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Alejandro Magno (356-323 a. C.) cambió el rostro de Judea junto con el del resto del mundo entonces conocido. En el 336 a. C


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La expansión del gobierno hasmoneo
Uno de los más señalados logros de los hasmoneos fue su nuevo trazado del mapa de Judea. Lo que una vez fue una pequeña y aislada subprovincia en el periodo persa y a comienzos del periodo helenístico se convirtió, hacia el final de la era hasmonea, en una entidad política importante que abarcaba el territorio del actual Israel (menos el sur del Negueb) y parte del sur del Líbano y de Jordania occidental.
Simón, que gobernó el nuevo estado de 142 a 134 a.C., hizo una fuerte campaña militar hacia el mar, hacia el noroeste. Conquistó Guezer, expulsó a sus habitantes gentiles, purificó la ciudad y la repobló con judíos observantes 16. Desde Guezer continuó a Joppa (Yaffo) , que una vez tomada se convirtió en el puerto principal del estado hasmoneo.
El hijo y sucesor de Simón, Juan Hircano, gobernó durante 30 años (134-104 a.C.) y, como su padre, expandió espectacularmente los límites del país. Amplió su dominio a lo largo de la costa e incluso estableció su presencia al este del Jordán. Dedicó también sus esfuerzos contra varios grupos étnicos que vivían en la comarca montañosa, los idumeos en el sur de Judea y el Negev septentrional , y los samaritanos en el norte. Hircano probablemente conquistó también Galilea, aunque la composición de su población por este tiempo es desconocida.
Hircano fue sucedido por su hijo Aristóbulo I, el primer hasmoneo que adoptó el título de "rey". Aunque sólo reinó un año (104-103 a.C.), consiguió anexionar territorio itureo en el sur del Líbano.
Aristóbulo fue sucedido por su hermano Alejandro Yanneo (103-76 a.C.), el último pero tal vez el más grande de los líderes militares de la dinastía hasmonea. Yanneo anexionó nuevos territorio casi en todas las direcciones. Al noroeste, la Torre Straton (posterior Cesarea) y Dor; al suroeste , el distrito costero, incluyendo Gaza , una de las mayores ciudades helenísticas de su tiempo; al nordeste, gran parte del Golán y Gilead (noroeste de la actual Jordania); y al sureste, conquistó amplias zonas de Moab.
El control de los pueblos vecinos, de las ciudades, de las rutas y puertos comerciales importantes fue una obvia motivación de la extensión de esas conquistas Hasmoneas. La dimensión religioso-nacionallista, sin embargo, no era un factor menos significativo en la política hasmonea. Los hasmoneos se veían a sí mismos como los sucesores de los grandes líderes del pasado, los Jueces y los reyes del periodo del Primer Templo. Esto queda sutilmente claro en IMc, escrito hacia el final del s. II a.C. bajo el patronazgo hasmoneo. Tanto el lenguaje como los términos que usa son reminiscencia de los libros de Jueces y Reyes, dibujando conscientemente una analogía entre los hasmoneo, por un lado, y el desarrollo e institucionalización del liderazgo político judío en tiempos bíblicos, por otro. La ceremonia de coronación de Simón , descrita en 1Mc 14, representa la culminación de ese libro: es un relato cuidadosamente escrito, que alude con frecuencia a los gloriosos días del rey Salomón.
En la misma línea, las monedas hasmoneas usaban la antigua escritura resucitada del periodo del Primer Templo, más que la escritura cuadrada aramea entonces en uso. Era sin duda un intento consciente de los hasmoneos para identificar tu gobierno con el de la anterior monarquía davídica.

