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7. José Engling: Nuestro hermano mayor


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7. José Engling: Nuestro hermano mayor


¿Cómo era José?

• José era alto y robusto, pero como había tenido un principio de poliomielitis cuando niño, era un poco encorvado y se movía torpemente. Además tenía algunas dificultades para hablar (blanco para las tallas).

• Era de carácter bonachón aunque a menudo perdía la paciencia y se enojaba en serio. Tenía una voluntad de hierro y era perseverante como ninguno: cuando se convencía de algo daba todo por realizarlo, y siempre en forma muy práctica. Era muy noble y un fiel amigo.

¿Cómo llegó José a Schoenstatt?

Schoenstatt quedaba a mucha distancia de su ciudad., pero en su parroquia recibían un diario de los misioneros Pallottinos, que se llamaba “Estrella del África”. De ahí se entusiasmo con la idea de ser sacerdote misionero. Para ello tenía que estudiar e ir a un seminario, por eso partió al seminario menor de los Pallottinos en Schoenstatt cuando tenía 14 años.




¿Qué pasó con José Engling cuándo llegó a la escuela en Schoenstatt?

En un comienzo no tuvo muy buena llegada en el curso: sus compañeros lo veían como un campesino algo bruto, que modulaba pésimo, y además era lento para captar las cosas. Se reían de él y le hacían tallas porque era tan grande y torpe (P. ej: Cuando hacían la limpieza lo molestaban escondiéndole la escoba u otras gracias para hacerlo rabiar. El las aguantaba con paciencia hasta que reaccionaba bruscamente. Un día cuando trabajaban en el jardín unos ociosos empezaron a tirarle bolitas de barro. El se daba vuelta pero no los pillaba, hasta que al fin se dio vueltas y le largo una bola al cabecilla en la cara) Fue un año duro para José, pero con el tiempo se superó al punto de ser el 1º del curso. Sus compañeros aprendieron a quererlo porque siempre ayudaba, no era ambicioso ni se mandaba las partes. Su perseverancia fue reconocida y valorada por todos.




¿Cuándo conoció José Engling al P. Kentenich?

Precisamente cuando llegó a Schoenstatt, el P. Kentenich era el director espiritual en el colegio. Con él se podían confesar, y también les daba una clase de religión a la semana.


Era el padre que se había ganado la confianza y la simpatía de todos porque era diferente:
no los molestaba con medidas disciplinarias; era exigente pero daba libertad. Siempre podía uno conversar con él. En sus clases todos participaban y hablaba de temas interesantes.
Esta forma de ser cautivó a José. Uno de los temas que lo apasionó fue el de educar el carácter por sí mismo y saber que en cada uno hay dentro un animalito (lo que tira pa‘ abajo) y un angelito (lo noble y positivo).


¿Qué fue lo que entusiasmó a José Engling en Schoenstatt?

José no estuvo el 18-10-14 en Schoenstatt, llegó dos semanas después de sus vacaciones.


Algo escuchó después y lo que más le impresionó fue lo de “contribuciones al Capital de
Gracias de la Madre de Dios”, que entendió fácilmente dado su espíritu práctico.
A su vez, el padre Kentenich comienza a hablar en sus instrucciones sobre la necesidad de santos que requiere el mundo para superar los problemas de la guerra que había comenzado (batalla entre el bien y el mal); esto es, “el santo oportuno”: el hombre de heroico amor a Dios y que pasa la prueba de fuego en las pequeñas cosas de la vida diaria. Es el que hace en forma extraordinaria lo ordinario (fidelidad cumplida en cosas pequeñas). Con esta motivación decide en esa época: “quiero ser santo”. Este ideal debería alcanzarlo mediante las contribuciones al Capital de Gracias de María en el Santuario (Ideal del santo de la vida diaria).

El plan de lucha

Estando en un retiro (dic. 1915) José elabora un plan práctico para alcanzar la santidad, el cual constaba de cuatro frases básicas:


Quiero ser santo

Dios mío, haz que muera antes que te ofenda con un pecado venial

Quiero ser todo para todos y enteramente entregado a la Madre de Dios.

Quiero ser concienzudo hasta en lo más pequeño

(la fidelidad en lo pequeño es la señal del santo de la vida diaria).

Para que estas frases no se quedaran sólo en buenas intenciones, se hizo un examen de conciencia y cada mes tenía un propósito que controlaba por escrito. Cada noche meditaba acerca de sus propósitos. Luego decide comenzar a escribir un diario de vida para anotar cómo se iba desarrollando su plan de lucha.


José era práctico, realista y consecuente.




