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Agustín de Iturbide. Poco se sabe de la niñez de Iturbide


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Agustín de Iturbide.

Poco se sabe de la niñez de Iturbide y mas por designio que por falta de información, simplemente nadie se ha tomado la molestia de averiguarlo, y quizá a estas alturas resulta innecesario e inútil.

Sin embargo la casa de su nacimiento se conserva como un Museo en la actual ciudad de Morelia y en Iguala (Guerrero) hay un monumento que celebra el Plan de Iguala, pero como no tiene una estatua o referencia directa a Iturbide, los gobiernos mexicanos han decidido dejarlo, olvidándose por completo del personaje que hoy nos ocupa y al que se le ha negado su lugar en el movimiento que logró lo que Hidalgo, Allende, Aldama y otros más iniciaron en 1810.



Iturbide entra al servicio militar en 1797, 13 años antes de que Hidalgo iniciara el llamado movimiento independentista.

Como la mayoría de los criollos que habitaban Méjico, Iturbide se enrola en la carrera de las armas y por supuesto, considerando que no había otro ejército lo hace en las filas del ejército monárquico o ‘realista’.



Precipitada por la denuncia de la conspiración independentista en Querétaro, Hidalgo, (una vez reunidos los 300 vociferantes entusiastas con los que contaba) proclama la independencia en Dolores la noche del 15 de septiembre de 1810 tocando la campana de la iglesia para llamar a la gente y convocarla al levantamiento armado.

Con ese grupo inicial de 300 o un poco mas de hombres, pasará por Atotonilco en donde roba un estandarte con la imagen de la Virgen de Guadalupe y lo utiliza como bandera para arengar a los ‘rebeldes’ que poco a poco iban engrosando las filas independentistas, en realidad comandadas por Allende y Aldama con Hidalgo como figura populista muy efectiva para la convocatoria de masas (pero no para su control).



(En este movimiento y durante el tiempo que duraron las luchas en pro de la Independencia el término de ‘Gachupines’ como apelativo aplicado a los españoles, fue profusamente utilizado en un sentido derogatorio eminentemente ofensivo).

Convocatorias que hacia con el atuendo sacerdotal que todavía provocaba respeto……y que años después el gobierno logra que nos lo devuelvan los estadounidenses que lo tenían para ser utilizado como ‘reliquia’ para después ser ‘tan celebrado’ que existen millones de calles, avenidas, edificios y pueblos, además de mercados, aeropuertos, estatuas, comercios y demás establecimientos con su nombre

De igual manera, posteriormente se hacen ‘esfuerzos’ para lograr que el hábito religioso del Generalisimo Don José María Morelos y Pavón sea ‘devuelto’ a los mexicanos, más si embargo, ningún esfuerzo se ha hecho para lograr la devolución del supuestamente Penacho de Moctezuma.

Algunos historiadores han visto en estos hechos dos vertientes distintas: una la que conduce Hidalgo a la que caracterizan por el llamamiento de la población indígena en contra de la explotación española y la otra conducida por Allende, Aldama y otros más, caracterizada por el llamamiento de los criollos quienes también eran explotados y discriminados por los peninsulares.

Incluso no ha faltado quien ve en Hidalgo un ‘rebelde’ ante ‘los blancos’ , y le endosan esa misma característica a todos ‘los insurgentes’ que al rebelarse en contra de los españoles, se están rebelando en contra del ‘hombre blanco’. (Un absurdo indigenismo llevado a todos los extremos con los que los gobernantes mexicanos han estado ‘muy satisfechos’).

El propósito de la lucha iniciada por Hidalgo, Allende, Aldama y otros, poco a poco fue modificándose y no puede olvidarse que el propósito inicial del movimiento independentista era ofrecer el trono de México a Fernando VII o a alguno de sus hermanos y establecer la religión católica como única religión del estado mexicano y de sus habitantes.

En 1820, esto es, 10 años después de iniciado el movimiento independentista Iturbide decide pasarse a las filas rebeldes, sus motivos no han quedado claros y a nadie le ha interesado aclararlos y no solamente él se adhiere a la causa independentista, sino que con él se consolidan al movimiento independentista un cuantioso contingente de soldados, armas y municiones y hasta dinero que ayudarían enormemente a las fuerzas rebeldes.

Conviene anotar que la lucha independista ya llevaba 10 años de ejecución sin haberse podido consolidar y Agustín de Iturbide en tan solo 11 meses logra esa consolidación, mérito, repetimos, que no se le ha reconocido y ‘oficialmente’ nada significa el 27 de Septiembre, fecha de la entrada del Ejército Trigarante.





Ya para entonces se había modificado como el propósito de ofrecer el trono a un príncipe español y se había adoptado la idea de hacer de México una nación independiente de España aunque no se hubiera decido la forma de gobierno, y la Monarquía o algo similar estaba en la mente de los que se ocupaban de ello….el concepto, o ‘idea republicana’ estaba en el fondo de las consideraciones, pero poco a poco cobraba mayor importancia hasta que se convierte en un propósito definido.

