Página principal

1 Presentar los sentidos de la lectura a través de un mapa conceptual


Descargar 0.93 Mb.
Página1/20
Fecha de conversión18.07.2016
Tamaño0.93 Mb.
  1   2   3   4   5   6   7   8   9   ...   20
MODERNIDAD Y COMUNICACIÓN SOCIAL

Supungamos que tiene que explicar a jóvenes la lectura de

Curran, James que usted ha trabajado . El docente le ha sugerido :

1)  Presentar los sentidos de la lectura a través de un mapa conceptual.

2)  Le sugiere que baje de internet un software sobre mapas conceptuales.

3) Si usted no tiene el programa y no sabe como trabajar los mapas conceptuales. Se le sugiere la siguiente dirección: http://www.eduteka.org/Cmap1.php

4) Si, nunca ha usado un mapa conceptual tenga paciencia. Le garantizamos que será una herramienta eficaz para su proceso de generación de conocimiento.

5) Una vez realizado lo puede enviar vía fotografía en un archivo de word.

SUERTE.

5/ Algunas consideraciones sobre la cultura y lo educativo en los discursos genealógicos de Comunicación / Educación


Los discursos de Sarmiento y de Taborda se constituyen en dos tradiciones constitutivas del campo de Comunicación/Educación, no tanto por representar una construcción orgánica del campo, sino más bien por los proyectos generales y las notas indiciarias particulares de cada uno de ellos, referidos a las vinculaciones entre educación, cultura y política. Esas características serán resignificadas y rearticuladas en los discursos específicos del campo como tal. Nos encontramos frente a dos tipos de formaciones discursivas: una hegemónica y la otra alternativa, ambas haciéndose, tramándose, rearticulándose como tradicionales; y en este sentido, ambas son tradiciones residuales (cfr. Williams, 1997: 137).

El discurso de Sarmiento representa una formación hegemónica que se prolonga en una ideología oficial acerca de las vinculaciones entre educación y cultura. Su pensamiento es un pensamiento nítidamente estratégico: su interés es producir una formación hegemónica a partir de la oposición binaria «civilización y barbarie». La «oposición binaria» se constituye en categoría analítica de lo sociocultural, desde la cual se producen sentidos elaborándose una cadena de sucesivas oposiciones (1). Los pares binarios, de este modo, son altamente generadores de sentidos ideológicos: sentidos naturalizados que contribuyen, a lo largo del tiempo, a estructurar las percepciones sobre el mundo sociocultural (cfr. O’Sullivan y otros, 1997: 247-248). Además, sabemos que una formación hegemónica se conforma como totalidad a partir de la conciencia/configuración de sus propios límites (cfr. Laclau y Mouffe, 1987: 165), producidos en el propio discurso. Si la realidad en cuanto referencia empírica (o como formación social) es variable, procesal y conformada por diferencias, la formación hegemónica se distingue por ser una totalidad articulada de diferencias. En este sentido, una formación hegemónica logra significarse a sí misma o constituirse como tal, sólo en la medida en que transforma los límites en fronteras y en que construye cadenas de equivalencias que producen la definición de aquello que ella no es; sólo a través de esta división es capaz de constituirse como horizonte totalizante. El soslayo del polo bárbaro, sin embargo, no implica su ignorancia absoluta en cuanto referente empírico de una formación social; más bien la totalización discursiva tiene efectos de poder en la medida en que divide: el «otro» de la oposición binaria está más allá de las fronteras producidas y es el objeto de pánico moral. El pánico moral es el efecto más inmediato de la totalización discursiva hegemónica, que hace que el soslayo del «otro» sea a la vez productivo: es la producción de un imaginario de amenaza, y por tanto de rechazo, de una condición sociocultural, de acontecimientos o episodios, de grupos o personas, frente a los cuales la ideología pretende sensibilizar moralmente a toda la sociedad (2). La trampa de la oposición binaria, precisamente consiste en reforzar el propósito del lenguaje, interpretativo de lo sociocultural, que es el de imponer cierto orden moral a través de cierta imposición de coordenadas semióticas de lectura del mundo. De modo que la manera en que el lenguaje se relaciona, designa, interpreta la experiencia, los procesos, los acontecimientos de la formación sociocultural, está de antemano sobredeterminada por el lenguaje mismo, que estructura el horizonte de las experiencias y la dirección de los deseos; es decir, sería imposible distanciarse hacia una plataforma extralingüística para reflexionar esa situación dentro del lenguaje (cfr. Zizek, 1992; McLaren, 1998a). Es el lenguaje, en este caso binario, el que produce la otredad que luego construye como amenaza. Con lo que la acción estratégica encuentra no sólo su justificación, sino su necesidad, a causa de la percepción generalizada de miedo al «otro» (a la barbarie, al dejarse estar, al atraso, al desierto). En adelante, lo comunal y facúndico será objeto de pánico moral.

El discurso de Taborda, en cambio, representa una formación alternativa posible de visualizar no sólo en la percepción de lo preexistente (en la formación social), sino también en los esfuerzos de desnaturalización del discurso ideológico hegemónico. Lo «preexistente», sin embargo, no se refiere a una suerte de mitología del orden anterior (3), sino que pretende resaltar en el proceso histórico de producción de una determinada política cultural-educativa, la construcción de un orden discursivo (el de la política oficial) en base a la exclusión diacrónica y sincrónica de las diferencias, construidas (en virtud de la necesidad de establecer fronteras de la «totalidad») y unificadas, lo que significa aplanadas, como «otro». Y es una formación alternativa en la medida en que no se inscribe en la construcción de otro tipo de totalización estratégica (propia de una racionalidad instrumental) sino en la poiesis o apuesta a la creación, la imaginación y la autonomía, pero sobre un «campo poblado» de sentidos, y no sobre una desertificación sociocultural. Al hablar de «alternativa», entonces, no hacemos referencia a lo original en cuanto «anterior», fundacional o fijado en un pretérito sustancial, ni lo hacemos sólo en el sentido de Michel Foucault (cfr. Foucault, 1991: IV, Cap. II) acerca de «lo original» como lo nuevo. Conviene recordar la distinción de este autor entre lo regular y lo original, como polos axiológicos de los discursos: de un lado lo antiguo, repetido, tradicional, conforme a un tipo medio, derivado de lo ya dicho; del otro, lo nuevo, lo inédito, lo desviado incluso, que aparece por primera vez. No es alternativo en cuanto a novedoso, ni en el sentido de resaltar el polo opuesto de la oposición binaria; porque, en tanto discurso alternativo, el de Taborda es otro discurso entre otros posibles, y no un discurso acerca de un «otro» sustancializado, en definitiva producido por la totalización hegemónica. Acaso es alternativo en cuanto pone en el centro de su interpretación, como un nudo olvidado y excluido, una formación cultural tradicional (en su sentido residual) pero a la vez emergente en los escenarios y las prácticas culturales de comunicación y educación. Pese al soslayo impuesto por la oposición binaria y a la unificación de la multiplicidad que contiene, esta formación cultural, que podríamos denominar popular, comprende múltiples movimientos y tendencias efectivos que tienen influencia significativa en el desarrollo cultural, y que mantienen relaciones variables y a veces solapadas con las instituciones formalizadas (cfr. Williams, 1997: 139). Taborda asume la variabilidad de lo particular desbordando el estatuto cultural y educativo producido por las estrategias hegemónicas.

El modo de proceder en la construcción de sus discursos también es diferente. Si bien ambos autores asumen (en cada caso y en cada época) marcos de pensamiento hegemónicos europeos, los llevan por el camino de perspectivas fuertemente diferenciables. En el caso de Sarmiento, deslumbrado por los procesos políticos y pedagógicos europeos (exceptuando a España) y norteamericanos, surgidos a partir de acontecimientos revolucionarios o independentistas y articulados con nuevas ideas predominantemente vinculadas a una matriz jurídico-política liberal, construye una enorme estrategia por superposición respecto a las prácticas culturales preexistentes (que llevan la marca y la carga de lo hispánico). Esto lo lleva a que necesariamente deba construir una oposición binaria, con el objeto de resaltar el progresismo civilizatorio, lo que no invalida que produzca un minucioso análisis (aunque intencionado) de aquellas prácticas culturales populares. Sarmiento no hace una copia exacta de «moldes» de pensamiento, pero sí adopta en su estrategia los «remedios» civilizados, apropiándose de ellos. Su pensamiento se articula (por ser binario y quedar signado por un paradigma conceptual) a partir de una serie de equivalencias, de modo que se presenta a sí mismo (y para el futuro), como representante de luchas populares, en cuanto éstas se construyen a partir de la división de un espacio político en dos campos opuestos (cfr. Laclau y Mouffe, 1987: 158). De allí que haya sido necesario construir discursivamente al hostis, al enemigo, en el mismo espacio social: la figura del bárbaro (el extranjero de los griegos) representa al incapaz de comprender y vivenciar la civilización; por lo cual es necesaria la superposición de una cultura que coincida con una idea de civilización, aunque no coincida con la cultura que caracteriza la propia nación. De paso, construyendo al hostis, se autoidentifica y se autoproduce un «civilizado», que como referente empírico en esta formación social es casi inexistente. En este sentido, el discurso estratégico es productivo de una imagen que niega lo existente y produce una idea de pueblo como «pueblo en la política» (activo, racional, deliberativo) con una alta carga utópica y progresista.