La primavera del Mes de María (mayo en Europa)

En el esfuerzo por realizar el plan de lucha no fue tan brillante: a veces bien y a veces muy mal. Se da cuenta de que sólo, a fuerza de voluntad, no puede realizarlo. De pronto se acuerda de su consagración a María y se convence de que sólo con su ayuda podrá realizar su ideal. Comienza a leer todos los días algo sobre María para conocerla más. De ese modo va queriendo más a la Mater, le reza muy seguido y se da cuenta que el amor a ella unido a su poder mueve montañas. En el mes de Mayo (primavera, mes de María) se le ocurre una idea genial: imitando a la naturaleza, quiere hacer de su corazón como un jardín en manos de María; tomó un papel grande y escribió “Flores de Mayo” (del jardín de mi corazón, puesto a los pies de la Reina de Mayo):

“Madre, sea a ti consagrado el jardín de mi corazón. Para ti lo voy a plantar y a cuidar:
La rosa del amor y de la consideración (Quisiera también que esa rosa se te asemeje. ¡Oh, Madre!, así como la rosa es la reina de las flores, así tb. sé tú reina de mi corazón. Para ti, reina mía, sean mis sacrificios gratuitos, puestos a tu entera disposición, y en especial: actos de ofrecimiento a ti conversaciones sobre ti; salutaciones a tu cuadro; visita a la capilla de la congregación; Rosario; comunión; jaculatorias; etc.)

-El “No me olvides” (fidelidad)

-La violeta (humildad)

-La flor de la pasión




José Engling y el santuario

José fue el primero en comprender la misión del santuario, tal como la había expuesto el P. Kentenich el 18-10-14: ser un lugar donde la Mater se establecería y repartiría abundantes gracias para inducir una renovación de la Iglesia y del mundo. Todos debían aportar a ese capital de gracias.


El siempre iba al santuario a saludar a María. Este fue transformándose en el centro de su vida espiritual. La propia historia de su alma se había ligado íntimamente al santuario: su hogar espiritual. Va ahí hasta 7 veces al día y ofrece todo su esfuerzo por la santidad para que se realice la misión del santuario.




Su santo y seña

A medida que iba realizando su plan y se entregaba a María con todo su corazón, fue descubriendo el sentido de su vida, su misión personal, que el llamó su santo y seña: “Ser todo para todos y estar enteramente entregado a la madre de Dios”. Esa entrega y servicio eran su felicidad. Este ideal personal debería realizarlo en toda circunstancia de su vida, de ello dependería su santidad.




El comienzo de la guerra: en el cuartel

La 1ª guerra mundial comenzó en 1914. Al final de 1916 José y 17 compañeros son también llamados al frente de batalla. Ya no estaría cerca del santuario ni del padre Kentenich y, sin embargo nada podía dispensarlo de cumplir su ideal de santidad: ahora el medio sería muchísimo más adverso y sería el momento de la gran prueba.


La vida militar es un verdadero martirio para José. No tiene la facilidad para el manejo de las armas, es más bien torpe. El ambiente rudo e inhumano contrastaba con la personalidad de José; muchas veces debió aguantar burlas e injusticias. Una vez quedó sin licencia por no saber saludar correctamente. Pero José no se desanimaba.


En esa situación se le planteó la pregunta: “¿Debo hacer mis oraciones de la noche de rodillas ante mi cama, y la señal de la cruz antes de las comidas?” A pesar de las burlas, decide hacerlo por la Mater como prueba de valentía.


José tuvo que hacer un largo período de instrucción y no lo dejaban ir al frente por su mala vista. Pasó por varios cuarteles donde debió soportar duras pruebas. Al final todo le era monótono y debió luchar duramente contra la sequedad, indiferencia y flojera (relajamiento), sus propósitos andaban mal. Pero supo hallar una salida al ir ofreciendo todo a María para agradarla.


Sus compañeros de la congregación no andaban mejor. José se esforzó por no perder el contacto con ellos y los animaba por carta a mantener la bandera de los ideales en alto.




En el frente oriental: Rusia (Junio 1917)

Su regimiento fue destinado al frente oriental: Rusia. Ahí comenzó un tiempo de trabajo duro y hambre; costaba mantener la vida espiritual. Lo único que ayudaba a José era su horario espiritual y sus cartas al P. Kentenich. A pesar del intenso cansancio, José se esforzó por escribir a los demás congregantes dispersados en el frente de batalla (la organización exterior).

Con su grupo se propuso llevar por escrito el horario espiritual aunque estuvieran en las trincheras y además ahorrar dinero (cigarrillos) para ayudar a financiar la revista M.T.A.

Todos le escribían a J.E. para darle cuenta de cómo les había ido con los propósitos. Al llegar el invierno todo se hizo más duro. Los soldados se preocupaban sólo cada uno de sí mismo (a J.E. le robaban las frazadas, su ropa, etc.), pero J.E. no dejaba de cumplir fielmente con su horario y hacer vida su ideal: Todo para todos.




El traslado al frente occidental: frontera con Francia (1918)

Durante el traslado al nuevo frente, los soldados se aburrían y mataban el tiempo jugando cartas. José también participa del juego, pero de tal manera que se envicia y llega a olvidar sus deberes espirituales. Le costó su tiempo superar el vicio por el juego. Luego se arrepintió profundamente y le escribió a su padre espiritual pidiéndole una penitencia.


También decidió hacer primero lo esencial, luego lo necesario y por último lo agradable.
Se propuso no jugar durante un mes, pero no resistió la tentación y jugó (en castigo se privó de comer [había muy poco alimento])


En el frente occidental

La vida comienza a hacerse durísima debido al frío, la nieve, el hambre, el cansancio, las malas noticias del frente, deserciones, etc.


