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20 de octubre de 2007


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20 de octubre de 2007


Aniversario de la Revolución del 20 de octubre de 1944

Capitán Jacobo Arbenz Guzmán y Ciudadano Jorge Toriello con oficiales y soldados de la Guardia de Honor, octubre de 1944

El General Jorge Ubico Castañeda, había sido electo por medio de elecciones libres desde 1931. Fue electo para un segundo mandato en 1937, pero al finalizar este segundo período en 1942 maniobró políticamente para perpetuarse en el poder. Para 1944 llevaba gobernando 14 años: doce años electo y dos como dictador, el hecho de haber gobernado con "mano de hierro" todo el período valió que su gobierno pasara a la historia como la dictadura de los 14 años).


General Jorge Ubico Castañeda

Por entonces se desarrollaba en Europa y el océano pacífico la segunda guerra mundial. Estados Unidos implementaba una política exterior orientada a la defensa de Latinoamérica por la amenaza de un ataque japonés al continente americano (los japoneses bombardearon california en 1942). Por eso el gobierno estadounidense promueve la construcción de una carretera interamericana y pistas en toda Latinoamérica. En Guatemala, durante el Gobierno del General Ubico, se construyó entonces la carretera interamericana y pistas de aterrizaje en La Aurora, Puerto San José, Champerico, Poptún y Flores entre otras. Medidas como estas se tomaron en toda Latinoamérica.


Los guatemaltecos, (intelectuales, académicos, de la capital), les inquietaba que la 2ª guerra mundial se libraba por ideas como: libertad, democracia, libertad de conciencia y pensamiento; y aquí en Guatemala había una dictadura (que en realidad llevaba dos años). Eso no era congruente y el descontento con el régimen del General Ubico crecía con fuerza y se agravó desde principios de 1944.


Debido a estas presiones el General Ubico renunció el 1 de julio de 1944. El General ubico entregó el poder a un triunvirato: Generales Eduardo Villagrán Ariza, General Buenaventura Pineda y General Federico Ponce Vaides. El 3 de julio dos de ellos renuncian y se queda a cargo el General Ponce Vaides.



De izquierda a derecha: Generales Eduardo Villagrán Ariza, General Buenaventura Pineda y General Federico Ponce Vaides

Se convocó a elecciones pero la intención de Vaides de participar en la contienda electoral molestó la población y mostró su rechazo. Los oficiales del Ejército apoyaban el retiro del General Ponce Vaides, por tal razón, oficiales y ciudadanos civiles planificaron una sublevación para el 31 de diciembre de ese año 1944.

El General Ubico había establecido un férreo control policíaco sobre los ciudadanos civiles o militares. Esta policía duplicaba a los efectivos del Ejército.
En octubre de 1944 un hecho aislado precipitó los acontecimientos que se habían planeado para diciembre. El comandante de la Guardia de Honor (que se ubicaba en lo que hoy es el edificio del Instituto de Previsión Militar, 5a. av y 7a. calle zona 1) era el General Corado que era reconocido por una conducta autoritaria en exceso. En ese tiempo el mal trato en los cuarteles era común. El 18 de octubre el General Corado dio de cintarazos (golpes con la espada) a un oficial. Esto produjo gran malestar en los oficiales y como medida preventiva contra una sublevación, el comandante ordenó que las piezas de artillería (de la Guardia de Honor) se trasladen a otros cuerpos militares.

Se cumplió la orden pero los oficiales inutilizaron el mecanismo de disparo para evitar que fueran usadas contre ellos mismos y se pusieron en contacto con personalidades civiles que por el tiempo, cansados de la dictadura, venían impulsando una insurrección.


Se hicieron los contactos y una de las conclusiones fue que no era necesario esperar a fin de año. Así en las últimas horas del 19 de octubre se sublevó la Guardia de honor y en las primeras horas del 20 se unieron civiles al movimiento.


El 21 de octubre el poder político del país es tomado por un triunvirato: Mayor Francisco Javier Arana (oficial de línea), Capitán Jacobo Arbenz Guzmán (oficial graduado) y el Civil Jorge Toriello (comerciante) a quién se le denominó “el ciudadano”.


Primer plano: Capitán Jacobo Arbenz Guzmán, Ciudadano Jorge Toriello, Mayor Frnacisco Javier Arana y Periodista Tejeda Fonseca



Oscar de Leòn Aragon: Escribe

El papel que la población civil jugó en los momentos más cruciales del levantamiento de la Guardia de Honor fue lo que le dio el carácter de revolución. Cabe resaltar que, como a las 4:30 horas de aquel 20 de octubre, el fuego (de las fuerzas leales al gobierno) se acercaba cada vez más a la Guardia de Honor, con la intención, sin duda, de flanquearnos y cercenarnos, y que al preguntarle al capitán Árbenz cómo veía la situación, me contestó que... “bien”.