Ideología religiosa hasmonea
En la esfera religiosa, los hasmoneos estuvieron preocupados por limpiar todos sus territorios de toda práctica idolátrica. La purificación religiosa del país se convirtió en una política básica. A veces esto significaba expulsar a los habitantes paganos y después purificar el lugar; en otras ocasiones, se requería la conversión de la población. Así, poblaciones enteras, tanto rústicas como urbanas, fueron convertidas al judaísmo. Los dos ejemplos más representativos de esta política son la conversión de los idumeos por Juan Hircano y la conversión de los itureos por Aristóbulo I. Es difícil determinar el grado de "suavidad" de tal política. No se mencionan en las fuentes resistencias a estas conversiones forzosar, aunque naturalmente tuvo que haberlas. Se desprende de la elección ofrecida entre conversión o muerte a los habitantes de Pella, en Transjordania.
El componente ideológico que acompañó al éxito Hasmoneo era un arma de dos filos. Por un lado, dio un impulso y una motivación adicional para las conquistas macabeas, y proporcionó una causa trascendente firmemente enrraizada en una fe bíblica que sobrepasaba los temas políticos ordinarios. Por otra parte, una tal actitud anti-pagana estaba destinada a levantar animosidad. El celo hasmoneo puede ser interpretado, tal vez correctamente, como un rechazo de los valores y forma de vida paganas. Algunas de las más tempranas evidencias de antisemitismo pagano, como una negativa descripción de los judíos y el judaísmo por parte de los consejeros de Antioco VII17 y la hostilidad de Posidonio de Siria y otros escritores era en gran parte una reacción a las acciones anti-paganas de los hasmoneos. En el siglo I a.C. circulaban ampliamente varias acusaciones antijudías: los judíos eran misántropos, los preceptos religiosos judíos creaban animosidad social y perversión moral, el culto judío en el Templo de Jerusalem era primitivo y bárbaro, etc. Algunas de estas hostilidades eran tal vez motivadas por oposición política y religiosa a los hasmoneos. El hecho de que muchos paganos y judíos vieran las conquistas hasmoneas como parte de un esfuerzo para el control del país, un esfuerzo en el que cada parte reclamaba la posesión de la tierra, sin duda exacerbaría las reacciones paganas.
La combinación hasmonea del poder político y la ideología religiosa era igualmente problemática en el frente doméstico. Desde luego, el modelo había sido adoptado por otros elementos en su sociedad, particularmente por grupos religiosos. En contraste con el final del periodo del Segundo Templo, en que el carácter religioso de las distintas sectas judías era predominante, durante la época hasmonea la implicación política de esos grupos era muy grande. Por ejemplo, encontramos líderes de las dos principales sectas, fariseos y saduceos, ocupando puestos en el gabinete del rey. Hacia el final del s. II a.C., los saduceos trabajaban al lado de Juan Hircano, que favorecía a las clases sacerdotales aristocráticas. Las maquinaciones conjuntas de los saduceos y de los seguidores de Juan Hircano forzaron finalmente a los fariseos a salir del gobierno. Los farsieos, sin embargo, se convirtieron enseguida en una oposición militante; de hecho, mucha de la inestabilidad que tuvo lugar durante el reinado de Alejandro Yanneo fue apoyada, animada y dirigida por los fariseos. La abierta hostilidad de los fariseos y su conducta irrespetuosa hacia Yanneo acarreó severas medidas que incluían exilio, persecución e incluso una crucificación masiva. La oposición llegó al extremo de invitar al rey sirio Demetrio VI a atacar Jerusalem. Cuando la batalla tuvo lugar, el lado seleúcida estaba poblado de disidentes judíos y el lado hasmoneo reforzado por mercenarios paganos.
Más tarde, la esposa y sucesora de Yanneo, Salomé Alexandra (76-67 a.C.) reinstauró a los fariseos y les dio el control completo de los asuntos internos del país. No perdieron tiempo en vengarse de los saduceos y ricos aristócratas que antes les habían perseguido.
La más extrema reacción a esta situación fue tomada por miembros de otra secta judía, los esenios o secta del Mar Muerto. En protesta contra el liderazgo político y religioso de los hasmoneos, los esenios abandonaron Jerusalem y se asentaron en una remota región del desierto de Judea para esperar allí la caída de los hasmoneos como parte del drama mesiánico que, en su opinión, iba a producirse inmediatamente.
Así, la implicación política de las sectas religiosas en la sociedad hasmonea era endémica. Todos los grupos, saduceos, fariseos y esenios, no estaban menos organizados como partidos políticos que como sectas religiosas. Esto introducía en el teatro político elementos de rigidez ideológica que sólo incrementaba las tensiones.