J.E. había sido destinado a un comando de avanzada, pero el peligro de muerte no lo asustaba. A un amigo le confesaba que con gusto recibiría la muerte de las manos de la Madre de Dios.

En medio del peligro él y su grupo preparaban un pequeño retiro (en los días de Carnaval). Allí anotaba en su cuaderno: mantener la lucha por la santidad, ser un apóstol guardián para los congregantes; no mentir jamás y santificar el día domingo.


La continua comunicación con el padre espiritual sobre su examen de conciencia.


Los ideales de la Congregación, sobre todo el paralelo Ingolstadt-Schoenstatt debía tenerlos siempre presente así como el control del orgullo en su propósito particular.
Finalmente incluyó las meditaciones en su horario espiritual.
Quiero ser santo a través de mi director espiritual”

Los ejercicios espirituales le sirvieron de muralla en torno suyo para no dejarse influenciar por el medio.

Entre sus preocupaciones seguía presente la vida espiritual de la congregación, de que todos se mantuvieran fieles. Les escribe animándolos y proponiéndoles el uso del horario espiritual para hacer frente a las situaciones adversas.


La historia de la Congregación fue una réplica de su propia Alma.


En los campos de batalla de Flandes

A José lo asignaron, como voluntario, a un lugar muy peligroso. A pesar del peligro, a todas partes iba con su diario espiritual:


• Hacía diariamente su examen de conciencia

• Escribía regularmente a su padre espiritual contándole de su vida interior.
La guerra se ponía cada vez más cruenta y José se esforzaba por vivir ahí su ideal de ser todo para todos:

• En los momentos de peligro se ponía en el lugar de alguien más cansado o de más edad: “CAMARADA, QUÉDATE, YO IRÉ EN TU LUGAR”.

• Ayudaba a llevar a los heridos

• Desenterraba a los que habían quedado cubiertos por las explosiones.


Todos estos sacrificios los ofrecía a María: quería ser un santo bajo la protección de la Sma.


Virgen y ponerse a su servicio. Todo lo que le acontecía, cansancio, hambre, ataques sorpresivos del enemigo, marchas llenas de peligros, trabajos pesados, todo debía ser transformado en contribuciones al Capital de Gracias.


El ofrecimiento de su vida a la MTA

En medio de las trincheras buscaba la paz interior en la oración, hablando con María. Allí cuando le ofreció su vida a la Sma. Virgen, si ello pudiera servirla en algo:




“QUERIDA M.T.A, AQUÍ ME TIENES NUEVAMENTE COMO OFRENDA. A TI TE OFREZCO
TODO LO QUE SOY Y POSEO, MI CUERPO, MI ALMA CON TODA SU CAPACIDAD, TODO MI HABER Y MIS BIENES, MI LIBERTAD Y MI VOLUNTAD. SOY TUYO, HAZ DE MÍ LO QUE QUIERAS. SI ES TU VOLUNTAD, DÉJAME SER UN OFRECIMIENTO POR EL TRABAJO QUE HAS IMPUESTO A NUESTRA CONGREGACIÓN. LLENO DE HUMILDAD, TU INDIGNO SIERVO, JOSÉ ENGLING”

Cuanto más cobijado en María, más sereno, seguro y con más valor se sentía. Cobijado en María le perdía el miedo a la muerte.




Con permiso en Schoenstatt

Toda la compañía de José tuvo un permiso por tres semanas. José va a su casa y luego pasa cinco días en Schoenstatt. Ahí pudo orar con tranquilidad y conversar detenidamente con el P.K. contándole todo lo que le había ocurrido y conversándole sobre cómo habría de seguir el desarrollo de su vida interior. El encuentro con María en el Santuario lo conmovió profundamente (su recuerdo siempre lo había confortado y cobijado) De regreso en el frente se encontró con un panorama desolador: la moral baja, críticas y desaliento. Se propuso entonces no quejarse.


También se propuso con su grupo conquistar nuevos miembros para Schoenstatt.


A pesar de sus esfuerzos por motivar la vida de grupo, algunos lo abandonaron, e incluso más tarde ya todos dejaron de escribir (­desilusión). En ese momento J.E. estaba completamente solo, pero permanecía fiel a sus ideales.


Al final de su vida: una palpable cercanía de Dios

En el último tiempo de su vida se sintió como nunca más cerca de Dios. Le hablaba constantemente y hablaba del hábito de andar en la presencia de Dios. Esto le daba seguridad y sentía que Dios lo acompañaba y lo veía en cada momento.


Eran días de terror, muerte y desesperación por todas partes y a pesar del cobijamiento en Dios la vida no le era fácil y debía esforzarse por superar sus debilidades. Así escribe:
“Madre, ayúdame para que pueda continuar. Ayúdame a sobrepasar el terror”
En su última carta al padre espiritual José le decía que se había sobrepuesto a sus debilidades y se sentía en paz.


