y la de los oyentes en un grupo social dado. De hecho, no se requiere un manifiesto del consumismo o algo parecido; en esta nueva etapa del capitalismo, transitamos vertiginosamente de una cultura gramatical hacia una cultura textual, en que las contingencias y avatares van instalando precedentes, jugadas, que se legitiman en los circuitos en uso. Ese saber narrativo, como afirma Lyotard, es afín a la “costumbre”. En otras palabras, hay una congruencia entre la opinión, como consenso en torno a ciertos enunciados y una cierta “forma de ser”.
El saber narrativo por excelencia fue la religión; ella otorgó las competencias básicas para complementar la visión de mundo en la antigüedad; del mismo modo, estatuyó un marco valórico y legitimó los lazos sociales. Además, entregó a cada individuo las competencias para encontrar significados emocionales y psíquicos más allá del campo empírico o técnico: en pocas palabras, le dio sentido a la vida de generaciones. En la actualidad tanto la religión como el paradigma de la Razón, aparecen banalizados, acaso desacreditados. Sin metarrelatos de legitimación, la cultura contemporánea hace suya la lógica mercantil, renunciando a dos grandes competencias del saber narrativo: una visión de mundo holística y al significado psíquico y emocional arraigado en el sujeto. No obstante, mantiene un marco valórico sui generis y una modalidad de legitimación de los lazos sociales por la vía de la pragmática.
El principio mismo de ciudadanía ha perdido su anclaje político, para devenir una ciudadanía credit-card.

Una sociedad de consumo, que con su lógica del marketing ha barrido los estancos culturales, imponiendo en su lugar una anulación de jerarquías; como en un bazar o una pagina magazinesca, pueden convivir en un mismo plano de equivalencia el Che y Los Simpsons, Violeta Parra y Madonna.

La televisión es el espacio virtual en el que se fragua este melting pot; es allí también donde se enuncian y legitiman los microrrelatos que dan coherencia al todo social. Hoy asistimos a las figuras ejemplares, como portadoras de sentidos, imágenes dignas de imitarse. Los transmisores de este saber narrativo son los medios masivos de comunicación y la publicidad; obviamente, el medio preponderante es la televisión. Estas figuras ejemplares vienen generalmente acompañadas de slogans, que como máximas transmiten micro-sentidos. Lo verbal y lo icónico se entrelazan en un todo pragmático. Las jugadas son ahora, verbo-icónicas. Estos héroes de nuevo cuño encarnan los microrrelatos que orientan la vida de generaciones enteras. Bajo la lógica de la moda, esto es bajo la lógica de la seducción, de lo efímero y de la diferenciación marginal; los ídolos contemporáneos nos invitan a nuevas latrías, éxtasis y adoración momentánea e intensa.
Qué relatan estas imágenes? La respuesta más amplia que podríamos concebir es: formas de vida. Esto implica, por cierto, un sinnúmero de características: desde el vestuario y la apariencia física hasta las cualidades morales del ídolo. Esta diversidad de rasgos, no puede ocultar algunas constantes dignas de destacarse: juventud, éxito, individualidad. En efecto, estamos ante arquetipos de la juventud (higiene, salud, vitalidad, acción, alegría, espontaneidad); al mismo tiempo, detrás de una sonrisa ebúrnea, descubrimos una cierta noción de éxito: un automóvil deportivo, una pareja deseable, viajes y muchos, muchos dólares. Todo esto nos lleva a la exaltación de un principio sagrado: el individuo.
“Al masificarse los comportamientos mercantilistas –el consumismo- se instala una ilusoria igualdad social; el mercado incorpora en una lógica de conjunción, a las más amplias capas de la población. El consumismo, no es otra cosa que la consagración de la mitología burguesa y su disolución en lo cotidiano. En pocas palabras, la cultura contemporánea es la culminación de un proceso mediante el cual una ideología se ha transformado en sentido común”, nos dice Alvaro Cuadra.

En una sociedad de consumo, como la nuestra, el individuo es arrojado a un espacio en que su identidad es una forma de vida, esto es: un microrrelato cultural, que se traduce en un pseudo-estilo de vida, análogo a la moda. El mercado, por cierto, recicla todos los pseudo-estilos de vida, convirtiéndolos en verdaderos códigos culturales en que conviven sin problemas lo underground con lo clásico, lo iconoclasta y “casual” con lo elegante y distinguido.

“Nessun dorma”

(El poder blando)


Según Joseph S. Nye Jr., en su libro “La paradoja del poder norteamericano” (Taurus – 2003), “si EEUU quiere conservar su fortaleza, los estadounidenses deben prestar más atención a su poder blando. A qué me refiero exactamente con “poder Blando”?

