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10 de Diciembre de 2009/ Mostrador Guía electoral para trabajadores


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10 de Diciembre de 2009/ Mostrador

Guía electoral para trabajadores

José Luis Ugarte

Profesor de Derecho Laboral Universidad Diego Portales / http://www.udp.cl/derecho
No está tan claro cuánto importan las elecciones. Para los trabajadores al menos. Ya van cuatro y las reglas del juego siguen siendo básicamente las mismas: las del Plan Laboral de Pinochet. O sea, poco sindicato, poca negociación colectiva y el derecho a huelga ojalá inexistente -de hecho seguimos teniendo uno de los regímenes legales de huelga más restrictivos del mundo occidental-. Y por supuesto mucho poder a los emprendedores, dígase empresarios. Pero qué diablos, se vienen las elecciones y algo habrá que decir de ellas. Veamos aquí algunas reglas prácticas para el trabajador preocupado de sus derechos en las próximas elecciones presidenciales:
Compartir en Facebook 1 Regla 1, Piñera
Partamos por el caso más fácil. Si usted tiene el síntoma de la “víctima insatisfecha”, esta es su opción. Digamos que si no le basta con el desolador panorama laboral chileno -con el 90 por ciento de trabajadores sin sindicatos y con el 93 por ciento sin negociación colectiva- y en algún sentido cree -cual víctima que desea que la golpeen más fuerte- que a su vida le falta más precariedad laboral, menos derechos, más prácticas antisindicales y algunas gotitas más de explotación, entonces su voto ya tiene nombre. Ahora, la sola posibilidad de que su hermano -José Piñera, el redactor del Plan Laboral de la dictadura de Pinochet- pudiera volver a ser ministro del Trabajo, debería horrorizar al más abúlico de los trabajadores votantes.
Regla 2, Frei
Si usted vio la película “Memento” -donde el protagonista sólo recordaba lo que le pasaba hasta unas pocas horas atrás- y se sintió reflejado, entonces su voto podría ir al candidato concertacionista. De hecho, todo concertacionista genuino tiene algo del síndrome de memoria de corto alcance.
El candidato de la izquierda no hizo mucho -en rigor nada- por reformar el Plan Laboral de Pinochet en su rol de ministro del Trabajo. Frei tiene, qué duda cabe, la más articulada y más progresista propuesta laboral desde que la Concertación llegó al poder. Su propuesta incluye eliminar el reemplazo en la huelga, aumentar el nivel de la negociación colectiva, incluyendo la negociación de los trabajadores contratistas, ampliar el alcance de los contratos colectivos y una larga lista de etcéteras.
Ahora, el problema de los trabajadores con la Concertación es que deberán -igual que el protagonista de “Memento”- pegar posits por todos lados: “no olvidar: nos prometieron eliminar el reemplazo en la huelga”; “no olvidar: nos prometieron derogar el Plan Laboral”; etc. Quizás podría ser distinto esta vez, nunca se sabe. Ahora, si todo es igual que las otras cuatro veces anteriores y el ministro de Hacienda de turno termina haciendo primar los intereses empresariales por sobre los derechos de los trabajadores, desde ya le doy la receta postraumática: consuélese quemando sus pósits y recordatorios al calor de un buen trago -podría ser un Flor de Caña- y entone un clásico imperdible junto a Julio Iglesias: “Tropecé de nuevo y con la misma piedra…”.
Regla 3, Enríquez-Ominami
Si lo que le va es tomar riesgo, por aquí debería andar su rayita en el voto. Si lo suyo es el sabor adolescente del juego de la ruleta -apostar sin saber exactamente a qué-, entonces Enríquez-Ominami es lo más parecido a su candidato ideal.
Porque si hay algo que caracteriza a la propuesta laboral de Enríquez-Ominami, es eso: no tener propuesta. Digo, algunas ideas habrá de seguro -un par de frases Twitter- para salir del paso: vamos a dar más empleo, vamos a aumentar la sindicalización y la negociación colectiva, etc.
Pero si algo brilla por su ausencia en esta candidatura es algo parecido a un programa de ideas articulado sobre el mundo del trabajo.
Y lo que queda ahí es la confianza ciega en la suerte o el acaso: irán a mandar los economistas neoliberales que lo acompañan -un tal Fontaine, que defiende la piedra angular del Plan Laboral de la dictadura, como es el reemplazo en la huelga- o los socialistas de siempre -como Ominami padre- que siempre se han mostrado hostiles a las reglas laborales que nos heredó Pinochet. Ahí, entonces, todo es un misterio. Un misterio buena onda, dirán algunos. Como el candidato.
Regla 4, Arrate
Esta es la opción más difícil de analizar.
Si viviéramos en el maravilloso mundo de las palabras, ésta debería ser la opción cerrada de cualquier trabajador interesado en cambiar las cosas.
El problema es que los discursos deben enfrentarse al frío mundo de los hechos -la facticidad- como gusta decirse en el mundo académico. Y en ese tránsito de la idea -revolucionaria, potente y sindical- a la frialdad técnica de construir las nuevas reglas del juego, parece irse toda la potencia del cambio.
El viaje de la habitación con el póster del “Che” y Lennon a los fríos espacios del poder político suele ser muy duro para esta gente. Le ocurrió al propio Arrate. El candidato de la izquierda no hizo mucho -en rigor nada- por reformar el Plan Laboral de Pinochet en su rol de ministro del Trabajo.