La muerte (04-10-1918)

Desde septiembre la fuerza defensiva alemana comenzaba a flaquear. En la noche del 3 de Octubre se ordenó la marcha al frente cercano a Cambrai (norte de Francia). La Compañía ya no tenía fuerzas y marchaba pesadamente en silencio. José se dedicaba a levantar los ánimos de los demás. Al día siguiente, hambrientos y cansados se tendieron en el suelo a unos metros de un cementerio. No habían comido porque la cocina se había retrasado.


En la tarde del 4 de Octubre llaman a José para avisarle que había sido designado para formar parte del comando de vanguardia y que debía partir inmediatamente. Por si no volvía se despidió de sus compañeros con el presentimiento de que así sería.


Cerca de Cambrai la artillería inglesa los atacó y José fue muerto por una granada en el camino cuando se dirigía a hablar con el jefe de la compañía. A la luz de las balas del enemigo, se vio caer una figura que iba a la cabeza de la tropa, era José Engling herido mortalmente en la cabeza y en el pecho. Era el 4 de octubre entre las 7 y las 10 de la noche.


La compañía fue pronto retirada de la frontera y un soldado alcanzó a ver que su cuerpo aún estaba en el mismo lugar. Después fue enterrado por alemanes o ingleses, pero no se pudo nunca determinar el sitio exacto donde fue enterrado, sin embargo en el lugar donde cayó se levanta hoy una cruz de piedra con una inscripción (alemán y francés) que dice: “José Engling, nacido el 5 de Enero de 1898, caído el 4 de octubre de 1918. Su muerte heroica corona su vida dedicada al servicio del prójimo y consagrada a la Mater ter Admirabilis.”


Su recuerdo permaneció siempre vivo en el corazón de sus amigos y camaradas. Proceso de beatificación fue abierto en Tréveris el 04-10-52




7.1 Flash sobre José Engling.

SU IDEAL PERSONAL

“Ser todo para todos y enteramente propiedad de la Santísima Virgen”.

SU LEMA FAVORITO

“Quiero ser un santo”

SU MEJOR TIEMPO

Mes de María de 1916.

ORACIÓN PREDILECTA QUE REZABA EN EL SANTUARIO:



Madre, me entrego íntegramente como ofrenda.

Te doy todo mi ser con todo lo que soy y tengo,

Madre, haz de mí lo que tú quieras.

No quiero pedirte nada.

Sólo déjame amarte y honrarte sin fin.

Los hombres más grandes no hacen bulla y su estatura gigante estriba en su fidelidad a Dios. A los 20 años, murió José Engling en el campo de batalla de la Primera Guerra Mundial. Lo alcanzó una bala el 4 de Octubre de 1918. Bastaron 20, casi 21 años, para que Dios obrara en él una transformación profunda como ocurre en los santos. Se formó en la escuela del P.Kentenich. Y fue de los primeros que él educó. Fue parte de la generación fundadora que creó el Movimiento de Schoenstatt en 1914. Llegó a ese colegio, que había entonces junto al río Rhin en Alemania, porque quería ser sacerdote. La guerra desbarató estos planes, pero no por eso dejó de ser una víctima que se ofrece a Jesús en sacrificio por otros.


Sus hombros encorvados y su defecto de dicción hacían que otros lo molestaran. Pero él se propuso un plan de autoeducación y de formación del carácter guiado por su director espiritual. Quiso ser un santo y realizar el ideal que lo impulsó a ser un jefe para sus compañeros: Amar mucho a la Santísima Virgen, ofrecerle diariamente sus oraciones y sacrificios (su capital de gracias) y controlarlo por escrito (horario espiritual).


Su fidelidad fue a toda prueba. En los campos de batalla, primero en Rusia y luego en Francia, donde cayó, luchó por mantener sus ideales. Se propuso no mentir nunca y “ser un ángel de la guarda para mis compañeros”. Un día, un compañero fue elegido para una misión de reconocimiento en que claramente peligraba su vida. El compañero se angustió y pensaba que era un padre de familia. Entonces se oyó la voz valiente de José: “Quédate, Kofel, yo voy por ti!
En las trincheras, aprendió a amar a sus hermanos. Su amor a su Madre María y su constante vinculación espiritual al Santísimo Sacramento lo llevaron a ofrecer su vida como fundamento para el inicio de Schoenstatt. La Virgen aceptó su consagración y en estos 70 años, muchos han dicho recordándolo a él: ¡José, guardamos tu herencia!


7.2 José Engling, mártir por amor a María.

• El encargado debe haber leído acerca de José Engling y llevar a la siguiente conclusión:


José pudo dar la vida por María porque la amó profundamente. Ese amor fue creciendo
paulatinamente hasta poder dar la vida por Ella.

El martirio de José no fue un acto aislado de valentía, sino que fue símbolo de su amor a María a lo largo de toda su vida.

Cada regalo que le hacemos a la Mater, cada Capital de Gracias, cada propósito hace crecer el amor a la Mater y eso nos preparar a incluso a estar dispuestos a dar la vida por ella, como lo hizo José.


7.3 José Engling, mártir por amor a sus hermanos.

• Nuestra vida vale mucho, por eso sólo se puede dar la vida por algo grande.