Al mismo tiempo ya comenzaban a manifestarse en forma fuerte y hasta violenta determinados grupos con ideologías distintas a la católica, como eran los grupos masónicos, y algunas comunidades judías y además había un cierto ‘intervencionismo’ (o intenciones de ingerencia en nuestros asuntos) de parte del gobierno de los Estados Unidos que en su afán expansionista pretendían ‘adquirir’ algunos territorios del norte de nuestro país.

En forma particular, las logias masónicas y el gobierno de los Estados Unidos tendrán una decisiva influencia en el desarrollo de los acontecimientos, como se verá un poco más adelante.

Iturbide logra convencer a Vicente Guerrero (quien había abandonado la lucha cansado y dolido por los escasos triunfos obtenidos y algunos dicen que hasta ‘celoso’ de Miguel Hidalgo) permaneciendo escondido en lo profundo de la sierra, temeroso del general Calleja que comandaba las fuerzas virreinales para que se reincorpore a la lucha.



Iturbide con su talento militar, su carisma personal, sus hombres, su dinero y sus aportaciones al movimiento, obtiene victorias que hacen que pronto destaque y se le respete y considere como ‘el líder’.

Ya sabemos (nos recuerda Gerónimo) como el éxito no se perdona en México: a los mexicanos nos encanta el mártir, el subyugado, el sometido, la victima de la sociedad, no el líder, el destacado.

En marzo de 1811 un hombre ambicioso de nombre Ignacio Elizondo que militaba con ‘los insurgentes’ solicita un ascenso que el General Ignacio Allende le niega (estaba mas ocupado y preocupado por la carencia de armas y municiones que pensaban comprar en Estados Unidos, razón por la cual los principales jefes del movimiento se encontraban por el norte de la República y obviamente, no tenía tiempo para atender ‘solicitudes de promoción’).

El 21 de marzo, este ambicioso resentido organiza una emboscada en el sitio conocido como Las Norias en Acatita de Baján en el estado de Coahuila, emboscada en la que se toman prisioneros a Hidalgo, Allende, Aldama, Abasolo y otros mas.

Son transportados de inmediato a Monclova y después a Chihuahua.

El 26 de Julio de 1811 fueron fusilados Allende, Aldama y Jiménez.

En los días siguientes se fusilan a diferentes líderes rebeldes y a las 7 de la mañana del 30 de julio de ese fatídico 1811 se fusila a Miguel Hidalgo.



Los cuerpos fueron decapitados y las cabezas de Hidalgo, Allende, Aldama y Jiménez llevadas a Guanajuato y colocadas en jaulas de hierro fueron colgadas como macabra exhibición, en las cuatro esquinas de la Alhóndiga de Granaditas en donde, se dice, permanecieron hasta 1821.





Unos años antes de este fin trágico, en 1810, el 20 de octubre para ser precisos, Miguel Hidalgo designa a otro ex sacerdote de nombre José María Teclo Morelos y Pavón como jefe insurgente en el sur de México, con la encomienda principal de ocupar el puerto de Acapulco y cortar las comunicaciones hacia el viejo continente desde esa localización.

Su breve pero fructífera lucha en pro de la independencia duró escasos 5 años tiempo en el que demostró dotes militares y organizativas, siendo capturado el 5 de noviembre de 1815 y fusilado en San Cristóbal Ecatepec el 22 de diciembre de ese mismo año.

Durante su fugaz trayectoria militar y política a Morelos se debe la primera Constitución en la Historia de México, (la Constitución de 1814 en la que Germán de Jesús aprecia como destacada la contradicción del establecimiento de derechos individuales y (en contraste) la sumisión de los ciudadanos al gobierno).



Desde ese entonces, tristemente, ya se pensaba en la nefasta división del pueblo mexicano, identificando al gobierno como ‘los buenos’ y los ciudadanos como ‘los malos’ sujetos a las decisiones del estado; entonces, ¿para que se incluyen “garantías individuales”?...... ¿que onda? …..¿no que semos iguales?.

Para 1811, después de la traición de Elizondo, solamente había dos líderes de consecuencia en el movimiento independentista, por una parte Vicente Guerrero, por la otra Juan Mujica y poco a poco Iturbide fue colocándose como el tercer líder militar; Morelos empezaba sus campañas militares y aún no cobraba importancia.



Y solamente como dato curioso, Godinez interviene, interrumpe la conversación y añade: Morelos e Iturbide no se conocieron personalmente aunque se enfrentaron brevemente en una de las muchas batallas por Valladolid en ese año de 1811, batalla que Morelos perdió.

A Iturbide no se le ha reconocido nada, ni el mas pequeño e intrascendente logro se le atribuye, por ejemplo, nadie se acuerda que el 22 de marzo de 1822 se instituye lo que hoy sería práctica democrática de uso extenso repetitivo y manipulado por los partidos políticos: la encuesta popular……(que aquí entre nos, actualmente para nada sirve sino es que para ‘taparle el ojo al macho’ y utilizarla como ‘recurso democrático’ en apoyo de situaciones específicas).

A pesar de que se le ha tachado de tirano, nepotista y autoritario “in extremis” no llegó ni con mucho a ejercer esas ‘cualidades’ políticas como después lo hicieron y lo hacen otros gobernantes a los que se ha elevado a los mas altos altares patrioteros, Iturbide realiza la primera encuesta popular y lo que es mas significativo “le hace caso”.

