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50 años de antologías policiales argentinas. Ezequiel De Rosso


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50 años de antologías policiales argentinas.
Ezequiel De Rosso

1. Antologías

Las antologías suelen ser momentos de ruptura en la historia de aquello a lo que refieren. Son, por supuesto, un momento de recapitulación y evaluación; un momento en el que el campo al que pertenecen los actores de la antología (autores, antólogo, editores) condensan problemas y los exhiben en el propio criterio de selección, en los prólogos, etc..

Pensadas desde este punto de vista, las antologías están colocadas en un doble emplazamiento marginal: son, por una parte, el margen de una obra (Rubén Darío legitimó su obra en otro lugar, y condensó esta poética en Los raros; o, mejor, no se consagró como intelectual gracias a esta antología, esta antología vino a confirmar, remachar sus afirmaciones sobre el canon de la literatura contemporánea) o bien un lugar problemático para el concepto de autoría más tradicional (no se trata sólo de un texto con varios autores, sino que por lo general las antologías responden a una demanda editorial específica). Por otra, definen su especificidad en los márgenes de la literatura: una antología es, antes que nada, paratexto (prólogo, notas, contratapas); su corpus literario es, antes que nada, sintáctico (tal sintaxis es lo que llamamos "criteriode seleción").1

Inscriptas en ese dobles margen, las antologías siempre resultan un lugar fructífero para leer la evolución de un problema o un tema.

Propondremos aquí la lectura de la historia de las antologías de relatos policiales argentinos. Y, no debe olvidarse, se trata de una propuesta en el sentido más cabal del término: se trata de algo que está puesto antes de una historia, de una tentativa de organizar algunos nudos del problema. Es un paratexto y una sintaxis de lectura, lo que aquí comentaremos.
2.25 años

La primera antología de cuentos policiales argentinos la genera Rodolfo Walsh para la colección Evasión, de editorial Hachette, en 1953 (el mismo año en que publica Variaciones en rojo, su primer libro de cuentos). Se trata de una colección "de quiosco": masiva, popular; que ordenaba sus textos según los posibles lectores (sólo hombres., sólo adultos, apto para todo público). Es en este sentido, un producto típico del policial de esas épocas.

Retengamos dos datos. El prólogo de Walsh distingue entre novedad y estilo "literario":"Todos [los cuentos] presentan algún enfoque original, algún problema nuevo, alguna situación memorable. Y dos o tres añaden la excelencia del estilo que los convierte en verdaderas obras maestras". Esta distinción separa la calidad literaria del género, sobre todo delata una intuición que Walsh (tal vez inclusive a despecho de su propia obra) confirmará en 1966: que el policial es un juego intelectual interesante, pero básicamente estéril.2

Walsh ubica, además, un antecedente clave en el libro de Borges y Bioy en el 42. en efecto, el origen del género en Argentina es 1942, con la publicación de Seis problemas para don Isidro Parodi.

A partir de ese momento las antologías policiales se suceden a un ritmo de casi diez años. En 1964 aparecen Tiempo de puñales y Cuentos de crimen y misterio (de Juan Jacobo Bajarlía); en 1975 Cuentos policiales argentinos, de Fermín Fevre, y en 1977, 20 cuentos policiales argentinos, 24 cuentos policiales argentinos, con prólogo de Félix Carrasco y Asesinos de papel, la antología-historia del género pergeñada por Jorge Lafforgue y Jorge B. Rivera.

En esos veinte años se dan algunas constantes. Casi todas las antologías, por ejemplo, anuncian el fin del género. Fevre afirma que después del 40 el género se hace "más comercial" y sobre la escena actual (1975) abre un interrogante, justamente por la falta de espontaneidad que habría entre los escritores argentinos. Y Donald Yates afirma en Tiempo de puñales que la novela policial argentina está en proceso de desaparición.

Por otra parte, dos de las antologías de 1977 (20 cuentos policiales argentinos y 24 cuentos policiales argentinos también afirman que "No se ha hecho un verdadero cultivo de este género y los muy buenos autores argentinos lo han abandonado luego de certeros enfoques de estos temas".

Estas antologías merecan un párrafo aparte. Se trata de cuentos escritos por diferentes ramas del servicio policial: los autores son comisarios retirados, de Jefes de Prensa y Difusión de la Federal. Así, la antología se legitima en la experiencia antes que en la literatura, de manera tal que el policial se desvanece como procedimiento literario (de Evaristo Manuel Urricelqui, por ejemplo, se dice: "Los cuentos que siguen son un buen ejemplo de su observación protagónica de la realidad"). La única posibilidad de escribir cuentos policiales (que son casi inexistentes en la literatura argentina) es haber vivido el crimen de cerca.3

El otro punto recurrente es el del origen: Bajarlía inicia el género en la Biblia y Fevre en Poe4. Más relevante resulta la afirmación de Fevre de que el primer cuento argentino del género es de 1884, de Paul Groussac y se llama "La pesquisa". Y afirma Fevre que es el “primer relato policial escrito en el país con conciencia y conocimiento del género”.5

Por último, hasta Asesinos de papel inclusive el pensamiento sobre el policial argentino tiende a la lista, con poca reflexión sobre los mecanismos del género, que se reduce a algunas definiciones sobre el ingenio y algunos ambientes. Así, todas las antologías realizan la misma periodización ligada a períodos más o menos canónicos del género (clásico, negro, de la víctima; hasta los 40, hasta hoy).