• Nadie da la vida por tonterías, a no ser que sea un tonto.

• José Engling dio la vida por una gran causa: el paralelo Ingolstadt-Schoenstatt.


En Ingolstadt, en la época de la reforma (S. XVI, División de la Iglesia, encabezados por Lutero), en un Internado de Jóvenes se formó una Congregación Mariana que se propuso (y lo logró) rescatar al Sur del Alemania (Bavaria) para el catolicismo. Los primeros congregantes schoenstattianos, al escuchar esta historia, estaban convencidos de que Schoenstatt debía rescatar al mundo para la fe. José Engling dio la vida por esta causa. Ver la oración de José Engling:




“Querida Madrecita, Madre tres veces Admirable, nuevamente me ofrezco a ti como víctima.
A ti te ofrezco todo lo que soy y poseo, mi cuerpo y mi alma, con todas sus facultades, todos mis bienes, mi libertad y mi voluntad. Quiero pertenecerte enteramente. Soy tuyo. Dispón de mí y de lo mío como quieras. Pero, si es compatible con tus planes, quiero ser víctima por las tareas que has impuesto a nuestra Congregación. Humildemente, tu indigno siervo José Engling.”

7.4 Una Iglesia sin mártires es una Iglesia sin vida.

• La Iglesia vive por sus mártires. Sin los mártires no seríamos cristianos. Schoenstatt también vive de sus mártires. Uno de ellos es José Engling.

• Los mártires son aquellos que dan la vida por Dios y por su causa.
Ejemplos: San Pablo (muere decapitado por extender el Reino de Dios a los paganos); san Pedro (fue crucificado por dar testimonio de su fe en las persecuciones de Nerón); santo Tomás Moro (fue decapitado por oponerse a que Enrique VII se separe de la Iglesia católica); los misioneros de América latina (por la evangelización); san Maximiliano Kolbe (ofrece su vida en el campo de concentración para que no tenga que morir un padre de familia); José Engling (da la vida por la Mater y la misión de Schoenstatt).

¿Por qué o Por quién daría mi vida? De verdad.....




Comentar la Frase:

Solo vale la pena Vivir, por aquello por lo que estaría dispuesto a Morir.


Sugerencia: que alguno o todo el grupo busque en Internet la vida de un Mártir y lo traiga la reunión siguiente.

Preguntas para la discusión:

¿Qué diferencia un Mártir de un terrorista nacionalista?

¿Se puede ser mártir a lo largo de toda la vida sin morir?

¿Se puede ser un Mártir alegre?



8. José Engling: Apóstol y Amigo de Cristo


Objetivo:
José Engling fue siempre un apóstol. El Pionero de Schoenstatt ve en él un ejemplo a seguir, ahora!

Metodología:

Mostrar, cómo realizó José Engling su apostolado tanto en el lugar de Schoenstatt como en el campo de batalla. Cómo tomó el la Cruz y la Espada del Apóstol-Pionero.


Ejemplos de cómo se preocupó por ser Apóstol:

-Oración diaria por los suyos.

-Cartas a amigos, hermanos de grupo y al P.Kentenich, noche tras noche se le veía escribiendo cartas (el correo en guerra es gratis para los soldados).

-Visitas personales a amigos congregantes en regimientos cercanos.

-Capital de Gracias (ofrecimientos de toda índole).

-Actos de servicio, incluso con el riesgo de su vida.

-Dificultades, fracasos y triunfos.


Preguntar y conversar a la luz de las preguntas planteadas en la reunión anterior:

¿Cuál es mi actual campo de batalla dónde me corresponde ser un apóstol de Cristo así como José Engling?




Actividad y/o Propósito: Traer proposiciones concretas de posibles acciones apostólicas a realizar como grupo. Tal vez José Engling da una “pista” al respecto.

José Engling ejemplo de lucha por Autoeducarse y ser Santo.




Relato de la vida de José Engling

“Una mañana los alumnos de la sexta clase, esperaban la llegada del profesor, pero en su lugar entró un muchacho de anchos hombros, que por su estatura les pasaba por una cabeza a todos. Parecía ser bonachón y movía alegremente sus libros. Los alumnos levantaron un poco la cabeza. ¡Ah! pensaron, ese debió ser el que quería entrar en la quinta clase y que por su falta de formación debió permanecer en la sexta. ¿Cómo irá a caber en el escritorio con sus largas piernas? Se preguntaban críticamente al observar detenidamente al compañero recién llegado. Un personaje de 14 años de edad, que medía 1,68 m de alto y de anchas espaldas, no era una aparición común entre los de la sexta clase. Trabajosamente y con movimientos algo torpes, trató “el nuevo” de sentarse en uno de los bancos vacíos. La mayoría pensó así: “este viene del campo, es huaso”. Con gran curiosidad esperaban el momento de saber algo más de tan imponente compañero. Sus deseos se cumplieron muy pronto, pues el profesor le preguntó su nombre. Lo que se oyó en respuesta apenas podía entenderse. Algunos murmuraron entre sí: “dijo, Engerling”. Los demás empezaron a reírse burlonamente. Entonces el profesor hizo que lo deletrease. La clase rió estrepitosamente, porque lo que se oyó sonó algo así como: Ejáng- ejl-i-ang-glj. ¿De que idioma se habría sacado esos sonidos? En ello había una mezcla del dialecto de su aldea con una leve falta de dicción. El profesor no tuvo más remedio que hacerle escribir su nombre en el pizarrón. La mano, que antes empuñaba el azadón con tanta seguridad, sujetaba ahora tímidamente la tiza y con grandes letras escribió el nombre “Engling”.


