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Actitudes del poder militar


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Center for Hemisferic Defense Studies
REDES 2002
Research and Education in Defense and Security Studies

August 7 – 10, 2002, Brasilia, Brazil



Relaciones Civiles – Militares y Democracia

RELACIONES SOCIALES Y POLÍTICAS

ACTITUDES DEL PODER MILITAR

Ejército y Marina en Chile, un ejemplo particular

Gastón Tagle Orellana

Universidad “Andrés Bello”

República 252

Santiago de Chile

gtagleo@hotmail.com


Abstract
El texto trata sobre el poder que los políticos (al menos los que apoyaron el golpe militar) mantuvieron sobre los militares y de cómo estos manejaron y dirigieron los destinos del país. Contrariamente a lo que se ha dicho en distintos análisis, los grupos políticos nunca perdieron el dominio de las instituciones de la república, aunque no aparecieran como los dirigentes. También se habla de las relaciones entre el poder político y militar en Chile, especialmente cómo el primero influyó en la gestación del segundo y de cómo los grupos de poder económico estuvieron - desde un principio - tras este proceso con el fin de introducir profundas reformas en las nuevas políticas económicas de tendencia neoliberal. Asimismo expone y caracteriza las dos instituciones más importantes de la defensa nacional: ejército y marina. De sus relaciones con el poder político y económico, además del manejo de las relaciones de cada una de éstas. Finalmente, hace una caracterización de los líderes que las dirigieron y de cómo recrearon pequeñas áreas de poder dentro de ellas.

RELACIONES SOCIALES Y POLÍTICAS

ACTITUDES DEL PODER MILITAR

Ejército y Marina en Chile, un ejemplo particular

El profesor Michael Desch, en un libro publicado recientemente ha señalado que: “All three countries1 witnessed the accesion to power of civilian leaders who had problems dealing with the military. These civilian leaders were deeply divided, so the institutions of civilian rule were weak and ineffective”2, más adelante agrega “(..) Argentina, Brazil and Chile all experiencied the most extreme manifestation of loss of civilian control: military rule.” 3. En cuanto a la primera aseveración resulta cierta por cuanto no ha sido ninguna novedad el hecho de que el trato con los militares en los países hispanoamericanos ha sido complejo y de suyo tenso, situación que tiene una explicación en cuanto nos adentramos en el tema las “objetivaciones culturales”, entendidas éstas en el sentido dado por Schütz4 y que por ahora no amerita mayor análisis. Pero con relación a la segunda parte de esta cita se nos señala que hubo una profunda pérdida del control del poder por parte de los civiles ante los militares. Aquí me permito discrepar con el profesor Desch, por cuanto detrás de los militares siempre hubo, en América – Chile, en particular - un efectivo control por parte de la clase política y con ello quiero decir “plutocracia”, en el más estricto sentido de la palabra y generalmente identificada con la derecha económica y el centro político, que se movió entre las sombras haciendo el “clásico” llamado a salvar la patria de un desastre mayor, v.gr. el marxismo internacional, durante el periodo de la guerra fría, primero y luego en beneficio del país. Por cierto que los militares tomaron [de facto] prácticamente todos los cargos públicos, cosa que evolucionó con el tiempo en la medida de las necesidades internas, pero que posteriormente se proyectó hacia una mayor participación de civiles en cargos que por lo general fueron de orden político- económico (ello prueba – una vez más - el apoyo de la plutocracia a este proceso), aún siendo la consecuencia de presiones y contingencias externas.

