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1. Las 5 naciones sin prensa libre en América Latina


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7. “Noticias” que dan vergüenza ajena por Marcelo C. Tedesco


Una reciente tapa de la revista Noticias, de editorial Perfil, es pretexto para reflexionar nuevamente sobre cuáles son los límites éticos que la profesión periodística no debería transigir bajo ningún pretexto. En la pieza en cuestión se aprecia un fotomontaje de la Presidenta de la Nación crucificada. Sin entrar en consideraciones semiológicas, varias cuestiones se pueden desprender del análisis de tal imagen, pero inevitablemente –en mi caso particular– todas llevan del asombro al repudio desde todos los ejes de reflexión que se intenten. Cabe aclarar aquí que no se trata de una meditación sobre el uso de la imagen presidencial. Las mismas emociones me despertaría la imagen de cualquier otra mujer crucificada.

El enfrentamiento económico y político de la editorial de Fontevecchia con el gobierno nacional es sobradamente conocido. Por ello, el uso de un elemento de tortura y muerte para un adversario político no deja más que lugar al recuerdo de las etapas más negras de la historia argentina. Como dice Ricardo Sidicaro, “comprar un diario, acto ritual, es adquirir una matriz de decodificación de los hechos sociales que organiza el conocimiento sobre una realidad que al mismo tiempo construye. Mediante él se le ofrecen al lector formas de ver el mundo (...) adquirir un diario es como votar por él en un mercado de opciones que ofrece miradas alternativas sobre la sociedad y sus problemas”. Desde el funcionalismo al pos estructuralismo, desde Paul Lázarsfeld a Pierre Bourdieu, todos los investigadores dedicados al tema reconocen que los medios contribuyen a construir e instalar pautas de conducta socialmente aceptadas. Decodificar los hechos sociales en términos de crucificar a una mujer (en primer lugar) y a un adversario político (luego) significa la construcción de una matriz peligrosa, que tiende a legitimar –a entender de quien escribe– una conducta que en la última dictadura cívico-militar se cobró la vida de miles de seres humanos.

El papel de un medio, implícito o explícito, es dotar a los sujetos sociales de categorías interpretativas cuyo efecto es hacer ver la realidad de un modo determinado y movilizarlos en grados diversos a la acción. La relación entre los medios y otros actores políticos se puede analizar sistémicamente. Como indica Héctor Borrat: “Si por actor político se entiende todo actor colectivo o individual capaz de afectar el proceso de toma de decisiones en el sistema político, el periódico (extensible a todos los medios masivos de comunicación) independiente de información general ha de ser considerado como un verdadero actor político. Su ámbito de actuación es el de la influencia, no el de la conquista del poder institucional o la permanencia en él”. Al igual que otros actores políticos, los medios actúan a partir del conflicto como categoría clave para comprender los procesos sociales, movilizan recursos para competir con otros actores y operan en el espacio público para ganar adhesión e influencia.

Desde un enfoque religioso, la utilización de la cruz con fines propagandístico-políticos no puede más que ofender la sensibilidad de aquellos millones de cristianos que ven en éste a un símbolo de redención, algo que a juicio de quien escribe no forma parte del mensaje que quiere construir el medio en cuestión con dicha tapa. Considerando un análisis de género, la crucifixión de una mujer impone una reflexión sobre la violencia de género implícita en tal imagen, que lamentablemente parece sintomática en una revista que ha publicado otras piezas periodísticas similares, como una en la cual mediante photoshop se presenta a Cristina Fernández de Kirchner desnuda.

Históricamente, dentro de las democracias liberales se ha asignado a la prensa la función del “watchdog” o perro guardián de las actividades del gobierno, colocándola en un lugar de “cuarto poder” junto a los tres establecidos por el constitucionalismo moderno. Sin embargo, este control y las funciones de promover el debate, circular ideas, etc. tienen limitaciones reales propias de su estructura económica y su actuación dentro de un sistema. El peligro es cuando las ambiciones económicas y el papel que buscan cumplir como actores políticos están por encima de la función informativa. Allí es cuando se difumina el límite de la ética que debe guiar al periodismo y allí es cuando –para quienes desde jóvenes abrazamos “el mejor oficio del mundo”– determinadas acciones dan vergüenza ajena.