Mientras permanecía al lado del pizarrón en actitud desalentada, la grande y maciza figura, algunos compañeros pensaban para su fuero interno, con lástima, casi con menosprecio, este debió haber sido campesino. La opinión desfavorable que José atrajo sobre sí, pareció confirmarse aún más en la clase de gimnasia. Todavía era muy notable en José el defecto que le dejó la enfermedad de su niñez. Ella hacía que su cuerpo estuviera un poco rígido y que además, pisara con todo el pie. Al profesor de gimnasia no se le escaparon estas deficiencias cuando José se presentó en la fila, por lo que trató de corregirlas. José se enderezó con fuerzas, y con toda atención se puso a seguir las indicaciones del profesor, sin que por ello consiguiera mejorar su figura.

Debía entonces salir de la fila y hacer solo sus ejercicios, con lo que tampoco tuvo mucho éxito.
Entonces se oyó:

“¡Qué desastre, es un espantapájaros!”. No era dicho con mala intención, pero sí en un tono sarcástico que debió herir profundamente su alma sensible. Miró en forma suplicante a su profesor, pero este no advirtió la triste mirada de esos ojos y siguió usando la palabra hiriente con mayor frecuencia. Como el profesor no tenía éxito en cosa alguna, los alumnos tomaron aversión a José, la que comúnmente se transformaba en severa crítica. Pero este era demasiado noble para vengarse de las ofensas recibidas. Por eso nunca tomaba parte en las murmuraciones acerca del profesor, sino que al contrario, trataba lo mejor que podía, de defender al criticado y de calmar los ánimos exaltados.


Al recordar las primeras semanas de su estadía en Schoenstatt tenía que confesar que en esa época se encontraba batallando por su ideal de sacerdote, contra dificultades de magnitud extraordinaria. Sus faltas de aptitudes para caminar erguido, como para hablar, unidas a la lentitud de su espíritu, le daban mucho que hacer; pero no obstante todos estos contratiempos no consiguieron desanimarlo. Después de pensarlo detenidamente y por sí solo durante meses y poniendo su confianza en la Madre de Dios, tomó la decisión de ser sacerdote; fue una decisión férrea que desde entonces le impulsó a luchar contra todos los obstáculos que se le fueron presentando. Así empezó a trabajar duramente: sus defectos de dicción los corrigió haciendo todos los días ejercicios con palabras difíciles; también educó a su cuerpo haciendo ejercicios físicos para enderezarse y caminar erguido. Recién al año de lucha, ya podía señalar un verdadero y merecido triunfo”.




Comentarlo, hacer preguntas.


Material de Apoyo:

Cf. Anécdotas de José Engling que están a continuación. Muestran su acción y espíritu Apostólico.



Preguntas para después:

¿Sería capaz de irme dos horas caminando para ir a una misa en medio de una guerra?

¿Me acuerdo de rezar y ofrecer por mis hermanos de grupo y de rama?

¿Qué te impresionó del relato?¿das a conocer a Cristo a tus amigos y compañeros?


9. Anécdotas de José Engling
Anécdota 1:

En esa mañana, cuando el batallón llegaba a sus cuarteles, salió José en busca del capellán del ejército. En el Casino supo que el Padre, Conde de Koth, estaba en la vecindad con el Regimiento 17. Se encaminó rápidamente y allí lo encontró. Le pidió que fuera al Regimiento 25 para que dijera Misa, pero infortunadamente el Padre había sido llamado para otro lugar aquella tarde, lugar que se encontraba a unas dos horas de caminata de su regimiento. “Muy bien”, dijo José, “nos encontraremos allí”.


A su regreso fue invitando a sus compañeros católicos: “Pero Engling”, decían ellos, “recién hemos salido francos (de días libre), estamos completamente agotados y queremos descansar totalmente; dos horas de camino es demasiado para nuestros apaleados huesos”. Sin embargo, José no desmayaba y logró reunir un grupito de 8 fervientes caminantes, formado por dos schoensttatianos, Nicolás Gilgenbeach, Kunibert Riedinger, él y tres más. Consiguió del Sargento 1º el deseado permiso para todos. Durante el viaje, sin que se notara, iba de uno al otro, preguntándoles si irían a recibir la Santa Comunión. Algunos tenían sus dudas, pues sin confesarse primero era imposible, pero José supo cómo tranquilizarlos; les iba a conseguir la absolución general. Pero a Kunibert Riedinger le aconsejó que en alguna oportunidad no dejara de hacer una confesión general y personal. Este le contestó que lo pensaría nuevamente. José se sentía muy dichoso de poder recibir la Santa Comunión, lo que hizo con una devoción y ternura como rara vez lo había hecho en su vida. Después de la Misa buscó al Capellán y le pidió que fuera pronto al grupo 25. “El próximo domingo iré a oficiar la tan deseada Misa”, le respondió el Conde de Koth. Con esto, José volvió completamente tranquilo.