El ascenso de los militares al poder no obedeció a un acto sui generis, no fue un acto de generación espontánea; obviamente hubo en ello una influencia, por no decir “infiltración” en nuestra sociedad [tanto militar como política], de importantes actores externos e internos a través de distintos medios, prueba de ello es la siguiente aseveración: “There were sustained propaganda efforts, including financial support for major news (El Mercurio) media, against Allende and other Marxists”5. Estos fueron, por lo general de un mismo origen: el gobierno norteamericano. Aunque la CIA y/o los distintos gobiernos del país del norte han, contradictoriamente, negado una participación directa, ha quedado en evidencia – por ellos mismos – su ingerencia en la situación mencionada. Tal es así que se desarrollaron, al menos, dos planes: Track I y Track II6. Por supuesto, que todos estos antecedentes nos dan a conocer, más que a los hechos en sí, las actitudes de ciertos grupos de poder, que de una u otra manera, instigaron para la llegada de los militares a un nivel de compromiso que los dejara, no sólo con las manos limpias de cualesquier efecto inmediato al golpe de estado, sino con el acceso directo al poder mismo, aunque a primera vista no se haya notado.

La situación política, económica y social hacia 1973 estaba sumida en un caos ya casi incontrolable7, producida por un pésimo manejo político de parte del gobierno, esto venía despertando el apetito político del espectro opositor a Salvador Allende, transformándose en una oportunidad única para que los grupos opositores pudieran ejercer ciertas presiones a los mandos militares que, casi sin darse cuenta, se vieron inmersos en una confrontación política de proporciones. Estos hechos habían sido recurrentes en la historia de Chile y de Hispanoamérica en general. Los antecedentes históricos así lo indican8, es decir, a través de distintos medios y de acuerdo a la época se puede apreciar cómo la oligarquía9 ha utilizado el poder de las armas para solucionar lo que ella no fue capaz por la vía democrática o del consenso.

Fuerzas armadas y sus relaciones políticas

Indudablemente que con el ascenso de las fuerzas armadas se registra un cambio brusco en las relaciones que estos van a mantener con el poder político sobreviviente; ya sea, porque hay un nuevo ajuste de la realidad o porque estos, los militares, desconocen el manejo apropiado de las relaciones entre estos dos poderes. Esta situación va a ser sólo superada con el tiempo y a un costo muy alto para el gobierno militar. Constantemente se dirigió una propaganda hacia todos los sectores sociales indicando – y con razón - que los grupos políticos fueron los responsables de los nefastos acontecimientos ocurridos en el país, de hecho así lo recuerda uno de los integrantes de la Junta de Gobierno en sus memorias: “...no pude sino tener una idea muy pobre de la forma en que nuestra clase política, los partidos y gran parte de los sectores dirigentes de nuestro país habían construido y administrado la democracia chilena”10. Pero en el particular caso de aquellos grupos de civiles que apoyaron el golpe de estado, hubo quienes no se sintieron tocados por los despectivos comentarios que emanaban del nuevo ejecutivo. La razón es relativamente fácil de encontrar: aquella oligarquía que apoyó el golpe militar no tenía un fundamento ideológico que sustentar, que era lo que estaba desprestigiado. Tanto así que muchos de ellos se dieron a la tarea de incriminar toda una ideología (que efectivamente había sido no sólo inútil para solucionar los problemas del país, sino que además ajena a la idiosincrasia del ciudadano medio, v. gr. marxismo) como responsable de todos los males de nuestra sociedad; sin embargo, en este grupo cayó casi todo el espectro político. Los militares en Chile se vieron apoyados “técnica” y “políticamente” por aquellos que se harían de las más importantes esferas de poder post gobierno militar, especialmente en el área económica.



Ejército y Marina

Las fuerzas armadas asumieron un rol más bien operativo de la situación del país, salvo escasas excepciones. Desarrollando, entre ellos, una carrera paralela de áreas de poder: repartición de ministerios, autonomía en la compra de material bélico (no se diseñó una política de defensa de acuerdo a las necesidades del país, aunque hubo algunos atisbos en la marina, pero siempre actuando en forma autónoma), manejo de las regiones del país, etc. Todo esto implicó una serie de procesos “autonómicos”, cada uno con características propias. Si esto fue o no importante en aquel período no tiene mayor relevancia hasta el momento en que el país vuelve al cauce político normal (democracia), pues una vez asumidos los roles estándares de una democracia, se da un fenómeno muy particular y quizás obvio: las FF.AA., ya dentro de lo que les compete como tales, seguirán actuando en forma autónoma, tanto la marina como el ejército, aunque ambas por tiempos y motivos distintos.

