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75 años de su fallecimiento 6 de julio 1928 – 2003


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EL HOMENAJE DEL SINDICATO MÉDICO, EN 1929

Al cumplirse el primer aniversario de su muerte, el Sindicato Médico y el Club Médico, tributaron un homenaje, descubriendo un retrato al óleo pintado por Carlos María Herrera. El Prof. Dr. Augusto Turenne dijo en la ocasión:25


Nada eleva más el concepto y la autoridad morales de las sociedades humanas como el honrar la memoria de aquellos de sus miembros que al realizar integralmente sus programas de vida incorporan al acervo común preciadas conquistas que dejan una huella luminosa y persistente de su paso por la tierra.
El momento actual no es por cierto impropicio para exteriorizar esos propósitos.
Una inestabilidad social tal vez fecunda pero caracterizada por el ascenso brusco de elementos cuya preparación moral no alcanza siempre el nivel de su perfeccionamiento técnico trae aparejada una inversión de valores, un desconocimiento de méritos y una irrespetuosidad para todo lo que no es contemporáneo –olvidando que el presente es ya pasado apenas lo enunciamos- que toda ocasión será buena si sirve para fijar jalones y aquilatar personalidades.
Ricaldoni –prematuramente para la Ciencia médica nacional que tanto le debe- ha ido a reunirse con el grupo de médicos eminentes que esperan aún la expresión de la gratitud ciudadana, tan pródiga de honores para personajes secundarios cuando saben morir a tiempo con la promesa de lo que hubieron podido hacer!
Con Ricaldoni no corremos ese riesgo!
Su vida fue lo suficientemente larga para que su obra madurase y su personalidad cumpliera las promesas que desde su paso por las aulas lo señalaban como Maestro del futuro.
De su vida y de su obra nos hablará uno de sus discípulos predilectos que acaba de ofrecerle el más cumplido de los homenajes declinando el peligroso honor de sucederle en el Instituto de Neurología.
Pero lo que puedo y debo decir bien alto en nombre de nuestras Asociaciones que reúnen bajo sus enseñas a la casi totalidad del cuerpo médico nacional, es que Ricaldoni fue una lección viviente y perdurable de sana Deontología y por ello –y aunque su obra científica no hubiera sido lo que fue- merecería el respeto y la veneración de sus colegas.
En esa ocasión, el Dr. Carlos Brito Foresti 26, manifestaba, refiriéndose al ejercicio profesional del Maestro:
Adversa le fue la suerte durante los primeros años en el ejercicio de la profesión. Instaló su primer consultorio, lejos de la ciudad, allí donde estuvo instalada hasta hace poco tiempo la Escuela de Nurses, ocupado el local actualmente por el Instituto de Radiología. Se suceden los traslados en dirección al centro sin mayor resultado. El país ignoraba la existencia en su seno de un talento y virtud médicas que muy luego habían de brillar. Sus discípulos, conocedores de su vasta erudición y convencidos de su gran ilustración médica fueron los primeros en solicitar su asistencia médica, sea para sí mismos o para miembros de su familia y tratando que las amistades o relaciones fueran atendidas por el eminente médico. “”Que lo vea Ricaldoni” era la frase usual. Así comenzó a ser conocido el clínico ya indiscutido, que diariamente, en terreno cada vez más firme adquiría sólida reputación entre los enfermos y sus colegas.
Abriéndose paso, iba entrando triunfante en la ciudad. El doctor Scosería le dijo: “va conquistando el centro”. La conquista la realizó rápidamente, pues la sociedad comprendió al fin que podía depositar ciegamente su salvación en manos de uno de sus más ilustres médicos.

EL PERFIL DE UN HOMBRE CULTO

El fallecimiento del Dr. Américo Ricaldoni produjo en el país y en el mundo múltiples manifestaciones, de pesar y congoja, pero también de señalamiento de sus méritos científicos y humanistas reconocidos. Numerosas instituciones del país, de América y de Europa, del ámbito parlamentario, periodístico y científico, reseñaron la significación de su talento y su obra.