3. Asesinos de papel

Con Asesinos de papel, el panorama cambia radicalmente. Por una parte, Lafforgue y Rivera se desentienden de los orígenes del género y se ponen del lado de, digámoslo así, los hechos. Si en las otras antologías de 1977 (las de los policías) se decía que "siempre interesa más el contenido que la etiqueta", Lafforgue y Rivera parecen partir del polo contrario: antes que preguntarse qué es un relato policial, parten de la constatación de que existen textos identificados como policiales y se dedican a explorarla. Walsh y Yates (en Tiempo de puñales) ya habían realizado este movimiento desentendiéndose del origen. Por lo demás, la periodización de Rivera y Lafforgue no se distingue demasiado de las anteriores.. La diferencia, el impacto que tendrá esta antología, deberá buscarse en otra parte.

En efecto, Asesinos de papel es una antología académica. Incluye una serie de testimonios, notas al pie y citas en francés e inglés que nunca se traducen. Pero, sobre todo, reconceptualiza el género. Para los antólogos, el género se transforma en un campo de problemas. Es decir, la historia del género policial en Argentina deja de ser una lista de autores y textos y se transforma en una entramado complejo de traducciones, revistas (siempre, de todas maneras, consideradas en los prólogos) y colecciones de libros. Así, al tiempo que axhuman autores y textos, Lafforgue y Rivera comentan qué se traducía, qué tiradas tenían los libros, qué decían las instituciones del campo literario, etc.

Pero por otra parte, y correlativamente, se discuten hipótesis sobre el género contenidas en antologías previas. Se discute con el Yates de Tiempo de puñales, con la afirmación de Févre sobre la comercialización del género. Por lo demás, el prólogo se detiene en consideraciones sociológicas mucho más complejas de las que aparecieran hasta ese momento. Más aún, Lafforgue y Rivera hablan a un público que ya sabe qué el el género (esta operación es cualitativamente diferente de la de Walsh, que publica su antología en una colección dedicada al género). El movimiento es paralelo al que registran los autores en la novela policial de esos años: Lafforgue y Rivera indican que la parodia y el pastiche son característicos del género en la década del 70.

Así, los textos que contiene la antología agregan el género negro al corpus con uno de los textos más insistentes en las antologías posteriores: "Orden jerárquico", de Eduardo Goligosky. 6

En ese movimiento,c omo se verá, Asesinos de papel (y la antología que realizan cuatro años despué para CEAL) cristaliza una forma de pensar el género. Las antologías posteriores se dedicarán a citar a Rivera y Lafforgue y, con pocas variaciones a repetir el canon (El cuento policial, de 1981, vuelve a ampliar el canon para incluir el otro texto "negro" recurrente: "La loca y el relato del crimen"). Cuando ese no sea el caso, será explicitado el movimiento


4. 25 años

A partir de Asesinos de papel, entonces, se producen dos movimientos. Por una parte las referecnias a la historia del género en Argentina se toma cada vez más breve (hasta el punto de que en las últimas antologías directamente desaparece el prólogo, véase Pasacalles o Con tinta y sangre). Por otra parte, establecida esa historia, la reflexión sobre el género se hace más densa.

La antología de Rivera del 86 (El cuento policial en la Argentina),abrevia la historia y se concentra en los últimos treinta años del género. La antología así lo demuestra, pero el mismo prólogo se concentra en los desarrollos del género posteriores a Walsh.

En 1991, Roberto Ferro edita Policiales. El asesino tiene quien le escriba y realiza en su prólogo una serie de reflexiones teóricas sobre el género que exceden el marco de la mera definición de rasgos. Por lo demás repite el gesto de pensar el género como campo antes que como una serie de escrituras. Dos años después, Ricardo Piglia, en una rara avis de las antologías, vuelve a la reflexión sobre el género, en primera instancia trabajando sobre el corpus contenido en la antología. En cualquier caso, Piglia considera a su antología (una recopilación de incursiones de escritores "serios" en el género) como complementaria de los esfuerzos de Lafforgue y Rivera, a quienes refiere para una historia del policial.

