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EL NUEVO LIBERALISMO EN EL

CENTENARIO DEL ASESINATO DE CANALEJAS (1912-2012).

Joaquín Mª NEBREDA PEREZ

CONFERENCIA HOMENAJE A DON JOSÉ CANALEJAS Y MENDEZ, CELEBRADA EN EL ATENEO DE MADRID EL 12 DE NOVIEMBRE, 2012

ORGANIZADA POR EL CLUB LIBERAL ESPAÑOL

AGRADECIMIENTOS.

En primer término es obligado agradecer al Ateneo de Madrid y a su Sección de Ciencias Jurídicas y Políticas, la cesión de su salón de actos para celebrar esta conferencia en homenaje a Canalejas, en el mismo salón en que tantas veces oyó su voz en defensa de la libertad, en el revuelto tiempo que le tocó vivir. Agradecimiento que personalizo en el presidente de la referida Sección y vice-presidente del Ateneo, Pedro López Arribas.

Igualmente he de agradecer las cariñosas palabras de Carlos Entrena, presidente del Club Liberal Español, del que me honro ser Secretario General.

También he de agradecer la ayuda prestada y su presencia hoy aquí, a la familia Canalejas que lleva los títulos nobiliarios que pretenden hacer imperecedera la figura de Don José.

Naturalmente no cabe sino mi sincero agradecimiento a todos ustedes por la generosa cesión de su tiempo.

En la biblioteca de esta casa y en la de la Universidad a Distancia (UNED) están depositados ejemplares de mi trabajo titulado “El liberalismo de Don José Canalejas y Méndez” del que trae causa el texto de la presente conferencia.

Con su permiso, sin más preámbulos, entro en materia.

Tras hacer una semblanza personal y política de Canalejas, repasaré las claves que definieron su posición ideológica y programática, para en el coloquio, si ustedes lo quieren, trasladarnos a nuestro tiempo y sugerir las claves que podrían definir el Nuevo Liberalismo en la España del siglo XXI.

RECUERDO DE CANALEJAS

Canalejas nació en El Ferrol (La Coruña) el 31 de julio de 1854, en el seno de una familia de clase media y economía desahogada. A los pocos años de nuestro protagonista, la familia Canalejas se trasladaría a Madrid, asumiendo el padre, ingeniero, la promoción y dirección de una compañía ferroviaria. Tras la educación infantil, el joven Canalejas se incorporaría al Instituto madrileño de San Isidro, para cuyo momento ya había traducido del francés la novela infantil “Luis o el joven emigrante”, en el año 1864.

Fue, efectivamente, un niño prodigio, forjado en la educación intelectual racionalista, que primaría sobre la de carácter afectivo sin que le faltara un entorno familiar con el afecto necesario.

Llegaría a la Universidad Central de Madrid con quince años para superar las licenciaturas de Filosofía y Letras y Derecho en cuatro y cinco años, respectivamente. Bien es cierto que no con notas singularmente brillantes, lo que se explica por la acumulación de estudios, aunque Antón del Olmet y García Carraffa lo justifican en razón a que en la época, siguiendo norma igualitarista, no se otorgaban sobresalientes, no es así porque algún sobresaliente obtuvo.

En la Facultad de Filosofía y Letras obtuvo sobresaliente en el ejercicio final, con 18 años, y aprobado en el doctorado, a los 19 años, tras la defensa de la tesis “Consideraciones generales acerca del origen del teatro moderno” que calificó un tribunal compuesto por los profesores Amador de los Ríos, Alfredo M. Camus y Juan Hernández Gonzalez. Concluiría la licenciatura de Derecho con 20 años, sin alcanzar el grado de Doctor.

El mentor de Canalejas durante su época de estudiante sería su tío Don Francisco de Paula Canalejas, catedrático de la Universidad Central y académico de la española que asumió, aunque desde la heterodoxia, las tesis del krausismo en la época de su apogeo, sin que tal doctrina hiciera mella en el joven Canalejas, como así lo afirma su hijo, pese a lo cual el profesor Moreno Luzón encuentra en el pensamiento de Canalejas “ciertas reminiscencias organicistas y armónicas del krausismo”, explicables por la tutela intelectual de su tío Don Francisco de Paula y por su propio entorno vinculado a la Institución Libre de Enseñanza.

