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1er trimestre “MÓdulo conocimiento y sociedad” tronco interdivisional grupo


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acceda a la presencia de librerías nuestra sociedad no cumple los requerimientos mínimos constitucionales para satisfacer la demanda de servicios educativos; por el contrario, la promoción de todo aquello que reporte un beneficio económico, por vías de los impuestos, es permanente. Vista así, la cultura no es un negocio; la cultura, menos. Aparte de la obligación que compete a las instituciones educativas, la sociedad en su conjunto evade la responsabilidad de fomentar la lectura. ¿Para qué, podría aducirse, si tenemos fútbol todo el año, telenovelas interminables para “la gran familia mexicana” y “pan y circo” por motivos políticos?.
El deterioro de los ecosistemas, la desaparición de valores éticos, el acrecentamiento de la corrupción, el bienestar social y la lectura como vía efectiva de la educación son dificultades prioritarias que deberían ser resueltas ya. Sin embargo, abría que considerar algo: el medio social en México es de clases y el problema de la lectura se recrudece en los niveles más pobres; aunque las clases media y alta pudieran tener las posibilidades económicas para adquirir libros, también padecen esta problemática por causa de un gusto insuficiente cultivado o porque el libro no es un objeto valioso. En última instancia el problema de la lectura, la falta de práctica y la frecuente incomprensión de lo que se lee podría legar a ser asunto particular de cada individuo, independiente de su situación político-económica, en la medida en que implica una toma de conciencia. ¿Cómo lograr que el libro, eterno portador de la cultura y el conocimiento, adquiera un valor de uso?. Por ahora sólo nos queda aprovechar, en este momento histórico, que la sociedad mexicana parece reconocer y aceptar su responsabilidad en la delimitación de un proyecto de nación.
EL SUJETO
Ante la encrucijada de la lectura los mexicanos tienen ante sí dos caminos: ser leedores o lectores, comparando que leedor es el que lee sin provecho, quien solamente denota los significados superficiales pero no trasciende a niveles más profundos de significado; lector en cambio, tiene como sustento la comprensión de lo que lee, en tanto es una persona que hace del proceso de lectura una forma de conocimiento; o pueden seguir siendo analfabetas, a caso sinónimo de leedor.
Por causas que solo competen al individuo, éste muchas veces no hace suya la posibilidad de la lectura para comprender el mundo. Acaso la “felicidad” de vivir dormido sea más importante que el dolor de abrir los ojos, que es decir acceder a la comprensión. Este imposibilidad del sujeto para practicar la lectura se debe a tres factores: por ignorancia, por interferencia y por indiferencia.
La ignorancia determina la diferencia entre leedor y lector: se lee lo que se entiende, se prefiere aquello que nuestra capacidad de razonamiento pueda superar. Los textos son abordados desde la perspectiva de la referencialidad, en tanto se prefiere significados superficiales, sencillos, simples, producto de la inmediatez denotativa. La ignorancia sobre el tema



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del texto orilla al sujeto a leer lo que está próximo a él; hace lectura en y para su entorno, y con eso resuelve las dificultades que se presentan.
¿Por qué el sujeto lee lo que algunos denominan “subliteratura” o mala literatura? ¿Por qué la mayoría de los lectores prefiere el comic? ¿Por su combinación de imagen y palabras? Lo hace porque no conoce otros materiales de lectura y porque, en algunos casos, la escuela y los profesores se han encargado de alejarlo por culpa de una didáctica de la lengua y no del habla. Si hacemos extensiva la lectura a expresiones como la música, la pintura o el cine, veremos que el sujeto plantea la misma dificultad: lee lo que entiende (música popular, cine de aventura o anecdótico, pintura cuye formalidad no sea de vanguardia). Obviamente la ignorancia debe ser superada con el conocimiento en diversas áreas y desde perspectivas más próximas al educando que al educador.
Cuestión de tiempo y paciencia, hay solución para la enfermedad de la ignorancia. Más inmediatez presenta la solución de las interferencias (sociales, personales, culturales) que el sujeto enfrenta. Algunas interferencias sociales (medios masivos), personales (falta de hábito para la lectura, cansancio en el caso de los trabajadores), culturales (contextos inadecuados, política y religión) deben ser consideradas en los programas educativos. De naturaleza variada siempre habrá interferencias; su descubrimiento y tratamiento depende del objetivo de quienes deben promover la lectura.
La indiferencia quizá sea la causa más grave: el sujeto sabe la importancia de la lectura, tiene recursos para realizarla, la recomienda inclusive, pero simplemente no la realiza. Entre estos sujetos inmotivados aparecen funcionarios del sistema educativo, profesores, padres de familia, alumnos, toda una pléyade de personajes que “predican la religión pero no la practican”. En muchas ocasiones, resuelto el problema económico, el desempeño de una actividad o profesión se limita a lo esencial. La educación no es la excepción; entre otras causas, gracias al libro de texto: fuera de el no hay nada. Viendo así el problema uno tiene el derecho y la libertad de no leer. Más esta acción pone en entredicho una tarea tan noble que la escuela no debe abandonar: formar lectores.
Aprender a leer supone no solo el aprendizaje y automatización de la mecánica lectora, sino fundamentalmente el aprendizaje de diversas estrategias que facilitan la combinación de la información del texto y la que procede de los conocimientos del lector, para construir la representación del significado global del texto. Por consiguiente la práctica docente respecto de la lectura y la habilidades de comprensión deberían experimentar cambios significativos en cuanto al qué y cómo enseñar. Las estrategias son sospechas inteligentes, aunque arriesgadas, acerca del camino más adecuado que hay que tomar. Su potencialidad reside precisamente ahí, en que son independientes de un ámbito particular y pueden generalizarse. Un componente esencial de las estrategias es el hecho de que implican auto dirección -la existencia de un objetivo y la conciencia de que ese objetivo