La primera mujer médica que formó parte de su Instituto, diría un año luego de su muerte: 27
Rompió los rancios prejuicios del siglo XIX, buscando armonizar el espíritu de la juventud hacia una nueva organización, donde la ciencia y el arte se hermanen, para desentrañar la verdad con belleza.
Maestro por vocación, y, “dulce soñador”, como lo fuera su padre, comprendió la fecunda plasticidad del espíritu de la juventud.
Maestro de alma, no temió las rebeldías, ni conoció los desfallecimientos del fracaso.
Honrado en su sabiduría, honrado en su bondad, fue discípulo, y en sus maestros dejó ese concepto; fue maestro, y a sus discípulos comunicó esa modalidad; fue Decano y en la Facultad de Medicina impuso esas normas; fue médico, y en sus enfermos despertó ese convencimiento; fue Director en el Instituto de Neurología, y en los momentos en que iba viviendo los instantes tremendos de su gran tragedia, mientras los humanos nos entregábamos a la desesperación angustiosa de nuestro incontenible dolor, él redactaba con una serenidad que estremecía, los Anales de su Instituto, como un acta soberana, impoluta, imperecedera, que sellaba gloriosa y dolorosamente a su vida magnífica de sabio y honrado.

Destacamos el comentario publicado por el diario “EL DIARIO” el día siguiente,28 que menciona –sin duda a través de algún comentarista estrechamente vinculado al Maestro- algunos de sus más destacados relieves culturales:


A su vida de médico, de profesor y de investigador, hay que agregar su vida de hombre, toda firmeza y toda hidalguía.
Dentro de un físico algo enclenque, dentro de una persona normalmente suave que dedicaba sus pocos ratos de ocio para ponerse en contacto con los clásicos griegos o latinos – a los cuales conocía hasta en sus menores detalles – o deleitarse oyendo las composiciones de Mozart, de Beethoven o de Wagner, se encerraba un espíritu recio, incapaz de claudicaciones y donde el “valor hombre”, ese del que nos habla Pérez de Ayala, se encontraba en grado superlativo.
Y así fue intachable en su vida civil; y en los puestos directrices que ocupó, no vaciló en llevar a cabo una idea, cuando la creyó justa, a pesar de la oposición vehemente de sus más queridos amigos, los cuales llegaron en una época a distanciarse de él casi en absoluto, para más tarde, procediendo con altura digna de verdaderos caballeros, reconocer sus errores o por lo menos declarar que los motivos de divergencia ni eran tan graves como para pronunciar palabras irreparables, ni capaces tampoco de romper los vínculos sagrados de la amistad.
Y así fue como Ricaldoni decano – frente a casi todos los de su época – dio a la Facultad de Medicina los cursos libres, en la parte teórica, hoy unánimemente aceptados en ese instituto docente después de diez años de experiencia.
Amante así de lo bello el Consejo aprobó su proyecto sobre “Decoración de los edificios de la Facultad” tendiente al mismo fin educativo. Decía entre otras cosas en su informe:

La Facultad de Medicina, podría objetarse, no tiene por objeto enseñar arte, moral o literatura, sino medicina. Y bien, sí, no tiene ese objeto expreso, pero - aún prescindiendo de que la medicina no es sólo la estricta medicina, sino también todo lo que la inteligencia humana abarca - eso mismo que se pretende excede su objeto, muy lejos de perjudicarla, la mejora.”


Siendo ello así, y pudiendo obtenerse ese resultado fácilmente, sin que se entorpezca la enseñanza principal, no se ve qué motivos serios habría para repudiar la extensión de la cultura que he preconizado dentro de la Facultad”. 29
Como Vilardebó, como Visca y como Soca, Ricaldoni marca una época dentro de la historia de la medicina uruguaya, y si su cuerpo, vencido hoy por un mal que tantas veces él quiso curar en los otros, desaparece para siempre, acreciéntase, en cambio, su nombre para el futuro de la ciencia médica nacional.

LA PROYECCIÓN DE SU INSTITUTO DE NEUROLOGÍA

Recordar al Maestro, a través de la visión de sus contemporáneos, nos hace sentir orgullosos de esa trayectoria, vista 75 años después, con la revolución de conocimientos y herramientas que la ciencia aportó para el desarrollo de la Neurología y la Medicina.