Años después, Andrade mostraría, para mal de Arrate y otros ministros del Trabajo con tan poco brillo como él, que se podía ser ministro del Trabajo a tiempo completo y no una mera comparsa del ministro de Hacienda.


Y es que los comunistas y sus aliados parecieran tener las mejores de las ideas -“otro mundo es posible”, suelen decir-, el problema es que no parecen tener la más remota idea de cómo lograrlo. Y las pocas veces que lo intentan de verdad, el resultado espanta -léase República Bolivariana-. Y ahí uno termina agradeciendo la inconsecuencia entre las ideas y la práctica.
Regla 5 y final
Nunca debería olvidar un trabajador, eso sí, que los grandes cambios laborales no se sustentan en el voto, sino en la presión política de los trabajadores organizados.
Nunca hay que olvidar que hay buenas razones para pensar que más importante para su propio destino es que se integre en un sindicato, participe en una negociación colectiva o en una huelga, que le dé el voto a un candidato en particular.
Nunca hay que olvidar el consejo de un antiguo jurista -Ihering- sobre nuestro destino: no merece un derecho quien no lucha por él.

Escenario favorable para reforma laboral

La Nación - Editorial / Sábado 5 de diciembre de 2009
Que Chile haya reducido el desempleo a menos de un diez por ciento en el trimestre agosto-octubre, justo antes de que empezaran a verse los efectos estacionales en materia de ocupación, es un signo alentador para la economía nacional, y refleja el éxito de los planes realizados en medio de la crisis para combatir la cesantía.

Los estímulos monetarios establecidos, los paquetes de ayuda distribuidos a la población para mejorar el consumo, y las medidas de confianza dadas a las empresas para evitar que la fuerza de trabajo pague los costos de la inestabilidad permitieron mantener el problema acotado y asomar la cabeza en un plazo más breve que el resto del mundo.

La estimación del gobierno es que se terminará el año en un nivel cercano al 9%, lo que sin duda es un logro, y la población así lo ha reconocido al evaluar positivamente la gestión económica de la Presidenta Bachelet y el ministro de Hacienda, Andrés Velasco.

La postergación del envío de las reformas laborales, particularmente aquella que se refería al fortalecimiento de la sindicalización y de la negociación colectiva, fue uno de los costos que se tuvo que pagar como señal hacia el empresariado. Esto, por lo tanto, quedó como “tarea pendiente”, según dijo el subsecretario del Trabajo, Mauricio Jélvez, esta semana, tarea que tiene un escenario laboral favorable que todavía puede seguir mejorando. Es esperable que la posta dejada por la administración Bachelet, que incluye la propuesta y las condiciones económicas, siga siendo una de las prioridades legislativas después de marzo.