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existe- y autocontrol, es decir, la supervisión y evaluación del propio comportamiento en función de los objetivos que lo guían y la posibilidad de imprimirle modificaciones cuando sea necesario.
EL ANALFABETISMO
Uno de los más importantes indicadores del grado de desarrollo socioeconómico de una nación radica en el nivel educativo de su población, ya que la falta de instrucción elemental de sus habitantes los lleva a considerarlos como analfabetas, es decir como personas incapaces que no saben leer, escribir y realizar las cuatro operaciones aritméticas básicas: la suma, la resta, la multiplicación y la división.
Para poder determinar el grado de analfabetismo en México es indispensable conocer cual es la condición de analfabeta. Así en términos generales el censo General de Población y Vivienda considera como “analfabetas a los que han pasado de la edad escolar y no saben leer ni escribir”, es decir, el censo considera como analfabeta al que no sabe leer ni escribir.
Por otra parte, es importante señalar que la UNESCO, considera el analfabetismo funcional cuando una persona mayor de 15 años no ha cubierto al menos 4 años de la educación básica y como consecuencia se haya rezagado educativamente.
Vale la pena mencionar que los criterios censales para contabilizar a la población analfabeta han venido variando a través del tiempo, así por ejemplo en 1895 se consideró como analfabetas a los habitantes de 6 años y más que no sabían leer ni escribir, posteriormente en los censos subsecuentes se consideró a los individuos de 10 años y más y a partir de 1980 se consideran como analfabetas a los jóvenes de 15 años y más.

No obstante, la diferencia en edad considerada como parámetro por los censos para considerar a los analfabetas, en las líneas siguientes se pueden observar los avances que ha logrado el país en materia educativa.


Así en el año 1895 cuando se levantó el Primer Censo General de Población, había en el país 12,632,615 habitantes, de los cuales 8,457,738 que representaron el 82.1% del total, eran analfabetas mayores de 6 años y solamente el 17.9% de la población total sabía leer y escribir. Treinta y cinco años después en el V Censo levantado en 1930 se registró una población total de 16,552,722 de los que 7,223,901 o sea el 61.5% fueron considerados como analfabetas mayores de 10 años que no sabían leer y escribir y el porcentaje de los que sí sabían leer y escribir ascendió al 38.5%. En 1950 el VII Censo anota una población total de 25,791,017 de ahí 8,942,399 que significaron el 44.2%, eran analfabetas y el 55.8% fueron considerados como que sabían leer y escribir. En el X Censo efectuado en 1980, México registró 66,846,833 personas y 6,451,740 individuos mayores de 15 años fueron considerados como analfabetas que equivalen al 17.0% y el 83.0% los considerados como alfabetos. En el XII



