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22 El simbolismo mitológico del agua y el sacramento del Bautismo Emiliano Abib Buenos Aires, 7 de noviembre de 2007 Índice


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22

El simbolismo mitológico

del agua

y el sacramento del Bautismo


Emiliano Abib



Buenos Aires, 7 de noviembre de 2007

ÍNDICE
















Página

I. Introducción




1










II. Mito, signo y símbolo




1

a. El Mito




1

b. El Signo y el Símbolo




3










III. Las aguas y el simbolismo acuático




4

a. Las aguas y los gérmenes




4

b. Cosmogonías acuáticas




5

c. Hilogenias




5

d. El agua de la vida




6

e. Simbolismo de la inmersión




6

f. Simbolismo del diluvio




7

g. Síntesis




8










IV. El agua en los textos mitológicos de la Biblia




8

a. El agua en los relatos de la Creación




9

b. El agua en el relato del paraíso




9

c. El agua en el relato del diluvio universal




10










V. Conclusión: El agua y el Sacramento del Bautismo

11










Bibliografía




13


I. INTRODUCCIÓN
A lo largo de este trabajo práctico final se presentará el simbolismo del agua en la mitología, y se establecerá la relación entre dicho simbolismo y el que tiene dentro del sacramento del bautismo.

Al leer los once primeros capítulos de la Biblia tratando de interpretar los textos mitológicos que ella contiene, noté que en todos los relatos estaba presente el agua. Eso me hizo pensar en los muchos pasajes de la sagrada escritura que tienen a ese elemento como protagonista, o al menos como a uno de sus grandes “actores”. De allí me vi inducido a pensar en el lugar que el agua ocupa en nuestra vida de fe, sobre todo en nuestra liturgia. Y justamente al ser la liturgia donde desde muy pequeño y de diferentes maneras sirvo pastoralmente, es que consideré oportuno enfocar el tema del mito hacia este elemento en particular, el del agua, y sobre todo a su relación con el sacramento del bautismo, tratando así de dar respuesta al interrogante sobre cuán actuales y significativos son los símbolos que utilizamos en nuestras celebraciones.

El segundo capítulo del trabajo tendrá por objeto plantear algunos conceptos básicos que permitirán la comprensión de los temas. Es así que se desarrollará el tema del mito, del signo y del símbolo.

Luego se establecerá el lugar que ocupa el agua en diferentes relatos mitológicos de distintas culturas.

Seguidamente se desarrollará el tema del agua en los primeros once capítulos del libro del Génesis, especialmente en los relatos de la Creación, del Paraíso y del Diluvio.

En la conclusión se presentará al agua como materia del sacramento del bautismo, relacionándolo con lo dicho en las tres partes anteriores y procurando determinar la vigencia simbólica o no, en la liturgia de nuestros días.




II. Mito, signo y símbolo

a. El Mito

Muchas serán las definiciones que encontremos sobre el mito. Es así que, a partir de distintos pensadores que han tratado de definirlo, trataré de formular una definición propia.

“La palabra mito deriva del griego mythos, que significa palabra o historia. Un mito, tendrá un significado diferente para el creyente, para el antropólogo, o para el filólogo. Esa es precisamente una de las funciones del mito: consagrar la ambigüedad y la contradicción. Un mito no tiene por qué transmitir un mensaje único, claro y coherente. La mitología no es sino una alternativa de explicación frente al mundo que recurre a la metáfora como herramienta creativa. Entonces, los relatos se adaptan y se transforman de acuerdo a quién los cuenta y el contexto en el que son transmitidos. Los mitos no son dogmáticos e inmutables sino que son fluidos e interpretables.

La leyenda forma parte de la naturaleza humana, existen pues, en todas las culturas, relatos míticos que hablan de la creación del mundo y de los primeros tiempos de la humanidad. Estas historias, definen y justifican el mundo y ubican a la humanidad respecto a la creación. Al consolidarse la civilización, los mitos que sirvieron para crearla, pueden ir perdiendo su importancia original hasta convertirse en meras supersticiones o pasatiempos. Aunque conservará la fuerza inherente del tiempo en el que fueron creados. Las mitologías atesoran toda la poesía y la pasión de la que es capaz la mente humana.”1 “Enfocado en lo que tiene de vivo, el mito no es una explicación destinada a satisfacer una curiosidad científica sino un relato que hace vivir una realidad original y que responde a una profunda necesidad religiosa, a aspiraciones morales, a coacciones, a imperativos de orden social e incluso a exigencias prácticas”2.

Es una realidad “extremadamente compleja, que podría abordarse e interpretarse de diferentes maneras, a menudo complementarias. El mito contaría, en general una historia sagrada que relata un acontecimiento sucedido durante un tiempo primordial, la edad de oro, el fabuloso tiempo en el que todo comenzó. En este sentido, el mito cosmogónico es "verdadero" puesto que la existencia del mundo está ahí para demostrar que el mito ha sucedió y sucede: el mito de la muerte existe puesto que la mortalidad humana así lo prueba.

Existirían, sin embargo, dos categorías de narraciones mitológicas, las que se refieren al tiempo primordial cuyas historias suponen una modificación sustancial del mundo cotidiano y los relatos cuyos acontecimientos no implicaron una consecuencia drástica para la condición humana.