Fuente: Página12, 6.5.14, por Marcelo Tedesco, argentino, licenciado en Historia y periodista. Profesor adjunto de Fundamentos del Periodismo en la Universidad Provincial del Sudoeste

8. La libertad de prensa por José Manuel Loza Oblitas


Uno de los temas más difíciles por el que se atraviesa en muchos países del mundo, es el de la libertad de prensa, derecho que es mirado con diferentes ópticas por los poderes y también por la ciudadanía el que, sin embargo, continúa siendo un escollo para las dictaduras y para las arbitrariedades.

El pasado 3 de este mes se recordó un nuevo aniversario del "Día Internacional de la Libertad de Prensa", instituido por la Organización de las Naciones Unidas en la misma fecha en 1993, para llamar la atención sobre la necesidad de una prensa libre como elemento fundamental para el desarrollo social.

En los próximos días, en nuestro país, recordaremos también el "Día del Periodista", que si bien implica la organización de una institución que agremia a los profesionales de los medios de comunicación, en el fondo se lo puede también unir a la libertad de prensa, un derecho que también tiene sus aristas en este tiempo y que ha ocasionado debates y declaraciones respecto a la posición de periodistas y autoridades.

La libertad de prensa es la existencia de garantías con las que los ciudadanos tienen el derecho de organizarse para la edición de medios de comunicación cuyos contenidos no estén controlados ni censurados por los poderes del Estado, y que todo hombre o mujer puede publicar sus ideas libremente y sin censura previa.

El problema de la libertad de prensa, además es producto de otros derechos como las libertades de pensamiento, de expresión y de conciencia, los mismos que han sido conquistados en el tiempo, después de grandes sacrificios humanos, especialmente en el tiempo inquisitorial, cuando, incluso, se vetaban libros y la misma libertad de expresión, enviándose a las hogueras textos y seres humanos, por suponer que éstos estaban en contra de la fe y, por lo tanto, ingresaban a la acusación de herejía.

Hoy los nuevos "herejes" son los medios de comunicación y los periodistas, especialmente para gobernantes que no conciben las libertades, la pluralidad ideológica y política, para lo que proyectan leyes denominadas como "mordaza" o, simplemente, se ocupan de atemorizar y amedrentar a profesionales y empresarios, con declaraciones que muchas veces van contra la dignidad de las personas o coartando la publicidad estatal.

Se ha dicho siempre que no existe democracia si no hay libertad de prensa, lo que no es concebido por algunos, que suponen que con la adhesión plena de todos los medios a un régimen, sean éstos propios o atemorizados, se controlará el pensamiento y la expresión de la ciudadanía, como si no existiesen otros medios de comunicación como las redes sociales en internet, en las que las libertades son una norma difícil de coartar, en las que también se trata de intervenir.

Celebramos el "Día de la Libertad de Prensa", deseando que todos los ciudadanos, conciban que ese derecho, como el de expresión, es propio, por cuanto censurarlo o coartarlo no es un ataque a profesionales y dueños de medios, sino al propio pueblo, el que tiene derecho a conocer, informarse o ser orientado para la propia toma de decisiones, sin presiones de ninguna naturaleza.



Fuente: Jornada, 5.5.14, por José Manuel Loza, periodista boliviano

9. Presente griego en el Día del Periodista por Rodolfo Mier Luzio


Simón Bolívar, un 15 de abril de 1819; o sea, hace más de 195 años, dijo con rotunda convicción: “El derecho a expresar los pensamientos y opiniones de palabra, por escrito o de cualquier otro modo, es el primero y el más inestimable don de la naturaleza. Ni aún la ley misma podrá jamás prohibirlo...”.