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Censo efectuado en el año 2000 México cuenta con una población total de 97,483,412 de los cuales 4,387,000 que representaron el 9.0%, son analfabetas en tanto que el 91.0% son individuos que saben leer y escribir.
Al observar los datos anteriores nos damos cuenta que México ha tenido grandes avances en materia educativa y han declinado tanto el número como el porcentaje de analfabetas. Sin embargo, si hacemos una comparación con algunos de los países latinoamericanos como por ejemplo con Chile, Argentina, Uruguay o Costa Rica en el año 2000, el analfabetismo en dichos países es de 5% del total de su población. En tanto en países desarrollados como Alemania, Australia, Canadá, Estados Unidos, Japón, su tasa de analfabetismo es de 0.0%.
A nivel de entidad federativa el analfabetismo es diferencial, es decir, algunos estados más urbanizados registran porcentajes de analfabetismo menores al promedio nacional. Tal es el caso del Distrito Federal, Baja California, Campeche, Baja California Sur y Nuevo León y por el contrario, algunas entidades con mayor número de localidades reales presentan porcentajes más elevados al del promedio nacional, tales como Oaxaca, Chiapas, Veracruz, Zacatecas, Michoacán y Guerrero.
HÁBITO DE LA LECTURA
En el análisis sobre la importancia que tiene el acceso a la lectura de la información escrita se aprecian dos posiciones: por una lado las que la relacionan con el desarrollo económico social y personal, y por el otro, las que cuestionan este papel mítico asumiendo que no puede explicarse una relación simple, y que la lectura de la información que circula tiene más bien un papel ideologizador y reproductor de las clases sociales.

El hábito cultural se adquiere por contagio. Pues cuando alguien le lee, le cuenta, le escribe , le enseña cómo y para qué se lee y se escribe; cuando alguien lo acerca a materiales de lectura variados, entre los que pueda encontrar los que más le interesen, y es mejor cuando esto se da diariamente. Si alguien lee cada día, podrá ir mejorando sus habilidades lectoras, leer cada vez más rápido sin perder la comprensión del texto, y ser capaz de penetrar en textos cada vez más difíciles. Es bastante pertinente la analogía entre la lectura y el deporte: mientras más se practiquen, como un juego, para aprender y divertirse, se logrará ser cada vez más competente para emprender nuevos y más difíciles retos.


El analfabetismo y el analfabetismo funcional son determinantes en las necesidades económicas y sociales destacando el alto costo en materia de salud, desempleo y recapacitación. No debemos ignorar que la lectura y la escritura van de la mano; quien lee, está mejor capacitado para expresarse de forma oral y escrita. Quien pueda hacer ambas cosas, alcanzará mejores posibilidades de comunicarse con sus semejantes, lo cual es equivalente a decir que si nos se lee y no se tiene información suficiente se ocasiona un deterioro social. Por otra parte, algunas investigaciones demuestran la necesidad de lectura eficiente en relación con el empleo tanto para el



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desempeño laboral como para solicitar y conseguir uno, lo cual hace suponer que sí hay cierta influencia en el logro económico personal.
Puede asumirse que la información no es una variable que resuelve por sí sola los problemas económicos o laborales de un individuo, ni sus necesidades completas de comunicación social; pero que el individuo no informado y que no domine las diferentes funciones del lenguaje, el modo de hablar, de escribir, de pensar será limitado. Un lenguaje pobre, mal ejercitado, torpe, proporciona recursos insuficientes para hacer frente a cualquier situación, es una cuestión que no puede negarse en cualquier sociedad desarrollada cuya comunicación se base en el lenguaje escrito. Entonces lo que es indispensable es combinar diferentes variables y redefinir el rumbo de la indagación hacia espacios y tiempos concretos donde circulan y se consumen textos informativos.
Las nuevas tecnologías que conectan al mundo por vías alternativas de telecomunicaciones, principalmente por la televisión, han generado una evolución en el acceso a la información, esto no es totalmente equitativo, por ejemplo “antes había niveles de información muy claramente diferenciados: el que vivía en una gran capital cosmopolita… podía tener acceso a la información mundial; en contraste, el que vivía en un pueblo serrano tenía acceso sólo a lo local. Ahora hay una abolición de estos niveles… ”. De la Peña basa su afirmación en las nuevas tecnologías que conectan al mundo por vías alternativas de telecomunicaciones, principalmente por la televisión. Además, y aunque le la un peso diferente, también argumenta una evolución de la información económica a través de carreteras electrónicas donde circulan grandes cantidades de datos. Sin embargo, se considera que si lo miramos a partir del contexto de las diferencias que existen en la circulación de materiales impresos y las posibilidades de acceso a dicha tecnología de información, lo que parece suceder en los territorios aislados es que la vía preferente para acceder a la información mundial es la televisión, la cual está presente en todos los municipios a través de cable, antena o parabólica. En cambio si nos referimos a la información por materiales impresos, en software o en red informática, entonces encontramos serias limitaciones y diferencias radicales en cuanto a las posibilidades de acceso efectivas.