Respecto a la primera de estas categorías es posible afirmar que el tipo mítico conforma una realidad fuera de la realidad, transfigurada por la intervención de seres sobrenaturales. En algunas culturas, el individuo, al participar de la experiencia que lo pone en contacto con este saber mitológico se inserta e integra en ese tiempo fabuloso haciéndose contemporáneo a los acontecimientos evocados”3.

De lo dicho podríamos enumerar las características más sobresalientes del mito:



  1. “Constituye la historia de los actos de los Seres Sobrenaturales.

  2. La historia se considera verdadera (porque refiere a realidades) y sagrada (porque es obra de seres sobrenaturales).

  3. Se refiere a una "creación" en el sentido que cuenta cómo algo ha llegado a la existencia o cómo un comportamiento, una institución, una manera de trabajar se han fundado; es ésta la razón de que los mitos constituyan los paradigmas de todo acto humano significativo.

  4. Al conocer el mito, el sujeto conoce el origen de las cosas y por consiguiente puede llegar a dominarlas y manipularlas a voluntad. No se trata de un conocimiento "externo" o "abstracto" sino de un saber que se vive ritualmente ya al narrar ceremonialmente el mito, ya al efectuar el ritual para el que sirve de justificación.

  5. De una manera u otra se "vive" el mito en el sentido en que se está dominado por la potencia sagrada, que exalta los acontecimientos que se rememoran y se actualizan.

"Vivir" los mitos supone una experiencia religiosa puesto que se diferencia de la experiencia de la vida cotidiana. La religiosidad de la experiencia mítica se debe a la actualización de los acontecimientos fabulosos, exaltantes y significativos; se asiste nuevamente a las obras creadoras de los seres Sobrenaturales. Los mitos "revelan" que el mundo, el hombre y la vida tienen un origen y una historia sobrenatural y que esa historia es significativa y ejemplar”. 4
Entonces, el mito es una “narración maravillosa situada fuera del tiempo histórico y protagonizada por personajes de carácter divino o heroico. Con frecuencia interpreta el origen del mundo o grandes acontecimientos de la humanidad”5 contado en un contexto de fantasía propio de la cultura donde se origina, y ese será otro tema a tener muy en cuenta. Los mitos son expresiones culturales de los pueblos, y entonces habrá que entenderlos así, y para eso tendremos que considerar qué es lo que las comunidades originarias pensaban sobre tal o cual cosa.

Si bien dije que son relatos sobre acontecimientos pasados, la clave está en la actualización, la vivencia, el hacer presente estos hechos. Quiero decir que no son cuentos sin sentido para nuestro hoy, relatos infantiles que no tienen ningún correlato en nuestra vida, todo lo contrario, y por eso hablo de clave. A partir de esas historias que relatan fantasiosamente un hecho ocurrido, obtenemos una enseñanza que impacta directamente en nuestra realidad cotidiana. Justamente en ello radica el valor que tienen los mitos, un valor que como toda riqueza cuesta encontrar, pero cuando se encuentra, fruto de un trabajo serio y persistente, ocasiona una gran alegría a sus beneficiarios.


b. El Signo y el Símbolo

Dado que el lenguaje mitológico se vale permanentemente de signos y de símbolos, y teniendo en cuenta que el presente trabajo aborda de manera particular el simbolismo mitológico y sacramental del agua, es que consideró oportuno introducir al lector en el significado de estos conceptos, y en la similitud y diferencia que entre ellos existe.

Signo proviene “del latín signum, seña, señal. Y símbolo del griego sym-ballo, arrojar juntas dos cosas, volver a reunir, como señal de reconocimiento, dos partes de una misma realidad que antes estaban separadas.

El signo es una cosa que vemos y nos lleva a conocer algo que no vemos: como el humo la existencia de fuego, las huellas el paso de un animal. Pero esta mediación que da a conocer la realidad oculta, puede tener una densidad muy variable: desde un mero signo práctico o convencional (una señal de tránsito) hasta un signo cargado de sentidos humanos (una torta de cumpleaños) o una acción simbólica que en el contexto de una celebración comunica festivamente la gracia que significa (imposición de manos) o una persona que ella misma es signo y símbolo de la salvación y de una realidad invisible (Cristo, signo, imagen y símbolo de Dios).

No son sinónimos los dos términos. Los signos más bien dan a conocer. Los símbolos son más densos de sentido, y tienden a crear comunión: no solo notifican, sino que evocan y realizan. Los signos no son de la misma naturaleza que el significado (el humo con respecto al fuego), mientras los símbolos de alguna manera, contienen la realidad que significan, la hacen presente y nos ponen en relación con ella (el regalo como signo de amor). Todo símbolo es signo, pero no todo signo es símbolo. La etimología de símbolo ya indica su intención: cada una de las dos partes que se juntan (sym-ballo) ya contiene la realidad, pero solo cuando están juntas o se recomponen, contienen la realidad completa”6. “La palabra símbolo significa la mitad de un objeto partido (por ejemplo, un sello), que se presentaba como señal para darse a conocer. Las partes rotas se ponían juntas para verificar la identidad del portador”7. Un símbolo que hasta hace poco se usaba mucho, y que actualmente sigue usándose, es la media medalla. Cada enamorado conserva la mitad de la medalla, que expresa el amor de la pareja, y solo quienes llevan esas media medalla podrán reconocerse como parte de un mismo amor.