En el caso de Taborda, en cambio, se trabaja registrando el carácter educativo de diferentes procesos histórico-culturales particulares, vinculados a lo comunal; para conceptualizarlos, se vale de ideas filosóficas europeas que reflexionan lo particular, lo concreto, la poiesis, aún lo irracional, y esto para repensar aquellos procesos diferentes (que podemos ya denominar «multiculturales») y otorgarles un sentido político. Más que sólo «el pueblo en la cultura» (contra el «el pueblo en la política»), la perspectiva tabordiana propone reconectar lo que la ideología dominante había segregado: la cultura y lo político, como formas ligadas ya en lo popular. Esta línea de pensamiento, lo lleva necesariamente a entrar en pugna con la política oficial, cuya ideología intenta silenciar y excluir lo comunal, en la medida en que su investigación revela críticamente el sentido ideológico de las políticas totalizadoras oficiales. Taborda desnaturaliza los absolutos de la ideología oficial: en especial, uno de los polos del paradigma conceptual producido como «en sí», como «ab-soluto»; los descongela; al menos lo hace frente a dos «en sí»: la civilización y la democracia. Lo dice de este modo: (1) El civilizado es un primitivo revestido de equipamientos culturales, envuelto en la espesa couche de la cultura (Taborda, 1936: 78); (2) “La democracia, en cuanto negación del absolutismo, señala el grado extremo en que el individuo se independiza del dios” (Taborda, 1936: 95); pero cuando priva “a una parte de la población de las gestiones de la cosa pública, se comporta, respecto de esa parte, como absolutismo” (Taborda, 1936: 94). En este caso, su discurso es posible articularlo con el sentido de las luchas democráticas ya que, excediendo las series de oposiciones binarias construidas por la «ideología democrática burguesa», reconoce y subraya la multiplicidad de espacios políticos que a la vez conforman culturalmente una modalidad de educación.

En su proyecto estratégico general, Sarmiento pone énfasis en las instituciones encargadas de la transmisión de saberes, prácticas y representaciones acordes con la ideología «civilizada» y que posibilitan la habilitación para la vida social deseada. Por eso, el orden de las acciones estratégicas está centrado en la escolarización, en el disciplinamiento y racionalización de la vida social cotidiana. Si la vida cotidiana, la multiplicidad de prácticas culturales, las particularidades comunales o territoriales configuran modos de vida confusos y opacos, no es esa la cultura acorde con la vida civilizada (4).

Saúl Taborda, en cambio, en lugar de poner énfasis en las instituciones pretende comprender los procesos de articulación entre lo cultural y lo político, lo que lo lleva a observar el carácter comunicacional y educativo de diferentes polos de identificación. Sabe que las instituciones cargan con antagonismos instituyentes, y además reconoce que las instituciones copiadas cargan con las marcas de antagonismos producidos en otros contextos sociales. Comprende que la desarticulación entre instituciones y situación político-cultural, provoca una crisis de reconocimiento e identificación, un vacío de referenciamiento para la constitución de sujetos. Es en aquellos polos, antes y después de la escolarización y de cualquier construcción discursiva de oposiciones binarias, donde en muchos casos se produce la integración social y se forjan y forman los sujetos. La vida sociocultural comunal, precisamente, con su carga de nomadismo (ahora sedentarizado) y con sus formas de generación de lo político, es el lugar donde múltiples polos especialmente incorporativos vienen a constituirse en sedes de encuentros, en ámbitos de copresencia, donde se conforma cierto «cuerpo común» (producto en la actualidad, acaso, de la inseguridad ontológica de la sociedad depredadora). En ellos se producen sentidos, a la vez que se forman sujetos, haciéndose imprecisas las fronteras construidas entre éstos y las instituciones (tanto la escuela como los medios), de modo que los horizontes, las prácticas y los lenguajes provenientes de cada «sede» se confunden y pugnan.

A esta altura, es posible conectar algunas de las tesis de Taborda con algunos elementos del posmarxismo (cosa que no creo ni ilusoria ni forzada: considero en este sentido que Taborda preanuncia muy tempranamente una reflexión posmarxista avant la lettre). En primer lugar, nos encontramos frente a un pensador de la revolución profundamente articulada con la cultura, donde «articulación» alude a toda práctica que establece una relación entre elementos, de modo que la identidad de éstos resulta modificada como resultado de esa práctica (cfr. Laclau y Mouffe, 1987: 119). No un «anti-marxista», sino un crítico de cualquier postulado determinista que omitiera dar cuenta de los rasgos diferenciales de las culturas particulares (cfr. Roitenburd, 1998: 167). Cabe aquí recordar la crítica de un stalinista a Saúl Taborda; en su momento Rodolfo Ghioldi (dirigente central del Partido Comunista argentino), un «marxista ortodoxo», señaló que Taborda era extraño ya que políticamente era de izquierda y asesor de gremios obreros, pero ocupaba posiciones de derecha en su pensamiento (Ghioldi, 1932: 67). En verdad, Taborda rehusó entramparse en una lectura que sólo pusiera énfasis en la lucha de clases o en otro análisis dicotómico del antagonismo social; tal como en el rasgo básico del posmarxismo, que no se centra ya en la noción tradicional del antagonismo social (burgueses-proletariado), sino en cualquiera de los antagonismos que, a la luz del marxismo, parecen secundarios y que, sin embargo, pueden adueñarse del papel mediador de todos los demás (cfr. Zizek, 1992: 25-26). He aquí cómo su comprensión y su pedagogía adquiere nuevos sentidos como rastro tradicional (residual) de las luchas democráticas (en el sentido de Laclau y Mouffe), sustentadas por el reconocimiento y el acento puesto en una multiplicidad de formas culturales, en una multiculturalidad como referente empírico.

En segundo lugar, nos encontramos ante un reconocimiento de polos múltiples de formación de sujetos y producción de sentidos; polos de formación subjetiva relacionados con una articulación entre lo político y la cultura. El polo central de formación de sujetos e identidades había sido, en el marxismo, casi exclusivamente el clasista: en general, las instituciones, las prácticas y los contenidos educativos aparecen centrados en torno a la identidad de clase, aunque eventual y secundariamente a la identidad racial, sexual o nacional. En Taborda nos encontramos con múltiples polos de formación de sujetos, en general ligados a las variaciones culturales comunales, pero articulados con lo nacional y lo global. Además, está en Taborda el reconocimiento de que las prácticas educativas no se llevan a cabo sólo en torno a las instituciones escolares (5), sino también en otras agencias que pueden no tener el carácter de institución, desbordando una concepción restrictiva proveniente del marxismo ortodoxo y presentando una situación más inasible para el análisis según los parámetros tradicionales (cfr. Buenfil Burgos, 1992: 115). Más aún: Taborda, como los posmarxistas (véase Buenfil Burgos, 1992: 116), pone en cuestión el carácter absoluto y fijo del sujeto educador, personificado en la figura del docente, como referente necesario para el sujeto de la educación; los referentes educativos, lejos del postulado docente unilateral y estático, no están prefijados ni son invariables, sino que se asumen como referentes que se constituyen en la misma práctica comunicacional-educativa. De este modo se hace posible pensar cualquier relación social y en cualquier espacio, como susceptible de convertirse en práctica y agencia educativa[6].