Don José hizo una excursión por el ámbito ejecutivo de la empresa, accediendo al cargo de Secretario General de la “Compañía Ferroviaria de Madrid a Ciudad Real y Badajoz” de la que era inversor y Director General su padre, pero no era su vocación auténtica eran las letras.

Se enfrentó, en el año 1877, a Don Marcelino Menendez y Pelayo por la Cátedra de Historia crítica de la literatura española en la Universidad Central, tras la vacante producida con la muerte de Amador de los Ríos, perdiendo en buena lid frente a un oponente muy superior. Dos años después repetiría el intento contra el señor Sanchez Moguel volviéndola a perder, a su juicio, en esta ocasión, de manera injusta.

Llegando a causar protesta ante el Ministro de Fomento y solicitando se le permitiera enseñar la asignatura “en competencia pública y solemne con el Profesor oficial” en caso de que no se reconociera la condición de catedrático a los dos aspirantes o de que, en última instancia, no se le otorgara la cátedra de Literaturas extranjeras, aún inexistente y, por tanto, que no había salido siquiera a concurso, lo que prueba el carácter indómito de Canalejas y su falta de reparos en demandar beneficios aún con escaso soporte jurídico. Naturalmente su impetración no fue atendida.

Canalejas circulaba ya, por esta docta casa, por el Ateneo de Madrid, y hacía sus primeras armas en la Real Academia de Jurisprudencia y Legislación, destacando como “brillante orador y fogoso polemista”, al decir de Sanchez Arjona, mereciendo la atención de un pequeño grupo de jóvenes con pretensiones republicanas. Tras el fracaso académico se abrían los caminos de la política y del ejercicio del derecho.

Llegaría a ser un jurista distinguido, sin especialización concreta aunque especialmente interesado en el derecho comparado, lo que le permitió llevar una vida desahogada. Inició su actividad profesional de abogado en el año 1891, aunque estaba colegiado desde 1876, llevando asuntos civiles y contencioso-administrativos y, especialmente, muchas casaciones de pleitos originados fuera de Madrid. Merece ser destacado el dictamen suscrito, el 2 de diciembre de 1905, en el contencioso sobre “los límites entre las repúblicas de Ecuador y de Peru”, lo que prueba su reconocimiento internacional como jurista. Llegaría ser Decano del Ilustre Colegio de Abogados de Madrid.

Tuvo, igualmente, una clara vocación por el periodismo, entendido como instrumento de acción policía, en una época en que era el único medio de comunicación social y en la que se permitía un periodismo muy diverso en su compromiso político, deslenguado y agresivo.

A los 11 años hizo de corresponsal político en un modesto periódico bajo el seudónimo de “El cantor de Mugardos”, después colaboraría en diversos medios de efímera vida, como en La Revista Ilustrada, en la que publicaría un artículo en defensa de Ruiz Zorrilla, al que otorgaba mayor liderazgo que el que después reconocería a Sagasta; en El Monitor de los Caminos de Hierro, de la empresa paterna; en La Biblioteca del Pueblo; en El Demócrata de corte republicano moderado y, por fin, percatado de la necesidad de un medio de comunicación propio para la defensa de sus posiciones políticas adquiriría, con otros conmilitones, El Heraldo de Madrid, periódico beligerante y combativo.

Sería Canalejas académico electo de Ciencias Morales y Políticas y de la Lengua, sin que tomara posesión en ninguna de las dos. Fue académico muy activo de la de Jurisprudencia y Legislación en la que ocuparía la presidencia durante varios años, desde cuyo cargó pronunció discursos de relevancia política y jurídica.