El poder militar y el poder económico son ejemplos de poder duro, del poder de mando que puede emplearse para inducir a terceros a cambiar de postura. El poder duro puede basarse en incentivos (zanahorias) o amenazas (palos). Pero también hay una forma indirecta de ejercer el poder. Un país puede obtener los resultados que desea en política mundial porque otros países quieran seguir su estela, admirando sus valores, emulando su ejemplo, aspirando a su nivel de prosperidad y apertura. En este sentido, es tan importante tener la vista puesta en la política mundial y atraer a terceros como obligar a otros a cambiar mediante amenazas o el uso de armas militares o económicas. Este aspecto del poder –lograr que otros ambicionen lo que uno ambiciona- es lo que yo llamo poder blando.

El poder blando depende de la capacidad de organizar la agenda política de forma que configura las preferencias de otros…Si yo consigo que tu “quieras” hacer lo que yo quiero, entonces no tengo que obligarte a hacer lo que tu “no quieres” hacer. Si EEUU representa valores que otros quieren imitar, entonces nos costará menos ser líderes. El poder blando no es simplemente lo mismo que la influencia, aunque es una forma de influencia. A fin de cuentas, también se puede influir en otros mediante amenazas o recompensas. El poder blando también es más que la persuasión o la capacidad de transformar a los demás mediante argumentos. Es la capacidad de atraer y actuar. Y la atracción a menudo lleva a la conformidad o la imitación…

Como lamenta Hubert Védrine, los estadounidenses son así de poderosos porque consiguen “inspirar los sueños y deseos de otros gracias al dominio de las imágenes globales del cine y la televisión, y debido a que, por estos mismos motivos, un gran número de estudiantes acuden a EEUU a terminar sus estudios”. El poder blando es una importante realidad…

Cómo es de grande la disparidad entre nuestro poder y el del resto del mundo? En cuanto a poderío militar, somos el único país con armas nucleares y fuerzas convencionales de alcance global. Nuestros presupuestos militares son mayores que los de los siguientes ocho países juntos, y somos los primeros en la denominada “revolución del sector militar” basada en la información. Económicamente, generamos un veintisiete por ciento de la producción mundial, que (a precio de mercado) es igual a la de los tres siguientes países combinados (Japón, Alemania, Francia). Somos la sede de cincuenta y nueve de las cien mayores empresas del mundo de acuerdo con su valor de mercado (frente a treinta y una en Europa y siete en Japón). Según la lista del “Financial Times”, de las quinientas empresas globales mayores del mundo, 219 son estadounidenses, 158 europeas y 77 japonesas. En inversiones extranjeras directas, invertimos y recibimos casi el doble que el siguiente país de la clasificación (Gran Bretaña) y tenemos la mitad de los diez mayores bancos de inversión. El comercio electrónico estadounidense es tres veces mayor que el de Europa y poseemos siete de los diez mayores vendedores de software. Cuarenta y dos de las setenta y cinco marcas más importantes son estadounidenses, así como nueve de las diez escuelas de negocios más importantes.

En términos de poder blando, EEUU es con mucha diferencia el primer exportador de cine y televisión del mundo, aunque India de hecho produzca más películas al año. También atraemos la mayor cantidad de estudiantes anuales a nuestras instituciones de educación superior, seguidos de Gran Bretaña y Australia. Además de estudiantes, en el año 2000 había más de 500.000 expertos extranjeros residiendo en instituciones educativas estadounidenses. En palabras del “Financial Times”: “EEUU es el modelo económico dominante para el resto del mundo y una gran parte del mundo en desarrollo”…

(El poder blando en la era de la información global) Una consecuencia de la creciente importancia de los editores y asesores en esta era de la información global es que la importancia relativa del poder blando aumentará, porque el poder blando depende de la credibilidad. A los países bien situados en términos de poder blando les va mejor. Los países que probablemente aumenten su poder blando en la era de la información son (1) aquéllos cuya cultura e ideas dominantes son más cercanas a las normas globales predominantes (que hoy en día valoran el liberalismo, el pluralismo y la autonomía), (2) aquéllos con mayor acceso a múltiples canales de comunicación y por lo tanto mayor influencia en la elaboración de noticias, y (3) aquéllos cuya credibilidad aumente gracias a su actitud en asuntos domésticos e internacionales. Estas dimensiones del poder en nuestra era de la información sugieren la creciente importancia del poder blando en la combinación de recursos de poder, y confieren una gran ventaja a EEUU…

Como señala un perceptivo crítico francés: “Nada simboliza mejor el triunfo de la cultura estadounidense que el cine, la quintaesencia artística del siglo XX…Este triunfo de lo individual motivado por la compasión o por una noble ambición es universal…El mensaje se basa en la actitud abierta de EEUU y en el éxito continuado de su sociedad multicultural”…

Pese a la vulgaridad, el sexo y la violencia, “nuestro cine y nuestra música exaltan a iconos de la libertad, celebrando una sociedad basada en la movilidad ascendente, la informalidad, la irreverencia igualitaria y la energía vital. Esta exaltación tiene su atractivo en una era en que la gente quiere conseguir llevar una buena vida “al estilo americano”, incluso aunque como ciudadanos políticos vean defectos en cuanto a ecología, comunidad e igualdad”…