En fin, con Taborda nos hallamos con un pensador del antagonismo original (comunitario) y originario de la vida social y de lo político. Un antagonismo que escapa a la posibilidad de ser aprehendido por el lenguaje, por lo que, “lejos de ser una relación objetiva, es una relación en la que se muestran (...) los límites de toda objetividad”. Es el límite mismo de un orden “y no el momento de una totalidad más amplia respecto a la cual los dos polos del antagonismo constituirían instancias diferenciales -es decir, objetivas- parciales” (Laclau y Mouffe, 1987: 145-146). Hay un núcleo que resiste la integración-disolución simbólica: el antagonismo como núcleo fundamental, como división social traumática; frente a él, la ideología (como fantasía) no ofrece un punto de fuga, sino que nos ofrece la mismísima realidad social como huida precisamente de ese núcleo traumático, real (cfr. Zizek, 1992: 25; 76). Taborda ha mostrado de qué manera el antagonismo originario (en el sentido de «traumatismo nuclear»), lejos de superarse a través de un orden sociocultural y político oficial, es el fundamento de ese orden: el orden político «civilizado» pretende abandonar las formas comunales para alimentar la fantasía de su superación. Pero Taborda también sabe que lo simbólico de la gran estrategia civilizatoria, no logra ni integrar ni disolver el antagonismo comunitario: la política, en definitiva, no logra en la historia integrar-disolver lo político como expresión (como muestra imposible de decir, de ser aprehendida por el lenguaje) de aquél antagonismo. Comprende, finalmente, que la ideología oficial ofrece una sociedad «civilizada», a construir, como fantasía canalizadora del antagonismo. Porque también interpreta que el «trauma» original es un núcleo resistente a la totalización estratégica. Todo intento de suturar la hendidura original, toda acción estratégica que pretenda disolver/integrar el antagonismo que emerge en las prácticas culturales, está condenado al fracaso: es sólo una manera de posponer una imposibilidad fundamental (cfr. Zizek, 1992: 29).

Bibliografía

Buenfil Burgos, Rosa Nidia (1992), El debate sobre el sujeto en el discurso marxista: Notas críticas sobre el reduccionismo de clase y educación, México, DIE-IPN.
Cohen, S. (1972), Folk Devils and Moral Panics, Oxford, Martin Robertson; en O’Sullivan, T. y otros (1997), Conceptos clave en comunicación y estudios culturales, Buenos Aires, Amorrortu.
Curran, James (1998), “Repensar la comunicación de masas”, en J. Curran, D. Morley y V. Malkerdine (comp.), Estudios culturales y comunicación, Barcelona, Paidós.
Foucault, Michel (1991), Arqueología del saber, México, Siglo XXI.
Ghioldi, Rodolfo (1932), “Los partidos en filosofía”, en Escritos, T. I. Citado por S. Roitenburd, “Saúl Taborda: la tradición entre la memoria y el cambio”, en Rev. Estudios, Nº 9, Córdoba, Centro de Estudios Avanzados (Universidad Nacional de Córdoba), julio 1997-junio 1998.
Hall, Stuart (1980), “Encoding/Decoding in television discourse”, en S. Hall y otros, Culture, Media, Language, Londres, Hutchinson (Trad. de Silvia Delfino).
Hall, Stuart y otros (1978), Policing the Crisis, Londres, Macmillan; en J. Curran, D. Morley y V. Malkerdine (comp.), Estudios culturales y comunicación, Barcelona, Paidós, 1998.
José, Susana (1988), “Las alternativas del nacionalismo popular”, en A. Puiggrós, S. José y J. Balduzzi, Hacia una pedagogía de la imaginación para América Latina, Buenos Aires, Contrapunto.
Lauclau, Ernesto y Chantal Mouffe (1987), Hegemonía y estrategia socialista. Hacia una radicalización de la democracia, Madrid, Siglo XXI.
Martín-Barbero, Jesús (1989), Procesos de comunicación y matrices de cultura, México, Felafacs - G. Gili.
McLaren, Peter (1998a), “Pánico moral, escolaridad e identidades sexuales”, en Pedagogía, identidad y poder, Santa Fe, Homo Sapiens.
McLaren, Peter (1998b), Multiculturalismo revolucionario. Pedagogías de disensión para el nuevo milenio, México, Siglo XXI.
O’Sullivan, Tim y otros (1997), Conceptos clave en comunicación y estudios culturales, Buenos Aires, Amorrortu.
Puiggrós, Adriana y otros (1988), Hacia una pedagogía de la imaginación para América Latina, Buenos Aires, Contrapunto.
Roitenburd, Silvia N. (1998), “Saúl Taborda: la tradición entre la memoria y el cambio”, en Rev. Estudios, Nº 9, Córdoba, Centro de Estudios Avanzados (Universidad Nacional de Córdoba), julio 1997-junio 1998.
Taborda, Saúl (1936), “El fenómeno político”, en Homenaje a Bergson, Córdoba, Instituto de Filosofía de la Universidad Nacional de Córdoba.
Williams, Raymond (1997), Marxismo y literatura, Barcelona, Península.
Zizek, Slavoj (1992), El sublime objeto de la ideología, México, Siglo XXI.

Notas:
(1) En la gran estrategia sarmientina, el pasaje entre los polos de la oposición binaria se da a través de la escolarización: es ella la que permite el proceso de construcción de la civilización. Pese al propósito estratégico, resultará clave observar que las oposiciones binarias dejan un espacio intermedio (que hace las veces de límite entre los polos) que se puede caracterizar como ambiguo. Entre la civilización y la barbarie hay una categoría ambigua, que es simultáneamente lo uno y lo otro, y no es ni lo uno ni lo otro. Si la escolarización es considerada, ahora, no ya como una estrategia de pasaje sino como categoría ambigua, será posible comprender cómo en ella (en tanto escenario y proceso a la vez) aparece como fenómeno y simultáneamente tanto la civilización como la barbarie; como espacio y como práctica, la escolarización no es -en definitiva- ni civilización ni barbarie, sino frontera, pasaje y confusión de ambos polos.


(2) Sobre la noción de «pánico moral», véase S. Cohen (1972). El concepto es sumamente importante en los estudios culturales. En este marco, se ha sostenido que los medios de comunicación son capaces de movilizar un pánico moral alrededor de determinadas cuestiones o grupos, a los que se los hace depositarios de un síntoma de conflicto social; en definitiva, la producción de pánico moral opera como reforzamiento de la ideología, en la medida en que naturaliza determinadas situaciones o condiciones que aparecen en procesos, sectores o personas (cfr. J. Curran, 1998; S. Hall y otros, 1978). Por otra parte, las escuelas reproducen y promueven representaciones generadoras de pánico moral y percepciones correspondientes a una cultura del miedo al «otro», que lleva a justificar la vigilancia sobre las posibles prácticas «desviadas» (cfr. McLaren, 1998a), porque siempre el otro quiere robar nuestro placer, quiere echar a perder nuestro estilo de vida (cfr. McLaren, 1998b).
(3) La idea de «mitología de un orden anterior» está tomada de Susana José (1988). En ella se pretende resaltar un tipo de orden asociado al origen y fijado en el pasado, en el principio de la historia. En este sentido, representa lo arcaico en la tradición (cfr. Williams, 1997). La fuga al pasado, como recurso también estratégico, es característica de las corrientes de pensamiento folklóricas y románticas, que subrayan al «pueblo en la cultura» con el fin de refutar ideológica y políticamente a las posiciones liberales e iluministas que resaltan al «pueblo en la política» (cfr. Martín-Barbero, 1989: Capítulo IV). En los románticos, el «orden anterior» representa lo esencial, el fundamento, lo sustancial y lo original.
(4) Podría interpretarse la estrategia sarmientina como un proyecto de educación para la comunicación, en cuanto transmisión de modos «civilizados y racionales» de comunicación coherentes con un habitus civilizado también producido a través de la institución escolar. La apuesta a la institución escolar como forma de escolarizar (en su sentido amplio de disciplinamiento, racionalización y orden) las prácticas culturales y comunicacionales desordenadas, ha de ser -más tarde- apuesta a los medios en general para lograr los fines políticos de la hegemonía. Por eso, como sentido hegemónico, «educación para la comunicación» contiene una idea de comunicación transparente (que es la comunicación que logra experimentar el educado), en la medida de la transparencia del sujeto. Aquí está en ciernes tanto el ideal de la comunicación intersubjetiva universal y transparente, donde el sujeto es el sujeto de la reflexión trascendental (como en Habermas), como su contrario: el sujeto, también transparente, capaz de construir su propio modo de autodominio, capaz de inventarse, de producirse como sujeto a través de estilos de vida marginales que construyen su particular modo de subjetividad (como en Foucault). En ambas líneas, está el sujeto transparente, la personalidad acabada que domina las pasiones y hace de la vida una obra de bien o una obra de arte (cfr. Zizek, 1992: 24).
(5) En rigor de verdad, Sarmiento también considera el carácter formativo de sujetos del desierto, del campo, del territorio sin límites. Pero la formación del habitus por la naturaleza, sin embargo, no puede denominarse (al menos en las ideas de Sarmiento) «educación». En su sentido político, la educación indica el proceso de formación de ciudadanos y productores; lo cual se hecho evidente el sometimiento del sentido pedagógico de la educación, para dejarlo a merced de la idología política oficial (tal como lo denuncia Taborda).
(6) Cabe mencionar, en este sentido, que el proceso educativo ha sido definido por el Grupo APPEAL (Alternativas Pedagógicas y Prospectiva Educativa en América Latina) como un “proceso de producción (reproducción o transformación), circulación y recepción o consumo de prácticas y sentidos específicos” (Puiggrós y otros, 1988: 25); se evidencia aquí como notable la conceptualización del proceso educativo como un proceso comunicacional, si nos atenemos a la noción de comunicación de Stuart Hall (cfr. Hall, 1980).