El domingo en la mañana, antes de la Misa, el Capellán tuvo que confesar largo tiempo. También José se hallaba en la fila y tras él, Kunibert Riedinger. Este, decidido a hacer un gran cambio en su vida, se había armado de todo su valor. Pero José debía antes ayudarle un poquito y darle más ánimo. Después de la Confesión, Riedinger se sintió sumamente feliz y como un hombre nuevo. La Misa, como siempre, estuvo muy concurrida y José hizo las veces de acólito.


Durante la Misa, el aire estaba lleno de una música extraña. Los cañones ingleses disparaban continuamente pesados proyectiles que caían tras ellos en la zona alemana. Era una música imposible de acompañar. De pronto en medio del silencio de la Misa, se oye una excitada voz:


“¡Atención, cubrirse!”. En un abrir y cerrar de ojos, no quedó nadie de los que momentos antes rodeaban el altar. Casi a unos 10 metros de allí, cayó un proyectil que levantó una inmensa columna de tierra. Un momento después retornaron los asustados fieles a sus lugares. Allí estaban como antes, el Padre frente al altar y a su lado su fiel acólito; ambos no se habían inquietado y continuaban con toda tranquilidad.

Sus pensamientos retrocedieron a los días en que había estado en Schoenstatt y a los ideales que allí había conocido. Se acordó de aquellos con quienes se sentía tan unido, formando una gran familia, especialmente del Padre Espiritual. Pensaba en la gran misión a la que estaban llamados. En todo veía la mano de la Madre de Dios, que lo colmaba de Gracias. ¡Cuánto tenía que agradecerle! Todo lo grande y bello de su vida era un regalo de su Bondad. Si sólo supiese cómo mostrarle su adhesión y entrega! Quería darse por completo a la magnífica idea de la Congregación y hasta daría su vida si fuese necesario, sacrificándose en el campo de batalla.


Sí, estaría muy conforme si al otro lado un inglés llegase a colocar una granada en el cañón y le quitase la vida. ¿Estaba bien el ofrecerse de esta manera por la causa de la Madre de Dios? Volvió a acordarse de los muertos, imagen que había llevado siempre en sus pensamientos.


Sus ojos volvían a ver a los mutilados que había protegido y llevado al lugar de primeros auxilios. El mismo quería sufrir todo eso, si al ofrecer su vida a la Madre de Dios, pudiera servirla de algo. Su corazón se elevó hasta Ella, y le hizo entrega de sí mismo: “Si es Tú Voluntad, has que me sacrifique para tu fin, que es el mismo que has impuesto a nuestra Congregación”. Estaba escrito en el Cielo que así fuera, pero antes debía pasar por otras pruebas muy duras.

Un día le escribió a su P. Espiritual:

“Hoy voy a tener una renovación espiritual. Para esto, me he acordado de mi Congregación, en el tiempo pasado en Schoenstatt y en la promesa hecha a la Madrecita. Hace algunos días, mientras me encontraba en gran peligro, me trasladé espiritualmente al Santuario y recé como siempre a la Madrecita. Me sentí tan unido a Ella, como nunca lo había estado en mi vida. Su cercanía me pareció tan dulce y amorosa, que no volví a sentir el menor miedo ante las granadas. Me hubiese gustado quedarme en ese estado para siempre, Cuán bella y noble, cuán amorosa y llena de confianza es nuestra querida Mater Ter Admirabilis. Muchas veces me siento con un gran anhelo de estar vinculado a Su Reverencia y a mis camaradas
congregantes.”

Anécdota 2:

II- Cuando estaba en Hangenau (en el cuartel de reclutas) tenía una relación muy profunda a la Mater. Allí escribió lo siguiente: “Querida madrecita: acabo de leer las líneas que me has hecho llegar a través de la revista MTA (Mater Ter Admirabilis). ¡Son realmente tus palabras! Pese a que me dominan la sequedad y la aridez, me han llegado profundamente y han sacudido lo más íntimo de mi ser. Por amor a Tí voy a trabajar con más energía en mi formación. Para tí nada, absolutamente nada me será demasiado difícil, ni siquiera lo más difícil. Que toda mi vida esté dominada por el pensamiento: Soy enteramente tuyo. Entonces seré feliz. No he cumplido bien mi EP (examen particular). Pero perdóname, querida Madrecita, me he esforzado”.


En un retiro en Schoenstatt después de volver del frente escribía: “Hoy 29 de mayo estoy haciendo retiro. Recordé mi primer entusiasmo por la Congregación, el tiempo pasado en Schoenstatt y prometí a la Madrecita volver a ser tan entusiasta como en aquel entonces. Hace algunos días, mientras las granadas caían a derecha e izquierda, recé a mi querida Madrecita, como de costumbre, trasladándome espiritualmente al santuario. Entonces me sentí tan unido a Ella como nunca antes en mi vida. Su cercanía me pareció tan dulce y amorosa que no volví a sentir el menor miedo ante las granadas. Fue un estado de felicidad en el que me hubiese gustado quedarme para siempre. ¡Qué bella y grande, qué amorosa y cómo inspira confianza nuestra querida MTA! ¡Cuántas veces tengo una nostalgia tan grande por el Santuario, por Ud. y los queridos Congregantes!”.