El ejército tendrá una fuerza mayor que los “guiará”: el general Augusto Pinochet Ugarte, que va a ser más que la personificación de un general, será una figura (quizás emblemática) que se diluirá con el tiempo y por el desarrollo normal de los acontecimientos, porque el ejército así lo entendió. La marina, sin embargo, tomará otro derrotero. Va a demorar en asumir la nueva condición política del país, especialmente porque el almirante Merino no sólo no dejó de ser un personaje, sino que no dejo de ser un almirante, pues se hará sentir a través de su sucesor inmediato. Si utilizamos un juego de palabras, “se fue, pero se quedó”, no con la presencia sino con la fuerza de su doctrina: mezcla de fundamentalismo y de política autonómica. Esto último mantendrá a la marina, a diferencia del ejército, como una institución “autorreferente”, actitud que la conducirá por un camino muy distinto del que tomó el ejército. La “autorreferencia”, situación muy parecida a la ocurrida con posterioridad a la guerra civil de 1891, no permitirá una “adecuada” y fluida comunicación con el poder político a contar del inicio del proceso democrático a la fecha. Los costos asociados a esta actitud han resultado evidentes, esta ha sido pospuesta en sus lógicos deseos de modernizar su material de guerra, pues ha sido precisamente el factor político quien ha determinado las necesidades de esta institución. A diferencia del ejército que, asumiendo un costo enorme en este proceso de transición a la democracia, ha logrado – a pesar de todos los problemas que heredó - una comunicación mucho más fluida que la marina, logrando no sólo todo un proceso de reforma tanto en lo educacional como en lo material, sino un tremendo avance en sus relaciones con el poder político, entendieron que su desarrollo institucional pasaba necesariamente por el sometimiento a dicho poder. La marina, en cambio, por motivos que iremos analizando más adelante, al ser autorreferente, se aisló no sólo del poder político sino de la sociedad 11.

Ha habido una suerte, por parte de la oligarquía (en América), de “laisse faire”, un dejar hacer, pero eso no está ajeno a una carga política estratégica. El dejar hacer a los “militares” implicó tácita aunque objetivamente, una doctrina de dejar “hacer sin ver”, dejar el trabajo “difícil” a quienes podían y debían hacerlo, las consecuencias de esta actitud saltan a la vista toda vez que los únicos condenados por violaciones a los derechos humanos han sido militares y no los civiles que participaron del gobierno militar y que siguen participando de la vida política en plena democracia.

Los escenarios de esta trama están expuestos de manera tal que aparecen en ellos como únicos responsables “los actores” que se vieron involucrados directamente, no aquellos que aparecieron como ideólogos y/o aquellos que tenían y tienen el poder económico. El desarrollo de los acontecimientos durante este largo período (1973 hasta 1980, primero y 1990 hasta la fecha, después) va a llevar a los distintos grupos de poder a enfrentar una situación que no es sino la continuación de los problemas (mismo espacio, otro tiempo) de la sociedad chilena.