La importancia de esto radica en que efectivamente, si prendemos el televisor tenemos información que rebasa los límites de lo local, sin embargo, los individuos no tienen la posibilidad de contrastación, ni de fijación de la información; a pesar de que actualmente existen sistemas sencillos de videograbación, tendríamos la necesidad de establecer cuántos hogares o cuántos lugares llegan estos aparatos y el uso que de éstos se hace. Es difícil asegurar que la información llega y permanece en los hogares o en los archivos para ser consultada, como puede ser a través del material impreso. Además tampoco es factible pensar que a través del televisor se tendrá suficiente información argumentativa de tipo científico.


El otro aspecto del argumento que expone De la Peña, el de la transmisión de información económica a través de los nuevos medios electrónicos y que



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rebasa los límites de las fronteras, es también parcialmente cierto porque solamente es viable en los municipios con un alto desarrollo educativo, lo que permite inferir que este es un imaginario cosmopolita que acepta a la cuestión regional ya que encontramos polos de alto desarrollo escolar, económico y de tecnología; en contraste con altos índices de analfabetismo, bajo nivel educativo y escasa infraestructura informativa (por ejemplo: difusión y circulación de periódicos, libros y revistas) que caracterizan a otros lugares.

Por otra parte, la llamada cultura regional tiene que ver con la información y la distribución de ésta entre los individuos, quienes se apropian de determinadas formas de comunicación y significados simbólicos sedimentados en las posibilidades que el espacio les ofrece. Si no circulan periódicos nacionales, ni estatales, sino solamente el semanario local, el acervo de información disponible, es solamente ése; y si además, no hay Internet, ni cableado electrónico para otro tipo de circulación comunicativa, de información económica, política o comercial, indudablemente que el cambio al que se refiere De la Peña es el que se lleva a cabo en las urbes conectadas al mundo y no el de los pequeños poblados que continúan aislados.


NOTAS
1 Por ejemplo, dice el vocero de un editor: “Desde principios de 1995 se paró la producción de nuevos títulos de Alianza Cien en México y la colección alcanzó a reunir sólo 68 obras literarias, del centenar que tenía proyectado, Los libro de diez y quince centímetros ofrecen obras literarias selectas y completas por apenas tres pesos. Teníamos un fin lucrativo, nuestra intención fue ponerlas a bajo precio, pensando que el pueblo no leía

Por el precio de los libros, pero nos dimos cuenta que el problema no son los precios sino la falta de lectores, el desinterés”, expresó Martín Arellano Jiménez, Gerente de Ventas del Grupo Patria Cultural, durante las celebración de la X Feria del Libro de Guadalajara, cit. en Reforma, sábado 7 de diciembre de 1996, sec. C, p. 1.


2 Este evento principalmente depende del uso de un método proclive hacia la lectura de comprensión.
3 Pedro Salinas. “Leedores y lectores”, incluido en Antología de textos de lengua y literatura. UNAM, México, 1975. (Col. Lecturas Universitarias), passim. Para Salinas leedor es quien consume textos intrascendentes; lector es el que aprende, comprende y se transforma con el conocimiento adquirido.
4 Un ejemplo revelador fue el resultado de una encuesta publicada por la revista Nexos. No. 162 de junio de 1991. bajo el título “México: ¿un país de reprobados?” Gilberto Guevara Niebla demostró que la efectividad de la enseñanza en la escuela básica no era siquiera suficiente: al analizar las