“Esa tarde llegó un soldado de la compañía y saltó adentro de la trinchera donde estaba José con un compañero. “Tú, Kofel”, dijo, “fuiste destinado para la patrulla nocturna. A las 8 de la noche tienes que presentarte con el comandante”. Ni bien terminó de decir esto volvió rápidamente al lugar de donde había sido enviado. El soldado Kofer se había quedado mudo al recibir la orden. Era uno de los de más edad de la compañía. Estaba casado y tenía varios hijos. La patrulla podía significar para él la muerte. Una lágrima corrió por sus mejillas. Estaba perdido en sus pensamientos como ausente, recordando a sus seres queridos y despidiéndose quizás espiritualmente de ellos. José lo observaba y se daba cuenta del profundo dolor en que estaba sumergido. En silencio tomó una decisión. Cuando su camarada Kofel se levantó para prepararse a partir, José lo detuvo y sencillamente le dijo: “Quédate acá, camarada, yo voy por tí”. Esa noche José lo reemplazó en la patrulla”.


“Al suboficial Thalofer le inquietaba fuertemente una pregunta aquella tarde: ¿a quién enviaría a buscar la comida del regimiento? Todo el día había sonado la artillería pesada enemiga martillando las filas alemanas; las bombas caían a diestra y siniestra; la tropa estaba exhausta, acabada. Los días anteriores había ordenado sencillamente a algunos soldados que fueran a buscar el “rancho”. Esta vez quería cambiar. Corrió al primer agujero abierto por una granada donde había alguno de sus hombres y preguntó: ¿quién se anota como voluntario para ir a buscar la comida? “¡Voluntarios?” respondió uno, “ni por todo el oro del mundo voy a intentar pasar por esa cortina infernal de fuego. Corrió a otra improvisada trinchera e hizo la misma pregunta. Silencio. De pronto alguien dice: “Bien, yo iré”. Es José. Algunos camaradas se animan y lo acompañan.

Con las cacerolas colgando se encaminan hacia el pueblo de Calonne. Debían cruzar por allí hasta los “cañones de gulasch” como se llamaba en la jerga militar a las cocinas de campaña.

El pueblo estaba continuamente bajo bombardeo. La noche anterior habían caído según algunos cálculos rápidos unas 2.500 bombas. Aquí y allá había soldados muertos, casas en ruinas incendiadas. Corrían unos metros, luego se agazapaban o se pegaban a la pared para no ser vistos, para luego volver a correr. La parte más peligrosa era un cruce de carreteras descubierto. Llegaron sudando. De pronto José olfateó el aire y se dio cuenta del peligro mortal que corrían. “Gas”, exclamó. Cada uno se puso rápidamente las máscaras antigás. Volvieron a correr y pronto estuvieron en las líneas de retaguardia. Allí les esperaba una sorpresa. Al llegar a los “cañones de gulasch” les dice el oficial encargado: “Ustedes no pertenecen a esta división. Las cocinas de campaña de su compañía se encuentra a algunos kilómetros de aquí”.

No hay tiempo para discutir. Se hacen explicar bien donde están ubicadas y emprenden la marcha. Pronto llegan a destino. Con las cacerolas llenas emprenden el regreso. Este es más trabajoso y lento. Para colmo los ingleses se han dado cuenta de esta excursión nocturna y con una ametralladora molestan peligrosamente a José y sus compañeros. De pronto trastabilla y una de las cacerolas se vuelca derramando el precioso líquido. Poco después otra corre una suerte semejante. Al final, agotados llegan a la compañía. Los compañeros en vez de alegrarse se enojan y se quejan de que haya perdido comida. “¡Qué tonto que fuiste! ¡Eres un inútil! - le dicen.


José se queda pensativo. De pronto se le ilumina el semblante al acordarse de algo. A la carrera vuelve al pueblo de Calonne. Allí hurguetea entre los soldados caídos y encuentra sus raciones de comida todavía intacta. Además revisa algunas casas que habitaron las tropas inglesas y descubre corned beef. Con el precioso botín en la mano vuelve y se los da a los quejosos. Estos quedan estupefactos, no pueden hablar. Con razón decía 20 años más tarde el suboficial Thalofer: “Engling fue el mejor hombre de mi regimiento”.




Comentar lo escuchado:

El Lema de vida de él era, TODO PARA TODOS, ¿lo vivió? ¿Qué me impresionó de la vida de José?


¿Es más fácil ser generoso en una guerra como la I G. Mundial o en la situación en que nos toca vivir?

¿Sería capaz de irme dos horas caminando para ir a una misa en medio de una guerra?



¿Qué te impresionó del relato?¿das a conocer a Cristo a tus amigos y compañeros?


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