III. Las aguas y el simbolismo acuático

a. Las aguas y los gérmenes8

“En una fórmula sumaria, podría decirse que las aguas simbolizan la totalidad de las virtudes; son fons et origo, la matriz de todas las posibilidades de existencia. "Aguas eres la fuente de toda cosa y de toda existencia", dice un texto indio, sintetizando la larga tradición ‹‹védica››9. Las aguas son los cimientos del mundo entero; son la esencia de la vegetación, el elíxir de la inmortalidad; aseguran larga vida creadora y son el principio de toda curación, etc. "¡Que las aguas nos traigan el bienestar!", rogaba el sacerdote védico. "¡Las aguas, en verdad, son curadoras; las aguas expulsan y curan todas las enfermedades!".

Principio de lo indiferencial y de lo virtual, fundamento de toda manifestación cósmica, receptáculo de todos los gérmenes, las aguas simbolizan la sustancia primordial de la que nacen todas las formas y a la que vuelven, por regresión o por cataclísmo. Fueron al comienzo, retornan al final de todo ciclo cósmico, existirán siempre -aunque nunca solas- porque las aguas son siempre germinativas, encerrando en su unidad no fragmentadas las virtudes de todas las formas. En la cosmogonía, en el mito, en el ritual, en la iconografía, las aguas llenan la misma función, cualquiera que sea la estructura de los conjuntos culturales en los que se encuentran: proceden a toda forma y sostienen toda creación. La inmersión en el agua simboliza la regresión a lo preformal, la regeneración total, el nuevo nacimiento, pues una inmersión equivale a una disolución de las formas, a una reintegración en el modo indiferenciado de la preexistencia; y la salida de las aguas repite el gesto cosmogónico de la manifestación formal, el contacto con el agua implica siempre la regeneración; por una parte, porque la disolución va seguida de un nuevo nacimiento, por otra parte porque la inmersión fertiliza y aumenta el potencial de vida y de creación. El agua confiere un "nuevo nacimiento" por un ritual iniciático, cura por un ritual mágico, asegura el renacimiento post mortem por rituales funerarios. Incorporado en sí todas las virtualidades, el agua se convierte en símbolo de vida (el "agua viva", rica en gérmenes, fecunda la tierra, los animales, la mujer). Receptáculo de toda virtualidad, fluido por excelencia, soporte del devenir universal, el agua es comparada, o directamente asimilada con la luna. Los ritmos lunares y acuáticos están orquestados por el mismo destino: gobiernan la aparición y desaparición periódicas de todas las formas, dan al universal devenir una estructura cíclica.

Por eso, desde la prehistoria, el conjunto luna-agua-mujer era percibido como el círculo antropomórfico de la fecundidad. En los vasos neolíticos, era representada por el signo vvv que es también el más antiguo jeroglifo para el agua corriente. Ya en el paleolítico, la espiral simbolizaba la fecundidad acuática lunar; marcada sobre ídolos femeninos, homologaba todos estos centros de vida y de fecundidad. En las mitologías ‹‹amerindias››10, el signo glífico del agua, representado por un recipiente lleno de agua en el que cae una gota proveniente de una nube, se encuentra siempre asociado a emblemas lunares. La espiral, el caracol (emblema lunar), la mujer, el agua, el pescado, pertenecen constitucionalmente al mismo simbolismo de fecundidad, verificable en todos los planos cósmicos.

El riesgo de todo análisis es fragmentar y pulverizar en elementos separados lo que para la conciencia que los representó componía una sola unidad, un cosmos. El mismo símbolo indicaba o evocaba una serie entera de realidades que no son separables y autómatas salvo en una experiencia profana. La multivalencia simbólica de un emblema o de una palabra perteneciente a las lenguas arcaicas nos hace observar continuamente que, para la conciencia que los forjó, el mundo se revelaba como un todo orgánico. En sumerio, a significaba aguas, pero significaba igualmente "esperma, concepción, generación". En la ‹‹glíptica››11 mesopotámica, por ejemplo, el agua y el pez simbólico son los emblemas de la fecundidad. Todavía en nuestros días, entre los primitivos, el agua se confunde (no siempre en la experiencia corriente, pero regularmente en el mito) con el semen viril. En la isla de Wokuta, un mito recuerda cómo una muchacha perdió su virginidad por que dejó que la lluvia tocase su cuerpo; y el mito más importante de la isla Trobriand revela que Bolutukwa, la madre del héroe Tudava, se hizo mujer a consecuencia de algunas gotas de aguas caídas de una escalinata. Los indios prima de Nuevo México tienen un mito semejante: una mujer muy hermosa (la tierra madre) fue fecundada por una gota de agua caída de una nube.

b. Cosmogonías acuáticas

Aunque separados en el tiempo y en el espacio, estos hechos constituyen, sin embargo, un conjunto de estructura cosmológica. El agua es germinativa, fuente de vida, en todos los planos de la existencia. La mitología india ha popularizado en múltiples variantes el tema de las aguas primordiales, sobre las cuales flotaba Naravana, cuyo ombligo hacía brotar el árbol cósmico. En la tradición puránica, el árbol está sustituido por el loto, en medio del cual nace Brahma. Sucesivamente aparecen otros dioses (varuna, Prajapati, Purusha, etc.) -fórmulas que expresan el mismo mito cosmogónico, pero las aguas permanecen. Mas tarde, esta cosmogonía acuática se convierte en un motivo corriente en la iconografía y el arte decorativo: la planta o el árbol se eleva de la boca o del ombligo de un Yaksas (personificación del agua fecunda), de las gargantas de un monstruo marino (makara), de un caracol o de una "vasija llena" -pero nunca directamente de un símbolo que representase a la tierra. Pues, como hemos visto, las aguas preceden y sostienen a toda la creación, a todo establecimiento firme, a toda manifestación cósmica.