Grupos económicos y sus influencias

Uno de los elementos más importantes de destacar en nuestro análisis es la forma en que los grupos económicos se hacen del poder. Una vez asumida la Junta Militar, los nuevos dirigentes se ven en la necesidad de implementar políticas de “restauración nacional”, es decir, avocarse a la tarea de reconstruir aquello que había quedado en ruinas. La economía estaba en pésimas condiciones y las arcas fiscales muy débiles, entonces la primera tarea que emprendieron los líderes fue aquella relacionada con el saneamiento de la hacienda y cuyo fin no era otro que ordenar la estructura económica del país; esto quedó en manos – en un primer momento - de la marina chilena, la que comenzó a trabajar en proyectos asociados al tema. Se nombraron ministros y asesores que dieron curso a un renovado plan económico12. Obviamente la marina (y ninguna de las otras ramas de las fuerzas armadas) no tenía especialistas en la materia, razón por la cual tuvo que recurrir, en el mediano plazo, a profesionales civiles. Lo paradójico fue que en un primer momento se dieron fuertes diferencias entre quienes formaban parte del Comité Asesor de la Presidencial (particularmente los militares) y quienes trataban de influir en la cúpula gobernante por un sistema económico ultraliberal. Dadas las condiciones sociales, políticas y económicas, los integrantes de la Junta de Gobierno no tuvieron más alternativa que rendirse a un modelo que estaba en las manos y en las mentes de los llamados neoliberales, todos discípulos de las doctrinas del premio Nobel Milton Friedman. No pasó mucho tiempo – entonces – para que llegaran a dirigir los destinos económicos de la nación civiles de pensamiento y educación neoliberal. Un ministro civil de esta tendencia propuso al Comité Asesor, casi recién asumido el cargo (1974), la privatización de CODELCO13, la más importante empresa del estado chileno14. Esto fue apenas un esbozo de lo que vendría posteriormente, además de dejar expresa la participación e intención de los estamentos plutocráticos. Los vaivenes de la economía internacional (1982–1983) llevarán, años más tarde, a un estrepitoso fracaso de los neoliberales quienes tendrán un receso por un breve periodo.


A pesar de los fracasos de los economistas neoliberales, el general Pinochet, poco a poco, fue ganado – nuevamente – por los grupos económicos que comenzaron su arremetida, esta vez para iniciar un proceso de privatización15 del cual lo menos que se puede decir fue de dudoso origen y desarrollo16. Pero las fuerzas armadas ya estaban comprometidas en un movimiento que el mismo general Pinochet calificó como un “viaje sin retorno...” (sic) y una vez que los militares se encontraron completamente asentados en el poder, no les cupo mayor participación que la de aceptar las condiciones impuestas por los grupos que manejaba los destinos económicos de la nación. Asimismo las fuerzas armadas, particularmente el ejército, se vio comprometido en una guerra sucia con los actores más radicales de la oposición: la izquierda, v.gr el partido comunista y socialista, representados por grupos armados tales como el MIR, primero y el FPMR17, después. Los tecnócratas que asumieron la conducción económica obviaron toda participación en esta guerra que provocó – oficialmente – alrededor de 2000 desaparecidos18, sin contar los muertos en enfrentamientos armados. Esto prueba que la participación de los grupos económicos estuvo consignada de antemano para no verse involucrado en actos que a futuro pudieran estar en el plano de lo ilegal, además de apostar a un largo período, como efectivamente sucedió, tras las esferas de poder. Como se ha mencionado en distintas investigaciones publicadas a lo largo de la última década, sin la colaboración de ambas partes, los altos mandos militares y grupos económicos, el proceso de “modernización” no hubiera sido posible de concretar.
En tanto la Armada se presentaba en una posición mucho más cauta en cuanto a lo político, de hecho una de las cosas más rescatables de la gestión del almirante Merino, fue la pronta salida de personal de la armada de todos los puntos conflictivos del nuevo gobierno, asumiendo él toda la responsabilidad de los actos de su institución, señalando que el único que hacía política en la armada era él (sic). Así, por ejemplo, sacó al comandante (luego almirante) Rolando García Leblanc del puesto de subdirector de la DINA19, cuando éste le indicó - al parecer ese fue el motivo - que las cosas que estaban sucediendo no eran de su gusto, Merino lo retiró inmediatamente. Sin embargo, su condescendencia con los economistas neoliberales queda en evidencia al aprobar leyes económicas que fomentaban la libre competencia y que se implementaron rápidamente. Con ello Chile daría un paso gigantesco a los cambios en nuestras costumbres económicas. Asimismo los militares, en general, en un primer momento reticentes a estos giros económicos, poco a poco, comenzaron a adquirir el gusto por este cambio, especialmente cuando los resultados macroeconómicos dieron muestras de consolidación20.
Es evidente que la influencia de los economistas neoliberales, en las decisiones de la junta de gobierno, estaban avaladas por quienes ejercieron presión para que se resolviera a favor de sus futuros intereses económicos, pero la pregunta que surge es ¿cómo y a través de quiénes se logró tanta influencia? Un dato importante nos lo da la existencia de la llamada “Cofradía Náutica del Pacífico Austral”, que de un inocente pasatiempo se transformó, según palabras de la periodista Mónica González, en una afinidad que sería significativa para la planificación del golpe militar (sic). Junto con lo anterior y en estricto rigor académico esto no nos debe parecer una confabulación previamente planificada, lo que sucedió fue una conjunción de hechos que fueron pavimentando paso a paso el camino para aquellos que, en un determinado momento, accedieron al poder por la vía de relaciones sociales o políticas.
Caracterización de los líderes de las fuerzas armadas
Tanto la marina como el ejército, a pesar de mantener diferencias sustanciales en algunos campos de acción, impulsaron reformas que contaron siempre con la bendición de los grupos económicos. Pero las figuras de Pinochet y Merino jugaron un rol fundamental en toda esta escenificación, aunque cada uno con su propia identidad; es curioso ver que ambos se sienten los impulsores del golpe militar, sin embargo, el crédito original fue de la marina y esa fue – en un comienzo - la base de operaciones de los grupos de poder. Lo prueba el hecho de que los planes de “reconstrucción” nacen en la cofradía allí anclada en el alto mando naval y no en el ejército. Y es que el ejército será “seducido” por estos tecnócratas del neoliberalismo con posterioridad. Las fuerzas armadas no fueron sino un aval de fuerza para la imposición de un sistema de libre mercado que, si bien en lo macroeconómico fue exitoso, no fue menos importante lo brutal de sus efectos sobre la sociedad chilena, hasta hoy.