Jélvez: “Las reformas laborales son una deuda pendiente”

Por Carlos Alonso / Jueves 3 de diciembre de 2009 / La Nación
Autoridad sostuvo que Eduardo Frei es el único candidato que se ha comprometido a seguir mejorando el sindicalismo. En tanto, el presidente de la CUT, Arturo Martínez, agregó que en esta materia el Ejecutivo “le hizo caso a los empresarios”.
“El proyecto de reformas laborales que pretende fortalecer el sindicalismo y la negociación colectiva será una deuda pendiente del gobierno de la Presidenta Michelle Bachelet”.
La afirmación la realizó ayer el subsecretario del Trabajo, Mauricio Jélvez, quien, sin embargo, recordó que la ley era prioridad antes de la crisis económica global, tras lo cual debió ceder su lugar en la agenda superada por la misión de defender el empleo.
Si bien aún hay plazo para que la iniciativa ingrese al Congreso, la idea original de promulgarlo bajo este período quedó prácticamente descartada.
“Lo principal fue manejar la crisis, por eso toda la energía estuvo puesta en contener el desempleo y en eso fuimos exitosos, porque las cifras muestran una recuperación”, dijo y argumentó que el manejo de la cesantía “no fue producto de la ‘mano invisible’, sino de la mano activa que tuvimos para enfrentar un año complejo para ayudar a los sectores más vulnerables de la población”.
Con todo, Jélvez advirtió que realizar la reforma laboral es crucial, por lo cual “corresponde que el próximo gobierno asuma con decisión la idea de que el país requiere un cambio sustantivo al Código del Trabajo para fortalecer la negociación colectiva y el sindicalismo en Chile”. En esa línea, recordó que hasta el momento el único candidato que ha planteado esa propuesta es Eduardo Frei.
TRABAJADORES
Con una mueca de desagrado, el presidente de la Central Unitaria de Trabajadores (CUT), Arturo Martínez, reconoció que “es una deuda pendiente lo que marcó la diferencia hacia el mundo de los trabajadores, porque fue un gobierno que actuó bien en materia social y en el manejo de la crisis económica, pero en el campo laboral terminó haciéndole caso a los empresarios”.
Añadió que “hubo más miedo que otra cosa, porque se hablaba que la cifra de desempleo sería del 12%. Eso no se dio y ahí participaron bastante los empresarios que amenazaron a los trabajadores”.
Pese a ello, Martínez confía en que el proyecto sea despachado en enero, pero ve “difícil que se apruebe durante ese mes”. En cuanto a la iniciativa que crea el defensor laboral, dijo que “también está atrasado, pero al parecer será visto en enero y su aprobación será más fácil, porque están más de acuerdo las posturas”.
CANDIDATOS
En línea con Jélvez, uno de los asesores económicos de Eduardo Frei, Óscar Landerretche, sostuvo que “las propuestas laborales “del candidato de la Concertación) buscan modernizar el Código del Trabajo, pues actualmente enfatiza en prohibir la organización sindical y entrega pocos incentivos para la cooperación, por eso la propuesta busca que se fomente la negociación colectiva cooperativa y que elimine su sesgo antisindical ofreciendo premios a los sindicatos y empresarios que logran llegar a buenos acuerdos”.
A su turno, el director ejecutivo del Instituto Libertad y Desarrollo y colaborador de Sebastián Piñera, Cristián Larroulet, dijo que la postura del millonario inversionista apunta a proteger los derechos de los trabajadores con una Dirección del Trabajo autónoma para que cumpla bien la función de proteger los derechos de los trabajadores”.
Además pretende modificar las indemnizaciones por años de servicio porque “es posible flexibilizar el mecanismo de indemnización sin dejar de proteger a los trabajadores y una de ellas es combinarla con el perfeccionamiento del seguro de cesantía”.
Propuestas

Mauricio Jélvez, junto a la economista Macarena Alvarado lanzaron el libro “¿Cómo continuar avanzando hacia el desarrollo?, propuestas para una política nacional de empleo”. Para el subsecretario del Trabajo la idea del texto -cuyos fundamentos adelantó La Nación- es poner en el debate la necesidad de generar ideas para el desarrollo del país. “La obra nace de la necesidad de generar una política nacional de empleo que articule la agenda pública de los ministerios de Educación, Economía y del Trabajo con la lógica de formular políticas de empleo mancomunadas”. Entre los puntos más importantes está el desarrollo de las OMIL y el énfasis en la capacitación.




