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Abriendo los ojos frente a algo que siempre tuve al frente


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ABRIENDO LOS OJOS FRENTE A ALGO QUE SIEMPRE TUVE AL FRENTE”

. Jaidivita nos acogió en “El parche” tal como recibe una madre a sus hijos en casa, explicándonos cada detalle, enseñándonos algunos secretos de la vida y abriéndonos la puerta hacia el verdadero mundo en el que vivimos.



Reflexión:

Un ilustre profesor nos inculco hace tres años y medio que no debíamos ser como “las personas del corriente”, porque somos médicos. Seguramente es un buen consejo siguiendo el ideal de superación que tiene todo ser humano por naturaleza adulando el principio de supervivencia y selección natural visto desde lo académico, pero no debemos confundirnos con aquella frase popular “juntos pero no revueltos”, porque es algo que no podemos evitar; a donde miremos habrá un habitante de calle, una trabajadora sexual, un transexual o un desplazado, pero para no ser exagerado, veremos una persona de raza negra discriminada, un sujeto obeso ultrajado, un adolescente homosexual juzgado y rechazado, una mujer golpeada y violentada o una persona secuestrada por su silencio, en conclusión, un ser vulnerable siendo transgredido en su integridad por el sistema social, cultural y político.

Al analizar cada una de las palabras escritas recuerdo una frase de John Zerzan, “O luchas o callas, ya no es tiempo de quejas”, la cual es pertinente para describir lo que pasa en nuestra sociedad. A pesar de evidenciar en el día a día la falta de justicia divina, como lo llamo yo, algunos callan y continúan con su vida de éxito y logros, mientras que otros luchan desde acciones individuales como escuchar al otro, hasta acciones colectivas como la Fundación Procrear.

Las actividades ejercidas por la Fundación se podrían ver fundamentadas en un segmento del libro Buda Blues escrito por Mario Mendoza: “Aquel que es capaz de multiplicarse en otros hasta construir un nosotros, es mucho más fuerte que aquel que se queda atrapado en la insignificancia de un yo”. El sentido, valor y dirección de esta institución construye las bases de una verdadera sociedad y permite que aquellos que no conocemos el mundo en el que vivimos, a pesar de que pensamos lo contrario en nuestra comodidad, seamos fieles testigos de la problemática y generadores de propuestas resolutivas de la misma.



Hechos y actividades:

Una mañana fría y lluviosa arropaba nuestras ganas de hacer y conocer más; como empezaba a ser usual, depositaba el peso de mi cuerpo sobre la baranda que queda al frente de la puerta para abordar el transmilenio J24 y divagaba por instantes sobre aquellas personas que en su afán pero a la vez en su hermosa comodidad aguardan por ir a ilustrarse en la universidad, mientras traspasando el transparente vidrio observaba dos “mujeres” con mallas que cubrían sus voluptuosos cuerpos a la espera de un apasionado hombre en búsqueda de satisfacción.

Somos 5 “pelagatos”, característica nominal que describe a la perfección nuestra situación en el contexto en el que nos encontramos. El recorrido entre la estación y “El parche” fue como un abrir y cerrar de ojos comandado por el miedo y la vulnerabilidad, fiel reflejo de que aun no comprendíamos el fin de nuestro paso por allí.

Las ganas, el empuje, la planeación, el interés y el deseo de querer más nos poseyeron y situó en lo que me atrevo a llamar “parchesistema”; el agua de panela estaba lista, el pan también, la improvisada sala de cine a la perfección y nosotros en la puerta con los ojos bien abiertos, sin embargo nada ocurría. La excusa perfecta del momento era la lluvia, soportaba nuestra desilusión y estimulaba nuestra esperanza, no era porque no queríamos sino que al parecer la naturaleza consideraba que no era el momento más oportuno así fuera el más esperado.

En nuestra incesante y altruista labor decidimos aventurarnos a “parchar” un rato para seducir a seres como nosotros pero con un mayor grado de vulnerabilidad. La caminada fue fructuosa, fruto llamado Sheila, mujer biológica y trabajadora sexual de 17 años con facies de cansancio y “enchonche”, atraída por el cruce de mi mirada y la suya, conexión que finalizo en una sonrisa y cuatro palabras: “No le crea nada”, a lo que espontáneamente respondí: “Quieres agua de panela y pan? … vamos”, propuesta mágica que surgió efecto. Por cierto, ella se refería a Jorge, voluntario de gran carisma y buena vibra.

En un ambiente cálido que nos protegía de la lluvia, le brinde un pequeño vaso plástico verde con “tetero” casi hirviendo y una mogolla, lo que revivió el brillo en sus ojos y quito el cerrojo de su puerta. Pasaban los minutos como si fueran horas mientras se desplegaba todo un mundo de frenesí que conmovía lo más profundo de mi ser e interactuaba con mis más arraigados pensamientos. Soledad, maltrato, rebeldía, mamá, consumo, sexo, supervivencia, ilusiones y hasta una amiga imaginaria fueron temas que florecieron en aproximadamente treinta minutos hasta que el interés por unos jeans y otro refrigerio lo supero todo.

Se aproximaba el medio día, uno a uno iban desalojando nuestra morada y a la vez entrando un sin sabor de tristeza y desilusión por el sistema; a lo que mínimamente respondíamos con mudas promesas, ciegos sueños e invisibles acciones.

Reflexión:

Hace un tiempo bastante largo comprendí que independientemente de la persona que tenga al frente, rico, pobre, flaco, gordo, triste, alegre, bien vestido o no era un ser humano igual a mí y muchas veces mejor que yo; el choque de mundos, ideales, pensamientos y perspectivas de vida abrió frente a mí el telón de la indescriptible pasión y entrega por la vida minuto a minuto, viviendo el presente y disfrutando de las situaciones como si fuera un niño o el ultimo día antes de cerrar los ojos para nunca volver a abrirlos.



La reflexión más que un análisis del día y lo aprendido en el, suscita algo escrito el primer día de formación en la fundación:

La vida, torbellino de momentos.

La vida, solitaria oscuridad que alumbra mi camino.

La vida, simplemente es la vida.

Inquieto, hoy.

Despistado, mañana.

Dormido, pasado mañana.

¿Quién sabe? .... ¿Qué sabe?

¿Quien hace? .... ¿Qué hace?

¿Quien hizo? ... ¿Qué hizo?

Puede que pasen las horas, hay un cambio.

Puede que sea de día, soy otro.

Puede que sea de noche, soy el mismo.

¿Quién soy?

La vida soy yo.

SEBASTIAN CABRERA


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