Pero es Iturbide y como poco después se había proclamado Emperador, automáticamente se le rechaza, como si eso fuera ofensa para los mexicanos.

Iturbide encarga la elaboración de la primera bandera nacional al sastre José Magdaleno Ocampo quien la presenta con franjas diagonales utilizando los tres colores ya conocidos para representar las Tres Garantías: Independencia, Religión y Unión, y con tres estrellas (que después se eliminarían); los primeros mexicanos en jurar frente a la enseña nacional fueron Iturbide a quien se ignora, y Vicente Guerrero a quien se reverencia.



Es importante resaltar que Iturbide siempre fue un católico fiel, quizá no practicante de la manera que gusta a los jerarcas religiosos, pero firme en sus convicciones y en sus creencias, y como en aquellas épocas se estaba gestando la idea republicana con énfasis marcado en la separación entre Iglesia y Estado, el carácter católico de Iturbide era visto con suspicacia y recelo, y como veremos más tarde, el rechazo hacia la Iglesia nos conduce a establecer un Estado supuestamente laico, pero que en realidad fue un estado anticatólico, manejado ideológicamente por los ritos masónicos (principalmente el de York).

A esas organizaciones masónicas pertenecieron entre otros, Antonio López de Santa Anna, Ignacio Allende, Nicolás Bravo, Hermenegildo Galeana, Vicente Guerrero, Francisco J. Mujica, Guadalupe Victoria, y más tarde Benito Juárez y Porfirio Díaz.

Empero volviendo a Iturbide y la bandera de las Tres Garantías, acotaremos que posteriormente esa bandera seguiría utilizando como motivo los tres colores originales, aunque su disposición fue modificada de diagonal a vertical incluso habiendo llegado a presentarse y utilizarse en un diseño horizontal.

Durante el gobierno de Juárez, {lo que a nadie extraña} se cambió el sentido de los conceptos que representaban los colores de la bandera nacional, quedando el verde para la Esperanza, al blanco se le asignó a la Unidad y el rojo significaba ahora la Sangre de los héroes. (los pogrecitos que también murieron pero que no jueron éroes no están representados).





Estas consideraciones acerca de lo cambiante que es el devenir histórico, de la dinámica social mexicana hacen a Gerónimo preguntarse y preguntar a ustedes si la historia es tan rica en enseñanzas, si la historia de México es tan dinámica, compleja e interesante ¿Por qué se falsean los hechos, porque se reportan verdades a medias y porque se ignoran hechos por designio? …….según su criterio la historia no tiene ese papel, a la historia corresponde narrar los hechos, exponerlos, no manipularlos, quizá juzgarlos pero de ninguna manera, alterarlos.

Cuando se proclama el Acta de Independencia en una ceremonia que preside el propio Iturbide, se establece una Regencia compuesta por cinco miembros de la que forma parte el ex virrey O’Donojú….. lo que muestra y demuestra los alcances del concepto independentista en ese entonces…..( y no es crítica, es un simple comentario).

Los firmantes del Acta reúnen todas las facciones políticas existentes en la fecha y en principio, todos están de acuerdo en su redacción, aunque todavía había algunas personas que no estaban conformes por haber ‘quedado fuera’ de la firma de los Tratados de Córdoba por medio de los cuales el Virrey reconoce la Independencia de México y su constitución bajo el formato de República democrática.







Esta Regencia nombra a Iturbide Generalísimo y le asigna un sueldo de 120,000 pesos mensuales, un millón de pesos como capital, 20 leguas cuadradas en Texas (que todavía ‘era nuestra’) y el tratamiento de Alteza Serenísima.



Tal parece que el interesado ni siquiera estaba enterado de estas acciones hasta que se le comunican y desafortunadamente, con la forma en que la historia trata a este personaje, ya no se sabe que creer y que no; ya no se sabe que es cierto y que no lo es, pero lo que si es un hecho es que la Regencia otorga a Iturbide esos privilegios.

El 25 de febrero de 1822 se establece a iniciativa de Iturbide y con la aprobación de la Regencia, el denominado Congreso Constituyente del Imperio Mexicano.

Solo han pasado 5 meses desde la entrada del Ejército Trigarante y las rencillas y la lucha por el poder ya ha aparecido y se recrudecen con la actitud intransigente de los miembros de este Congreso que no pueden o no quieren ponerse de acuerdo con la Regencia pues ellos se consideran como los únicos representantes de la nación.

Debe recordarse que no fueron personas elegidas por el pueblo para representarlos, sino fueron designados por la misma Regencia, -‘regentes’ que se sintieron y de hecho fueron atacados en sus privilegios-, cuando el Congreso (como una de sus primeras acciones) elimina de la Regencia la facultad de obtener empréstitos y establece la supervisión de los gastos, informando que no se realizarían sin la previa autorización del ese Congreso.

No es el momento ni el lugar para comentar lo apropiado o no de esas medidas ni los aspectos legales atrás de las mismas o a consecuencia de ellas, solo consignamos el hecho y lo destacamos como una característica que ha perseguido a todos los gobiernos mexicanos hasta la fecha: pasan mas tiempo peleándose entre sí, que gobernando….lo que desemboca en el México Lindo y Queeerido que ya ‘viene’ así desde ‘endenantes’.