Navegaciones y migraciones culturales lógicas sociocomunicativas en la sociedad del conocimiento

Francisco Sierra   
Departamento de Periodismo
UNIVERSIDAD de SEVILLA

INTRODUCCIÓN

El horizonte cultural de la denominada sociedad-red perfila en nuestro tiempo el contorno de una forma diversa y compleja de intercomunicación, en la que la diferencia es la norma y el ruido creatividad (Castells, 1997) (Downey/McGuigan, 19999. Si una característica define los itinerarios culturales de la experiencia comunicativa tardomoderna es sin duda el nomadismo. La desterritorialización y aculturación producidas por la dialéctica acelerada del cambio social en la época contemporánea convierten hoy la comunicacación itinerante en norma del consumo cultural, desformalizando los puntos de anclaje de la experiencia, al punto de condensar en la metáfora de la navegación el único marco posible y deseable del actual orden social, y simbólico, con el que se construyen los campos del imaginario social. Como resultado de este proceso intensivo de mediación industrial del universo simbólico, emerge, con toda su transparencia, una semiosfera permanentemente atravesada por el conflicto y la contradicción, la apertura y confusión interdiscursiva, así como la autorreferencialidad y el multiculturalismo (Abril, 1997) (Chambers, 1995) (Clifford, 1999).

En el paso de la interdiscursividad a la transdiscursividad transitiva de un orden comunicacional que eleva a su máxima potencia las capacidades combinatorias de la información, hemos redescubierto, al fin, que "lo sígnico es el campo de la indeterminación, de la ambivalencia, de la desviación, de la relatividad; es el campo (en fin) en el que todo se decide socialmente, y se determina por circunstancias, por relaciones, por prácticas sociales, que se especifican en cada ocasión" (Ponzio, 1998 : 114). Hoy sabemos que los procesos discursivos son mucho más complejos de lo que pensara el paradigma informacional, pues, entre otras cosas, las prácticas comunicativas están en buena parte guiadas por una lógica abductiva, por procesos de cognición de segundo y tercer orden, a partir del lenguaje posicionado e instituyente, de las mediaciones y expresiones culturales por las que el sujeto transforma losmundos de vida que le constituyen y definen (Abril, 1997) (Hall/Du Gay, 1996) (Ibáñez, 1994) (Liebes/Curran, 1998) (Sierra, 1999). Como bien apuntara hace tiempo Lotman, los estratos ecosistémicos de significación operan en diferentes niveles y a través de complejas y contradictorias correlaciones internas, en un espacio semiótico construido a base de intersecciones múltiples y diferentes grados de traducibilidad (Lotman, 1999).

En la fundamentación de un enfoque teórico de la complejidad transcultural de los discursos "capaz de sostener la tensión entre identidad y diferencia, entre singularidad y pluralidad, entre estabilidad significativa y apropiación del sentido" (entre sistema y entorno, dirá Lotman), se advierte por tanto la necesidad de pensar el horizonte semiótico de la nueva comunicación como un horizonte problemático, diverso, conflictivo y, sólo aparentemente inconexo, a partir de los múltiples vínculos y de las redes de relaciones imbricadas en el cambio cultural que vivimos (Zavala, 1996).

 

EL ENREDO DE LA MEDIAMORFOSIS

En el nuevo espacio-tiempo de las comunidades virtuales de información y conocimiento que hoy transforma el imaginario colectivo, la primera y principal pregunta que cabe hacerse a este respecto es por la representación que de la sociedad hacemos y las relaciones que hay entre esta representación y las situaciones y acciones en que intervenimos y con las que construimos, en la era de las máquinas inteligentes, desde lo inmediato ese entorno extraño, a la vez que trascendente, que es lo social. La cibercultura ha traído a primer plano, en este sentido, nuevos cursos metafóricos con los que leer y escribir colectivamente, el lazo social, transformando significativamente los patrones culturales y marcos de referencia de la modernidad (Echeverría, 1995) (Harvey, 1989).

Las nuevas formas de organización de lo informativo por medio de los sistemas digitales de procesamiento de datos está modificando, de hecho, las habituales pautas de consumo y expresión cultural, haciendo viable no ya la intertextualidad productiva, teorizada con rigor por Bajtín, sino incluso, potencialmente, la producción textual universalizada, así como nuevas sinergias cognitivas a través de las redes de intercomunicación social (Landow, 1995).

Las características más destacables de este nuevo dominio electrónico son, entre otros rasgos :

 


  • La interconexión y multilinealidad de los medios de comunicación colectiva.

  • La "hipertinencia informativa" como resultado de la focalización precisa de los nuevos instrumentos de procesamiento de información.

  • Una nueva relación simbiótica entre inteligencia y lenguaje.

  • La socialización del poder de informar y pensar, colectivamente, a través de las redes de interacción y conexión en tiempo real.

  • La aceleración y crisis de los flujos integrados de información y conocimiento.

  • La fragmentación, descontextualización y recombinación informativa.

  • Y la transparencia global del universo simbólico en tiempo real (De Kerckhove, 1999) (Piscitelli, 1995) (Piscitelli, 1998).

Con la conectividad global en las nuevas redes multimedia, el proceso de transmisión y asimilación del conocimiento participa así de una lógica descentralizada y reflexiva de intercomunicación, que revoluciona y desformaliza las actuales estructuras y procedimientos institucionales consagrados por el sistema social. Esta tendencia emergente en la evolución de los nuevos medios, y las nuevas mediaciones culturales, tiene su máxima expresión en el movimiento cibercultural que anima Internet. Un entorno que expresa, al menos indicialmente, lo que a nuestro juicio significa la revolución digital en el ámbito de las culturas mediáticas, como resultado de cuatro desplazamientos fundamentales :

  1. El paso de la linealidad a la transversalidad informativa.

  2. El desplazamiento de las formas unidireccionales por la multidireccionalidad comunicativa.

  3. La sustitución de una lógica económico-política difusionista por una estrategia de valorización editorial.

  4. La preeminencia de la comunicación interpersonal sobre lo masivo.

  5. El regreso al sujeto, de la visión unidimensional a una concepción compleja del universo cultural.

La tecnología multimedia plantea, en opinión de De Kerckhove, una reconceptualización de los problemas de información y conocimiento, respecto a la estructura social y la cultura de nuestro tiempo. Pues, entre otras razones, el sistema multimedia cuestiona la concepción informática de la comunicación, en favor de una concepción interactiva, compleja y dinámica de los procesos culturales, y de la actividad y la organización social, acorde con la naturaleza dialéctica y construida – estructura, pero también estructurante y estructurable – de toda ecología humana.

La "desrealización" del orden informativo por los nuevos medios digitales trastoca así los parámetros de medición, representación y control cultural, dando lugar a la emergencia de lo imaginario, históricamente reprimido en la consolidación y materialización de la identidad autocentrada y racionalizadora del sujeto de la modernidad, del "homo typgraphicus" (Ford, 1994) (García Canclini, 1997) (Poster, 1993). En la medida que las redes telemáticas y las nuevas tecnologías digitales están separando la información del plano físico de transmisión, lo que permite hoy que cualquier sujeto utilice la tecnología de la producción textual en su máxima potencia, la universalidad y homogeneidad constitutivas de la comunicación de masas entran así, en la práctica, definitivamente en crisis, como también, desde luego, en la teoría.