Una síntesis única de judaísmo y helenismo
En otro orden de cosas, los hasmoneos establecieron un modelo de conducta que afectó profundamente al ambiente social y cultural de la comunidad judía. Introdujeron en la Judea hasmonea una peculiar síntesis entre helenismo y judaísmo, que algunos autores han descrito como una forma moderada de helenismo. Los hasmoneos trataron de adaptar formas helenísticas al judaísmo, y no al revés, como pretendían los judíos extremadamente helenizados.
Tal vez la mejor muestra de este deseo hasmoneo de integración entre los dos mundos sean las monedas que acuñaron. En las pequeñas monedas, una especie de calderilla concebida para propósitos propagandísticos y pequeños cambios, hay símbolos e inscripciones que dan un claro mensaje: los mundos judío y griego no son irreconciliables. El idioma era griego o hebreo (sólo unas pocas están en arameo, la lengua semítica comúnmente utilizada en ese tiempo). La inscripción griega usa el título secular del gobernante judío (rey) y su nombre griego (Alexander /Yanneus/); las monedas hebreas usan su título judío (sumo sacerdote) y su nombre hebreo (Yonatan). Además, la escritura hebrea no es la forma aramea "cuadrada", sino una más antigua usada en el periodo del Primer Templo, pero no usada anteriormente en el periodo del Segundo Templo.
Los símbolos que se encuentran en esas monedas son también un importante indicio de la actitud hasmonea hacia la cultura circundante. La rama de palma, el ancla, la cornucopia, la estrella circular y otros que se encuentran también en las llamadas "monedas de ciudad" acuñadas en varias ciudades de la región, como Gezer, Tiro y Ascalón. las únicas excepciones a esta regla son dos acuñaciones del nieto de Alejandro Yanneo y último de los reyes hasmoneos, Matatías Antígono (40-37 a.C.), en las que aparece la menorah y la mesa de la proposición. Pero la mayoría de las monedas hasmoneas exhiben símbolos de origen pagano, aunque cuidadosamente seleccionados en una política de compromiso.
Parecido contraste y síntesis se encuentra en el magnífico palacio hasmoneo de invierno excavado no hace mucho en Jericó 18. Algunas de las más exquisitas comodidades del mundo helenístico pueden encontrarse all: una gran piscina, baños, un gran pabellón, paredes con frescos y suelos de mosaicos con motivos geométricos, columnas dóricas cuidadosamente talladas y frisos, etc. Pero entre el palacio y la piscina había varios mikvaot o baños rituales, que serían usados por los hasmoneos quienes, en su calidad de sacerdotes, debían estar ritualmente puros antes de repartir las ofrendas voluntarias (terumot) dadas por el pueblo. Hasta ahora son los más tempranos ejemplos de mikvaot : no se han encontrado esas instalaciones en yacimientos pre-hasmoneos, ni son nunca mencionados en fuentes bíblicas. Así, los hasmoneos no sólo adoptaron estilos arquitectónicos helenísticos y sus correspondientes comodidades, sino que crearon una institución exclusivamente judía como el baño ritual.
La sociedad judía refleja igualmente ese deseo de adoptar influencias helenísticas, pero con el mismo espíritu selectivo que generalmente se traducía por el rechazo a las formas abiertamente paganas.
Veamos algunos ejemplos: Los restos funerarios de la zona de Jerusalem reflejan un alto grado de influencia foránea, invariablemente imitando modelos helenísticos conocidos. La tumba de Jasón, por ejemplo, un rico aristócrata de Jerusalem del siglo I a.C., tiene una forma piramidal; la tumba de los hijos de Hezir (Bnei Hezir) en el valle del Cedrón, al este de Jerusalem, siguen otra tradición egipcia con su fachada columnada y el adyacente monumento funerario. El difunto se depositaba generalmente en kohkim o loculi , pequeñas cavidades de aproximadamente el largo y el ancho de un cuerpo humano, excavados en las paredes de las cuevas. Esta forma de enterramiento deriva de los modelos helenísticos que se originaron en la Alejandría del s. IV a.C. No menos helenísticos en origen son las fachadas de las tumbas y los atrios exteriores (como en la tumba de Jasón). Columnas, frisos, capiteles y arquitrabes de los distintos órdenes griegos aparecen en esas tumbas. Las inscripciones están por lo general en griego, hebreo y arameo. Lo que es judío en esas tumbas es su expresión artística, que representa una quiebra con el mundo pagano. Las representaciones figurativas son comunes en las tumbas paganas de Palestina, como por ejemplo en Maresha o Marissa (figuras en procesión musical), y a través del mundo helenístico. Sin embargo, las representaciones figurativas son prácticamente inexistentes en las tumbas judías.