Programa laboral de Sebastián Piñera: muchos bonos, poco poder para los trabajadores


José Francisco Castro C.

Abogado y Profesor Universitario

Al analizar los aspectos laborales del Programa del candidato presidencial Sebastián Piñera, es inevitable quedar con gusto a poco. De partida el título respectivo ya nos señala cómo viene la mano: “Un millón de nuevos y buenos empleos”. Está claro que el énfasis está puesto en el empleo y no en las relaciones laborales, en crear “puestos de trabajo” y no en el tipo de trabajo de que estamos hablando, bajo qué condiciones y con qué nivel de reconocimiento de derechos.


Un millón de empleos para los próximos cinco años es una meta ambiciosa (yo estaba convencido que el próximo gobierno iba a durar cuatro años), pero deja de ser una meta y se transforma sólo en un anuncio populista cuando no se señala en absoluto cómo se va a hacer para crearlos y de qué tipo de empleos estamos hablando. Se requiere algo más que decir “buenos empleos”, como sucede con el programa del candidato Piñera.

Abundan, por otro lado, en el programa laboral del candidato de la oposición, la creación o implementación de “bonos” o asignaciones, entendiéndose como cantidades de dinero que se entregan con una finalidad específica. Nos ofrecen “bono de intermediación”, “bono de capacitación”, asignaciones para instituciones de la sociedad civil, etc.


Parece que cuando se trata de meterse la mano al bolsillo la derecha no tiene problemas, sobre todo si se trata de las arcas fiscales, pero cuando se trata de entregar más poder a los ciudadanos y, en nuestro tema, a los trabajadores, ahí sí que empiezan a surgir las dificultades.
En efecto, el programa de Piñera no dice absolutamente nada sobre el fortalecimiento de la organización sindical ni sobre el reconocimiento efectivo del derecho a huelga, aspectos en los que nuestro país sigue en deuda.
La negociación colectiva, por su parte, para él sigue restringida al ámbito de la empresa, lo que la hace ser eminentemente frágil y quedar expuesta siempre a las medidas que pueda adoptar el empleador una vez que ella ha concluido. La principal novedad que incorpora el candidato Piñera a la negociación colectiva es la posibilidad de incluir la flexibilidad horaria y los sistemas de turnos, sentida y antigua aspiración del sector empresarial de nuestro país, que no es negativa de por sí, pero que debe ir acompañada de un fortalecimiento de la organización sindical para que esa negociación se pueda dar en términos reales.
En los demás temas, como la película: “El silencio de los inocentes”, o de los no tan inocentes mejor dicho. Al parecer, el candidato Piñera aspira a seguir con los trabajadores reemplazantes o rompehuelgas, con los grupos negociadores paralelos, con el descuelgue individual en la negociación colectiva, etc., todas piedras angulares del Plan Laboral que diseñó su hermano José hacia fines de los años 70.
Está claro que la visión que está detrás de las propuestas del candidato Piñera, es un modelo centrado en la negociación individual del trabajador con el empresario, el problema es que esa negociación en la mayoría de los casos no existe. Así sucede, por ejemplo, con su idea de introducir “flexibilidad para que las madres puedan administrar de acuerdo a su mejor conveniencia el beneficio pre y post natal”. Me pregunto ¿qué poder real va a tener esa mujer trabajadora para poder negociar con su empleador adelantar o aplazar el descanso prenatal o postnatal? La evidencia empírica nos dice que su poder de negociación va a ser cercano a cero, y que más bien la implementación de esa medida va a depender de las decisiones organizativas que tome el empleador en su empresa.
En síntesis, el programa laboral de Piñera está centrado en la creación de puestos de trabajo, sin explicar cómo y qué tipo de empleos, en la entrega de bonos y asignaciones y en la negociación individual. Sobre los derechos de los trabajadores, bien gracias.


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