 

TEORIZAR LA COMPLEJIDAD; COMPLEJIZAR EL PENSAMIENTO

En el tiempo de las "redes distópicas", de los flujos de transversalidad informativa, los procesos de comunicación constituyen fenómenos de una densidad sociocultural problematizadora (Galindo, 1998). La crisis de la razón en nuestro tiempo es la puesta entre paréntesis del poder de representación, la conciencia de los laberintos que escapan a la horizontalidad del mapa, asumiendo de antemano la imposibilidad de cartografiar el mundo en el que vivimos con garantía de éxito (Jameson, 1996) (Lash/Urry, 1998) (Gargani, 1983). Pues la multidimensionalidad de los fenómenos sociales abordados revela la complejidad constitutiva de la realidad que percibimos y transformamos, en el proceso mismo de definición de los límites de lo real y de lo imaginario ( Poster, 1990).

Pensar teórica y metodológicamente, la comunicación significa hoy proyectar dinámicas nómadas, dislocadas, del vivir y vagar humanos en la contemporaneidad cultural discontinua que vivimos (Guattari/Negri, 1998) (Curran/Morley/Walkerdine, 1998).

La multiplicación de los referentes y repertorios culturales, la diversificación y con/fusión de los discursos mediáticos, la convergencia de los dispositivos y recursos tecnológicos y la misma transformación incesante de la ecología de medios, en virtud de la tendencial orientación integrada de soportes, canales y entornos, han favorecido una multiplicación y continuo mestizaje de los imaginarios que, más que respuestas ajustadas, solicitan del investigador estrategias de identificación y consideración de los problemas asociados a estos procesos con mayor reflexividad y capacidad de autodeterminación (Guattari/Negri, 1996).

Lejos como hemos visto de seguir un modo de producción unívoco, jerarquizado y distributivo, la producción social de información y conocimiento se organiza en la era Internet por medio de procesos transversales y multidireccionales de codeterminación y de integraciones e hibridaciones varias por las que se intercambian y comparten, en algunos casos indistintamente, entre diferentes gruupos, los repertorios, referentes e imaginarios colectivos, así como las señas y componentes de identificación y pertenencia, como parte de una dinámica de "ensamblaje social" en la que aquellas comunidades tradicionalmente desapercibidas pueden ser objeto de acceso para el conjunto de las comunidades imaginarias (García Canclini, 1997). En este contexto, la identidad cultural y la producción simbólica son condicionadas por nuevas coordenadas espaciotemporales de recreación de los sentidos pertinentes y necesarios para el sujeto de la modernidad reflexiva, de acuerdo con prácticas sociales y lógicas institucionales que afectan incluso las condiciones de delimitación lingüística y revelan el carácter dialógico de la producción social de la cultura (Sierra, 1999) (Adam, 1990).

En la dialéctica de la desterritorialización y la reterritorialización acelerada, la cultura ha sido sometida en la época moderna a un proceso de progresivo desanclaje para llegar hasta nuestros días a imponer el nomadismo como condición de la experiencia cultural tardomoderna. La cultura de la navegación, la cultura de la crisis comunicacional, de las migraciones y mediaciones culturales hibridadas y descentradas, polivalentes y diversas, ha transgredido así definitivamente las leyes culturales de la proxemia, del territorio y las fronteras, de los modos de identificación de lo propio y lo ajeno, de lo cosmopolita y lo local, para ir instaurando una lógica transversal y constructiva – autónoma, diríamos – de producción de las diferencias culturales, en función de una forma de organización espaciotemporal de la experiencia, del sentir y del sentido, del saber y del creer, que por necesidad ha asumido por principio la interculturalidad, el reconocimiento del otro, de la alteridad como identidad y asimismo el principio de una cultura del diálogo.

En la encrucijada semiótica de la complejidad cultural, el investigador en comunicación ha de pensar por consiguiente las matrices de articulación diversa del tejido sociocultural tramado en nuestras formas contextuales, históricas – pero también situacionales y vivenciales – de acción, conocimiento y representación social como un problema de aprendizaje constructivo de identificación y diálogo intersubjetivo a través de las redes transversales de producción del imaginario

Tales cambios apuntan la necesidad, satisfecha en parte por la trayectoria seguida hasta ahora por los estudios culturales, de una reorientación de la agenda y las líneas estratégicas de la investigación en comunicación :



  • De los efectos a la interpretación de las formas de construcción del sentido.

  • De la cuantificación y la reducción metodológica positivista al pluralismo e integración de teorías, métodos y técnicas cuantitativas y cualitativas de investigación.

  • De la reflexividad alienada al pensamiento reflexivo sobre los procesos de producción y determinación del conocimiento sobre, en y desde las culturas mediáticas.

  • De la lógica delimitadora del campo científico a la transdisciplinariedad y la deslimitación polivalente de los referentes disciplinarios de comprensión de lo real informativo.

  • Y del pensamiento simplificador al reconocimiento de la complejidad como principio estructurante de todo saber comunicacional.

Los logros alcanzados por la Teoría de la Información en las formas de acceso y representación de las culturas mediáticas muestran, en efecto, un horizonte de saber complejo que los investigadores en comunicación han de considerar, consecuentemente, en su esfuerzo por construir y determinar, prácticamente, el universo de la mediación desde una clara voluntad democratizadora, esto es, desde una competencia y reflexividad cognitiva metacomunicacional, que integre no sólo realidades disímiles sino también actores y grupos distintos. La nueva ecología de la comunicación exige, en este sentido, una ética dialógica de la comunicación, como cultura de aprendizaje de las multimediaciones culturales, que haga factible la apropiación simbólica, y material, del universo de la información, a partir de la problemática tensión entre la identidad y la diferencia, la unidad (coherencia significativa) y la pluralidad (la apropiación del sentido) que invariablemente nos muestra la experiencia cotidiana en la que vivimos y materializamos la producción y reproducción de las representaciones sociales (Hall/Du Gay, 1996).

La apuesta por una ética comunicativa adquiere aquí, desde luego, una dimensión civilizatoria y manifiesta una concepción lingüística coherente con la plurivocidad y pluridiscursividad del universo sociocomunicativo en el que nos desenvolvemos, como realidad producida comunitariamente en los contextos histórico-culturales concretos en los que la palabra se presta, negocia, construye e intercambia. En este sentido, "la revolución bajtiniana consiste en volver a proponer – y además como condición de posibilidad concreta objetiva, material, histórico-social, y no abstracta, utópica – la dialogía de una diferencia que, por su constitución, está imposibilitada a ser indiferente respecto al otro" (Ponzio, 1998 : 15). El diálogo, decía Freire, es una condición existencial y atraviesa los procesos de subjetivación, histórica y socialmente. "Las intersecciones de los espacios de sentido, que generan un sentido nuevo, están ligadas a la conciencia individual. Con la difusión sobre todo el espacio de una lengua dada, tales intersecciones forman las consabidas metáforas lingüísticas. Estas últimas son hechos de la lengua común de la colectividad" (Lotman, 1999 : 35).

El espacio de la transdiscursividad, en otras palabras, es la realización de la comunicación como comunidad : el reconocimiento de las redes intersubjetivas y comunitarias de interacción y socialización (Dabas/Najmanovich, 1995). Lógicamente, la función del sujeto, del intelectual, investigador o analista de los medios, dista aquí un abismo de la perspectiva semiocentrista o informacional del teórico como lector o intérprete privilegiado de los signos culturales. "El lugar del sabio ya no es el lugar del especialista, sino el lugar universalizante del multiespecialista, o mejor, de una comunidad intersubjetiva" (Ibáñez, 1986 : 99).

Si las estructuras de cambio, las implosiones y explosiones culturales, las dinámicas de aculturación e interculturalidad, materializadas en las nuevas formas institucionales de mediación social, proyectan en nuestra época un horizonte inestable, móvil, hibridado, de una cultura glocal revolucionada, y revolucionaria, parece lógico pensar que, ante la emergencia de una semiosfera mediática como ésta, se trate de captar el universo simbólico de manera distinta, a través de un estilo de investigación participado, que asuma en su radical diferencia la heterogeneidad instituyente de las prácticas culturales. De la futura asimilación de esta nueva cultura de investigación dependerá, no quepa duda, las posibilidades de la democracia y los derechos de la ciudadanía, así como , por supuesto, el alcance de la revolución cognitiva con los nuevos medios de aprendizaje en el proceso de configuración de lo que ya algunos autores denominan "tercer entorno".

 

COMUNICACIÓN, UNIVERSIDAD Y CAMBIO SOCIAL

Todo sistema – advierte Edgar Morin – es, por definición, abierto y cerrado. Para reconocerse como tal debe proceder a establecer clausuras y distinciones con el ecosistema en el que se instituye. Pero, al tiempo, necesita abrirse a los cambios y turbulencias del entorno como condición de subsistencia. El campo profesional de los comunicadores ha tendido sin embargo, en los últimos años, a un encerramiento estéril, poco adecuado a los retos culturales que emergen con la nueva sociedad del conocimiento, mientras la formación universitaria camina rutinariamente por los caminos trillados de la ciencia periodística, trazados hace más de un siglo.