Las aguas sobre el Narayana flotaba en una beata despreocupación simbolizan el estado de reposo y de indiferenciación, la noche cósmica. Incluso Narayana dormía. Y de su ombligo, es decir, de un centro toma vida la primera vida cósmica: el loto, el árbol, símbolo de la ondulación universal, de la savia germinativa, pero somnolienta, de la vida de donde la conciencia todavía no se ha desprendido. La creación entera nace de un receptáculo y se apoya en él. En otras variantes, Vishnú, en su tercera reencarnación (un jabalí) desciende a las profundidades de las aguas primordiales y saca a la tierra del abismo.

La tradición de las aguas primordiales de las que nacieron los mundos se encuentra en un número considerable de variantes en las cosmogonías arcaicas y primitivas.




c. Hilogenias


Puesto que las aguas son la matriz universal en la que subsisten todas las virtualidades y prosperan todos los gérmenes, es fácil comprender los mitos y las leyendas que hacen derivar de ellas al género humano o a una raza particular. En la costa sur de Java, se encuentra un segara anakkan, un "mar de los niños". Los indios del Brasil se acuerdan todavía de los tiempos míticos, "cuando se encontraban todavía en el agua". Juan de Torquemada, describiendo las ilustraciones bautismales de los recién nacidos en México, nos conservó algunas de las fórmulas con las cuales se consagraba al niño a la diosa del agua Chalchihuitlicua Chalchiuhtlatonac, considerada como su verdadera madre.

Antes de sumergirlo en agua, se decía: "Toma esta agua, pues esta diosa es tu madre. Que este baño te lave de los pecados de tus padres..." Después, tocando la boca, el pecho y la cabeza con agua, se añadía: "Recibe, niño, a tu madre, la diosa del agua". (...)

Muchas creencias de esta clase están contaminadas por la concepción de la tierra madre y por el simbolismo erótico de la fuente. Pero bajo estas creencias, como bajo todos los mitos de la descendencia de la tierra, de la vegetación, de la piedra, encontramos la misma idea fundamental: la vida, es decir, la realidad, se encuentra concentrada en una sustancia cósmica de la que deriva, por descendencia directa, toda forma viviente. Los animales acuáticos, sobre todo los peces y los monstruos marinos, se convierten en emblemas sagrados, porque sustituyen e la realidad absoluta concentrada en las aguas.



d. El agua de la vida

Símbolo cosmogónico, receptáculo de todos los gérmenes, el agua se convierte en sustancia mágica y medicinal por excelencia; cura, rejuvenece, asegura la vida eterna. El prototipo del agua es el "agua viva" que la especulación ulterior proyectó a veces en las regiones celestes. El agua viva, las fuentes de la juventud, el agua de la vida, etc. Son fórmulas míticas de una misma realidad metafísica: en el agua reside la vida, el vigor y la eternidad. Esta agua, naturalmente no es accesible a cualquiera y de cualquier manera. Está guardada por monstruos. Se encuentra en territorios difíciles de alcanzar, en posesión de demonios o de divinidades, etc. El camino hacia su fuente y la obtención del "agua viva" implica una serie de consagraciones y de pruebas, exactamente como en búsqueda del árbol de la vida. El "río sin edad" se encuentra cerca del árbol milagroso del que habla el Kausitaki Upanisad, 1, 3.

El agua viva rejuvenece y da la vida eterna; toda agua por un proceso de participación y de degradación, es eficiente, fecunda, medicinal. Todavía en nuestros días, en Cornualles, los niños enfermos son sumergidos tres veces en el pozo de san Mandrón. En Francia el número de ríos y manantiales con propiedades curativas es considerable. Hay también fuentes benéficas sobre el amor. Aparte de estas fuentes, otras aguas poseen un valor en la medicina popular. En la India, las enfermedades son proyectadas en las aguas. Y para cerrar esta revisión sumaria de las virtudes maravillosas de las aguas, recordemos el papel del "agua no comenzada", en la mayoría de los sortilegios y de las meditaciones populares. El agua no comenzada, es decir la de una vasija nueva, no profanada por el uso cotidiano, concentra en sí las valencias germinativas y creadoras del agua primordial. Cura, porque en cierto sentido rehace la creación. En el caso de la terapia popular con el agua "no comenzada", se busca la regeneración mágica del enfermo por el contacto con la sustancia primordial; el agua absorbe el mal gracias a su poder de asimilación y de desintegración de todas las formas.

e. Simbolismo de la inmersión
La purificación por el agua posee las misma propiedades; en el agua todo se disuelve, toda forma se desintegra toda historia es abolida; nada de lo que existió anteriormente subsiste, ningún perfil, ningún signo, ningún acontecimiento. La inmersión equivale en el plano humano a la muerte, y el plano cósmico a la catástrofe (el diluvio) que disuelve periódicamente el mundo en el océano primordial. Desintegrando toda forma y aboliendo toda historia, las aguas poseen esa virtud de purificación, de regeneración y de renacimiento; porque lo que es sumergido en ellas muere, y al volver a salir de las aguas, es semejante a un niño sin pecado y sin historia, capaz de percibir una nueva revelación y de comenzar una nueva vida propia.