Bajo una perspectiva sociológica, siempre resulta atrayente el estudio de las personas21 y su entorno, en este caso las personalidades de los líderes fueron de suyo significativas, particularmente en el desarrollo de los acontecimientos. Por un lado tenemos a un general Pinochet que asume el mando de la nación exclusivamente por pertenecer a la más antigua de las ramas castrenses y que pasa a ser, a última hora y luego del ultimátum del almirante Merino22, el presidente del nuevo gobierno. Lo particular de la situación fue que ni siquiera estaba seguro de participar en este golpe. Merino, sin embargo, siempre muy seguro de sí mismo, no sólo presionó a Pinochet sino que siempre dejó muy en claro que la marina había sido la impulsora de este proceso. Las particularidades de cada uno dejaron una impronta muy difícil de superar: Pinochet, siempre dirigió el ejército con una verticalidad a toda prueba, excluyendo a todo aquél que sobresaliera demasiado; en cuanto a Merino, si bien deja igual de claro la verticalidad del mando, tuvo una idea algo más mesiánica de sí mismo y del gobierno de las fuerzas armadas23, de hecho, poco tiempo antes de morir, señaló que “...después de una vida entregada a la Patria, en donde mi Armada fue el Trono central de mis desvelos, siendo el instrumento que Dios me dio y la Virgen puso en mis manos para salvar a Chile del ateísmo destructor”24. Con esa misma caracterización religiosa dirigió a la marina chilena, excluyendo todo atisbo de tolerancia no sólo dentro de ella, sino en cuanto proyecto externo pudo influir25. Desde este “púlpito” la marina pretendió bien relacionarse socialmente con el espectro político de la Iglesia (al menos el ala conservadora de la iglesia católica chilena) y sus relaciones sociales pasaron a estar marcadas por un fundamentalismo que rayaba en la intolerancia, quizás fue la fórmula para congraciarse con una iglesia  católica  que había adoptado un activo papel en contra del gobierno militar.