Es de destacar su condición de gran orador. La Pardo Bazán, en artículo necrológico, en La Ilustración Artística de Barcelona, diría de Canalejas, entre otros muchos elogios:

Canalejas era un orador sublime… Castelar llegó a la cima de la palabra. y Canalejas igual. La época de Canalejas, sin embargo, fue menos propicia al arte, a la fascinación del verbo… Es imposible hablar con mayor perfección, de un modo más noble, más persuasivo, más puro, más literario. Habíame dicho Canalejas, en una conversación larga y tendida, que su vocación verdadera no era la política, ni siquiera la tribuna, sino las letras… Soñaba Canalejas con unos últimos años consagrados a escribir libros, critica, o acaso novela y comedias en el pacifico retraimiento del hogar”.

En el año 1878 casó con María Saint-Aubin que fallecería, sin dejarle descendencia en el año 1897 y de la que llevó siempre, en su muñeca izquierda, una pulsera de oro y azabache que tomó de su brazo al fallecer, según explica su hijo José.

Así relataría su biógrafo y conmilitón Francos Rodriguez, el luctuoso suceso:

De pronto una gran desgracia sacudió el espíritu de Canalejas: María Saint-Aubin, su ilustre esposa…, murió víctima de rápida enfermedad el 7 de julio. Canalejas quedó anonadado por la pesadumbre. Estuvo en profundo ensimismamiento unos cuantos días, sin voz, sin voluntad, sin darse cuenta de que vivía”.

Volvería a casarse en el año 1908 con María Purificación Fernandez y Cadenas, mucho más joven que Don José, con la que convivía, según terminología actual, como pareja de hecho durante, probablemente, alrededor de ocho años, quien le daría seis hijos: José María (1904), segundo duque de Canalejas, muerto sin descendencia, asesinado en el 21 de setiembre de 1936, tras su detención en la checa de Fomento, 24 años después y a 700 metros del punto donde fuera asesinado su padre ; Mª Asunción (1905), que pasando los años heredaría los títulos de duque de Canalejas y marqués de Otero de Herreros, cuya descendencia los disfruta en la actualidad; Mª Luisa, que también llegaría a tener descendencia; Rosa y Blanca fallecidas en la infancia y Enriqueta, que no llegaría a tener descendencia. Así es que el apellido Canalejas se hubiera perdido si su nieto Don José Manuel Canalejas Clemente, no hubiera alterado el orden habitual de los apellidos paterno y materno.

En este ámbito de la intimidad de Canalejas, queda por resolver una singular circunstancia cual es la relativa a sus relaciones con la que sería su segunda esposa, con quien casaría años después de haber tenido cuatro de los seis hijos reseñados, sin que mediara impedimento canónico, ni ninguno otro conocido de cualquier otra naturaleza, para contraer matrimonio y oficializar aquella relación. Los biógrafos de Canalejas obvian esta cuestión y lo hacen a sabiendas, no por olvido, lo que añade más intriga al enigma.

En testamento ológrafo suscrito la víspera de sus segundas nupcias, el 2 de diciembre de 1908, alude a Doña María Pura, en estos términos:

a quien desde hace años ha me uní, a la que vengo considerando como esposa; y deseo y espero que mis hijos la consideren y respeten seguros de que nuestras anormales relaciones no responden a nada que pueda desdorarla ni a deslealtades por mi parte: Los orígenes y desarrollos de este periodo de mi vida se explicarán en carta a mis hijos y acaso en mis Memorias”.

De la buenísima mujer que será mi esposa, he tenido cuatro hijos: Pepe y María, nacidos en Bayona, y Luisa y Rosa, nacidos en Madrid, a todos los cuales consideré como hijos legítimos antes de que legalmente queden legitimados por subsiguiente matrimonio”.

Pero Don José no escribió sus Memorias, aunque Adolfo Posada asegura que, cuando menos las inició, ni, que se sepa, escribió carta alguna a sus hijos sobre el particular. Así lo afirman sus actuales descendientes.

Tanto la viuda de Canalejas como su hijo primogénito escribieron sendos libros sobre la figura de su esposo y padre, pero en ninguno de los dos se ofrece pista alguna ni sobre el enigma ni sobre la prometida carta.