Las aguas purifican y regeneran porque anulan la historia, restauran la integridad auroral. El mismo mecanismo ritual de la regeneración por las aguas explica la inmersión de la estatua de las divinidades en el mundo antiguo. El ritual del baño sagrado era practicado habitualmente en el culto de las grandes diosas de la fecundidad y de la agricultura. Las fuerzas agotadas de la divinidad se reintegraban así, asegurando una buena cosecha (la magia de la inmersión provoca la lluvia) y la fecunda multiplicación de los bienes. El 27 de marzo tenía lugar el baño de la madre frigia, Cibeles La inmersión de estatua bien se hacía en un río, bien en un estanque. El baño de Afrodita era conocido en Pafos y los lutróforos de la diosa Sicyone nos son descritos por Pausanias. El ritual era frecuente en el culto de las divinidades femeninas cretences y fenicias como entre las varias tribus germanas. La inmersión del crucifijo o de la estatua de la virgen María y de los santos, para conjurar la sequía y obtener la lluvia, se practicaba en el catolicismo desde el siglo XIII y se continúa, a pesar de la resistencia eclesiástica, hasta los siglos XIX y XX.




f. Simbolismo del diluvio

Las tradiciones de diluvios se enlazan casi todas con la idea de la reabsorción de la humanidad en el agua y con la institución de una nueva época, con una nueva humanidad. Delatan una concepción cíclica del cosmos y de la historia: una época es abolida por la catástrofe y una nueva era comienza, dominada por hombres nuevos. Esta concepción cíclica queda confirmada también por la convergencia de los mitos lunares con los temas de la inundación y de diluvio, pues la luna es por excelencia el símbolo del devenir rítmico de la muerte y de la resurrección. Así como las fases lunares gobiernan las ceremonias de iniciación -cuando el neófito muere, a fin de resucitar- del mismo modo la luna se encuentra en estrecha conexión con las inundaciones y el diluvio que aniquilan a la vieja humanidad y preparan la aparición de una humanidad nueva.

No tenemos que insistir en este capitulo en la concepción cíclica de la absorción en las aguas, concepción que se encuentra en la base de todos los Apocalipsis y de los mitos geográficos (la Atlántida, etc.). Queremos subrayar el carácter universal y la coherencia de los temas míticos neptunianos. Las aguas preceden a toda creación y la reabsorben periódicamente a fin de refundirla en ellas, de purificarla, enriqueciéndola al mismo tiempo con nuevas letencias, regenerándola. La humanidad desaparece periódicamente en el diluvio o e la inundación a causa de sus pecados. Nunca perece definitivamente sino que reaparece bajo una nueva forma, volviendo a tomar el mismo destino, esperando el retorno de la misma catástrofe que la reabsorberá en las aguas.

No sé si se puede hablar de una concepción pesimista de la vida. Es más bien una visión resignada por la intuición misma del conjunto agua-luna-devenir. El mito del diluvio, con todas sus implicaciones, revela cómo la vida puede ser valorizada por otra conciencia humana; "vista" desde el nivel neptuniano, la vida humana aparece como una cosa frágil que hay que reabsorber periódicamente, porque el destino de todas las formas es disolverse a fin de poder reaparecer. Si las formas no fuesen regeneradas por su reabsorción en las aguas, se deteriorarían sus posibilidades creadoras. Las maldades acabarían por desfigurar a la humanidad; vaciada de los gérmenes y de las fuerzas creadoras, la humanidad se resquebrajaría decrépita y estéril.




g. Síntesis

Así todas las valencias metafísicas y religiosas de las aguas constituyen un conjunto de una coherencia perfecta. A la cosmogonía acuática corresponden las hilogenias, las creencias en que el género humano nació de las aguas. Al diluvio o al sepultamiento de los continentes en las aguas corresponde, en nivel humano a la segunda muerte del alma o a la muerte ritual, iniciática del bautismo. Pero, tanto en el nivel cosmológico como en el nivel antropológico, la inmersión en las aguas no equivale a una extinción definitiva, sino únicamente a una reintegración pasajera en lo indistinto, a la que sucede una nueva creación, una nueva vida, o un hombre nuevo, según que nos encontremos frente a un momento cósmico, biológico o soteriológico. Desde el punto de vista de la escritura, el diluvio es comparable al bautismo y la libación funeraria o el entusiasmo ninfoléptico a las lustraciones de los recién nacidos o a los baños rituales primaverales que proporcionan la salud y la fertilidad.

Cualquiera sea el conjunto religioso en que se presentan, las funciones de las aguas se muestran siempre igual: desintegran, lavan los pecados, purificando y regenerando al mismo tiempo. Su destino es preceder a la creación y reabsorberla, no pudiendo rebasar nunca su propia modalidad, es decir, no pudiendo manifestarse en "formas". Las aguas no pueden rebasar la condición de los gérmenes y de las latencias. Todo lo que es forma se manifiesta por encima de las aguas, desprendiéndose de las aguas. Recíprocamente, apenas desprendida de las aguas, dejando de ser virtual, toda forma cae bajo la ley del tiempo y de la vida; adquiere límites, conoce la historia, participa en el devenir universal, se corrompe y termina por vaciarse de su sustancia, si es que no se regenera por inmersiones periódicas en las aguas, si no se repite el diluvio seguido de la cosmogonía. Las lustraciones y las purificaciones rituales con el agua tienen por finalidad la actualización fulgurante de aquel tiempo, cuando tuvo lugar la creación; son la repetición simbólica del nacimiento de los mundos o del hombre nuevo. Todo contacto con el agua, cuando es practicado con una intención religiosa, resume los dos momentos fundamentales del ritmo cósmico: la reintegración en las aguas y la creación”12.