Nosotros, sin embargo, en su gesto leíamos que estábamos pasando el momento más crítico de la lucha, y lo confirmamos cuando se nos ordenó que saliéramos a la calle a traer cuanta gente estuviera anuente a empuñar un arma. Además, un oficial nos dijo que de la entrada de más gente a la lucha dependía el éxito del movimiento. Los soldados de la Guardia de Honor estaban superados por las fuerzas leales al gobierno.



En conclusión, cabe afirmar que las conquistas logradas el 20 de octubre se hicieron realidad gracias a la colaboración entre el pueblo y los oficiales jóvenes del Ejército".

La revolución produjo importantes cambios para Guatemala como: libertad de opinión y de prensa, la igualdad entre hombres y mujeres, el Código de Trabajo y el derecho de reunión, de asociación y de participación en la vida política y administrativa, el seguro social y la autonomía del municipio y de la universidad estatal.


También se produjeron cambios importantes a lo interno del Ejército:


Se cambió el nombre: Ministerio de Guerra por Ministerio de la Defensa Nacional y se nombró para el cargo al Mayor Francisco Javier Arana. Se creó el cargo de Jefe de las Fuerzas Armadas (nombrado por el congreso) y se nombró al Capitán Jacobo Arbenz Guzmán.
Se creó también el consejo superior de Defensa integrado por el Alto Mando del Ejército, comandantes de cuerpo y oficiales electos por votación secreta de la oficialidad del ejército. Este consejo analizaba y dictaminaba la política militar a seguir y podía inquirir o cuestionar al Alto Mando del Ejército de ser necesario.
Así pues se conformó una institución armada con alta dosis de autonomía, pero con un Alto Mando fiscalizado por representantes de los oficiales de diferente grado.

También se diseñó un nuevo uniforme (esto es común después de cualquier serio conflicto y sirve para evitar la soberbia del vencedor y la humillación del vencido).


Se eliminó el Grado de General (los generales nunca causaban baja y se tuvieron que retirar 65 de ellos).
Muchos oficiales de diferentes rangos, considerados por la revolución como coparticipes del régimen depuesto, fueron dados de baja y partieron muchos al exilio. Así que para llenar las vacantes ascendieron rápidamente y automáticamente a muchos oficiales con poca o ninguna preparación, experiencia y antigüedad para sus nuevos cargos. Estos movimientos marcarían importantes antecedentes para los hechos que después sucederían en 1960.

Se abandonó el Fuerte San José (donde hoy es el teatro nacional). El Fuerte de San Rafael de Matamoros (hoy Guardia Presidencial en la zona 1) y se conviertió en Cuerpo de Maestranza del Ejército. Con la tropa de ambos fuertes se organizó el Primer regimiento de infantería y se ubicó en la Base Militar la Aurora (donde hoy es la Brigada de Ingenieros y el Club la Aurora Zona 13).


A los voluntarios civiles que participaron en la revolución se les dio el nombre: Milicia Nacional (milicia es una denominación española del siglo XIV usado para civiles con organización y entrenamiento militar pertenecientes al ejército pero no contemplados en la fuerza activa). Se asignó por primera vez en la constitución un artículo para el Ejército.
Se transfirió el día del ejército del 30 de junio al 22 de diciembre porque en esa fecha el ejército juró fidelidad a la nueva constitución y la democracia.

Tradicionalmente, y no hay nada malo en ello, el 20 de octubre se recuerda como la fecha en que todos los sectores del pueblo de Guatemala se unieron para derrocar a la dictadura (de seis años no de catorce), pero es necesario comentar que en los departamentos más lejanos nada ocurrió. Los ciudadanos del interior, indígenas en su mayoría, no participaron.


El General ubico, ciertamente cometió el error de perpetuarse en el poder e implementar políticas arbitrarias, que aunque no se justifican, estaban orientadas al logro de objetivos de Estado.


Pero se le recuerda también por su disciplina, administración transparente del gobierno y sancionar implacablemente al funcionario que no cumpliera con sus obligaciones.


Las fotografías son de la página del Señor Periodista Jorge Palmieri



Bibliografía: General Pablo Nuila Hub, Hitos de la Historia Patria 1940-1996, Editorial del Ejército, 1999, Guatemala. (edición de 150 ejemplares).