Esta, sin duda alguna, es la contradicción más significativa de nuestro tiempo, pues pensamos – parafraseando al profesor García Canclini – como ciudadanos del siglo XIX, cuando en realidad los usuarios de la comunicación son consumidores que viven y se relacionan a partir de patrones culturales del nuevo milenio.

La transformación social acelerada y el desarrollo de nuevas condiciones culturales de organización del cambio social establecen, ciertamente, un nuevo escenario de interacción comunicativa que exige lógicamente nuevas respuestas en las estrategias formativas de los profesionales de la comunicación.

La ecología mediática que emerge del modo de producción informativa con el que leemos, trazamos y activamos el lazo social favorece sinergias cognitivas que multiplican la creatividad cultural haciendo necesario un nuevo sujeto profesional de la información :


      • REFLEXIVO.

      • POLIVALENTE.

      • Y con una visión COMPLEJA y TRANSVERSAL del universo sociocomunicativo.

El nuevo mediador cultural de la civilización tecnológica no debe, ni puede, seguir ejerciendo como informador, como dispositivo amplificador de fuentes institucionales, como con el habitual tratamiento de la noticia, por ser él mismo fuente y servidor cultural, en el escenario de la convergencia de las nuevas comunidades hermenéuticas. La sociedad informacional está creando un universo capilar de canales, medios, contenidos y señales en el que la socialización del poder de informar y pensar, colectivamente, a través de las redes de interacción y conexión en tiempo real cuestiona radicalmente la función periodística, tal y como la conocemos. Convergencia y comunidad, estas son dos de las palabras clave de la sociedad del conocimiento, a juicio de los futurólogos de la civilización tecnológica, a los que cabría añadir la relevancia de los contenidos.

Sin entrar a analizar los cambios del entorno que los nuevos profesionales de los medios observan sin considerar a fondo, en el propio sistema informativo hoy se constatan cambios – no sólo tecnológicos – significativos que inciden en la necesidad de un replanteamiento de la actividad de los mediadores de la comunicación y, desde luego, de la cultura profesional y académica que la sustenta. En la era de la "conectividad global", el profesional de las industrias de la conciencia debe, en consecuencia, dejar de ser un informador para comunicar, como medio (él mismo) de reflexividad social, las trayectorias, las pautas, los desniveles y contradicciones del campo cultural.

Lo que viene demandando la sociedad cognitiva es una competencia informativa centrada más que en el contenido, o el producto, en el proceso. El comunicador, en otras palabras, debe proporcionar herramientas y mapas de navegación, debe garantizar los medios necesarios para cartografiar el universo cultural, haciendo factible la "hipertinencia informativa" en la focalización y acceso preciso a la información necesaria, al conocimiento. Esto es, el sujeto profesional de los medios debe pensar al revés, debe replantear una nueva relación simbiótica entre inteligencia y lenguaje, desde una lógica de la interlocución y la pluralidad, del multiculturalismo y de la dialogicidad característicos de las sociedades complejas, o de las sistemas sociales de segundo orden.

La idea apuntada aquí no es ni mucho menos original, salvo en relación a. las condiciones históricas en las que se formula. Cuando en 1964, CIESPAL diseñó el plan tipo de Escuela de Ciencias de la Información Colectiva, proponiendo una concepción del COMUNICADOR POLIVALENTE como un profesional apto para desempeñar cualquier actividad comunicativa dentro de la industria cultural, anticipaba hace décadas una tendencia hoy imparable en el campo profesional, cuyo universo de acción, al que deben enfrentarse los futuros egresados, es por definición múltiple y diverso.

La formación integral de los saberes prácticos y los conocimientos teórico-metodológicos constituye pues un primer compromiso frente a la especialización y la fragmentación tecnológica hoy dominante en los diseños curriculares de las Facultades y centros de educación superior del campo académico.

Tampoco podría decirse que la apuesta por modelos de formación que vinculen la comunicación al desarrollo sea nueva. Desde la década de los sesenta, las facultades y escuelas latinoamericanas de comunicación han venido creando unidades y políticas de investigación pensadas al servicio del "desenvolvimiento comunitario". Hoy, sin embargo, adquiere, como veremos, una nueva función y sentido social a raíz del cambio mediático en marcha. La preeminencia de la comunicación interpersonal sobre lo masivo ha afirmado como necesaria en nuestra época la política de la diferencia y el reconocimiento de la compleja trama cultural de un horizonte semiótico conflictivo, diverso, nómada, hibridado y progresivamente des(re)territorializado.

En este escenario, la garantía del progreso de la comunicación crecientemente diversificada y con/fusa de los discursos mediáticos es el regreso al sujeto. Si el periodismo clásico ha impuesto al profesional de los medios la norma cartesiana de la objetividad, según la lógica difusionista y – en palabras de Moles – también conservadora de la cultura de masas, hoy el profesional de la comunicación tiene ante sí el reto de la intersubjetividad y del diálogo.

El problema es si la enseñanza en nuestras facultades y escuelas de comunicación es la adecuada a este reto de la intersubjetividad. Parece lógico pensar, por un lado, que la defensa profesional del derecho a la información como una prerrogativa exclusiva (y excluyente) del ejercicio de la mediación a cargo de las instituciones y profesionales de la actividad informativa no es sostenible en el actual horizonte mediático. La cultura de la interactividad que empieza a socavar nuestras instituciones demanda un modelo de organización y formación distintos. En la era Internet, el razonamiento jurídico no puede legislar en términos de escasez de canales privilegiando así el acceso a las fuentes de los profesionales de la información, del mismo que las políticas culturales no pueden ser definidas en términos de distribución (y democratización) de la cultura, desde una concepción despótica del saber y del poder social, cuando asistimos a la lógica de la multiplicación y autogeneración del conocimiento, en manos del obrero social (Negri, 1980).

En la universidad, seguimos formando sin embargo a periodistas según los principios que Edgar Morin ha criticado como pensamiento simplificador y bárbaro, esto es, como un pensamiento monológico y autocentrado. En nuestras facultades la enseñanza de los profesionales de la comunicación tiende por lo general a la especialización y a la fragmentación, a la rutina y, sobre todo, a la jerarquización y a la unidireccionalidad.

Hace muchos años, en la década de los setenta, cuando el pensamiento crítico renunció a caminar por los itinerarios culturales trazados y ya conocidos, en su apuesta por la utopía, recuerdo que algún que otro comunicólogo señalaba que en la era de la explosión mediática era necesaria la implosión educativa, convirtiendo los centros de educación superior en comunicación en laboratorios de experimentación social. A la vista de las tendencias dominantes en la investigación en comunicación, lejos quedan desde luego aquellas propuestas. Ello no significa, sin embargo, que hayan perdido vigencia. La cultura académica que demanda la sociedad y el mundo en que vivimos pasa por la utopía, por la imaginación, por la creatividad, por unos centros de formación de comunicadores orientados a la Investigación y el Desarrollo (I+D).

Nuestras instituciones universitarias caminan , sin embargo, en dirección contraria, desestructurando las escasas formas de articulación social, más allá del mercado.

Al ser un campo académico insuficientemente formalizado y de relativa juventud, pero sobre todo, al regirse por una lógica mercadotécnica, se observa :



      1. Una inflación desregulada de títulos y cursos formativos sin control ni evaluación de calidad.

      2. Una insuficiente formalización institucional.

      3. La ausencia de diálogo interfacultativo a nivel académico.

      4. Una excesiva arbitrariedad en la planeación de los estudios.

      5. La consecuente improvisación de las políticas curriculares.

Tales tendencias se agravan aún más, en los últimos años, por la asimilación de una política neoliberal, de nefastas consecuencias en el campo profesional y académico. El binomio Universidad/Empresa ha sido progresivamente instalado en el mismo corazón de los programas universitarios, asumidos por todas las políticas culturales de raigambre educativa. Competitividad, modernización, calidad y excelencia académica son los conceptos-anzuelo instrumentados a modo de panoplia por el nuevo discurso publicitario del capital que la contraofensiva conservadora ha generalizado privatizando el conocimiento : directamente, mediante la eclosión de universidades e institutos de investigación privados, e indirectamente, con la asunción de los principios modernizadores de la globalización.

La Universidad constituye de este modo un fondo de inversión , eje de diversas acumulaciones :



      • Acumulación de estudiantes como mano de obra descualificada.