IV. El agua en los textos mitológicos de la Biblia

En el pensamiento que es fruto de la catequesis tradicional cuesta entender que en la Biblia existan mitos, acaso ¿no es la Palabra de Dios?, ¿no son los judíos ultra monoteístas?, entonces ¿cómo utilizan un género donde abundan los dioses y que es propio de los paganos?. Para contestar estas, y otras preguntas relacionadas, me pareció interesante el siguiente comentario: “Los hebreos, en sus trazos específicos, son desfavorables a los mitos. El monoteísmo religioso que acabaron por imponer los grandes profetas de Israel no admite mitos auténticos, porque en éstos, los protagonistas son varios dioses.

El elemento esencial de los mitos se refiere a los funda­mentos puestos en el tiempo primordial. Israel, al no acep­tar las leyendas de la mitología antigua de Egipto, de Babi­lonia y de Canaán, transforma la estructura del mito, lo que produce la impresión de una cierta desmitologización de los relatos. Ha sido aceptado por algún autor el hecho de que de este modo, se abre camino una concepción opues­ta a la mítica, orientada más hacia el futuro escatológico que hacia el origen ejemplar del principio primordial.

Sin embargo, no puede descartarse totalmente la posi­bilidad de la formación de mitos específicamente hebreos. Aunque no se detectan en la Biblia mitos de carácter poli­teístico que sí fueron frecuentes en la mitología del Orien­te, no puede afirmarse que no existiera la idea acerca de un tiempo primordial.

A comienzos del presente siglo. la escuela de historia de las religiones ha intentado demostrar en qué medida la mi­tología de Babilonia ha formado parte, probablemente, del patrimonio cultural de Israel, subrayándose la influencia mítica babilónica en las sagas, en los himnos y en las pro­fecías de Israel”13.

a. El agua en los relatos de la Creación

“La palabra hebrea para indicar el océano primordial está emparentada con Tiamar, dragón babilonio del caos; esto constituye tan sólo un préstamo lingüístico y no se acepta en la actualidad, como se supuso durante mucho tiempo, ­que el autor del relato sacerdotal haya empleado imágenes semíticas para aclarar el estado primigenio del caos. Se ex­presan los conceptos con tópicos cosmológicos. La crea­ción es un producto de la voluntad personal de Dios, no un reflejo de la naturaleza divina, ya que Dios crea mediante la palabra. Esta concepción está emparentada con creencias mágicas que Israel fue purificando a lo largo de los siglos, hasta llegar a prescindir de su origen mágico. El día es luz primigenia, la noche es la oscuridad caótica.

El firmamento se representa, entonces, como una masa gigantesca en forma de campana, concepción que aparece en otros libros bíblicos14. Las aguas que se hallaban bajo la bóveda celeste fueron reunidas y se les asignó el mar. Este límite permite la aparición de la tierra bajo el cielo, que reposa sobre las aguas primordia­les, idea que conecta con muchas mitologías de Egipto, de Fenicia y de Sumer, en las cuales el océano, el mar pri­migenio, es origen de la vida-.

Las aguas del océano ce­leste se encuentran sobre el firmamento”15.

Más allá de la integridad mitológica del relato, se puede rescatar claramente el simbolismo del agua que se ha venido presentando hasta el momento, como fuente u origen de la vida.

El agua en el relato del paraíso

“A esta narración, aunque no se haya descubierto hasta el presente un trasunto babilónico o de otro origen, se la debe vincular con los mitos orientales de la creación del hombre, de la montaña de los dioses, del árbol de la vida, de los que­rubines o del agua vivificante, entre otros, mito que resuenan en Ezequiel (Ez 28,11-19) historificado y referente al rey de Tiro. Sin embargo, el mundo que narra el autor del rela­to no tiene nada en común con un verdadero mito, siendo el carácter mitológico mucho más fuerte en el texto de Ezequiel. Posee, en cambio, el carácter de una descripción sencilla del estado original, que utiliza algunas concepciones mitológicas, pero que es muy sobrio si se lo compara con las descripciones recargadas de otros mitos (no hay, por ejem­plo, ninguna descripción del ambiente de tipo mítico)”.16

Sin descuidar el estudio del autor, rescato para el análisis que estoy llevando adelante, la importante mención que se hace en el relato sobre el agua, especialmente en los vv. 6-14. En ellos se menciona a un manantial que brotaba de la tierra, y regaba toda la superficie del suelo, y a un río que regaba todo el Edén, dándoles a ambos causes de agua, sobre todo al primero de los mencionados, una clara función vivificante. Un poco más atrás, en el v. 5, se hace otra referencia en este sentido, cuando se explica la falta de germinación de las hierbas porque aún Dios no había hecho llover sobre la tierra.

c. El agua en el relato del diluvio universal

Este relato es el que, simbólicamente, más se relaciona con el sentido del bautismo que luego presentaré, por lo tanto es de especial interés para el trabajo.

En primer lugar será bueno analizar el origen del relato. Se notan “ciertos rasgos comunes con el diluvio de la epopeya de Gilgamesh. Es una versión sumeria del diluvio, según la cual la asamblea de los dio­ses decide destruir a la humanidad contra el parecer de al­gunos de los dioses, uno de ellos informa al piadoso rey Ziusudra de la catástrofe que se avecina.