Las elevadas ideas culturales que EEUU exporta en las mentes del medio millón de estudiantes extranjeros que estudian todos los años en universidades estadounidenses, o en las mentes de los empresarios asiáticos que vuelven a casa después de triunfar en Silicon Valley, están más relacionadas con las elites del poder. La mayoría de los políticos chinos tienen un hijo o una hija educado en EEUU, que comunica una imagen realista del país, a menudo opuesta a las caricaturas de la propaganda oficial china…

La idea de que la globalización equivale a una americanización es común, aunque simplista…Pero también es verdad que EEUU es un gigante en la fase actual de la globalización…

Como se quejaba el presidente de Irán en 1999: “El nuevo orden mundial y la globalización que ciertos países están intentando hacernos aceptar, ignorando la cultura del mundo entero, parece una especie de neocolonialismo”.

Efectivamente, varias dimensiones de la globalización están dominadas hoy en día por las actividades de Wall Street, Silicon Valley y Hollywood…

Hoy en día, la globalización tiene su núcleo en EEUU, ya que una gran parte de la revolución de la información procede de este país y una parte importante del contenido de las redes de información global se crea actualmente en EEUU, aumentando su poder blando”…

“Cosi fan tutte”

(Los que se “tragan” el poder blando, el poder duro, y todo lo que les pongan por delante…o por detrás)


Podría recurrir a una nueva encuesta nacional de Zogby Internacional para The Miami Herald donde se muestra que un sorprendente 80 por ciento de los votantes hispanos de EEUU está de acuerdo con la idea de que “es posible para ti y para tu familia lograr el sueño americano”. Sólo un 17 por ciento respondió que el sueño americano “no existe”.

El porcentaje de hispanos que son optimistas sobre el futuro es mayor que el de cualquier otro grupo no inmigrante de bajos ingresos, como los afroamericanos o las madres solteras, dice el encuestador John Zogby, presidente de Zogby Internacional. “Es fascinante”, dijo Zogby, al referirse a lo errado de la hipótesis según la cual los grupos de bajos ingresos están predispuestos a ser pesimistas sobre el futuro. “La realidad es que los inmigrantes y los nuevos inmigrantes traen consigo un nuevo sueño, una nueva esperanza”…

La razón es muy simple: las encuestas muestran que, a pesar de todos los problemas, los inmigrantes hispanos en EEUU parecen ser un grupo bastante feliz con su vida. Y si esto es cierto, uno puede asumir que continuarán diciéndoles a sus familiares en América Latina que la situación en EEUU no está tan mal como la pintan en la prensa de sus países… (Lanacion.com.ar -3/08/04)
Pero, voy a emplear un mail que unos amigos me remitieron, para “testimoniar” la dependencia cultural (de las otras mejor no hablar) de un país latinoamericano (el mío, para más INRI). Ese país “cholulo”, “paleto”, “pardillo” (ustedes calificarán) que alguna vez se creyó inglés, aunque hablaban francés, y luego (muy a su pesar) se descubrió español, aunque hablaban italiano…Ese país que nunca se sintió latinoamericano, aunque hoy en día esta más cerca de Africa que de París…Ese país que aún así sigue jugando al “american way of life”, mientras hay un 14% de desempleo –sin contar el trabajo irregular-, el 46% de la población es pobre –más de 15 millones de personas-, y muchos niños tienen que trabajar para sobrevivir -1,5 millones- y dormir en las calles –nadie se interesó en contarlos-…

Por favor, lean el “guión” de una Opera bufa (“La vergüenza de haber sido y el dolor de ya no ser”):


LA GLOBALIZACIÓN SEGÚN FONTANARROSA :
En esta época de globalización, aggiornáte o quedás afuera. ¿De qué carajo?.
Ni idea...Desde que a las insignias las llaman "pins", a los maricones "gays", a las
comidas frías "lunchs" y a los repartos de cine "castings", Argentina no es la misma.
Ahora es mucho más moderna; durante muchos años, los argentinos estuvimos hablando en prosa sin enterarnos.
Y lo que todavía es peor, sin darnos cuenta siquiera de lo atrasados que estábamos.
Los chicos leían revistas en vez de "comics", los jóvenes hacían asaltos en vez de "parties", los estudiantes pegaban "posters" creyendo que eran carteles, los empresarios hacían negocios en vez de "business" y los obreros tan ordinarios ellos, a mediodía sacaban la fiambrera en lugar del "tupper".

Yo, en la primaria, hice "aerobics" muchas veces, pero en mi ignorancia, creía que hacía gimnasia.


Afortunadamente, todo esto hoy cambió; Argentina es un país moderno y a los argentinos se nos nota el cambio exclusivamente cuando hablamos, lo cual es muy importante...
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