Pero, hacer entender eso a este gobierno, es una misión imposible. Los gobiernos que se acercan más al totalitarismo que a la democracia, siempre han tenido un temor enfermizo a la prensa y a los periodistas, porque son los primeros en amplificar sus errores, o sus delitos, contra el Estado, y contra las leyes y la propia Constitución Política del Estado.

Pese a todo eso, el Procurador del Estado, interpuso denuncia en contra de dos periodistas del periódico La Razón, por la presunta comisión de los delitos de “espionaje”, “revelación de secretos” y “complicidad”, y un juez ordenó se revele la fuente de la noticia publicada.

Ese, no es el ámbito en el que se deben dirimir estos asuntos. Recordemos que la Ley de Imprenta vigente en el país desde 1925, en su artículo 8 señala taxativamente que el secreto en materia de imprenta es inviolable. Es más, la ley de imprenta crea un procedimiento y deslinde jurisdiccional, que señala que los periodistas no están sometidos a los jueces ordinarios y su tribunal es de ciudadanos designados (Tribunal de Imprenta). La Ley de Imprenta de 1925 es la única norma jurídica que desarrolla y garantiza el trabajo libre de los trabajadores de la prensa, por su ámbito de protección a los periodistas frente al poder político de turno.

Los periodistas de “La Razón”, al margen de la línea política e ideológica que pudieran tener, merecen un tratamiento especial, mediante la Ley de Imprenta vigente desde 1925; por lo tanto, debe ser respetada por el poder político, que tendría que ser el primero en mostrar obediencia a los mandatos constitucionales y a la normativa supranacional en materia de libertad de expresión y de prensa.

El obediente (o temeroso) juez que ordeno se revela la fuente de la nota publicada en el periódico paceño, lo hace en el momento menos adecuado, cuando se recuerda el “día del periodista”, que viene a ser una suerte de “presente griego”, en lugar de aceptar la labor de los periodistas bolivianos, por su contribución a la democracia y a los valores fundamentales de nuestra sociedad.

Los periodistas no esperan distinciones ni reconocimientos; un buen regalo, siempre ha sido, y es, el respeto a su labor y a las leyes que protegen su trabajo; además, lo que más importante, el derecho que tiene la sociedad de estar informada.

Por lo menos...esa es mi opinión.



Fuente: HoyBolivia, 9.5.14 por Rodolfo Mier Luzio, periodista boliviano

10. Saludo en el Día del Periodista Boliviano


La Asociación Nacional de Periodistas de Bolivia hace llegar su saludo a todos los periodistas del país, recordando que un 10 de mayo de 1865, el Presidente Mariano Melgarejo mandó fusilar al periodista Cirilo Barragán por un artículo que molestó a su dictadura y que el Presidente Germán Busch estableció el 10 de mayo de 1938 como el “Día del Periodista” en repudió a dicho acto dictatorial.

A lo largo de nuestra historia hemos constatado que los gobernantes pueden actuar siempre de dos maneras distintas respecto a nuestra profesión: una es la actitud del tirano intolerante y la otra la del gobernante respetuoso y comprensivo a la labor sacrificada de hombres y mujeres que cumplen noblemente con el cotidiano deber de mantener informada a la ciudadanía.

Esta labor se realiza en condiciones que, como nunca antes en democracia, se han vuelto adversas para el ejercicio de los derechos constitucionales, que deberían garantizar y fomentar la libertad de expresión y con ello la libertad de prensa.

A tiempo de reiterar que la prensa no es por sí sola buena ni mala, y que depende de como la practican los periodistas cuando cubren la información de buenos y malos gobernantes.

Saludamos en este día a los colegas que se arriesgan diariamente por practicar una buena prensa, por defender intransigentemente la libertad de expresión y la Ley de Imprenta vigente desde el 19 de enero de 1925.