Y no debe olvidarse tampoco que en esas épocas de Iturbide, aún se creía en el derecho divino de los Reyes a gobernar y a heredar el trono por lo que cualquier ‘aspiración monárquica’ era considerada como aceptable y adecuada. Así se pensaba entonces y es un error tratar este asunto con los criterios actuales, como si fueran ‘cosa’ del Siglo XX o XXI.

Poco tiempo había transcurrido desde que la Revolución Francesa había terminado y unos cuantos años y mucho desconocimiento y desinterés separaban a México de la muerte de Napoleón en la Isla de Elba y de las nuevas ideas políticas; sin embargo, las nociones de República empezaban a ‘llegar’ y a tomar arraigo en México con un marcado ‘anticlericalismo’.

Las comunicaciones no eran lo instantáneas que son ahora, y muy importante también, el pueblo mexicano estaba conformado por una aplastante mayoría analfabeta, manipulada y controlada por la iglesia, los militares y el gobierno, poco enterada de lo que ocurría fuera de su inmediata esfera de actividades cotidianas; en eso, nuestro ‘popolo’ no ha cambiado, y por lo mismo, otra vez, podemos exclamar: México Lindo y Querido.

No se sabe si el propio Iturbide lo propicia o instiga pero el 18 de mayo de 1822 un Regimiento acuartelado en Celaya se amotina y entre otras peticiones, exige que Iturbide sea coronado Emperador.



Bajo estas presiones y otras similares, rodeado y aconsejado por los eternamente presentes incondicionales o lambiscones (como se les designa popularmente) que aparecen cerca ‘del poder’, Iturbide es coronado Emperador el 21 de Julio de 1822.



Gerónimo opina que vale la pena hacer una pequeña consideración para que ustedes amables lectores formen una opinión al respecto.

La consideración es esta: el concepto de la divinidad de los reyes, las cuestiones de herencia de derechos divinos, de sangre real y demás zarandajas relativas, estaban muy presentes en la educación de los españoles y criollos de esa época; era ‘natural’ que así pensaran y actuaran aunque poco a poco fueron modificándose a raíz de la propagación de las ideas revolucionarias francesas, de las crecientes ideas republicanas y de la difusión de ‘ideas masónicas’ que bajo ‘la sombrilla’ de ‘ser civiles’ atacaban las ideas ‘religiosas’, o las que ellos consideraban contrarias a lo que pregonaban.

Iturbide se consideraba indigno del honor que se le confería y hasta es muy probable que en el fondo de su corazón fuera sincero.

Sin embargo, y como cosa curiosa, se somete el nombramiento de Iturbide como Emperador al Congreso en donde se emiten 77 votos a favor y solamente 15 en contra.

Posteriormente, los historiadores oficialistas calificarían esos 77 votos como traición a la patria y los otros 15 como hechos heroicos.

O sea nos dice Gerónimo que este asunto, de acuerdo a nuestros criterios actuales, y a que hubo un ‘nombramiento por votación’, el que Iturbide haya sido Emperador no es debido a una desmedida ambición y deseo de notoriedad personal, sino que al fin de cuentas viene siendo el resultado de un proceder democrático.



¿Qué les parece?

Lo que resulta extremadamente relevante es que en ese Congreso Constituyente había una creciente influencia republicana, esto es, la idea de instaurar en México una República más hacia el modelo estadounidense que hacia cualquiera de los modelos europeos, y aquí, en opinión de Gerónimo, la ‘regaron’.



¿Por qué?, porque la cultura o incultura de los estadounidenses es muy diferente a la cultura o incultura de los mexicanos y ‘trasponer’ ideologías, ‘al aventón’, además de que ha sido característica ‘muy mexicana’ ha sido, es y será erróneo.

Y quizá mas importante de todo es que se buscaba el reconocimiento de Estados Unidos para el Méjico independiente, sin importar las características políticas que la nueva nación tuviera, y en el afán de lograr ese reconocimiento se cae en el error de ‘copiar’ la Constitución del vecino país de Norte en un intento pusilánime de ‘agradarlos’.

Con Iturbide instaurado como Emperador y su esposa Ana María Huarte como Emperatriz, México empezaba una nueva época en la que se deseaba por sobre todas las cosas paz y tranquilidad.



Paz y tranquilidad que no se lograron, las rencillas entre los miembros del Congreso se agudizaban, las discusiones entre Iturbide y el Congreso se hacían mas frecuentes, mas agrias y las diferencias se ahondaban, los partidarios de una República crecían en número y en influencia.

Y por favor, no se vaya a olvidar que aún quedaban en el país guarniciones españolas, fieles a la corona, recelosos del Emperador y la Regencia (que muy disminuida en su participación pero aún se mantenía vigente), desconfiados del Congreso y los insurgentes triunfadores.



Y en este punto Gerónimo más Ciudadano que nunca, quiere agregar otra consideración que le parece muy importante relativa al poco interés que ha demostrado, demuestra y seguirá demostrando el pueblo en las cosas del gobierno, al poco interés de la ciudadanía en los asuntos cívicos y en ‘la política’.