También de 1993 es Thrillers al sur, de Germán Cáceres que también hace un breve recorrido por la historia del género. Cáceres también se concentra en los últimos años y particularmente en la vertiente "negra" del género, con un tono reinvindicatorio un tanto virulento. Pero además, como si la identidad argentina estuviera tranquila ahora, Cáceres dedica un espacio generoso a la evolución del género en América Latina. De hecho, la historia del género en Argentina se da por sabida y el prólogo se concentra en los últimos años.

El cambio de paradigma puede registrarse en dos antologías que pertenecen, digámoslo así, al mismo subgénero: las antologías escolares. Mientras que la de Fermín Fevre es una antología cuyo prólogo tiende a listar fenómenos, la de Leytour y Braceras tiende a establecer campos de problemas, universos temáticos, inclusive alguna definición riesgosa, Una vez más, importa menos las deifnición formal del género que su operatividad en la cultura.

En 2003, Sergio Olguín en su prólogo a Escritos con sangre escribe: "Hemos dejado para el final [....] a dos personas que no se han dedicado a la escritura de ficción pero que han hecho muchísimo para el desarrollo del género policial en la Argentina. Ellos son Jorge B. Rivera y Jorge Lafforgue. El movimiento que comenzara en Asesinos de papel (que, por supuesto, no es privativo de campo del policial) cierra en la idea de que los críticos son tanto o más importantes que los propios escritores para la configuración de un género. La idea de "campo" que caracterizaba la ruptura de Asesinos de papel es ahora el sentido común del género.

En 1997, la historia vuelve en la antología de Lafforgue, pero esta vez con voluntad definitiva. En Cuentos policiales argentinos, Lafforgue afirma: “Diré más, a quienes lo han repudiado o pasado a su lado con desdén [al género policial], así les fue, así escribieron...” Ahora, en 1997, el policial es pensado como el centro del canon literario argentino. Ese mismo prólogo, y en virtud de ese recorte, agrega al corpus una lista inédita de autores (Vicente Rossi, Angélica Gorodischer, Carlos Dámaso Martínez, Roberto Arlt y, sobre todo, Julio Cortázar).7 Ese prólogo, además, se dice deudor de los trabajos realizados en colaboración con Jorge Rivera. Así, la monumental antología publicada por Alfaguara vuelve a pensar la historia, pero sobre una premisa diferente: es el policial el género raigal de la ficción argentina. De hecho, Lafforgue, en un gesto de euforia retoma a Fevre (a quien criticara en el texto del 77 y plantea que en tomo del policial inclusive pueden pensarse textos como El matadero o Facundo.

Algo ha sucedido. Si en 1953, Walsh afirmaba que algún cuento de su antología tenía valor literario (e implícitamente indicaba que no es condición necesaria para que un cuento policial sea digno de atención), ahora, en 1997 casi es posible afirmar que el policial es la condición necesaria para la existencia de cualquier valor literario.

5. Ayer.

Parece posible pensar que hemos entrado en otra forma de pensar el género. La última antología hasta la fecha, Con tinta y sangre, notablemente cierra el círculo iniciado en la antología de Walsh: Ángel Rigone vuelve a fijar los orígenes en la década del 40, pero contempla el género como campo (y repite al menos dos de los antologados en el campo "ampliado" de la antología de Lafforgue). El policial vuelve a sus comienzos: una publicación "de quiosco" (la antología es un fascículo que acompaña a La Nación) revisa la historia del género con las herramientas académicas, ya naturalizadas, descubiertas casi treinta años antes.



1 Para una elaboración más precisa del fenómeno de la antología y de sus posibles modos de abordaje, ver Celina Manzoni; Un dilema cubano, Cuba, Casa de las Américas, 2001.

2 La relación de Walsh con el policial es ftucutante y contradictoria: en 1964, por ejemplo, declaraba que de los dos elementos(el literaro y el detectivesco) que componen el género, el más importante es el segundo.

3 3No es imposible atribuir un fin propagandístico a estas antologías. Uno solo de estos autores reaparece en las antologías (cuyo catálogo de autores es sorprendentemente reducido). Y sólo de otro se conoce obra. La antología hace derivar casi todos los méritos de sus autores de su condición de policías, llegando a afirmaciones inquietantes. De Urricelqui se dice que “es un maestro del interrogatorio”.

4 Coherentemente, las antologías de Plus Ultra encuentran su origen en “los precursores de la policía científica: Edmond Locard, Galton, Lacassagne, Berullon, Henryy Vucetich.”

5 Ver Fevre y, notablemente, Laforgue y Rivera (1977).

6 En un sentido estricto, no es esta la primera aparición del cuento. En Mistrio5, coordinado por Lafforgue, el relato ya había aparecido. Es sin embargo, con la aparición en Asesinos de papel que el texto entra en el canon.

7 En rigor de verdad, tanto Cortázar como


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