Saludamos asimismo a los periodistas que cumpliendo con los preceptos éticos de la profesión no olvidan que nuestra labor tiene derechos, pero también obligaciones con el medio de comunicación donde se desempeña, pero, especialmente, frente a las demandas de la ciudadanía y no se olvida en ningún momento de las injusticias ni se someten a las presiones vengan de donde vengan.

Por último, nos comprometemos a continuar la indeclinable lucha por la plena vigencia de la libertad de expresión, en los términos que establecen las normas internacionales reconocidas constitucionalmente en nuestro país.

Fuente: ANPB, 10.5.14

11. El ‘Libro de estilo’ de El País se adapta al futuro


El País ajusta al entorno digital las normas éticas y estéticas del periodismo. Regula el ‘derecho al olvido’ y la cámara oculta.

El Libro de estilo de El País cobra nueva vida. Desde la publicación de su última gran revisión en 2004 (reeditada en 2008 sin apenas cambios), la cabecera que nació hace 38 años se ha convertido en un soporte multimedia. A través de nuevas tecnologías canaliza la información mediante ciberpáginas, redes sociales, aplicaciones para móviles… El papel ha dejado de ser el único soporte y la información escrita ahora convive con otros formatos, como el vídeo y el audio.

El nuevo Libro de estilo de El País (editado por Aguilar) supone una revisión integral del texto vigente hasta ahora para adaptarlo a las profundas transformaciones que ha experimentado el trabajo del periodista en los últimos años, según explica Álex Grijelmo, que ha coordinado esta edición. A estos cambios se añaden los registrados por la Academia y por el uso de los hablantes del español: neologismos, ortografía, topónimos nuevos o renovados, gentilicios, transliteraciones, femeninos y masculinos, abreviaturas, denominaciones científicas, lenguajes informáticos, siglas…

“Se hacía necesaria una revisión total de estas normas que El País se da a sí mismo y que ofrece a los lectores como contrato ético y estético. Hemos recogido el sentir de los lectores, expresado en miles de cartas al director, que nos reclaman escribir bien en español”, comenta Grijelmo. Este código mantiene su elevada autoexigencia en cuanto a rigor informativo, verificación de los datos, contraste de las noticias, la consulta a la persona perjudicada por una información, la exposición de posturas divergentes, el respeto al honor, la intimidad y la propia imagen, la pluralidad de opiniones, el uso correcto del idioma, la coherencia en el léxico y la rectificación de errores.

El manual recoge los principios éticos de los periodistas, las normas de escritura, la tipografía y los géneros periodísticos. En este apartado se especifica que la presencia del periodista debe ser ínfima en la noticia, pero va aumentando en la crónica, el reportaje, el análisis, la crítica… hasta llegar al grado máximo de subjetividad en el artículo de opinión o el editorial. “En cada uno de esos pasos se establecen unos límites que el lector puede conocer gracias a esta pequeña Constitución del periódico”, explica Grijelmo.

El nuevo mundo que se abre en Internet ha planteado también nuevas cuestiones éticas. Así, por ejemplo, el Libro de estilo recoge el llamado derecho al olvido. Ahora toda información es recuperable en Internet, y eso puede perjudicar de por vida a personas que cometieron algún desliz de juventud, alguna imprudencia de tráfico, algún delito menor… y pueden pagar por ello mucho tiempo después de haber cumplido condena y con mayor coste que la multa impuesta en su momento.

A ese respecto, el manual de El País intenta congeniar el derecho a la información y a la documentación con el derecho de cualquier individuo a rehacer su vida o a que se olviden algunos aspectos de su pasado. Y por ello establece ciertos criterios para el caso de que una persona reclame el borrado de una noticia, crónica o reportaje veraz que afecte a su imagen.