En el mes de agosto se descubre una conspiración en contra de Iturbide en donde muchos de los implicados eran miembros del Congreso; se aprehende y encarcela a algunos y para el 31 de Octubre, Iturbide disuelve el Congreso bajo el pretexto de su incapacidad legislativa y en su lugar se crea una Junta Instituyente encargada de redactar una Constitución; la ‘idea republicana’ ya había sido casi totalmente aceptada y se consideraba ‘el modelo estadounidense’ como el más apropiado.

Como ha resultado ‘típico’ y hasta podríamos decir ya es tradicional, el ‘jefe’ de Gobierno o gobernante en turno (llámese como se llame, tenga el título que se quiera) ocupa mucho más de su tiempo en dirimir dificultades y coordinar a los disidentes políticos que en las labores propias del gobierno.

Iturbide demostró desde al famoso y renombrado Abrazo de Acatempan que tenía grandes cualidades como mediador y conciliador.

Una vez que se ha logrado la unión entre todos los representantes de la lucha por la Independencia son constituye el Ejército Trigarante del cual, por unanimidad y extraño reconocimiento de sus contemporáneos y antiguos ‘rivales’ Agustín de Iturbide es nombrado General en Jefe, aglutinando bajo su mando a todos los líderes y caciques políticos y militares que empezaban a emerger.

En diciembre en forma por demás irónica e históricamente curiosa, el General Antonio López de Sana Anna se levanta en armas en contra del Imperio, buscando la instauración de un gobierno de tipo republicano.



Santa Anna y otro general, originariamente de nombre Miguel Fernández Félix pero que había adoptado el de Guadalupe Victoria proclaman un Plan más de los muchos que serían proclamados a cada rato y que se consignan constantemente en la historia de México, el Plan de Veracruz en el que se reclama y exige la restitución del Congreso a sus funciones y la declaración de nulidad del Acta de aprobación del nombramiento de Iturbide como Emperador.

Entre otros personajes de la época y al menos abiertamente y sin doble juego, Vicente Guerrero y Nicolás Bravo se adhieren al Plan de Veracruz.



Iturbide envía al general Echavarri a combatir a Santa Anna pero por una de esas jugadas que tiene el destino, Echavarri termina por unirse a los rebeldes, cuyo propósito manifiesto era, repetimos, la reinstalación del Congreso Constituyente y la conversión de México en un República.

El concepto o idea de la instauración de la religión católica como oficial, ya estaba empezando a ser ‘desechada’.

Como ya se vio anteriormente, tanto Santa Anna como Guerrero y Bravo eran masones apoyados por el gobierno de los Estados Unidos en contra de Iturbide.



Iturbide, cansado de tanta intriga y desacuerdos y muy en contra de las interpretaciones posteriores, en lugar de buscar la continuidad en el poder a costa de lo que fuera, eternizarse en el poder o actuar tiránicamente, reflexiona y decide abdicar y lo hace el 19 de marzo de 1823 ante el mismo Congreso disuelto por él meses antes (restituido por el Plan de Casamata firmado por Santa Anna y demás generales el 1° de febrero de 1823).

Escoltado por Nicolás Bravo, Iturbide, con dignidad, se embarca rumbo a Europa permaneciendo una corta temporada en Livorno, Italia, para pasar después a Inglaterra fijando su residencia en Londres en donde se entera que el Congreso lo ha declarado traidor a la patria y ha prohibido su regreso a México con pena de muerte si lo hace.



Se ignoran las razones, pero (haciendo caso omiso de la amenaza de muerte), Iturbide desembarca en Soto La Marina, Tamaulipas el 15 de julio en donde es capturado, apresado y condenado a muerte sin ninguna clase de juicio.

Se le traslada a una pequeña guarnición en Padilla, estado de Tamaulipas, en donde es fusilado el 19 de Julio, escasos 4 días después de su arribo a la tierra mexicana en donde consumó la Independencia y a la que gobernó por menos de 3 años.



Gerónimo no quiere entrar en el terreno de la discusión acerca de la masonería por ser un tema que desconoce ya que son ‘sociedades secretas’ u ocultas de las que solamente sus miembros (y no todos) conocen sus propósitos y objetivos, más sin embargo, considera que las logias masónicas fueron un espacio ‘idóneo’ para la promoción de ideas independentistas en Iberoamérica.

Como era de esperarse la mera difusión de las ideas de ‘libertad de pensamiento’ (o ‘libertad de conciencia’) Estado de Derecho, y separación de la Iglesia y el Estado provocaron reacciones de confrontación y desde la bula de Clemente XII (1738) hasta escritos modernos y actuales, la Iglesia católica ‘condena todas las logias masónicas’ y con razón o sin ella, así están las cosas actualmente.

Pero en tiempos de Don Agustín de Iturbide, era diferente.

Recién ‘estrenada’ la Independencia, la división entre los mismos masones (denominados yorkinos y escoceses) se traslada a la política y como suele suceder cuando los temas llegan al ‘terreno político’ los enfrentamientos se ‘endurecen’ y cada quien se hace ‘mas intolerante’ ante su ‘adversario’.

Al ser declarada la Independencia el 21 de Diciembre de 1821, salen a la ‘palestra política’ algunos prominentes masones peninsulares como el propio Virrey O’Donojú (Juan) y su médico particular el Doctor Manuel Codomiú Ferreras, que promueven en Méjico la aplicación de la Constitución de Cádiz de 1812, sugiriendo infructuosamente –entre otras cosas- la separación de la educación de las responsabilidades de la Iglesia.

