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Teología Moral. Moral de la Persona

Prof: Francisco José Ramiro García

1.    Introducción.


Lo que vamos a estudiar está dentro del marco de la TM. Qué se entiende por TM.:

Moral: lo referente a cómo obrar para llevar una vida buena-feliz-completa.

Teología: los principios que iluminan nuestro razonamiento son los de la Teología: la fe de la Iglesia, que se contiene en el Depositum fidei, en la Revelación que se nos comunica mediante la Tradición y la Sagrada Escritura, que se explicita algunas veces en el Magisterio.

Uso de la razón: el hecho de hacer teología exige que desde esos principios se elabore una verdadera ciencia, es decir que razonemos deduciendo, profundizando, conectando unas principios con otros, sacando conclusiones, y mostrando la no contradicción y la racionabilidad de los principios de los que partimos.


1.1.         Teología moral de la Persona:


Siempre el obrar moral es de la persona, aunque de otra forma se pueda hablar de la moral de las sociedades, así como que se pueda hablar también del pecado social. Es conocido que se han dado diversos esquemas para estudiar este conjunto de ciencia. Se han seguido los Mandamientos (Catecismo), las Virtudes, o el que aquí seguimos y que explicamos a continuación1.

Aquí decimos Teología moral de la Persona, porque ese obrar moral en su conjunto lo estudiamos dividido en tres grupos:

Moral Fundamental: los conceptos básicos sobre la moral, y el obrar moral: se suele estudiar la conciencia, el fin del hombre, la libertad...

Moral Social: los comportamientos respecto al conjunto de la sociedad. Se suele estudiar aquí, la justicia, la doctrina social de la Iglesia...

Moral de la Persona: el obrar moral de la persona con respecto a sí misma. No quiere decir esto que su acción sea independiente de los demás, porque muchas veces está en relación con los otros, pero estos son vistos desde la propia perspectiva.

En este esquema suele quedar sin enmarcar el obrar moral del hombre respecto a Dios, lo que se denomina “virtud de la religión”. Algunos lo enmarcan dentro del comienzo de la moral de la persona, otros lo dejan para la Teología espiritual.

 

1.2.                     Característica peculiar de los contenidos de la Moral de la Persona.


Aunque también ocurre con otros campos de la moral, en nuestro caso debemos contar con que muchos de los contenidos que estudiaremos son realidades de orden natural –accesibles por tanto a la luz de la razón, simplemente-, y que por tanto el papel de la fe como iluminadora, se extiende sobre todo a garantizar esas verdades, o a descubrir en ellas una realidad más profunda que ha sido llevada a cabo por el hecho de la Redención. Así, por ejemplo, en el tema de la sexualidad, aunque podemos considerar que ha habido una Revelación con el mandato del sexto y noveno mandamiento, por ejemplo, sin embargo no podemos olvidar que la sexualidad es una realidad natural que tiene un contenido natural. Esta realidad  es la que marca su actuación y en ese sentido la hace correcta o no.  Otro plano es que además la revelación nos hable de que “el cuerpo es templo del Espíritu Santo” y esto nos haga ver cómo los actos contra ese cuerpo tienen una trascendencia mayor que la que las sola razón es capaz de entender.

Este punto es muy importante por varios motivos:

Nos exige distinguir a lo que accedemos por la sola fe, y lo que es accesible a la razón. Por tanto nos exige un esfuerzo por ser capaces de conocer racionalmente estos contenidos.

Nos permite entrar en diálogo con los demás, sean cristianos o no, porque estamos hablando a nivel de lo que son comportamientos éticos de la persona. Por tanto que afectan a todos los hombres por el hecho de ser personas. Hay que reconocer que, sin embargo el refuerzo que nos da la fe respecto a la certeza de estas verdades es muy importante, y por tanto es comprensible que a la gente que no tiene la misma fe, le resulte más difícil acceder a estos conocimientos, o lo haga con mayor inseguridad2.

Esta comprensión nos puede llevar a dos formas de actuación según se entienda la relación entre relativismo y pluralismo3.

Tolerancia relativista: dejar simplemente que cada uno piense lo que quiera, sin entrar en verdaderos diálogo con los demás. Esta situación lleva a un subjetivismo completo, y por tanto a un relativismo total, en el que no existe una verdad sobre la realidad de cómo es bueno obrar para ser feliz. Muchas veces lo que se da es ignorancia, o pereza por no querer profundizar en los temas.

Tolerancia real: se conocen estos principios que son verdaderos, se entra en diálogo con los demás pero este diálogo se establece no entre la fe y la no-fe, sino a nivel de humanidad o de dignidad, por tanto los argumentos deben ser asequibles al razonamiento de todos los hombres.