El Instituto de Neurología, fundado por Ricaldoni, fue, desde su inicio, un permanente semillero de talentos. A través de las generaciones, ha dado numerosos y calificados médicos, con gran sentido clínico y humano, que destacaron en las más diversas ramas de esa disciplina, que tanto ha crecido y se ha transformado. Su calidad formativa ha permitido que se formaran en él destacados neurólogos y neurocirujanos de América Latina.30 Su liderazgo en la conducción de líneas sólidas de investigación clínica fue de primer nivel durante décadas. De igual manera lo fue su aporte al conocimiento, mediante el mantenimiento de la dirección y redacción del Acta Neurológica Latinoamericana, que dio continuidad a los Anales del Instituto iniciados por el Maestro.
Lorenzo Mérola (1880-1935) fue el primero en hacer Neurocirugía en el país, pues el Profesor Américo Ricaldoni, desde 1927, le invitaba a operar sus pacientes.31,32.

Cuando la Neurocirugía se hizo posible, en forma generalizada, fue de su ámbito que surgieron las figuras de Alejandro Schroeder primero, de Román Arana, Jorge San Julián, Bernardo Borovich y Eduardo Wilson después, que harían viables grandes realizaciones.33


Las afecciones cerebrovasculares, tendrían sus máximos exponentes en José B. Gomensoro, Juan Antonio De Boni y Valentina Maslenikova, generando trabajos y aportes de trascendencia mundial.
Carlos Mendilaharsu y Sélika Acevedo, pasarían al repertorio mundial, como los iniciadores en América Latina del estudio de las afasias y todas las afecciones del lenguaje, que hoy se conocen como Neuropsicología. Su obra fue continuada por Fernando Dalmás y luego por Jorge Lorenzo Otero.
Raúl Rodríguez Barrios y María Delia Bottinelli habrían de realizar aportes significativos a la Neuroftalmología.
Constancio E.Castells y Judith Gerstle de Pasquet destacarían por sus aportes en el manejo de la epilepsia, y el primero en el estudio del líquido céfalo-raquídeo.
Kempis Vidal Beretervide, que a su condición de neurólogo sumó la de farmacólogo, sintetizó y estudió los aspectos clínicos y farmacológicos de la succinilcolina.34
Néstor Azambuja y Lía Zeiter de Carlevaro desarrollaron la Neuroradiología en el Uruguay, con aportes de significación mundial.
En Electroencefalografía, Elio García Austt, Bartolomé Fuster y Jaime Bogacz hicieron sus aportes. Y en Electrofisiología, Héctor Defféminis Rospide, Euclides Silva Gaudin y Alejandro Bianchi Saus desarrollaron técnicas que fueron aplicadas y desarrolladas en el Instituto primero, y extendidas al ámbito nacional más tarde.

María Antonieta Rebollo, seguida luego por Raúl Ruggia, destacarían en la Neuropediatría.


Decía el Bachiller Carlos María Fosalba, quien luego formaría años después entre los integrantes del Instituto de Neurología, estas palabras en el homenaje tributado al año de la muerte de Ricaldoni: 35
Por eso no recordemos a Ricaldoni con dolor; no será la angustia la compañera de su imagen; él cumplió su etapa en la vida con la generosidad amplia de un predestinado; tócanos a nosotros mantener viva la llama del recuerdo; pero imitando a Darío, en su actitud frente al sepulcro de Verlaine, la juventud debe decir ante los restos de Ricaldoni: No lloraremos ante tu tumba, pero el recuerdo perenne de tu vida será para nosotros un ejemplo, una enseñanza, una lección de amor y humanidad.
Cuando su vida se apagó, en su residencia de Lucas Obes, al caer la tarde, en el invierno de 1928, nada mejor que recordar el mensaje de uno de sus informes al Rector, que apuntaba al futuro de grandeza que aspiraba para nuestra Facultad: 36
No he soñado, he visto. Y después de ver, creo.- Creo en los viejos maestros de nuestra Facultad, entregados a su ciencia con la más abnegada y ejemplar dedicación; creo en la juventud admirable que marcha hacia las Cátedras, resuelta, con soberbia fe, a ocuparlas con honor, y creo en la juventud, llena de talento, que se agita en nuestras aulas. Creo en la influencia cada vez mayor y más perfeccionadora del ambiente. Creo en la futura grandeza de nuestra Facultad.”
Señalaba el Dr. Wilson, refiriéndose al Profesor Arana: 37
Pasaba a ser el tercer director titular del Instituto de Neurología, sucediendo al fundador y creador Américo Ricaldoni, de muy corta actuación, de 1927 a 1928, y a Alejandro Schroeder, director desde 1937 a 1954, verdadero segundo fundador, con quien se había iniciado Arana en la neurocirugía. Recibía un instituto creado treinta años antes, que fuera el primero en América Latina y uno de los primeros en el mundo, que a lo largo de su vida, a pesar de un largo período sin dirección y amenazado de desaparición presupuestal, había sobrevivido manteniendo la misma avanzada estructura elaborada por Ricaldoni y consolidada por Schroeder. Honrando a sus antecesores, Arana fue llevando el instituto a un sitial privilegiado, admirado en todo el mundo, que supo ser lugar de formación de especialistas de toda América.”