Actualmente ya no se defiende que la narración bíblica proceda de la babilónica, sino que ambas dependen de una tradición más antigua, posiblemente originaria de Su­mero Seguramente, cuando Israel entró en Canaán encontró ya una tradición sobre el diluvio. A pesar de las semejan­zas materiales, existen diferencias profundas entre ambos textos, entre ellas el hecho de que la versión babilónica es politeísta. En esa versión, los dioses deciden aniquilar la ciudad de Surrupak, pero el dios Ea se lo comunica a Ut­napistim, que es el protagonista. Ante el diluvio aúllan los dioses como fieras encadenadas e Ishtar grita como partu­rienta. Terminado el diluvio el héroe es recibido entre los dioses. El diluvio, en esta narración, es una catástrofe que alcanzó todo el cosmos, derrumbando el edificio comple­to del universo al derramarse sobre la tierra el agua y al brotar el mar primigenio.

La creación vuelve con esta catástrofe primordial al, caos, al mezclarse de nuevo el océano primigenio y el caos.”17

Ya se vio más arriba el simbolismo general que tiene en la mitología la cuestión del diluvio, como aquello que trae la reabsorción instantánea en las aguas de los pecados, purificándolos, y de las cuales nace la nueva humanidad, regenerada. En el relato del Génesis esto se da exactamente así, o casi. Primero Yhaveh observa la maldad del hombre que se dispersaba por la tierra (Gn 6, 5), a partir de ello decide enviar el diluvio sobre el universo, pero no sobre todos, se salva Noé y su familia, y una pareja de cada especie, esa es la diferencia que hay con otros relatos sobre el diluvio, aquí no todo muere. El diluvio se produce y con él los seres vivos de la tierra perecen. Una vez terminada la lluvia y bajadas las aguas, Dios pacta su alianza, y así el orden se reestablece y el mal es vencido. El esquema se cumple nuevamente:




  1. MALDAD DEL HOMBRE

  2. VUELTA AL CAOS PRIMITIVO - DILUVIO

  3. PERDÓN DE LOS PECADOS - ALIANZA - REGENERACIÓN



V. CONCLUSIÓN: El agua y el Sacramento del Bautismo

Sabemos que el sacramento del Bautismo tiene como “materia” al agua. Sabemos también que en épocas del mismo Jesús, Juan Bautista ya utilizaba el agua para bautizar, y cuando el Señor envía a bautizar a todas las gentes, se entiende que es en el agua (y en el Espíritu...). La Iglesia pues, lo ha hecho y lo sigue haciendo así. Pero alguien podría preguntarse por qué el agua y no otra sustancia; porque más allá de las costumbres debe haber un sentido, un fundamento. También podría plantearse la idea, sobre todo en una época donde muchos se preguntan si los símbolos, las materias, los cantos, las oraciones, etc. que la Iglesia utiliza en sus celebraciones son realmente interpretados, entendidos y decodificados por quienes celebramos, si el agua es el símbolo más adecuado para este sacramento, si nuestras culturas (al menos la nuestra) aprecian este símbolo y pueden relacionarlo con el Bautismo, o si por el contrario, da lo mismo que la inmersión o infusión sea hecha en cualquier otro líquido, e inclusive hasta puede dudarse de la necesidad de tales acciones.

Contestar a estos interrogantes, y a muchos otros que se relacionan con ellos, será el objetivo de esta parte final del trabajo. Parcialmente ya lo he realizado en los puntos anteriores, desarrollando cuál es el simbolismo del agua en la mitología en general, y en la bíblica en particular, pero faltaría entonces entender por qué este elemento se utiliza en el Bautismo, y para eso deberemos entender el significado del sacramento, y analizar entonces si el agua está bien o mal utilizada de acuerdo a lo que se ha venido planteando. Por cierto que no realizaré un estudio teológico del tema, sino que, a partir de una definición sencilla del sacramento, procuraré explicar el lugar simbólico que el agua ocupa dentro de él.

La palabra bautizar significa ‹‹sumergir››. A partir de este significado podemos comenzar a establecer algunas relaciones con lo anteriormente visto, y a definir qué es el Bautismo. “El Bautismo es el sacramento por el cual quien lo recibe es sumergido en la muerte de Cristo y resucita con él ‹‹como una nueva criatura›› (2 Co 5, 17). Se llama también ‹‹baño de regeneración y renovación en el Espíritu Santo›› (Tt 3, 5), e iluminación, porque el bautizado se convierte en ‹‹hijo de la luz ›› (Ef 5, 8)”. 18 Entonces, en primer lugar decir que por el Bautismo somos sumergidos, obviamente en sentido simbólico. Y para que se pueda sumergir a alguien debe haber un liquido en el cual sumergirlo, ese líquido debe expresar algo en lo que el catecúmeno se está sumergiendo, debe expresar la muerte y la resurrección de Cristo, Pascua por la que somos purificados, y mediante la cual re-nacemos.

Relacionemos ahora esta definición con los visto sobre el mito. Se vio que el agua es tomada en la mitología de muchas culturas como la sustancia donde el hombre es regenerado, y a partir de la cual renace purificado de sus faltas, o sea, el agua vista como fuente de muerte y de vida. Se explicó cómo se aplica esta concepción en el relato del Génesis sobre el diluvio, instancia que hace pasar de la enemistad con Dios a una alianza con él.