En 1825, por conducto del Embajador estadounidense en Méjico, Joel Poinsett (de infeliz memoria) se entregan las primeras Cartas Patentes del Rito York emitidas por la Gran Logia de Filadelfia, aunque hay quienes afirman que esas logias (constituidas por comerciantes británicos y estadounidenses) ya trabajasen desde los inicios de la lucha independentista y que esas Cartas solamente son un reconocimiento de la organización estadounidense, que a su vez, trataba de independizarse de la ‘organización madre’ en Inglaterra.



Una breve nota sobre Joel R. Poinsett, quien fue enviado por su gobierno como ‘agente confidencial’, pero al que Iturbide había negado la entrada al País.

El ‘insigne’ General Antonio López de Santa Anna en abierta ‘rebeldía’ hacia su ‘Jefe’ (Iturbide) le recibe en Veracruz y al mismo tiempo, ‘recibe la ayuda’ que por ese conducto enviaba el presidente de Estados Unidos Martin Van Beuren, y con su arribo la Logia Masónica de York toma gran impulso.

Mientras la Logia Escocesa (fundada en México por el Doctor Condomiú es moderada, (ni anticlerical ni anti española), los yorkinos tienden hacia un liberalismo radical, rechazan lo español y tienden también hacia ir en contra de la Iglesia católica.

Resulta interesante constatar que desde ese entonces los partidos políticos se forman desde el interior de las logias, principalmente la yorkina con sus características ‘liberales’ y su consecuente antihispanismo.

La presencia de Poinsett y la de H.G.Ward representan ‘la avanzada del imperialismo yanqui’ y representan la penetración de estas ‘organizaciones’ en la vida de la recién creada nación.



Ward obtiene la ‘autorización’ que inicia la ‘colonización’ de Texas con el apoyo incondicional de Santa Anna lo que como ya sabemos un poco después origina ‘la venta’ de más de la mitad del territorio que correspondía a la nación mexicana, o si se quiere decir al Imperio Mexicano de Agustín de Iturbide.

Dicen por ahí que para ‘muestra basta un botón’ ¿Qué les parece este?:

El 14 de Octubre de 1825, en un comunicado a su gobierno Poinsett, ‘el agente confidencial’, señala: “…..con el propósito de contrarrestar el partido fanático de esta ciudad, y si posible fuera, difundir los principios liberales entre quienes tienen que gobernar al país, ayudé y animé a cierto número de personas respetables, hombres de alto rango y consideración, a formar una Gran Logia de Antiguos Masones Yorkinos”….

Don Joel Poinsett obtiene como recompensa ‘por los servicios’ prestado en México como ‘agente confidencial’ y luego como Embajador( obviamente después del exilio de Iturbide y durante el turbulento periodo inmediato posterior a su muerte) ser enviado como Primer Cónsul Estadounidense en la historia independiente de la hermana República de Chile, y como dato curioso a una flor que en México se le denomina “Flor de Nochebuena”, se le dio el nombre latino de Euphorbia pulchérrima y aquí se le conoce como Poinsetia.

Y es ‘cofundador’ del “National Institute for the Promotion of Science and the Useful Arts” que con el paso del tiempo se convierte en el muy conocido Smithsonian Institute.

Volviendo a nuestro tema, con ‘el enemigo’ oculto entre sus colaboradores, durante el poco tiempo que Iturbidegobierna’ se emiten monedas que hoy son muy buscadas por los coleccionistas.



Se funda la Orden de Guadalupe que gracias a los esfuerzos ‘oficiales’ por parecer un gobierno laico no tuvo ni ha tenido la difusión que quizá mereciera y solamente algunas ‘organizaciones’ católicas la utilizan y muy de vez en cuando.



Como hecho curioso y sin pretender ver más allá de lo que es evidente en este año ‘del Bicentenario’ el gobierno mexicano decidió incluir una moneda de 5 pesos con la efigie de Iturbide, pero creemos que nadie se ha dado cuenta de que existe.



Durante su breve estancia ‘en el poder’ se inician obras públicas y al mismo tiempo se inician ‘conspiraciones’ en su contra, ‘orquestadas’ por el Embajador Poinsett quien utiliza el valer económico de su gobierno y la organización masónica en México para apoyar y organizar grupos disidentes en contra tanto del gobierno de Iturbide como de la Iglesia católica mexicana.

Con el ‘apoyo’ masónico los grupos políticos de oposición logran la renuncia de Iturbide, su exilio y que se emita sentencia de muerte en contra de este personaje, quien había abdicado y partido hacia el destierro voluntariamente, en el caso que ‘volviera al país’.

Pocos días después de su abdicación al trono, el 30 de Marzo de 1823, Agustín de Iturbide sale de la capital mejicana rumbo al exilio, escoltado por 500 hombres al mando del General Nicolás Bravo, quien temeroso de que hubiera un atentado contra la vida de Iturbide, franquea haciendas y poblados evitando en lo posible tener que ir o pasar por ciudades.

La precaria salud de su hermana Nicolasa y la avanzada edad de su padre, hacen que los familiares del exemperador regresen a la ciudad de Méjico.