Hasta hoy el Instituto mantiene el impulso que legó el Maestro, el amor por el avance científico conjugado con una mística fundada en el humanismo: ciencia y conciencia.


Por eso, merece Ricaldoni, que se le rindan tributos y homenajes, por ser el constructor de una Escuela Médica basada en la excelencia y defensor de los valores permanentes, científicos y éticos de la profesión.


1 MAÑÉ GARZÓN, Fernando: PEDRO VISCA, fundador de la Clínica Médica en el Uruguay, Tomo II, pág. 63.

2 HERRERA RAMOS, Fernando y GORLERO BACIGALUPI, Rubén: Américo Ricaldoni (1867 – 1928) en Médicos Uruguayos Ejemplares, de Horacio Gutiérrez Blanco, La Prensa Médica Argentina, Buenos Aires, 1988. Tomo I, pág. 36.

3 MAÑÉ GARZÓN, Fernando: Obra citada, Tomo II, pág. 189: “Américo Ricaldoni viajó a Europa en 1901, permaneciendo también algunos meses, recorriendo y visitando diversos servicios particularmente el de neurología del Hospital de la Salpetriére.”

4 RICALDONI, Américo: Memoria de la Facultad de Medicina 1918-1921, Imprenta Nacional, 1922, pág. III.

5 BRITO FORESTI, Carlos: Anales de la Facultad de Medicina, Tomo XIV, No. 7, julio de 1929, pág. 668.

6 TALICE, Rodolfo V. Le professeur Ricaldoni (1930), en Mañé Garzón, Fernando: op. Citada, Tomo II, pág. 65.

7 BRITO FORESTI, Carlos: Anales de la Facultad de Medicina, Tomo XIV, No. 7, julio de 1929, págs. 665-671

8 BRITO FORESTI, Carlos: Anales de la Facultad de Medicina, Tomo XIV; No. 7, julio de 1929, págs. 947-948

9 BRITO FORESTI, Carlos: Anales de la Facultad de Medicina, Tomo XIV, No. 7, pág. 950.

10 RICALDONI, Américo: Memoria de la Facultad de Medicina 1918-1921, pág. 52-53, Imprenta Nacional, 1922.

11 RICALDONI, Américo: Memoria de la Facultad de Medicina 1918-1921, pág. 151-163, Imprenta Nacional, 1922.

12 RICALDONI, Américo: Memoria de la Facultad de Medicina 1918-1921, pág. XX, Imprenta Nacional, 1922.

13 BRITO FORESTI, Carlos: Anales de la Facultad de Medicina, Tomo XIV, No. 7, julio de 1929, pág. 956.

14 BRITO FORESTI, Carlos: Anales de la Facultad de Medicina, Tomo XIV, No. 7, julio de 1929, pág. 952.

15 MAÑÉ GARZÓN, Fernando: Op. Citada, pág, 48

16 MAÑÉ GARZÓN, Fernando: Op. Citada, pág. 234.

17 MORELLI, Juan B.: Anales de la Facultad de Medicina, Tomo XIV, No. 7, julio de 1929, págs. 855-863.

18 PONCE DE LEÓN, Mario: Anales de la Facultad de Medicina, Tomo XIV, No. 7, julio 1929, pág. 844.

19 SCREMINI, Pablo: Anales de la Facultad de Medicina, Tomo XIV, No. 7, julio de 1929, pág. 933.

20 ROSSI, Santín Carlos: Anales de la Facultad de Medicina, Tomo XIV, No. 7, julio de 1929, pág. 715

21 MAS DE AYALA, Isidro: Médico psiquiatra, escritor, publicista, autor de libros de texto de Química para Enseñanza Secundaria, discípulo de Ricaldoni. Durante décadas colaboró con sus artículos en el vespertino “El Plata”. Es autor de varios libros, entre otros: Cuadros del Hospital (1926), Infancia, Adolescencia, Juventud (1938), El loco que yo maté (1941), Porqué se enloquece la gente (1944) Psiquis y Soma (1947, El inimitable Fidel González (1947), Leer es partir un poco (1954) y Montevideo y su Cerro (1956), entre otros.