La ausencia de representaciones figurativas refleja un desarrollo religioso y cultural significativo en la era hasmonea. En los anteriores mil años de historia judía, las representaciones figurativas existían: Los querubes del arca, los leones del trono de Salomón, los toros del "mar de bronce" del patio del Templo, la serpiente de bronce usada hasta los tiempos de Ezequías, etc. Por no mencionar, ya que pudiera aducirse que se trataba de culto heterodoxos, los toros de Dan y Betel. Pero también hay numerosas figurillas que han aparecido en yacimientos arqueológicos de la época del Primer Templo a lo largo y ancho de Israel y Judá, de las que parece haber sido un centro productor el propio Jerusalem. Y ya en el periodo del Segundo Templo, hay monedas con representaciones animales y humanas acuñadas en Jerusalem a finales del periodo persa y comienzos del periodo helenístico, que dan evidencia del uso del arte figurativo. A partir de los hasmoneos, y durante trescientos años (hasta el tiempo de Bar Kohkba, 135 d.C.), los judíos manifestaron una casi total aversión por el arte figurativo. Josefo y la literatura rabínica , así como los restos arqueológicos del periodo, confirman una amplia adhesión a esta estricta prohibición. La razones no están totalmente claras, aunque puede inferirse que tal vez fuera una reacción traumática a los decretos de Antioco IV que, para horror de los judíos, introdujo ídolos en el sagrado recinsto del Templo. Después de todo, la proscripción de imágenes en el segundo mandamiento iba en principio dirigida contra la idolatría. O tal vez se debió a la supremacía durante los hasmoneos de una interpretación más estricta y conservadora (¿de los saduceos?) de la Torah en general y del segundo mandamiento en particular. En lugar de prohibir solamente el arte figurativo con propósitos idolátricos, una postura más permisiva adoptada en tiempos bíblicos y más tarde en el periodo talmúdico, los hasmoneos prohibieron todas las representaciones figurativas. En esta reacción contra la práctica helenística general, los judíos se distinguieron claramente con respecto a la cultura circundante.
Otra ilustración de la síntesis de las culturas helenística y griega está conservada en un libro apócrifo, las adiciones griegas a Ester. En esas adiciones se trata de dar un sesgo más piadoso y judío al libro, que tal como estaba suscitaba algunos problemas: ¿por qué no se menciona el nombre de Dios? ¿por qué no hay expresiones de piedad judía, como la oración? ¿por qué una respetable doncella judía como Ester se casa con un rey gentil, duerme con él, come en su mesa? Las adiciones suplementan el texto bíblico con un tono particularista y religioso pro-judío y anti-pagano. Lo curioso es que fueron escritas en un fino griego literario, en Jerusalem, por un sacerdote llamado Lisímaco y llevadas a Alejandría por un levita llamado Tolomeo. Así que algunos cultos y educados judíos (con esos nombres) habían trazado una clara línea entre su educación helenística y sus lealtades judías.
Los nombres de la gente a menudo indican proclividades culturales. Además de los nombres griegos de los líderes hasmoneos, muchos miembros de familias importantes de su reino tenían también nombres griegos: Eupolemos, Numerius, Antiochus, Jason, Antipater, Apollonius, Alexander, Dositeus, Diodorus, Lysimmachus, Pausanias, Josephus, Mennaeus, Aeneas, Aristobulus, Amyntas, Sosipater, Philip19.
La influencia helenística no se limitó a la cultura material, arte y arquitectura, o a los nombres y lengua griega. Penetró profundamente, afectando incluso a instituciones y creencias religiosas de la sociedad hasmonea. Ya hemos visto, por ejemplo, las prácticas funerarias. En otro orden de cosas, las fuentes rabínicas arrojan interesante luz sobre las leyes matrimoniales. La tradición adscribe a Simón Ben Setah, un líder fariseo que floreció en la primera mitad del s. I a.C., una alteración importante de la ketubah o contrato matrimonial que contiene la obligación del novio hacia la novia. Anteriormente, el novio debía poner aparte una suma de dinero o propiedad, usualmente depositada en manos de la familia de la novia, con la que hacía el contrato. Este arreglo tiene sus raíces en la más temprana práctica mesopotámica. Según al menos una tradición rabínica, esto hacía el divorcio demasiado fácil: el marido tenía poco que perder, porque lo que debiese a la esposa en caso de divorcio ya había sido apartado. Hacia el s. IV o III a.C. otro tipo de acuerdo, procedente de Egipto, se introdujo en los contratos matrimoniales no judíos. El contrato era negociado directamente entre el marido y la esposa, estipulando que en caso de divorcio el marido debía pagar lo que se estableciera de su propio peculio, y no se apartaba nada en el momento del matrimonio. Esto trataba de hacer más difícil el divorcio. En algún momento de comienzos del s. I a.C. Simeon ben Setah introdujo esta práctica egipcia en la ceremonia matrimonial judía, inspirada en modelos helenísticos..