Relaciones Sociales

Siempre las relaciones sociales, en una sociedad dividida (como aquellas conformadas por gobiernos autoritarios), juegan un papel importantísimo, toda vez que las autoridades suelen estar cuestionadas políticamente, por lo tanto necesitan de una actividad que las relacione con los otros actores de la misma y cuyo fin no es sino sentirse dentro de un estado de derecho. Así las fuerzas armadas realizaron una labor de relaciones públicas de acuerdo a sus esferas de influencia (derecha política y económica, especialmente esta última), esto desarrolló en América en general y Chile en particular, un sistema político protegido; asimismo estas relaciones introdujeron cambios sustanciales en nuestro espectro político. Por ejemplo, las fuerzas armadas se transformaron en otro poder del estado, junto con el ejecutivo, legislativo y judicial. Esto ha dado como resultado lo que el Dr. Galleguillos señaló como “...political organization which is directly and indirectly involved in governmental functions while also continuing to play its role as "guardian," "protector," and "custodian" of the polity and society.”26 Este proteccionismo, ideado por el grupo de civiles detrás de las fuerzas armadas  chilenas 27, sirvió para crear, a posteriori, toda clase de problemas a quienes accedieron al poder en democracia. Un punto importante ha sido la inamovilidad de los comandantes en jefe, situación que ha generado algunos conflictos no menores entre estos y el poder político. Es preciso señalar, además, que aquellos que accedieron al poder en 1990 (Patricio Aylwin Azócar) no fueron capaces, dadas las anteriores relaciones establecidas por los militares a través de la derecha28, de cambiar estas regulaciones, muy especialmente aquellas ligadas con este nuevo poder del estado. Tampoco fue capaz de hacerlo, o no se tuvo la voluntad política, el gobierno siguiente (Eduardo Frei Ruíz-Tagle) y el ya desgastado tercer gobierno de la Concertación (Ricardo Lagos Escobar) poco y nada puede hacer, toda vez que ya no cuenta con una fuerza política suficiente. Así ha quedado de manifiesto que el uso de las relaciones (públicas y privadas) han dado buenos resultados a las fuerzas armadas y como muy bien se nos ha señalado: “The evidence strongly suggests that when core interests are at stake, those formal channels are not utilized and the military uses other means to influence the policy process and to pressure civilian decision makers to make changes. The army in particular has been very sensitive to policies affecting its interests. In response it has used public shows of strength, threats of force (which the government always took seriously, even in the late 1990s), personal contacts, announcements to the press, and other such means to ensure that its core interests remained protected. When the armed forces left power, they did not simply return to the barracks ”29. Transcurridos más de diez años desde estos conflictos, el ejército y la marina tomaron caminos distintos. El primero entendió qué era lo adecuado para mejorar sus relaciones sociales y políticas, asumiendo un papel dinámico que incluso los llevó a un gran esfuerzo de transformación institucional: reorganización, modernización y educación, entre otros. La armada, por su parte, comenzó el proceso más tardíamente, provocando más de algún desencuentro con la sociedad política, especialmente en lo referente al rol que le cabe a los comandantes en jefe30 y con un plan de renovación que no sólo era ambicioso sino que inconsulto en lo político. Esto último unido a la característica autorreferencia de la marina chilena la ha dejado si no aislada, al menos en un mal pie para negociar su futuro institucional. Su autodeterminación y aislamiento, junto con el “affair” Arancibia, la dejó sin buques y con una representación social y política de dudoso equilibrio.

Conclusiones

La participación de las fuerzas armadas en Hispanoamérica debe ser vista bajo un prisma muy cuidadoso, pues si bien asumieron gobiernos de facto, no debemos olvidar que éstas fueron atraídas por grupos que, en la década de los sesenta y setenta, resultaron incapaces de solucionar los problemas políticos que ellos mismos generaron.

Las fuerzas armadas, llegaron al poder (1973) apoyadas por una gran mayoría de la población – al menos en Chile – luego de verse inmersas en un gobierno corrupto, extremadamente ideologizado, ineficiente e incapaz que fue denostado no sólo por sus opositores sino que declarados inconstitucionales por el poder legislativo.