En lugar de arribar a Veracruz (que estaba en cuarentena por un brote de ‘fiebre amarilla’) la comitiva llega a Antigua en donde Iturbide y sus acompañantes (27 personas) embarcan en el buque Rawlings con destino a Italia.

Después de 83 días de viaje, llegan a Livorno en donde se hospedan en Villa Guevara (propiedad de Paulina Borghese, hermana de Napoleón Bonaparte).

Su estancia es difícil ya que el Duque de Toscana no otorga las garantías acordadas y el gobierno mexicano le negaba los recursos a que se había comprometido.

Empaca sus maletas y se dirige a Londres, estableciéndose brevemente en la capital inglesa para trasladarse poco después a Bath desde donde el ex sacerdote José María Marchena, espía sus movimientos por cuenta del gobierno mexicano en tanto que el Congreso le declara ‘fuera de la ley’, y determina que deberá ser fusilado en cuanto ponga pié en territorio mexicano.

Durante su estancia en territorio inglés, recibe cartas y enviados de diferentes grupos políticos que solicitaban su regreso al suelo patrio.

Ingenuamente convencido, preparó su regreso.

Se entrevista con José de San Martín {libertador de Chile y Perú, exilado en Inglaterra y otro ejemplo de la ingratitud de los pueblos y de la ‘suciedad’ de la política} quien trata de disuadirlo de regresar aduciendo que su retorno precipitaría una guerra civil.

El 11 de Mayo de 1824 zarpa de Southampton en el vapor Spring acompañado de su esposa y de sus dos hijos menores.

Con él se embarcan José Malo (secretario), los sacerdotes José López y José Treviño, el italiano Macario Morandini, el impresor ingles John Armstrong y Charles Beneski, coronel de origen polaco que le había acompañado en sus campañas mexicanas.

Curiosamente trae consigo una prensa, documentos personales, joyas de la familia y un manifiesto que dirigiría al pueblo mexicano.

Las opiniones como todo en el caso de Iturbide están polarizadas, para unos se consideraba el retorno casi como necesario para otros era la pretensión de restaurar un régimen monárquico.

El 29 de Junio, el Spring llegó a la Bahía tejana de San Bernardo, buscando al Coronel Trespalacios, a quien no pudo localizar por haber partido hacia Tampico.



Las fuertes corrientes le obligan a desembarcar en Soto La Marina en el recientemente creado estado de Tamaulipas en donde de inmediato el coronel Beneski sale en búsqueda del General Felipe de la Garza, Comandante General de las Provincias Internas de Oriente (hombre a quien Iturbide personalmente había perdonado la vida al ocurrir el arresto de los miembros del Congreso cuando fungía como Emperador).

Dos días más tarde, De la Garza se presenta ante Iturbide simulando ser su partidario y respaldando su regreso al país ofreciendo ‘todo género de garantías’ a su desembarco.



El 17 de julio Iturbide desembarca y acude al despacho del General De la Garza en donde sostiene una breve entrevista, interrumpida por soldados los que de inmediato apresan a Iturbide y lo conducen a la cercana población de Padilla (en donde la Legislatura tamaulipeca estaba sesionando en esos días).



De la Garza se reúne con 7 de los 11 legisladores y se sentencia a Iturbide a la pena capital, según lo dispuesto en el decreto que proscribía su regreso al suelo nacional.

Una vez más, ‘las autoridades’ se basan en ‘legalismos’ para justificar lo injustificable.

Una veintena de soldados custodian a Iturbide y se le informa (por medio de Giordiano Del Castillo ayudante de De la Garza) que a las seis de la tarde será ‘pasado por las armas’.



Iturbide, con dignidad, redacta varias cartas a su esposa e hijos y al Congreso y con resignación enfrentó al pelotón de cinco soldados que realizó su fusilamiento, tenía escasamente 41 años de edad.

Cubierto por un hábito de los monjes franciscanos el cuerpo fue velado en el mismo sitio en donde ‘sesionaban’ los miembros de la Legislatura tamaulipeca cuyo presidente curiosamente era un sacerdote quien no solamente ‘administro’ los últimos sacramentos a Iturbide sino que además ofició una misa ‘de cuerpo presente’ a la que acudieron los 11 legisladores y el mismo General de la Garza, quien dicho sea de paso, cubrió los gastos del funeral, (con dinero del gobierno, no propio) y ordenó que se ‘paseara por el pueblo’ el cadáver antes de ser enterrado en el cementerio de la parroquia del pueblo se le enterró sin caja ‘porque no había recursos’.

Como sucede en estos casos, la culpa o el remordimiento hacen que sea enterrado a toda prisa en un lóbrego y triste cementerio de una población olvidada en donde permaneció hasta 1831 (fecha perdida en la vorágine de nuestra veleidosa historia) y en la que sus restos fueron exhumados y trasladados a la iglesia de Padilla en donde permanecieron algunos años siendo trasladados a la Capilla de San Felipe en la Catedral Metropolitana de la ciudad de México en 1838.



Ahí, colocados en una urna de cristal, permanecen hasta la fecha. (y ‘milagrosamente’ no han sido objeto de manifestaciones populacheras o patrioteristas).