El impacto del helenismo en la tradición farisea no se limita a la ketubah. En la mayoría de los casos es difícil de trazar. Por ejemplo, la academia farisea, o bet midrash tiene mucho en común con la escuela filosófica griega. Los paralelos no están tanto en lo que se aprendía, aunque en materia de ética la influencia era notoria, sino en la propia naturaleza y organización de la institución. La bet midrash era una escuela de educación superior abierta a todos, con normas que regulaban su funcionamiento muy similares a las de las escuelas filosóficas griegas. La relación entre maestro y discípulo y los principios de exégesis aplicados también se parecían a los de su paralelo griego. Puesto que no existía en Palestina una institución similar antes del periodo helenístico, parece probable que la creación de esa institución judía se inspirase en el modelo griego.
Otros conceptos fariseos, como la otra vida en forma de resurrección corporal y el concepto de la ley dual, oral y escrita, pudieron originarse fuera de la tradición judía. Ninguno de esos conceptos tiene claros precedentes en la literatura bíblica, pero pueden encontrarse en una u otra forma en tradiciones no judías (griega y babilónica).
Ninguna discusión sobre las influencias foráneas sobre formas del judaísmo en el periodo hasmoneo puede dejar de lado la evidencia de las cuevas del Mar Muerto y Qumran. Se ha demostrado una y otra vez que la ideología de la secta de Qumran estaba llena de ideas muy diferentes de las formulaciones bíblicas y notablemente similar a conceptos del mundo helenístico, sobre todo oriental. Ideas y conceptos relativos al dualismo, predestinación, astrología, angeleología, demoniología, un calendario solar y una particular noción de la sabiduría y del espíritu, todo ello puede encontrarse en el helenismo oriental. Otras instituciones como el vivir comunitario, el concepto de comunidad (yahad ), ritos de iniciación, código penal, celibato y ascetismo, tienen también allí llamativos paralelos.
Explicar todo ese caudal de influencias extrañas en la ideología de una secta judía como la de los esenios de Qumran es un desafío formidable. Si además se considera que de todos los grupos el de los esenios es el más autoaislado y físicamente divorciado del resto de la sociedad, tal abundancia de influencias foráneas es más sorprendente. Se han dado muchas explicaciones, pero ninguna convincente del todo. Para algunos20, la secta se originó en la diáspora oriental (Babilonia) y para cuando llegaron a Judea ya habían asumido esos conceptos. Otros sugieren que esas ideas eran corrientes en la sociedad judía del periodo helenístico y que los seguidores de Qumran las adoptaron pronto como parte integral del bagage religioso y cultural legítimo de su entorno.
Examinando la sociedad hasmonea como un todo, se puede concluir que ningún sector de la población dejó de estar afectado por la cultura helenística. La cuestión es solamente de grado: cuánto, en qué áreas, con qué intensidad y a qué partes de la población .
A veces se ha retratado al estado hasmoneo como una reacción contra el helenismo, una reafirmación del nacionalismo religioso judía, contra las tentaciones y coerciones externas de un mundo mayor. Sin embargo, esto es sólo en parte cierto., como se ha visto. También puede contemplarse el estado hasmoneo como un producto del helenismo, como una afirmación de la cultura circundante al tiempo que un rechazo de algunos de sus aspectos, y como una expresión de la soberanía nacional nutrida y modelada por su contexto internacional. El estado hasmoneo incorpora así una nueva disposición judía que incluye una resurgente identidad judía con un alto grado de lehenismo. La mayor parte de los judíos estaban preparados para adoptar en su forma de vida maneras helenísticas, aunque gradualmente y de forma seleccionada.