22 MAS DE AYALA, Isidro: El Maestro en la Cátedra: Escuchando una clase de Ricaldoni en el Instituto de Neurología. Anales de la Facultad de Medicina, Tomo XIV, No. 7, julio de 1929, pág. 683-693.

23 CARDOSO, José Pedro: Anales de la Facultad de Medicina, Tomo XIV, No. 7, julio de 1929, pág. 850.

24 PEREDA, Bolívar: Anales de la Facultad de Medicina, Vol. XIV, No. 7, julio de 1929, pág. 852.

25 TURENNE, Augusto: En el Sindicato Médico y Club Médico del Uruguay: Homenaje en el primer aniversario de la muerte del Maestro. Anales de la Fac. de Medicina, op. Citada, pág. 943-944.

26 BRITO FORESTI, Carlos: Conferencia leída en el Club y Sindicato Médicos el día 6 de julio de 1929. Anales de la Fac. de Medicina, op. Citada, págs. 945-959.

27 MOLINARI CALLEROS, Nylia: publicación en “Imparcial” del 6 de julio de 1929. En Anales de la Facultad de Medicina, Tomo XIV, No. 7, julio de 1929, pág. 961.

28 EL DIARIO, 7 de julio de 1928 – El doctor Américo Ricaldoni – El eminente clínico que acaba de fallecer. En Anales de la Facultad de Medicina, op. Citada, pág. 777-779

29 BRITO FORESTI, Carlos: Anales de la Facultad de Medicina, Tomo XIV, No. 7, julio de 1929, pág. 956.

30 Basta citar a los Dres. Rolando Costa Arduz, en Bolivia, quien fuera Rector de la Universidad Nacional de San Andrés, en La Paz, Bolivia, en 1970; Silvio Codas Gorostiaga, en Asunción, Paraguay; el Dr. Antoniuk en Sao Paulo, Brasil.

31 DE CHIARA, Juan Carlos: LORENZO MÉROLA, en Médicos Uruguayos Ejemplares, Tomo I, 1987, pág. 127.

32 Pedro Benedek aplicó y publicó en 1981 en nuestro medio, una técnica de Mérola, publicada en 1928, sobre “Abordaje del cuarto ventrículo, pedúnculos y epífisis”, describiendo el “Abordaje transtentorial de la glándula pineal”, en Cirugía del Uruguay, Vol 51: 301-315, 1981. Citado en DE CHIARA, Juan Carlos: Lorenzo Mérola, op. Citada.

33 Los neurocirujanos pioneros en el interior del país, como Franco Gómez Gotuzzo, en Artigas, y Washington Lanterna en Paysandú. Actualmente los residentes de Neurocirugía formándose en el Hospital de Tacuarembó, y la realización de actividades quirúrgicas en varias ciudades del país por integrantes del equipo del Instituto.

34 MAÑÉ GARZÓN, Fernando y MAZZELLA, Héctor: Historia de la Fisiología en el Uruguay, Montevideo, 2000, pág. 253.

35 FOSALBA, Carlos María: Anales de la Facultad de Medicina, Tomo XIV, No. 7, julio de 1929, pág. 942.

36 BRITO FORESTI, Carlos: Anales de la Facultad de Medicina, Tomo XIV, No. 7, julio de 1929, pág. 957.

37 WILSON, Eduardo: ROMÁN ARANA IÑÍGUEZ, en Médicos Uruguayos Ejemplares, Tomo I, pág. 211, 1987


e-mail: alturnes@adinet.com.uy
Dr. Antonio L. Turnes Ucha

Montevideo - Uruguay


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