Iturbide fue una figura de contrastes, poco conocida, poco estudiada a la que se colocó un estigma y no se le perdonó jamás el haber estado dentro de las filas realistas, al que no se le perdona el haber derrotado en muchas ocasiones a las tropas insurgentes, pésimamente organizadas, sin disciplina pero con gran valor, ni mucho menos se olvida que derrotó en Valladolid al mismo Generalísimo Morelos que ha sido transportado a uno de los más altos sitiales de la patria.

Iturbide tuvo una existencia corta, vivió sólo 41 años, figura insurgente por cortos también 23 meses, que sin embargo resultaron fructíferos porque logró la consumación de la Independencia, y aunque no le corresponde a el un mérito único, aunque se pueda afirmar que es un mérito compartido, fue el consumador del movimiento iniciado por Miguel Hidalgo, Ignacio Allende y otros personajes a los que se le ha otorgado todo genero de reconocimientos que a él, sistemáticamente se le han negado.

Con todo y lo nefasto que resultó para el país, Antonio López de Santa Anna no ha sido tan maltratado por los historiadores como podría pensarse y hay quienes hasta méritos le atribuyen y hasta le perdonan que haya vendido mas de la mitad del territorio a los estadounidenses.

Ni una lágrima ni un recuerdo para él de parte de las autoridades mexicanas, y

como con Hernán Cortés, no existen monumentos ni calles ni el más mínimo reconocimiento para quien fue el consumador de nuestra Independencia.

Después de su fusilamiento en Padilla, la única lagrima que se derramó en su memoria fue la de su esposa quien además tuvo que soportar las vejaciones ‘oficiales’ pues hasta un mes después le fueron entregadas las escasas posesiones de su marido.

Recibió un rosario y el reloj que el prisionero entregó a un soldado para que se le entregaran a su esposa y afortunadamente, las autoridades no lo supieron pues de otra forma se los hubieran recogido y dilapidados como fueron la prensa y documentos que Iturbide tenía en su poder que fueron confiscados por De la Garza y cuyo destino final se ignora.

Las autoridades ‘conservaron’ el Manifiesto que Iturbide había redactado el que aún manchado con su sangre se conserva en los Archivos Nacionales, lo cual parece un tanto irónico pues nunca se dio a conocer su contenido.





Doña Ana María Huarte partió de Tampico para no regresar jamás a suelo mexicano pues radicó en Filadelfia, en donde falleció en 1861.

Interesante en verdad resulta nuestra historia pues durante varios años, el nombre de Agustín de Iturbide figuraba en el Muro de Honor del Palacio Legislativo pero, sin saber porque o cuando el nombre de Agustín de Iturbide ha sido borrado y estamos seguros que el 99.99% de nuestros ciudadanos ignoran este hecho y no fueron informados tampoco de la decisión de remover su nombre de ese ‘sitial de honor’.



Y ya que se menciona este asunto, Gerónimo se pregunta porque en la Columna de la Independencia la que se coronó con un ángel de oro y es el máximo símbolo patrio no hay una estatua dedicada a Don Ignacio Allende aunque su nombre y el de Agustín de Iturbide figuran entre los grabados de la columna, ¿Quién o quienes determinaron quien merecía estatua y quien no?





Es obvio que por todo lo anteriormente expuesto no haya una estatua de Iturbide, ¿pero de Allende?

¿Porque no están ahí dos mujeres que han sido reverenciadas como ninguna en nuestra historia oficial y sin embargo no tienen estatua? {Doña Josefa Ortiz de Domínguez y Doña Leona Vicario}

¿No resulta irónica y tremendamente injusta nuestra historia? Lindo y Queeeerido, sin duda este México nuestro.

Y algunas últimas reflexiones se le hace a Gerónimo que vienen al caso: ¿Será que nuestros actuales ‘gobernantes’ ya se han dado cuenta de que muchas ‘figuras históricas’ han sido sistemáticamente olvidadas y se han esparcido mentiras y falsedades sobre ellas?

¿Será por ventura que ya hemos alcanzado la madurez intelectual que se requiere para considerar a nuestros héroes como lo que son, como lo que fueron y no como nos los han querido presentar ‘oficialmente’?

¿Estaremos al borde de revisar nuestros textos de historia y corregirlos?

¿Será posible que a Hernán Cortés se le reconozcan sus obras y sus méritos y por principio se olviden las tradicionales y continuadas fobias por indigenismo teórico y anti hispanismo también teórico?

¿Será posible que se deje de ‘venerar’ a traidores y asesinos comprobados de nuestra historia?

¿Será ya el tiempo en que reconozcamos oficialmente que la nuestra es una raza nueva, producto de dos corrientes étnicas diferentes que fueron amalgamadas con el devenir de los Siglos?

¿Será posible reconocer que no somos no indígenas ni españoles, sino mexicanos?

¿Será posible olvidar la veneración teórica hacia un pasado (que no se puede cambiar y que no se puede negar) y construir un Méxicoreal’?

¿Será tiempo de dejar la pretensión de que el camino de México es a través de ‘legalismos’ y no de legalidad?



¿Será ya el tiempo de dejar el patrioterismo chabacano y absurdo y abrazar con firmeza el verdadero patriotismo?

¿Será?




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