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respuestas de egresados de este nivel, acerca de una temática específica relacionada con el currículo, se evidenció la ignorancia de los sujetos sobre esos asuntos fundamentales de la cultura mexicana. Curiosamente, ni las autoridades educativas de ese entonces ni pedagogos y estudiosos del fenómeno educativo comentaron al respecto. Dos décadas atrás Rafael Segovia, en su ya famoso libro titulado La politización del niño mexicano (El Colegio de México, México, 1875), había hecho hincapié en los problemas relativos a la enseñanza de la historia, cuya solución aún no llega. Actualmente los profesores del área lingüística, sobre todo en lo referente a talleres de lectura y redacción comprueban que el principal problema se llama ineficiencia –a veces incapacidad- para leer y escribir.
5 Al respecto es interesante la propuesta de Sealtiel Alatriste quién en su sección De Memoria publica un interesante titulado “Libros de texto y desarrollo nacional”, en el cual propone que el Gobierno siga otorgando libros gratuitos a los estudiantes mediante la compra directa a la industria privada y la adquisición de esos materiales bibliográficos mediante una tarjeta con la cual accedería a los productos más actualizados de las editoriales, en Reforma, sábado 6 de febrero de 1999, sec. Cultura, p. 3C.
6 Para conocer algunas propuestas de lectura en el ámbito doméstico puede verse: Martha Sastrías de Porcel, “clubes de lectura en el hogar”; Angélica Prieto. “Formación de lectores desde la infancia. Financiamiento de proyectos para el fomento del placer de la lectura”, en Senderos hacia la lectura. Memoria del Primer Seminario Internacional en torno al fomento de la lectura. INBA, México, 1990.
7 En este asunto no debemos perder de vista que las generaciones posteriores a 1980 se han caracterizado por una mayor interacción con los medios masivos de información, cuya influencia en algunos casos limitan notablemente el desarrollo de la lectura.
8 Interesantes datos aportan Irving M. Leonard en su trabajo Los libros del conquistador, FCE, México, 1979.
9 Roland Barthes, El pacer del texto, siglo XXI, México, 1974.
10 Exceptuando la temporada del inicio escolar, cuando se procede la compra de libros para ciclos correspondientes, las estadísticas expresan que el consumo de libros en promedio es de 2.8 libros per capita al año, de acuerdo con los datos proporcionados por Pablo Latapí en el num 1189 de la revista Proceso de 1999.
11 Abunda Pedro Salinas: Leedor es el que lee sin provecho, quien solamente denota los significados superficiales pero no trasciende a niveles más profundos de significado; lector, en cambio, tiene como sustento la comprensión de lo que lee, en tanto es una persona que hace del proceso


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de lectura una forma de conocimiento. Véase Antología de textos de lengua y literatura, México, UNAM, 1975. (Col. Lecturas Universitarias).
12 Estos elementos originalmente fueron establecido por Wundt. Véase. Jaime Poded, Antología de la comunicación México, UNAM, 1980. (Col. Lecturas Universitarias).
Terminada EL área de literatura, se continuará con el contexto histórico del Teatro, relacionándose ambas, en que en primera instancia las obras de teatro son escritas y dependiendo del interés del director son llevadas a un escenario.



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EL TEATRO: ARTE PARA TODOS”

Se pueden dar dos definiciones de teatro:

La primera, la más organizada y de estudio sistemático, es la que distingue "teatro" cuando:

A) Hay una obra escrita
B) Ésta es representada por actores.
C) Se representa en un medio formado por todos o algunos de estos elementos: auditorio, escenario, decorado, vestuario e iluminación.

Éste es el teatro "formal", en términos de Sófocles, Shakespeare y Miller; como un organismo muy complejo.

Pero además de esta consideración, está el que reconoce y diferencia "El teatro" de "Teatro". Teatro es todo acto de imitación. Este concepto nos hace retroceder hasta el hombre paleolítico, y más atrás aún. Esta clase de teatro, es tan simple y primitiva que se podría pensar que ni siquiera es teatro, sin embargo, para muchos estudiosos es la semilla del teatro.

GÉNESIS DEL TEATRO

La génesis del teatro, se puede buscar en:

a) La imitación

Muchos psicólogos afirman que el hombre tiene una aptitud para la imitación. Es ésta, una aptitud muy fuerte, una aptitud tal que, bajo ciertas condiciones puede darle un placer peculiar. En realidad, sin la aptitud para la imitación, no serían posibles siquiera los rudimentos de una educación.

Aún cuando el hombre tenga simplemente una aptitud para la imitación, el uso exitoso de esa aptitud, estimulado por las recompensas, lo prepara para practicar la imitación y disfrutar de ella. Puede gustarle imitar las cosas, y puede gustarle imitar el comportamiento de los otros seres humanos o de los animales. En un nivel más inferior, esto responde a la práctica infantil de jugar a ser alguien distinto. En un nivel algo superior esto ha llevado al hombre primitivo a crear las danzas y ceremonias mágicas y rituales. Los placeres de imitar y de observar las imitaciones realizadas por otros, han hecho que el hombre civilizado escribiera y representara obras teatrales y que se reuniera en multitudes para disfrutar del teatro.

b) La magia

El hombre es primero cazador. La magia comienza cuando el hombre baila antes de la caza. De algún modo cree que si imita a los animales que quiere matar, e imita sus muertes, las presas serán abundantes y la caza tendrá


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