Precisa Sanchez Arjona que en la tarde del 3 de diciembre de 1908 contrajeron matrimonio canónico, Don José y Doña Maria Pura, en una capilla privada del Arzobispado de Madrid, pero no hace mención alguna al enigma que, por otra parte, no pasa de mera curiosidad sin relevancia histórica alguna.

Al fallecer Canalejas víctima de asesinato, el Rey otorgó a Doña Pura, en homenaje póstumo a su marido, el ya referido título del ducado de Canalejas que, en sí mismo, conlleva la grandeza de España y como quiera que su viuda deseara, años después, ceder el título a su hijo primogénito, el Rey le concedería a ella el marquesado de Otero de Herreros, localidad en la que el matrimonio tenía una finca, “íntimamente ligada a mis recuerdos, a mis afectos más entrañables”, según explicó la viuda.

Se quejaría doña Pura de las hablillas de que fue víctima al recibir el ducado y así lo hizo patente:

Se dijo con insistencia que, al notificarme el Rey su propósito de hacerme marquesa de Canalejas, yo le respondí airada: Duquesa o nada. La realidad es que yo hubiera acatado agradecida y respetuosa cualquier distinción del monarca, y en aquellas horas, anonadada y transida de dolor, no cabía la ambiciosa pretensión que me atribuyeran”.

Es de resaltar que por razones desconocidas, probablemente a causa de alguna vendetta palaciega, no se otorgó el titulo ducal a perpetuidad, por lo que el Rey Juan Carlos I sanaría el defecto otorgando tal perpetuidad al título.

El Estado asignó a la viuda una pensión vitalicia de 30.000 pesetas anuales, que era el haber anual del Presidente del Gobierno y que la inflación se encargaría de menguar, para la adecuada subsistencia de la viuda y su prole.

Volviendo a nuestro biografiado, Don José fue un hombre honorable, trabajador, con gran fuerza intelectual, de inmensa cultura, excepcional memoria “y una fuerza moral… que dimana de la continuada lealtad a las propias convicciones”, al decir del académico de la de Ciencias Morales y Políticas, Don Baldomero Argente, lo que concuerda perfectamente con la definición que de sí mismo hacía como “sembrador de ideas”.

Era Canalejas un hombre de buen humor, jovial, en ocasiones dispuesto a la chanza, ingenioso y con tendencia a zaherir, pero sobre todo era un hombre de buen corazón que sentía la desgracia ajena y que trataba de paliarla. Era habitual benefactor de desvalidos, practicando la limosna con puntualidad a los mendigos que tenía censados en sus recorridos diarios, eludiendo su propia convicción de que la limosna fomentaba la mendicidad y evitaba que la beneficencia llegara a quien más la mereciera o la necesitara, porque era un impulso bondadoso aunque, quizá, desordenado. Canalejas era humanitario, como se lo reconocerá post-mortem Don Manuel Azaña, según se verá en pasaje posterior. Pero tan bondadoso en su vida privada como maquiavélico en su acción política.

El hijo de nuestro protagonista recuerda la descripción que Don Luís Armiñán hizo de su padre:

He aquí como Don Luis Armiñán nos describe la extraordinaria complexión de su espíritu: “Era tan complejo, tan diverso, tan extraño, tan variable, tan cauto, tan maquiavélico, tan fértil, tan insinuante, dice, que el que más se precie de conocerlo no habrá pasado de la superficie…, Canalejas, apacible, sonriente, familiar, tenía para sus afectos familiares el alma de un niño y para sus relaciones políticas el espíritu de un Borgia”.

Jacinto Benavente en el prólogo al libro de doña Pura diría de su difunto marido:

Don José Canalejas era inteligente y era bueno: Para mí han sido siempre inseparables estas dos cualidades. Supo esquivar el peligro mayor de todo jefe de partido: ser prisionero de sus partidarios. Aceptó las circunstancias y supo acomodarse a ellas. Al llegar al poder, supo moderar su laicismo y el de sus partidarios… el criminal atentado malogró una inteligencia privilegiada y un acrisolado patriotismo”.