Jerusalem, el Templo y los sacerdotes en tiempos de los hasmoneos.
La creación del estado hasmoneo tuvo un efecto revolucionario sobre su capital Jerusalem. Desde el comienzo del periodo del Segundo Templo en el s. VI a.C. Jerusalem había ocupado una pequeña superficie que incluía la antigua ciudad de David y el área del Templo (unos 30 acres). Su población sólo llegaba a 5.000 o 6.000 personas. Esta situación se mantuvo durante casi 400 años (c. 540-140 a.C.). Luego, de repente, en el corto periodo del gobierno hasmoneo, Jerusalem se expandió y se multiplicó por cinco, ocupando unos 160 acres y llegando a los 30.000 habitantes. Incluía toda la colina occidental (el Monte Sión) y hasta la actual ciudadela o torre de David junto a la puerta de Yaffo. Se han descubierto restos de la muralla hasmonea en el barrio judío de la ciudad vieja, en la propia ciudadela y en las faldas del Monte Sión. En muchos sitios esta muralla seguía el mismo trazado que la muralla judaita del periodo del Primer Templo; de hecho, los constructores hasmoneos no sólo conocían esta anterior muralla, sino que integraron partes de ella en sus fortificaciones posteriores.
Datar de una manera exacta esa muralla no es fácil. Aunque las fuentes literarias están llenas de referencias a la construcción de las fortificaciones de la ciudad bajo distintos monarcas hasmoneos, ninguna menciona explícitamente una expansión a gran escala de los límites de la ciudad. Además, la evidencia arqueológica para datar esas murallas es escasa y no concluyente. Podría pensarse que, puesto que se aprecian varios estadios en la muralla hasmonea, sobre todo en el área de la ciudadela, esa muralla sería construída primeramente en el s. II a.C., probablemente bajo Yonatan o Simón, y luego reparada y reforzada periódicamente.
La población de Jerusalem durante ese periodo fue predominantemente, si no exclusivamente, judía. Los sacerdotes eran la clase privilegiada en la sociedad judía. No sólo controlaban la más importante institución en la ciudad (el Templo), sino que también eran parte integral de la aristocracia local. Con el surgimiento del estado hasmoneo los sacerdotes tuvieron un papel de liderazgo no sólo en los asuntos religiosos, sino también en los políticos, diplomáticos y militares. Por ejemplo, los nombres de los emisarios enviados a Roma, a Esparta y otros lugares indican que eran casi siempre de estirpe sacerdotal.
La evidencia de la preeminencia sacerdotal puede también rastrearse en la mencionada tumba de Jasón (casi con seguridad un sacerdote) y la de los Benei Hezir, también de origen sacerdotal21, y en las adiciones al libro de Ester, escritas en Jerusalem por un sacerdote llamado Lisímaco.
La casta sacerdotal era sin duda un grupo no homogéneo. Algunos eran helenistas entusiastas, como por ejemplo Jasón, Menelao y otros de los que se dice que iban mucho al gymnasium en lugar de cumplir con sus deberes sacerdotales. Por otra parte, Josefo cuenta los heroicos esfuerzos de los sacerdotes de Jerusalem durante el asedio romano de Pompeyo en el 63 a.C. A pesar de su depauperación, cumplían fielmente con sus obligaciones cúlticas. Algunos incluso fueron masacrados por los romanos mientras estaban sirviendo sus cometidos sacerdotales.
A través de los tiempos el punto geográfico focal de Jerusalem ha sido el Templo y el Monte del Templo. Sin embargo, en el periodo del Primer Templo el poder y el prestigio estaban divididos entre tres diferentes tipos de líderes: el rey, el sumo sacerdote y los profetas. Cada uno tenía su esfera de influencia y cada uno operaba en un ámbito completamente diferente: el rey desde su palacio y a través de su burocracia, el sumo sacerdote en el Templo, y el profeta en la plaza del mercado. En el periodo del Segundo Templo, en tiempos de Esdras y Nehemías, esta estructura de poder se alteró profundamente. El trono y la profecía habían desaparecido y fueron sustituídos por la rica aristocracia (como Nehemías) y el estudioso-escriba (como Esdras). Desde entonces hasta la destrucción del Segundo Templo (70 a.C.) el sumo sacerdocio dominó como líder religioso y político del pueblo, tanto internamente como frente a otras autoridades gobernantes.