“Nunca se producirá el borrado de los archivos digitales de El País, pero se puede considerar la posibilidad de ocultar esa información a los buscadores de Internet”. Además, “la información debe haber sido publicada más de 15 años atrás respecto del momento en que se reclama su borrado” y “ha de perjudicar a la persona reclamante en su vida familiar o profesional”. Sin embargo, no se considerarán las reclamaciones “que afecten a hechos que figuren en sentencias firmes de los tribunales y se refieran a actos de violencia”.

También se regula el uso de la cámara oculta (ahora posible técnicamente en los vídeos que se publican en elpais.com). “El País trabajará con el sistema de cámara oculta solamente cuando ése sea el último recurso posible para obtener una información de indudable interés general, y siempre que ningún periodista haya suplantado una personalidad ajena, que no se allanen lugares privados y que no se vulnere el derecho a la intimidad, al honor y a la propia imagen”, dice el texto.

“El uso legítimo de la cámara oculta (grabar hechos delictivos en la vía pública, por ejemplo, para su denuncia por impunidad o falta de vigilancia; sin que el periodista intervenga en ellos o los provoque) deberá preservar en todo caso”, añade, “la identidad de las personas o entidades implicadas, y no ofrecer datos que conduzcan a ellas”.

El Libro de estilo incluye 119 términos relacionados con Internet y la informática, la mayor parte de ellos neologismos. La lista sirve para establecer las analogías necesarias ante nuevas voces de formación semejante que puedan presentarse (ya se trate de anglicismos, galicismos, tecnicismos, palabras procedentes de siglas o de abreviaciones, marcas comerciales, etcétera).

En la mayoría de los casos, el manual explica el origen de los vocablos y razona la decisión adoptada al respecto. Así sucede por ejemplo en “banear”, que se relaciona con to ban en inglés y que entronca curiosamente con las raíces españolas de “bandido” y del verbo “bandir” (proscribir). Por tanto, una persona baneada en un foro de Internet o una empresa a la que se retira su enlace con buscadores o navegadores son una persona o una empresa “proscritas”'. También se recomiendan como alternativas ante el anglicismo baneado los términos “excluido”, “sancionado”, “despedido” o “vetado”.

Al vocabulario se incorpora el español de América, con más de una veintena de referencias, entre las que figuran “pantaloneta” (slip o calzoncillos), “polla” (lotería), “parquear” (aparcar), “motoneta” (scooter) o “computadora” (ordenador), términos que pueden utilizarse siempre que se expliquen adecuadamente por el contexto. En general, el criterio de El País es incorporar paulatinamente los americanismos más comprensibles.

El Libro de estilo aporta palabras españolas como recambio de los tecnicismos y anglicismos que tantas barreras levantan entre los especialistas y el público en general. También, a veces, se escogen algunos vocablos por razones tan arbitrarias como la brevedad de su escritura (“ucranio” se prefiere a “ucraniano”, siendo ambas opciones correctas), con el objetivo de hacer más fácil la cuadratura del titular.

En cuanto a los aspectos ortográficos, El País vuelve a admitir, entre otras novedades, la acentuación de sólo como adverbio, permitida asimismo por la Academia (“habló solo dos horas”, “habló sólo dos horas”), por entender que facilita la desambiguación de mensajes periodísticos, sobre todo en los titulares.

“Muchas de estas decisiones o recomendaciones son opinables, por supuesto. Se trata de establecer un estilo para un medio en concreto, que se autorregula de ese modo, no de dictar normas para los hablantes en general”, dice Grijelmo. Y añade que esta hoja de ruta para los profesionales de El País está enfocada a facilitar la comunicación con un público lo más amplio posible y a garantizar el uso respetuoso de los potentes medios informáticos que el periodista tiene en su mano.



Fuente: Diario El País, 12.5.14

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Tel: 591 2 278 5052 Fax: 591 2 211 7326

Calle 21 Nr. 8227 Torre Lydia, oficina 201, Calacoto, La Paz – Bolivia
Edición a cargo de Ronald Grebe


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