Si bien era la postrer despedida, habitualmente generosa, el ABC diría de él que fue “un hombre clemente, piadoso, todo blandura y tolerancia, tan pródigo y tan exaltado en sus efusiones generosas, que para llegar adonde le impulsaban sus sentimientos habría necesitado de la omnipresencia”.

Este periódico recogió los juicios que mereció el asesinato en diversos periódicos mereciendo similares elogios con especial referencia a su política social.

Canalejas fue católico practicante, si bien tardío y anticlerical, lo que era y es perfectamente compatible, enamoradizo, sentimental, amante de los niños. Con gran sentido del honor y gran patriota, como correspondía a la época romántica en que le tocó vivir.

Doña Pura diría que “fue ante todo cristiano ferviente, tan amante de la Patria, por la que dio la vida, como del prójimo, hermano nuestro, según mandato de la Religión del Amor” y Olmet y García Garraffa lo definieron como: “…deísta, sumamente religioso, teniendo por Jesús pasión verdadera. Iba todos los domingos a misa, aún yendo de propaganda. Tuvo un sacerdote en su palacio y, aunque era anticlerical, respetaba profundamente a la Iglesia”.

En el archivo de la familia Canalejas se guarda la fotocopia de un artículo de Mª Antonia San Felipe, relatando anécdotas del clericalismo y anticlericalismo en Calahorra, siendo de reseñar la que se refiere al sacerdote calagurritano Don Saturnino Palacio, hijo del salmista de la Catedral, quien encontrándose en Madrid fue requerido para que oficiara la santa Misa en el oratorio particular de Canalejas y al concluirla invitó al mismo a rezar un padrenuestro y tres avemarías “por la conversión de los liberales”.

Por agotar la personalidad de Canalejas es de resaltar el hecho de que cuando las solicitudes de favor o de consideración en beneficio de amigos personales o políticos eran desatendidas, no tenía empacho en dirigirse en agria queja al amigo o conmilitón que no le hubiera atendido. Con lo que cabe concluir en que el enchufe estaba socialmente admitido y que Canalejas era un hombre de mucho carácter que tomaba muy a mal cualquier aparente desconsideración de la que se creyera víctima.

Si como muestra vale un botón, traigo aquí un pasaje de una de las muchas cartas que se cruzaron Canalejas y Romanones, en la que el primero se queja de la desatención del segundo a una petición de favor:

Mi querido amigo: Supongo no será V. el único madrileño que ignora los lazos de amistad y parentesco que me unen con los dos primeros médicos españoles que estudiaron en laboratorios extranjeros los procedimientos contra la difteria y que hoy poseen caballos inmunizados… No me explico pues como de todo eso que desinteresadamente se le ofrecía, prescinde V. para llamar a Ferrán que no ha estudiado en Francia y Alemania sino leído en revistas estos procedimientos. Formulada mi queja al Alcalde y amigo, ya sabe V. que es suyo apasionado amigo”.

Referencias de su actividad política.

A la política partidaria, en el Congreso o en el Gobierno, dedicó treinta y un años de su vida, desde su estreno como candidato en 1881 hasta su asesino, como Presidente del Gobierno, en 1912.

Canalejas inició su actividad política orgánica en el entorno del Partido Demócrata Progresista, de corte republicano, aunque él lo fuera de manera teórica, si bien hasta el extremo de que en el número de la Revista Ilustrada publicado el 16 de marzo de 1881 afirmara el liderazgo demócrata de Ruiz Zorrilla, pues, en su opinión, ya no quedaba otro líder que pueda hacerlo, incluido Sagasta que era ninguneado en el texto.

En el libro de su hijo se advierte que si bien era

afiliado a la idea republicana, de la que ya nada podía esperarse. Los conceptos democracia y república estaban tan estrechamente unidos en la mente española, que la palabra democracia había pasado a significar también republicano, y es por esto, más que por adhesión a una forma política cuyo fracaso había visto claramente, por lo que mi padre, y como él otros tantos, llamáronse republicanos en aquellos días”.