El General Federico Ponce Vaides entra al hemiciclo de la Asamblea Nacional para ser electo presidente provisorio por los diputados.



Quizás también le interese:


Compendio de Historia Militar de Guatemala (Parte I)
Vida de un soldado de Seguridad Ciudadana
Compendio de Historia Militar de Guatemala (Parte II)
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Publicado por Ismael A. Cifuentes  

Temas: Historia Militar

6 han comentado, comente usted:



Anónimo dijo...

Señor Cifuentes me llaman la atencion tres aspectos de este momento historico, 1ro. la unidad que logro el pueblo de Guatemala para salir de una crisis politica (dictadura), 2do. Una administracion militar fiscalizada por oficiales electos dentro del mismo ejército, muy necesaria en nuestros tiempos (transparencia), y 3ro. Que un mandatario ha sido capaz de hacer que la administracion pública sea eficiente, lo que quiere decir que no es imposible que esto pueda repetirse en nuestro país.


Saludos.
Megue

8 de octubre de 2008 08:36 PM



Anónimo dijo...

¿Por qué un militar habría de celebrar el 20 de octubre? La revolución del 20 de octubre fue un Golpe de Estado encabezado e iniciado por militares en activo. Fue un acto de rebelión, de insubordinación, de sedición. Es un ejemplo de lo que un militar no debe hacer, ni imitar y mucho menos celebrar.



21 de octubre de 2008 08:10 AM



Anónimo dijo...

Años atrás, los guatemaltecos se hacían adultos con menos delicadeza. Se asumían responsabilidades quizá demasiado pronto...

Columna de Juan Luis Font
El Periódico, 20 octubre 2008

Conmueve pensar que un muchacho de apenas 23 años había decidido dedicar su esfuerzo a la lucha revolucionaria. Militaba en el partido comunista y era parte de una generación comprometida. No ocurría sólo en el bando de la insurgencia. En el campo opuesto también había jóvenes entregando sus vidas a una causa y hubo quien con menos de 24 años se camuflaba entre las filas de la guerrilla y corría los riesgos de ser descubierto, con tal de ganarle una batalla a su enemigo.

Robin García es un personaje histórico en este país; líder estudiantil de secundaria, a cuyo entierro acudieron no menos de 200 mil personas. Y no llegó a cumplir los 20. Jorge Skinner Klée fue canciller del gobierno liberacionista antes de alcanzar los 30. Jacobo Arbenz gobernó Guatemala sin tener 40. Parece como si, tiempo atrás, la edad adulta se alcanzaba más temprano y el compromiso político, que no es otra cosa que la participación en la vida pública, se asumía con menos dilación.

Lo que ahora tenemos es una población joven mayoritariamente apática, ajena a la vida pública nacional y desinteresada en ella. Es obvio que muchos jóvenes guatemaltecos, sobre todo del segmento social medio alto, se toman más tiempo para entrar en la edad adulta y cada vez son más reticentes a participar en la política como no sea para hacer negocios en grande. Hablo en términos generales, lo cual supone que hay excepciones.

Años atrás, los guatemaltecos se hacían adultos con menos delicadeza. Se asumían responsabilidades quizá demasiado pronto, pero había un sentido de comunidad más marcado, de destino común, de ruta compartida. Ahora, en cambio, estamos en una época en la cual los padres se afanan por prolongar la infancia de los hijos. Y en segmentos de vida acomodada, parece existir una especie de frenesí por rodear a los jóvenes permanentemente de los signos de la prosperidad que sólo pueden costearse mientras se depende del hogar paterno. En la clase media alta la falta de abundancia, no digamos la austeridad y mucho menos una dosis de precariedad, parecen fantasmas a conjurar día a día.

La vida ahora se concibe también de una manera menos gregaria. Lo importante es el éxito personal demostrado en el engrandecimiento de las finanzas personales. Ojalá por la vía más expedita.

¿Es esto producto de la adopción del pensamiento liberal en el país? ¿Es parte del cambio de época, que abatió la utopía y nos legó un mundo regido por el mercado? ¿Es consecuencia del fracaso de las tesis socialistas?

Que Oliverio Castañeda, un joven educado en el colegio de los hijos de la elite, se haya sumado como muchos otros burgueses a la lucha revolucionaria a tan temprana edad es sólo un signo de cuán distinta era Guatemala y el mundo entero 30 años atrás.