En el periodo helenístico, en tiempos de Tolomeo I (353-285 a.C.) el sumo sacedote Hezequías es mencionado como líder del pueblo. En el s. III a.C. Esparta se comunica con propósitos diplomáticos con el sumo sacerdote Onías I. El sumo sacerdote Onías II sirvió como representante ante la corte tolemaica en Alejandría. Otro sumo sacerdote, Simón el Justo, a finales del s. IIIa.C. es mencionado por Ben Sira como líder de su puieblo. El sumo sacerdote Jasón alteró radicalmente las instituciones políticas y culturales de Jerusalem en el 175 a.C. Así que el camino estaba preparado para que los hasmoneos culminasen el proceso uniendo el sumo sacerdocio al más amplio poder temporal disfrutado por un gobernante judío desde el 586 a.C.: soberanía política y jefatura del ejército.
La importancia y prestigio del Templo creció durante el gobierno hasmoneo en proporción al del estado. La santidad del Templo era la quintaesencia del judaísmo, según se refleja de una forma particularmente interesante en II Mc, un libro producido con los auspicios hasmoneos con proósitos religiosos y políticos. Es resumen de un trabajo más amplio, en cinco volúmenes, hoy perdido, escrito por Jasón de Cirene hacia el 150 a.C. Recoge los acontecimientos que tuvieron lugar en Jerusalem y Judea entre el 175 y el 160 a.C. (a la muerte de Judas Macabeo). El libro fue escrito en los primeros años del reinado de Juan Hircano (hacia el 120 a.C.) para impresionar a los judíos de Alejandría con los antiguos logros militares y religiosos hasmoneos: su triunfo sobre los seleúcidas, su purificación del Templo y su celebración de Hannukkah. Además de su posible valor histórico, II Mc es un exponente de la propaganda hasmonea. La santidad del Templo es su principal tema; comienza y termina con la preservación de la pureza del Templo en el 164 a.C. El mensaje político de II Mc es claro: fueron los hasmoneos los que lucharon y vertieron su sangre para preservar la santidad del Templo, y este hecho debería otorgarles legitimidad y autoridad a los ojos del pueblo.
Un cierto número de prácticas que dan énfasis a la centralidad del Templo se habían ya desarrollado en el s. I a.C.: las grandes peregrinaciones a Jerusalem por judíos de la Diáspora, así como de Judea, y el medio shekel anual fueron apoyados por los líderes hasmoneos. Esas prácticas no sólo enaltecían el status de los hasmoneos como sumos sacerdotes, sino que ponían de relieve que jerusalem, con su Templo, era el centro espiritual de la judería mundial.
Finalmente, las más importantes instituciones del periodo tenían su sede en los recintos del Templo o en el Monte del Templo. Servían como centro ritual para las muchas y variadas celebraciones nacionales a lo largo del año, pero eran también el lugar de reunión de los altos tribunales y probablemente del hever ha-yehudim (el cuerpo de gobierno del alto consejo de los judíos), un importante cuerpo representativo mencionado en las monedas hasmoneas. Uno de los más importantes mercados de la ciudad que servía a las necesidades del Templo operaba allí, y los líderes de las diferentes sectas enseñaban a sus discípulos en esos recintos.
Ninguna otra institución en la sociedad judia rivalizaba con el Templo en santidad e importancia. A pesar de la ausencia de referencias explícitas de una sinagoga en Judea, hay pocas dudas de que esa institución ya se habría desarrollado sustancialmente en tiempos de los hasmoneos. Pero aunque la sinagoga parece haber tenido una naturaleza comunal con un cierto número de funciones religiosas, como la lectura de las escrituras, su traducción al arameo, sermones y tal vez oraciones comunales, en modo alguno amenazaba la supremacía del Templo. Esto fue así a través de todo el periodo del Segundo Templo, y solamente después de la destrucción del Templo en el 70 d.C. desarrolló la sinagoga su propio perfil religioso.
En el periodo hasmoneo, la religión del judío ordinario se centraba en gran parte en el Templo, sus rituales y requerimientos. Además de las ofrendas a sacerdotes y levitas, un judío estaba obligado a llevar los primeros frutos (bikkurim) y el primer producto de sus rebaños, a Jerusalem. Además, cuatro veces cada siete años debía gastar una décima parte de sus ganacias dentro de los límites de Jerusalem. Estas obligaciones eran además de la contribución de medio shekel y el requerimiento (a menudo no cumplido por quienes vivían lejos) de estar presente en la Ciudad Santa en cada uno de los tres festivales de peregrinación: Pesah, Shavuot y Sukkot. Si había ocasión, los judíos podían a título individual presentarse en el Templo para ofrecer sacrificios por razones personales (en expiación de una culpa o pecado), ofrendas voluntarias, en cumplimiento de un voto o tras el nacimiento de un hijo.