      • Acumulación de capital económico como objeto de mercadeo cultural (industrialización del negocio educativo).

      • Acumulación de saber como inflación de productos académicos y titulaciones (producción en serie de la oferta para una demanda diferenciada).

      • Acumulación de tiempo como capital expropiado a los sujetos en su trayectoria acumulativa de conocimiento en su paso por la Universidad.

      • Y acumulación de saber-hacer como apropiación de "plusvalía ideológica" de carácter profesional, esto es, como saber-poder.

Situada entre la duda de lo complejo y lo dado por manifiesto, la institución universitario se pliega a la imperiosa agenda de las necesidades inmediatas (medir el conocimiento de los alumnos para deglutir su saber), llevada por la inercia y los requerimientos burocráticos del poder y jerarquías existentes por siglos en los templos del saber.

Si la renuncia a la reflexividad epistemológica ("para qué poder saber") abandona a la Universidad a la suerte práctica del saber como técnica o saber-hacer operativo, al margen del núcleo de las transformacioines que experimenta el proceso de producción y distribución del conocimiento social, las consecuencias de esta política cultural en el caso de la comunicación son mucho más patentes si cabe :



      • Los planes de estudio han sido orientados pragmáticamente promoviendo una cultura tecnocrática de la división más que del compartir.

      • La proliferación de licenciaturas en comunicación ha devaluado, según la lógica del saber-poder, los saberes profesionales como parte de la estrategia económica que favorece el dumping social.

      • La escasa estructuración organizativa, a nivel gremial, ha favorecido el intrusismo.

      • La multiplicación de titulaciones y el crecimiento acelerado del número de egresados ha favorecido la depauperización del nivel académico por la absorción de parte de los titulados en la propia academia.

      • Como consecuencia, el desprestigio profesionawl y el excesivo pragmatismo ha impedido el apoyo a las políticas de investigación básica y la ayuda a la formación de investigadores capaces de renovar el campo práctica y teóricamente.

El neoliberalismo educativo iniciado en los años ochenta ha institucionalizado finalmente el campo académico bajo el manto protector de la cultura privativa. Las escuelas se orientan así al problema de la competencia comunicacional como dominio de la técnica según un modelo profesionalista orientado por tres principios:

      • Capacitar técnicamente a los futuros comunicadores.

      • Ajustar los conocimientos a las demandas del mercado laboral.

      • Formar habilidades prácticas en el dominio del campo informativo.

Al margen quedaron los principios básicos de la formación intelectual humanista, el conocimiento crítico de la sociedad y la cultura, así como la vocación reflexiva de los comunicadores. La flexibilidad y polivalencia que demanda el nuevo modo de organización de la producción se identifican hoy con el culto a la empresa y el discurso productivista de la calidad total. Un enfoque a todos luces poco válido si observamos, como hemos apuntado, los procesos de transversalidad y extitucionalización de la sociedad digital.

Dicho de otro modo, si en términos foucaultianos Saber es Poder, la educación de los comunicadores ha de cumplir un papel transformador adecuado al cambio social, mediante una praxis investigadora que conciba la información y el conocimiento como socialización del poder. El reto, en fin, es articular, religar, contextualizar, hacer realidad el proceso de globalización cultural a partir de tres principios – dialógico, recursivo, hologramático – básicos en la reforma del pensamiento y del aprendizaje, como un proceso de integración de la complejidad humana : aquí y ahora. Pues, como nunca antes, la distribución del saber social y el modo de organización informacional del conocimiento se ha revelado como un problema básico de supervivencia.

 

 

BIBLIOGRAFÍA



.- ABRIL, G. (1997) : Teoría General de la Información, Madrid : Cátedra.

.- ADAM, B. (1990) : Time and Social Theory, Cambridge : Polity Press.

.- ADAMS, Richard (1978) : La red de la expansión humana, México : Ediciones de la Casa Chata.

.- ALEXANDER, J. Y SEIDEMAN, S. (Eds.) (1990) : Culture and Society, Contemporary Debates, Cambridge : Cambridge University Press.

.- ANDERSON, B. (1983) : Imagined Communities, Londres : Verso.

.- AUGÉ, Marc (1993) : Los no lugares. Espacios del anonimato. Una antropología de la sobremodernidad, Barcelona : Gedisa.

.- BAYARDO-MONICA, Rubens (Comp.) (1997) : Globalización e identidad cultural, Buenos Aires : Ediciones CICCUS.

.- BEHABIB, S. (1992) : Situating the Self : Gender, Community and Postmodernism in Contemporary Ethics, Cambridge : Polity Press.

.- BOYNE, R. y RATTANSI, A. (Eds.) (1990) : Postmodernism and Society, Londres : Macmillan.

.- BRAIDOTTI, R. (1994) : Nomadic Subjects : Embodiment and Sexual Difference in Contemporary Feminist Theory, Nueva York : Columbia University Press.

.- BRETON, P. y PROULX, S. (1990) : La explosión de la comunicación, Barcelona : Ediciones Civilización.

.- CADOZ, Claude (1995) : Las realidades virtuales, Madrid : Editorial.

.- CAREY, J.W. (1989) : Communication as Culture : Essays on Media and Society, Nueva York : Roultledge.

.- CASTELLS, Manuel (1995) : La ciudad informacional, Madrid : Alianza Editorial.

.- CASTELLS, Manuel (1997) : La era de la información. Economía, sociedad y cultura, Madrid : Alianza.

.- CHAMBERS, Iain (1995) : Migración, cultura, identidad, Buenos Aires : Amorrortu Editores.

.- CLASSEN, Constance (1993) : Worlds of sense. Exploring the senses in history and across cultures, Londres : Routledge.

.- CLIFFORD, J. (1999) : Itinerarios transculturales, Barcelona : Gedisa.

.- CURRAN, James; MORLEY, D. & WALKERDINE, V. (Comps.) (1998) : Estudios culturales y comunicación. Análisis, producción y consumo cultural de las políticas de identidad y el posmodernismo, Buenos Aires : Paidós.

.- DABAS, Elina y NAJMANOVICH, Denise (Comps.) (1995) : Redes. El lenguaje de los vínculos, Buenos Aires : Paidós.

.- DE KERCKHOVE, Derrick (1998) : "Inteligencia conectada y mente colectiva", en Revista de Occidente, número 206, Madrid.

.- DE KERCKHOVE, Derrick (1999) : La piel de la cultura. Investigando la nueva realidad electrónica, Barcelona : Gedisa.

.- DELEUZE, Gilles y GUATTARI, Felix (1988) : Mil mesetas. Capitalismo y esquizofrenia, Valencia : Pre-textos.

.- DERY, M. (1998) : Velocidad de escape. La cibercultura en el final de siglo, Madrid : Ediciones Siruela.

.- DE SOLA POOL, Ithiel (1993) : Tecnología sin fronteras, México : FCE.

.- DOWNEY, John y McGUIGAN, Jim (Eds.) (1999) : Technocities. The Culture and Political Economy of the Digital Revolution, Londres : Sage.

.- EAGLETON, T. (1997) : Las ilusiones del posmodernismo, Barcelona : Paidós.

.- ECHEVERRÍA, Javier (1994) : Telépolis, Barcelona : Destino.

.- ECHEVERRÍA, Javier (1995) : Cosmopolitas domésticos, Barcelona : Anagrama.

.- FEATHERSTONE, M. y BURROWS, R. (Eds.) (1996) : Cyberspace, Cyberbodies, Cyberpunk, Londres : Sage.

.- FEATHERSTONE, M. (Ed.) (1990) : Global Culture : Nationalism, Globalisation and Modernity, Londres : Sage.

.- FORD, Aníbal (1994) : Navegaciones. Comunicación, cultura y crisis, Buenos Aires : Amorrortu Editores.

.- GALINDO, Jesús (1998) : "Redes, Comunidad Virtual y Cibercultura", en Razón y Palabra, número 10, Abril-Junio, ITESM, México.

.- GARCIA CANCLINI, N. (1997) :Cultura y comunicación : entre lo global y lo local, La Plata : Ediciones de Periodismo y Comunicación.

.- GARGANI, Aldo (Ed.) (1983) : Crisis de la razón. Nuevos modelos en la relación entre saber y actividad humana, México : Siglo XXI.

.- GEERTZ, Clifford (1996) : Los usos de la diversidad, Barcelona : Paidós/UAB.

.- GRANDI, Roberto (1995) : Texto y contexto en los medios de comunicación, Barcelona : Bosch.