Y no niego que estos revolucionarios y sus contrapartes militares hayan terminado siendo títeres de la historia, de estrategias geopolíticas o simplemente hijos de su tiempo. Pero es obvio que algo muy profundo ha cambiado en la forma de ser de muchos guatemaltecos. Y dudo que sea para mejor

21 de octubre de 2008 08:13 AM



Anónimo dijo...

La etapa Arbencista es y será cuestionada, por las graves violaciones a los derechos humanos cometidos por sus funcionarios; aplicando la denominada “Ley Fuga”,

Artículo de Mario Mérida
El Periódico 21 de octubre de 2008

Se debe recordar que la salida de Ponce Vaides, fue negociada en la Embajada americana, con la presencia del mayor Francisco Javier Arana, capitán Jacobo Árbenz Guzmán, Jorge Toriello, el general Miguel Ydígoras Fuentes y el embajador Boaz Long. (Rafael Arévalo Martínez, Ubico). Hecho corroborado por la esposa de Árbenz: “El ministro Barrundia llamó por teléfono preguntando por los jefes insurrectos –Jorge Toriello y Jacobo Árbenz– sugiriendo la reunión en la Embajada americana (mi esposo, el presidente Árbenz)”. Después fue electo Arévalo, afectado por el asesinato del coronel ex triunviro Arana. Muerte que facilitó la llegada a la Presidencia de Árbenz.

La etapa Arbencista es y será cuestionada, por las graves violaciones a los derechos humanos cometidos por sus funcionarios; aplicando la denominada “Ley Fuga”, práctica común del Gobierno Ubiquista, e irónicamente repetida por Augusto Charnaud (ministro de Gobernación), Rogelio Cruz Wer (jefe de la Guardia Civil), y Jaime Rosemberg (jefe de la Policía Judicial), eliminar a quienes estaban en desacuerdo con el régimen.

Lo sucesos anteriores fueron documentados por los periódicos de la época, pero que seguramente ayer no fueron recordados. Entre algunos de los crímenes se cuentan: 1. Los asesinatos de Virgilio Dellacqua y del coronel Óscar Porras Portillo, hecho publicado por el diario La Hora el 1 de julio de 1954; 2. Otra nota de El Espectador, detalla el asesinato el 14 de julio de Dellacqua, y 3. Una nota periodística publicada por El Imparcial del 2 de julio del mismo año acerca de la exhumación de 17 campesinos asesinados en Tiquisate, Escuintla.

Crímenes que según, José María Moscoso, jefe del Ministerio Público de la época, llegaron a constituir genocidio. Hoy se exige difundir el pasado, pero el pasado es una ilusión, que dejará de serlo a través del debate serio y desideologizado, cuestión difícil y compleja aún.

Los hechos no se pueden obviar, podrán justificarse las causas que los provocaron, pero nada más. “Si abren las puertas de la Guardia, entramos a la historia” y así fue. Emilo Zea González, citado por Francisco Villagrán K. (Biografía Política de Guatemalap, FLACSO/Guatemala y Costa Rica).



21 de octubre de 2008 09:21 AM



Anónimo dijo...

Los designados para substituirlo, legalmente, eran Demetrio Maldonado, Carlos Herrera Dorión y Pedro Reyes

Danilo Parrinello
El Periódico 21/10/2008

La Revolución de 1944 se inició en junio de ese año, cuando el magisterio organizó manifestaciones de repudio al régimen dictatorial. El presidente Jorge Ubico restringió las garantías constitucionales. Los universitarios declararon una huelga que se extendió a hospitales y tribunales; gran parte de la ciudadanía los apoyó exigiendo el fin de 14 años de dictadura. El 24 de junio hubo una manifestación, y se presentó al dictador un memorial, conocido como el de los 311, pidiendo el restablecimiento de las garantías constitucionales. El documento afectó anímicamente a Ubico. Hubo más manifestaciones y brutal represión policial con muertos y heridos. El 25 de junio una manifestación de mujeres fue disuelta a sangre y fuego, murió la profesora María Chinchilla que se convirtió en mártir. Se multiplicaron movimientos y documentos pidiendo la renuncia del dictador. El día primero de julio Ubico renunció. Los designados para substituirlo, legalmente, eran Demetrio Maldonado, Carlos Herrera Dorión y Pedro Reyes. Ubico entregó el poder, inconstitucionalmente, a los generales Federico Ponce, Francisco Villagrán y Buenaventura Pineda. Ponce asumió legalizado por la Asamblea Legislativa. Nacieron nuevos partidos y asociaciones y se respiró cierto aire de libertad. Se convocó a elecciones, los candidatos fueron, entre otros, Juan José Arévalo, Manuel María Herrera, Clemente Marroquín Rojas y el propio Ponce. La Policía reprimía a los simpatizantes de los candidatos opositores. En octubre fue asesinado Alejandro Córdova, director del diario El Imparcial. Los partidos en señal de protesta suspendieron la campaña electoral temiendo que el Gobierno quisiera imponer a Ponce. La única acción viable para el restablecimiento del orden constitucional era la lucha armada; la madrugada del 20 un grupo de militares jóvenes y un puñado de civiles tomaron el cuartel Guardia de Honor y en una corta pero sangrienta lucha derrocaron a Ponce, quien renunció en un acto formal en la Embajada de Estados Unidos ante el cuerpo diplomático. Mientras tanto el doctor Arévalo se encontraba asilado en la embajada de México por lo que no participó en estos acontecimientos. Asumió la “Junta Revolucionaria de Gobierno” integrada por: el ciudadano Jorge Toriello Garrido, el mayor Francisco Javier Arana y el capitán Jacobo Arbenz Guzmán; ninguno había cumplido 40 años. El pueblo los consagró como próceres de la revolución.