El final de la soberanía judía
La soberanía judía se perdió cuando Pompeyo conquistó Judea en el 63 a.C. Cabría preguntarse si esto fue evitable, si el reino hasmoneo hubiera podido soslayar tan drámtico cambio de suerte. La respuesta de Josefo es afirmativa, y proclama que todo se perdió por el conflicto interno entre Hircano II y Aristóbulo II (67-63 a.C.). Estos hermanos en guerra llevaron la ruina a su reino por no haber presentado un frente unido ante Roma. Josefo tiene razón al afirmar que la debilidad y la división hasmonea contribuyó decisivamente a la pérdida del reino. Si hubieran ofrecido un frente unido, hubieran evitado grandes pérdidas. Pero Josefo está equivocado al sugerir que ese frente unido hubiera significado una sustancial diferencia. Roma estaba destinada a conquistar Oriente, y lo hubiera hecho de todas formas. Lo cierto es que el reino hubiera podido sobrevivir más tiempo y permanecer más intacto. Fue un gran error político que les costó la independencia y la hegemonia sobre la sociedad judía.



1 A.M.Abel, "Hellénisme et orientalisme en Palestine au déclin de la période séleucide", RB 53 (1946), pp. 385-402

2.M. Tcherikover, Hellenistic Civilization and the Jews, Philadelphia 1959, pp. 90-116

3J. Bright, Historia de Israel . pp. 360-402; F.M. Cross, "A reconstruction of the Judean Restoration", JBL 94 (1975), pp. 90-116.

4J. Meshorer, Ancient Jewish Coinage, I, New York 1981, pp. 13-34.

5Tcherikover. Helenistic Civilization..., pp. 117-151; Eugene Taeubler, "Jerusalem 201-199 b.C.E", JQR 37 (1946-47), pp. 1-30, 125-137, 249-263

6Bickerman, From Ezra to the Last of the Maccabees, New York 1962, y The God of the Maccabees, Leiden 1979; Martin Hengel, Judaism and Helenism, 2 vols. Philadelphia, 1974; John J. Collins, "Jewish Apocaliptic Against Its Hellenistic Near Eastern Environment", BASOR 220 (1975), pp. 27-36

7Tcherikover, Hellenistic Civilization..., pp. 152-174; Fergus Millar, "The Background to the Maccabean Revolution: Reflections on Martin Hengel's 'Judaism and Hellenism'", JJS 29 (1978), pp. 1-21; Paul Hanson, "Jewish Apocalyptic Against Its Near Eastern Environment", RB 78 (1971), pp. 31-58

8Fue incluído en la traducción griega de los LXX y forma parte de la Biblia católica, siendo "apócrifo" para judíos y protestantes

9Un Gymnasion es equivalente a una High school, con especial atención a temas físicos y académicos; el ephebeion es una escuela más avanzada especializada en el entrenamiento militar.

10Willis A. Shotwell, "The Problem of the Syrian Akra", BASOR 176 (1964), pp.10-19

11La única aparente excepción, muchos siglos antes (s. XIV a.C.) prueba justamente lo contrario. La persecución de Eknaton hacia el clero tradicional egipcio refleja más bien un celo monoteísta que una intolerancia pagana.

12Ver por ejemplo Dn 7-12)

13 Un sobrenombre dado a Judas y más tarde aplicado a toda la familia, sin que haya hasta el momento una satisfactoria explicación de su significado.

14 El término Hasmoneo se refiere a un antepasado de Matatías y más tarde se convirtió en el título familiar de los Macabeos. Ver Ant. 12,265; Guerras 1,36)

15Las razones de una fiesta de ocho días han sido explicadas de diferentes formas por distintas fuentes. 2 Mc 1,9 indica que la fiesta fue originalmente una fiesta de Sukkot pospuesta; Megillat Taanit dice que el proceso de purificación duró ocho días. El Talmud babilónico (Sabbat 21b) habla del milagro de la jarra de aceite; fiestas de ocho días de luz en mitad del invierno son bien conocidas en la antigüedad en general y por los judíos no menos (Ab Zar 8a), costumbre que pudo influir en la naturaleza de la fiesta de Hanukah. Finalmente, 2Cr 29,17 menciona una celebración de ocho días después de que el Templo fuera purificado por Ezequías.

16I Mc 13, 43-48

17Según el historiador griego Diodoro

18E. Netzer, "The winter palaces of the Judean kings at Jericho at the end of the Second Temple period", BASOR 228 (1977) ; EAEHL, vol. 3, pp. 682-691. En el año 2000 tuvo lugar una exposición de los palacios hasmoneos en la Universidad Hebrea de Jerusalem (Monte Scopus)

19Ver I Mc 8,17; 12,16; 14,22

20J. Murphy-O'Connor, "The Essenes and their History", RB 81 (1974), pp. 215-244

21I Cr 24,15



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