Asimismo, una vez en el poder, se encontraron con una realidad con la que no estaban acostumbrados a lidiar. Unido esto a líderes militares de particulares características que desarrollaron un proceso marcado por las poderosas influencias de los grupos económicos.

Encuentros y desencuentros internacionales, especialmente con Estados Unidos de Norteamérica y Europa, es decir, con los países más influyentes del orbe. Sin embargo, a pesar de ello, salieron adelante a través de un camino trazado con grandes esfuerzos ya sea por ellos mismos como por los opositores.

El dinamismo de la historia los obligó, de una u otra forma, a evolucionar como instituciones de la defensa. A replantearse el rol que les cabe en este siglo veintiuno y a dejar una marca en la historia de Chile. Por mucho tiempo seguirán siendo algo más que instituciones no deliberantes, concitando las críticas obvias de sus detractores. Pero por sobre todo, las nuevas autoridades castrenses tienen claridad de que el poder supremo de la nación reside en la autoridad libremente elegida.

Quedan situaciones pendientes para perfeccionar la democracia en un país que estaba acostumbrado a ella: “Mientras permanezca esta situación, la supremacía de los civiles en Chile permanecerá incompleta”31.


Gastón Tagle Orellana

Profesor de Historia

Magister en Historia

Ph.D ©


1 Argentina (1966 – 1982), Brasil (1964 – 1985) y Chile (1973 – 1989)

2 Desch, Michael C. “Civilian Control of the Military”: “Twilight of the Generals? Domestic security and Civil – Military Relations in South Latin America”. The Johns Hopkins University Press. Baltimore and London, 1999. Chapter 6, p. 97

3 Ibidem.p.97

4 Estas objetivaciones pueden describirse en forma muy simple o estar sujetas a elaboración teórica como objetos de conocimiento esencial; es decir, podemos estudiar el estado como tal, el arte como tal y el lenguaje como tal. Para una mejor comprensión del tema ver Alfred Schütz. “La construcción significativa del mundo”. Ediciones PAIDOS, Barcelona, 1993. Pág. 165. Título original de la obra: “Der sinnhafte Aufbau der sozialen Welt”.

5 Archivos Desclasificados de la CIA. Subject: CIA Activities in Chile. September 18, 2000

6 Ibid. “As part of a Track I strategy to block Allende from taking office after the 4 September election, CIA sought to influence a Congressional run-off vote required by the Constitution because Allende did not win an absolute majority (...) As part of a Track II strategy, CIA was directed to seek to instigate a coup to prevent Allende from taking office(...) While Allende was in office, the 40 Committee approved the redirection of Track I operations that — combined with a renewed effort to support the PDC in 1971 and a project to provide support to the National Party and Democratic Radical Party in 1972 — funneled millions of dollars to strengthen opposition political parties. CIA also provided assistance to militant right-wing groups to undermine the President and create a tense environment.”

7 Esta situación llevó al Congreso de la República a declarar inconstitucional al gobierno de Allende

8 Ver Gastón Tagle Orellana. “La Guerra Civil de 1891”. Revista “Occidente” ISSN 0716 Año LVI Jul-Ago-Sep. 2001-Nº 378

9 Entendida esta como el estamento político

10 Merino Castro, José Toribio. “Bitácora de un almirante”. Editorial Andrés Bello. Santiago de Chile, 1998. pág. 430.

11 Al respecto se ha señalado que la marina ha vivido aislada por su condición de institución “itinerante”, en cuanto se asume que siempre su gente está embarcada y alejada de los centros socializantes. Sin embargo no es tan evidente dicho argumento si consideramos que quienes están embarcados no pasan de un 20 por ciento (dependiendo del período o época de la cual estemos hablando) de los efectivos totales (25.000, aproximadamente) y considerando, además, que los embarques son realmente esporádicos. Salen a maniobras pocas veces al año, los períodos no superan un promedio de tres meses. Cabe consignar que el aislamiento es más bien mental.