.- GROSSBERG, L.; NELSON, C. Y TREICHLER, P.A. (Comps.) (1992) : Cultural Studies, Londres : Routledge.

.- GUATTARI, F. y NEGRI, T. (1996) : Las verdades nómadas. Por nuevos espacios de libertad, San Sebastián : Gakoa.

.- HALL, Stuart y DU GAY, Paul (Eds.) (1996) : Questions of Cultural Identity, Newbury Park : Sage.

.- HARAWAY, D.J. (1991) : Private Visions, Londres : Verso.

.- HARVEY, D. (1989) : The Condition of Postmodernity : An Inquiry into the Origins of Cultural Change, Oxford : Blackwell.

.- HOLMES, David (Ed.) (1997) : Virtual Politics. Identity and Community in Cyberspace, Londres : Sage.

.- IBÁÑEZ, Jesús (1985) : Del algoritmo al sujeto. Perspectivas de la investigación social, Madrid : Siglo XXI.

.- IBÁÑEZ, Jesús (1994) : El regreso al sujeto. La investigación social de segundo orden, Madrid : Siglo XXI.

.- IBAÑEZ, Jesús (1994) : Por una sociología de la vida cotidiana, Madrid : Siglo XXI.

.- JAMESON, Fredric (1996) : Teoría de la posmodernidad, Madrid : Editorial Trotta.

.- JANKOWSKI, Nicholas: JONES, Steve y SAMARAJIVA, Rohan (Eds.) (1999) : New Media & Society, Londres : Sage.

.- JONES, Steve (1997) : Virtual Culture, Londres : Sage.

.- KEMBER, S. (1996) : Virtual Anxiety : Photography, New Technology and Subjectivity, Manchester : Manchester University Press.

.- KING, A. (Ed.) (1991) : Culture, Globalization and the World System, Hampshire : Macmillan.

.- LANDOW, G. (1995) : Hipertexto. La convergencia de la teoría crítica contemporánea y la tecnología, Barcelona : Paidós.

.- LASH, S. Y URRY, J. (1998) : Economías de signos y espacio, Buenos Aires : Amorrortu Editores.

.- LIEBES, Tamar y CURRAN, James (Eds.) (1998) : Media, Ritual and Identity, Londres : Routledge.

.- LOHISE, J. (1991) : L´homme et le cyborg, Bruselas : De Boeck Université.

.- LOTMAN, Yuri (1999) : Cultura y explosión, Barcelona : Gedisa.

.- MACKENZIE, Donald y WAJMAN, Judy (1987) : The social shaping of technology, Londres : Open University Press.

.- MAHERZI, Lofti (Coord.) (1999) : Informe Mundial sobre la Comunicación. Los medios frente al desafío de las nuevas tecnologías, Madrid : UNESCO/CINDOC.

.- MARTÍN BARBERO, J. y SILVA, A. (Comps.) (1997) : Proyectar la comunicación, Bogotá : Tercer Mundo Editores.

.- MARTÍN BARBERO, Jesús : "Globalización y multiculturalidad : Notas para una agenda de investigación", en Ensayo y Error, número 3, Bogotá, 1997.

.- MATTELART, A. (1995) : Los nuevos escenarios de la comunicación internacional, Barcelona : Centre d´Investigació de la Comunicació.

.- McROBBIE, A. (1994) : Postmodernism and Popular Culture, Londres : Routledge.

.- MELUCCI, A. (1989) : Nomads of the Present, Londres : Hutchinson.

.- MORIN, Edgar (1996) : Introducción al pensamiento complejo, Barcelona : Gedisa.

.- MOWLANA, Hamid (1997) : Global Information and World Communication, Londres : Sage.

.- NEGRI, Antonio (1980) : Del obrero-masa al obrero social, Barcelona : Anagrama.

.- NEGRI, Antonio (1992) : Fin de siglo, Barcelona : Paidós/ICE.

.- PENLEY, C. y ROSS, A. (1991) : Technoculture, Minneapolis : University of Minnesota Press.

.- PISCITELLI, Alejandro (1995) : Ciberculturas en la era de las máquinas inteligentes, Buenos Aires : Paidós.

.- PISCITELLI, Alejandro (1998) : Post/televisión. Ecología de medios en la era de Internet, Barcelona : Paidós.

.- PONZIO, A. (1998) : La revolución bajtiniana. El pensamiento de Bajtín y la ideología contemporánea, Madrid : Cátedra.

.- POSTER, Mark (1987) : Foucault, el marxismo y la historia, Buenos Aires : Paidós.

.- POSTER, Mark (1990) : The Mode of Information, Chicago : Chicago University Press.

.- POSTER, Mark (Ed.) (1993) : Politics, Theory and Contemporary Culture, Nueva York : Columbia University Press.

.- POSTMAN, Neil (1994) : Tecnópolis, Barcelona : Círculo de Lectores.

.- QUEAU, P. (1995) : Lo virtual, Barcelona : Paidós.

.- RHEINGOLD, H. (1996) : La comunidad virtual, Barcelona : Gedisa.

.- RINCON, C. (1995) : La no simultaneidad de lo simultáneo. Postmodernidad, globalización y culturas en América Latina, Bogotá : Editorial Universidad Nacional.

.- ROBERTSON, R. (1995) : Globalization : Social Theory and Global Culture, Londres : Sage.

.- SANCHEZ, A. (1997) : Territorios virtuales, México : Taurus.

.- SCHLESINGER, Philip (1991) : Media, State and Nation : Political Violence and Collective Identities, Londres : Sage.

.- SERRES. Michel (1995) : Atlas, Madrid : Cátedra.

.- SERRES, Michel (1996) : La comunicación. Hermes I, Barcelona : Anthropos.

.- SFEZ, Lucien (1995) : Crítica de la comunicación, Buenos Aires : Amorrortu Editores.

.- SHIELDS, R. (Ed.) (1996) : Cultures of Internet : Virtual Spaces, Real Histories, Living Bodies, Londres : Sage.

.- SIERRA, Francisco (1999) : "Transdiscursividad y educación para la comunicación. El reto de la cultura del diálogo como problema de la Comunicación Educativa", en VIII Simposio Internacional de la Asociación Andaluza de Semiótica, Universidad Internacional de Andalucía, La Rábida, Huelva.

.- SIERRA, Francisco (1999) : Elementos de Teoría de la Información, Sevilla : MAD.

.- SIERRA, Francisco (2000) : "Medianálisis, navegaciones y migraciones culturales : De la educación para la recepción a las redes culturales instituyentes", en Perspectivas de la Comunicación en la Cultura y el Desarrollo, número 1, Universidad de La Frontera, Temuco, Chile.

.- SMART, B. (1992) : Modern Conditions, postmodern controversies, Londres : Routledge.

.- SODRÉ, Muniz (1998) : Reinventando la cultura, Barcelona : Gedisa.

.- SOJA, E. (1989) : Postmodern Geographies : The Assertion of Space in Critical Social Theory, Londres : Verso.

.- STEVENSON, Nick (1998) : Culturas mediáticas. Teoría social y comunicación masiva, Buenos Aires : Amorrortu Editores.

.- STONE, Allucquere Rossanne (1996) : The War of Desire and Technology at the Close of the Mechanical Age, Cambridge : MIT Press.

.- TAYLOR, M.C. y SAARINEN, E. (1994) : Imagologies : Media Philosophy, Londres : Routledge.

.- THOMPSON, J.B. (1995) : The Media and Modernity : A Social Theory of the Media, CA : Stanford University Press.

.- TREJO DELARBRE, Raúl (1996) : La nueva alfombra mágica, Madrid : Fundesco.

.- TURNER, B.S. (1990) : Theories of Modernity and Postmodernity, Londres : Sage.

.- VAN DIJK, J.A.G.M. (1999) : The Network Society, Londres : Sage.

.- VATTIMO, Gianni (1990) : La sociedad transparente, Barcelona : Paidós.

.- VIRILIO, Paul (1997) : El cibermundo, la política de lo peor, Madrid : Cátedra.

.- WILLIAMSON, J. (1987): Consuming Passions. The Dynamics of Popular Culture, Londres : Marion Boyars.

.- WOODWARD, Kathryn (1997) : Identity and Difference, Newbury Park : Sage.

.- ZAVALA, Iris (1996) : Escuchar a Bajtín , Madrid : Montesinos.

.- ZEMELMAN, Hugo (1992) : Los horizontes de la razón, Barcelona : Anthropos.

 

  1   2   3   4   5   6   7   8   9   ...   20


La base de datos está protegida por derechos de autor ©espanito.com 2016
enviar mensaje