Muy poco tiempo después se incorporaría, bajo la dirección de Don Cristino Martos, al Partido Liberal de Don Práxedes Sagasta, abrazando definitivamente el credo monárquico al que fue leal a lo largo de su vida, porque Sagasta, con su ascenso al poder tras la Restauración, permitió que los liberales demócratas, no fusionistas, se percataran de que en la Monarquía tenían espacio y así los seguidores de Martos consideraron que

Nunca fue vergüenza hacer justicia al adversario y siempre se tendrá por crimen turbar sin razón la paz de los pueblos” y con tal argumento acudieron en auxilio del vencedor, Don Práxedes Sagasta.

Alejado de las tesis republicanas de Ruiz Zorrilla y constituyendo la llamada izquierda dinástica llegaría el bautismo político de Canalejas en las elecciones a Cortes de 1881, en las que se presentó como candidato en Soria, sin arraigo alguno en la circunscripción pero, con cierta ayuda económica de su cuñado. Con enorme dedicación, salió triunfante, coincidiendo el estreno de su escaño con el estreno del suyo por Don Antonio Maura. A partir de las elecciones de 1891 Canalejas se afincaría políticamente en Alicante.

Destacaría como novel tribuno en el ataque a las tesis militares de Martinez Campos, advirtiendo del riesgo de caudillaje en que se incurría. A lo largo de su trayectoria política defendería los criterios de la reforma militar de Cassola, en su idea de “engrandecer cueste lo que cueste” al ejército, eliminando abusivas prebendas en los altos mandos.

En el Gobierno de Posada Herrera, en 1883, sería Subsecretario de Presidencia. Tras la muerte de Alfonso XII, en 1886, Sagasta le encargaría el ministerio de Fomento en 1886, por periodo de cinco meses. En 1888 sería ministro de Gracia y Justicia, introduciendo la regla de que la presidencia del Tribunal Supremo se encargara al Magistrado más antiguo y promulgaría el Código civil preparado por su antecesor Alonso Martinez, iniciando una serie de reformas en el seno de la Comisión legislativa. Este Gobierno Sagasta traería el Jurado, el matrimonio civil y el sufragio universal masculino a partir de los 25 años. El nuevo régimen electoral daría la victoria a los conservadores.

Consolidada la personalidad política de Canalejas, sobre todo tras su paso por Gracia y Justicia, llegaría la ruptura con Cristino Martos, tanto por el carácter absorbente de éste como por la necesidad de Canalejas de volar por su cuenta. Era un líder nato en busca de un partido y no un militante de partido al servicio de otro líder, ni tan siquiera los de su tiempo, con escasa disciplina interna.

A finales de 1894 Sagasta llamaría a Canalejas para sustituir a Amós Salvador en el ministerio de Hacienda. Duró en el cargo cuatro meses, tiempo justo para preparar los presupuestos, cuya confección le sirvió para que se afianzara “su fama de hombre preparado y activo”.

La caída del Gobierno Sagasta tuvo su origen en la campaña orquestada por El Resumen, órgano de tendencia canalejista, creado por Suarez Figueroa a la sazón director de El Heraldo de Madrid, en defensa del reformismo militar de Lopez Dominguez y contraria a los militares subalternos que llegarían a asaltar la redacción del periódico. Hoy, la acción de El Heraldo, se denominaría “fuego amigo”.

En el año 1897 sería asesinado Don Antonio Cánovas del Castillo en el balneario de Santa Agueda de Mondragón (Guipúzcoa) y poco después fallecería María Saint-Aubin, esposa de Canalejas, que como ya hemos dicho le sumió en una profunda depresión a la que se enfrentó con un largo viaje por los Estados Unidos y Cuba, en donde se alistó en el ejército y participó diversas batallas, concediéndosele la Cruz al Mérito Militar.

A la vuelta de su experiencia cubana, Canalejas transmitió su pesimista visión de la situación y sus funestos presagios, si bien de forma reservada pues se le pidió que se abstuviese de comentarios públicos (era un periodista):

“… en nombre de muchos importantísimos intereses y representaciones”.

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