21 de octubre de 2008 09:27 AM



Anónimo dijo...

Ubico dejó un impresionante conjunto de edificios que cambió el paisaje urbano del centro de la capital guatemalteca



(Columna de Luis Linares López, siglo XXI, 16 de noviembre de 2008)
Luego de los terremotos de 1917-1918 nuestra capital quedó prácticamente sin edificios públicos. Aparte de algunos conventos utilizados para instalaciones policiales, como los de San Francisco y La Merced, el único edificio civil de los construidos a partir de 1871 que permaneció en pie fue el Registro de la Propiedad (en la 9a. calle, actual Museo de Historia). Ubico, que como muchos dictadores tuvo una marcada preferencia por la obra monumental, dejó un impresionante conjunto de edificios que cambió el paisaje urbano del centro citadino.
Entre ellos se encuentran el Palacio del Congreso, Correos, la Corte Suprema de Justicia (actual sede del Registro de la Propiedad), el Palacio de la Policía, la Tipografía Nacional, Sanidad Pública, la Aduana Central, la antigua Facultad de Medicina, la Dirección General de Caminos, los salones de la Feria de Noviembre en La Aurora (donde ahora funcionan los museos de arte moderno y arqueología) y, su magna obra, el Palacio Nacional, concluido en 1943.
En estas obras no faltó la mano de obra forzada, incluso de obreros especializados: ebanistas, herreros, canteros, etc. Don Jesús García, maestro fundidor y mi vecino en la zona 5, me contaba de sus jornadas de trabajo gratuitas en la construcción del Palacio Nacional, lo que explica en parte el bajo costo de las obras públicas. Se dice que el Palacio tuvo un costo aproximado de Q1 millón.
Otro renglón fundamental de la obra pública fue la ampliación de la red de carreteras. A finales de 1931 el país contaba con 2,200 kilómetros de terracería, que llegaron a 10,200 en 1944. A ello se agregan unos 300 puentes (muchos de ellos, de sólida construcción, se encuentran aún en uso), el Canal de Chiquimulilla y el acueducto del Teocinte para la ciudad capital. Solamente encontramos referencia a dos tramos asfaltados: hasta su chalet en El Morlón, Amatitlán, y el que comunica Asunción Mita con San Cristóbal Frontera
De gran encomio sería esta obra, de indudable utilidad para el país, si no se hubiera sustentado en el trabajo forzoso. En 1931 fue establecido el boleto de vialidad, que obligaba a todos los varones de entre 18 y 60 años de edad a pagar un impuesto anual de Q2 o, en su defecto, trabajar en carreteras, a razón de una semana por quetzal. Esas fueron las famosas fainas, donde, como me contó un paisano de San Agustín Acasaguas- tlán, cada trabajador debía ver cómo se las arreglaba para comer, pues no se les proporcionaba una mínima ración alimenticia. Bulmer-Thomas (La economía política de Centroamérica desde 1920) calcula, con base en el impuesto recaudado en 1936, que no menos de 300 mil hombres trabajaban forzosamente en la construcción y mantenimiento de las carreteras.
C. Sabino, al referirse a los medios utilizados para asegurar mano de obra para la agricultura y el sistema vial, señala que “gracias a estas medidas Ubico logró mantener el control de la población rural y, de paso, ampliar de modo continuo la infraestructura vial”. Que me disculpe si lo mal interpreto, pero me parece que trata de presentar como medidas de buen gobierno, lo que fue una violación reiterada de la libertad individual.

16 de noviembre de 2008 08:46 AM

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