12 Este plan económico fue denominado “Proyecto Económico Integral”, más comúnmente conocido como “El Ladrillo”.

13 Corporación del Cobre

14 Esto no dio resultado toda vez que el general Gastón Frez se opuso tenazmente.

15 Desde 1985 hasta marzo de 1990

16 Para este particular proceso de la economía chilena ver “El Saqueo de los Grupos Económicos al Estado chileno” de María Olivia Mönckberg. Ediciones B Chile S.A. Santiago de Chile, 2001

17 MIR: Movimiento de Izquierda Revolucionaria, nacido durante el gobierno de Eduardo Frei Montalva y el FPMR: Frente Patriótico Manuel Rodríguez, nacido ya en pleno régimen militar.

18 Según consigna el Informe Rettig

19 Dirección de Inteligencia Nacional, dirigida por el general Contreras desde 1974 a 1979

20 Todo lo anterior esconde dramáticamente profundos problemas que se suscitaron con otra de las ramas de la defensa nacional: la fuerza aérea. Ella fue con mucho la más disidente de la junta de gobierno, especialmente en materias económicas y políticas, situación que causó la primera baja importante de la junta: el general Gustavo Leigh Guzmán

21 Para un estudio acabado de este fenómeno resulta muy interesante la teoría presentada por Alfred Schütz, que dicen relación con el mundo-vida, particularmente lo que él llamó: “temporality, embodiment and intersubjectvity”

22 Merino Castro, José T. Op. Cit. “Bitácora de un Almirante”. Pág. 229. “9/sept./73. Guastavo y Augusto:

Bajo mi palabra de honor el día D será el 11 y la hora H 06.00.

Si Uds. no pueden cumplir esta fase con el total de las fuerzas que mandan en Santiago, explícalo al reverso.

El Almte. Huidobro está autorizado para traer y discutir cualquier tema con Uds. Los saluda con esperanzas de comprensión. J.T. Merino”

Al reverso se lee:

“Gustavo: Es la última oportunidad. J.T



Augusto: Si no pones toda la fuerza de Santiago desde el primer momento, no viviremos para ver el futuro.”

23 Al respecto queda en evidencia esta actitud en una carta de circulación interna , fechada en junio de 1987 y que señalaba, en alguna de sus parte lo que sigue: “Toda autoridad proviene de Dios, aunque no sea Él quien intervenga en la designación (...) La autoridad concedida al jefe, se la ha dado en beneficio de los demás y no para beneficio personal (...) podemos concluir que mandar es servir: servir a Dios en cuyo nombre se manda (...) Por ello, por falta de Jefes, el occidente se pierde en la noche del mañana”. De “Cartas del Almirante. 1987 – 1990” Primera edición. Circulación interna. Armada de Chile, 1996

24 Merino Castro, José T. Op. Cit “Bitácora de un almirante”. Pág. 13

25 Esto queda muy bien acreditado cuando la Junta Militar firmó una ley que eliminó el aborto terapéutico.

26 Galleguillos, Nibaldo. “Studying civil-military relations in the post-dictatorship era: An analysis of Chilean experience”. Publicado en Journal of Third World Studies. USA. Fall 2000;

27 Uno de los más influyentes ideólogos en el gobierno militar fue el asesinado senador Jaime Guzmán

28 Inamovilidad de los comandantes en jefe, sistema binominal en las elecciones, entre otras.

29 Weeks, Gregory. “The long road to cilivian supremacy over the military: Chile 1990-1998Studies in Comparative International Development; New Brunswick; Summer 2000

30 El caso del almirante Jorge Arancibia Reyes, quien renunció, antes de finalizar su período, a la Comandancia en Jefe de la Armada para postularse a senador de la República.

31 Weeks, Gregory. Op. Cit. “The long road to cilivian supremacy over the military: Chile 1990-1998”





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