También se puede observar cómo el agua sirve para simbolizar realidades profundas en el terreno religioso, sobre todo en cuanto a la pureza interior. Por eso se encuentran las abluciones o los baños sagrados en todas las culturas y religiones: a orillas del Ganges para los indios, del Nilo para los egipcios, del Jordán para los judíos.19

¿Puede haber entonces otro líquido, u otra sustancia no líquida, que exprese mejor que el agua la realidad del Bautismo?, creo que no. Para los cristianos el agua sirve muy expresivamente para simbolizar lo que Cristo y su salvación son para nosotros. Nada mejor que el agua para dar la idea de sumergir, de limpiar, de purificar, y sobre todo, de vida. Ideas que siempre estuvieron asociadas al agua como hemos vistos, ideas que siguen estando ligadas a ella, aunque no tanto, quizás aquellas que ven en el agua el lugar donde se vuelve al caos primordial y se renace regenerados. Tal vez sea en este sentido, el de la regeneración, en el que habrá que hacer mayor hincapié, y seguro tendrá que reforzarse la enseñanza del “lenguaje” simbólico de la liturgia, porque difícilmente podamos comunicarnos con un idioma que no sabemos hablar. No es por tanto, la sustancia del agua la que hay que cambiar, porque, como ha quedado demostrado, difícilmente haya una mejor que ella para expresar el contenido profundo del bautismo, pero sí será entonces en la educación del pueblo fiel sobre estos aspectos en los que hay que insistir, para que así él, pueda hablar adultamente el idioma que le permite un verdadero encuentro con Dios y con los hermanos que celebran una misma fe. Es así como la salvación que se nos ha dado, y que se expresa y de alguna manera se realiza a través de símbolos en la celebración litúrgica, podrá ser asimilada por quienes participan de las acciones sagradas. ¿Cuántos hermanos y hermanas nuestras, por el solo hecho de no ser formados en estas cuestiones, se pierden de tan grandes riquezas y menosprecian inconscientemente el valor de lo que se “dice” y se “realiza” en la liturgia?.

Ojalá que este trabajo pueda hacer un pequeño aporte a nuestras comunidades, poniendo al alcance de otros cristianos la posibilidad de interpretar la riqueza de nuestros símbolos.



BIBLIOGRAFÍA
FUENTE


  • Biblia de Jerusalén. Bilbao: Desclee de Brower, 1975.


COMENTARIOS


  • José Aldazábal. Diccionario Básico de Liturgia (segunda edición), Barcelona: Centre de Pastoral Litúrgica, 1996.




  • José Aldazábal. Gestos y símbolos (sexta edición), Barcelona: Centre de Pastoral Litúrgica, 2000.




  • José María Blázquez. “Los Hebreos” en Dioses, mitos y rituales de los semitas occidentales en la antigüedad, Madrid: Ediciones Cristiandad, 2001.




  • Mircea Eliade. Tratado de Historia de las religiones, Ciudad de México: Biblioteca Era, 1972.


CONSULTA


  • Catecismo de la Iglesia Católica, 2003.




  • Compendio del Catecismo de la Iglesia Católica, 2005.




  • Diccionario de lengua española (vigésima segunda edición), Madrid: Real Academia Española, 2001.




  • http://mitosyleyendas.idoneos.com/index.php/296267




1 http://mitosyleyendas.idoneos.com/index.php/296267

2 Bronislav Malinowski.

3 Mircea Eliade. Tratado de Historia de las religiones, Ciudad de México: Biblioteca Era, 1972.

4 http://mitosyleyendas.idoneos.com/index.php/296267

5 Diccionario de lengua española (vigésima segunda edición), Madrid: Real Academia Española, 2001.

6 José Aldazábal. Diccionario Básico de Liturgia (segunda edición), Barcelona: Centre de Pastoral Litúrgica, 1996.

7 Catecismo de la Iglesia Católica, 2003, n. 188.

8 Entendido como el esbozo que da principio al desarrollo de un ser vivo.

9 Se denomina Vedas a los cuatro textos sánscritos que forman la base del extenso sistema de escrituras sagradas del hinduismo.La palabra veda es el origen de la palabra española ‘verdad’ (especialmente entendida como conocimiento revelado). En sánscrito literalmente significa "¡conoce!".

10 De los indios americanos.

11 Arte de grabar o tallar las piedras finas.

12 Mircea Eliade. “Las aguas y el simbolismo acuático", en Tratado de Historia de las religiones, Ciudad de México: Biblioteca Era, 1972.


13 José María Blázquez. “Los Hebreos” en Dioses, mitos y rituales de los semitas occidentales en la antigüedad, Madrid: Ediciones Cristiandad, 2001.

14 Sal 19,2; Job 37,18

15 José María Blázquez. “Los Hebreos” en Dioses, mitos y rituales de los semitas occidentales en la antigüedad, Madrid: Ediciones Cristiandad, 2001.

16 José María Blázquez. “Los Hebreos” en Dioses, mitos y rituales de los semitas occidentales en la antigüedad, Madrid: Ediciones Cristiandad, 2001.

17 José María Blázquez. “Los Hebreos” en Dioses, mitos y rituales de los semitas occidentales en la antigüedad, Madrid: Ediciones Cristiandad, 2001.

18 Compendio del Catecismo de la Iglesia Católica, 2005, n. 252.

19 José Aldazábal. Gestos y símbolos (sexta edición), Barcelona: Centre de Pastoral Litúrgica, 2000.



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