Se debe buscar que la sociedad esté organizada según estos principios porque son los que pueden lograr el bienestar de la sociedad. Otra cosa es que la tolerancia deba llevar a que se puedan exigir o no, porque a veces podría ir contra la prudencia exigirlos, ya que comportarían otros daños sociales en esta sociedad concreta. Pero esto es totalmente distinto del anterior tipo de tolerancia que hemos llamado relativista.

Anima Juan Pablo II en Tertio millenio ineunte, n. 51:

Se debe prestar especial atención a algunos aspectos de la radicalidad evangélica que a menudo son menos comprendidos, hasta el punto de hacer impopular la intervención de la Iglesia, pero que no pueden por ello desaparecer de la agenda eclesial de la caridad. Me refiero al deber de comprometerse en la defensa del respeto a la vida de cada ser humano desde la concepción hasta su ocaso natural. Del mismo modo, el servicio al hombre nos obliga a proclamar, oportuna e importunamente, que cuantos se valen de las nuevas potencialidades de la ciencia, especialmente en el terreno de las biotecnologías, nunca han de ignorar las exigencias fundamentales de la ética, apelando tal vez a una discutible solidaridad que acaba por discriminar entre vida y vida, con el desprecio de la dignidad propia de cada ser humano.

Para la eficacia del testimonio cristiano, especialmente en estos campos delicados y controvertidos, es importante hacer un gran esfuerzo para explicar adecuadamente los motivos de las posiciones de la Iglesia, subrayando sobre todo que no se trata de imponer a los no creyentes una perspectiva de fe, sino de interpretar y defender los valores radicados en la naturaleza misma del ser humano. La caridad se convertirá entonces necesariamente en servicio a la cultura, a la política, a la economía, a la familia, para que en todas partes se respeten los principios fundamentales, de los que depende el destino del ser humano y el futuro de la civilización.

Leer en casa  CIC 2032.2040:



2032    La Iglesia, “columna y fundamento de la verdad” (1 Tm 3,15), “recibió de los apóstoles este solemne mandato de Cristo de anunciar la verdad que nos salva” (LG 17). “Compete siempre y en todo lugar a la Iglesia proclamar los principios morales, incluso los referentes al orden social, así como dar su juicio sobre cualesquiera asuntos humanos, en la medida en que lo exijan los derechos fundamentales de la persona humana o la salvación de las almas” (CIC, can. 747,2).

2033    El magisterio de los pastores de la Iglesia en materia moral se ejerce ordinariamente en la catequesis y en la predicación, con la ayuda de las obras de los teólogos y de los autores espirituales. Así se ha trasmitido de generación en generación, bajo la dirección y vigilancia de los pastores, el “depósito” de la moral cristiana, compuesto de un conjunto característico de normas, de mandamientos y de virtudes que proceden de la fe en Cristo y están vivificados por la caridad. Esta catequesis ha tomado tradicionalmente como base, junto al Credo y el Padrenuestro, el Decálogo que enuncia los principios de la vida moral válidos para todos los hombres.

2034    El romano pontífice y los obispos como “maestros auténticos por estar dotados de la autoridad de Cristo... predican al pueblo que tienen confiado la fe que hay que creer y que hay que llevar a la práctica” (LG 25). El magisterio ordinario y universal del Papa y de los obispos en comunión con él enseña a los fieles la verdad que han de creer, la caridad que han de practicar, la bienaventuranza que han de esperar.

2035    El grado supremo de la participación en la autoridad de Cristo está asegurado por el carisma de la infalibilidad. Esta se extiende a todo el depósito de la revelación divina (cf LG 25); se extiende también a todos los elementos de doctrina, comprendida la moral, sin los cuales las verdades salvíficas de la fe no pueden ser guardadas, expuestas u observadas (cf CDF, decl. “Mysterium ecclesiae” 3).

2036    La autoridad del Magisterio se extiende también a los preceptos específicos de la ley natural, porque su observancia, exigida por el Creador, es necesaria para la salvación. Recordando las precripciones de la ley natural, el Magisterio de la Iglesia ejerce una parte esencial de su función profética de anunciar a los hombres lo que son en verdad y de recordarles lo que deben ser ante Dios (cf. DH 14).

2037    La ley de Dios, confiada a la Iglesia, es enseñada a los fieles como camino de vida y de verdad. Los fieles, por tanto, tienen el derecho (cf CIC can. 213) de ser instruidos en los preceptos divinos salvíficos que purifican el juicio y, con la gracia, curan la razón humana herida. Tienen el deber de observar las constituciones y los decretos promulgados por la autoridad legítima de la Iglesia. Aunque sean disciplinares, estas determinaciones requieren la docilidad en la caridad.

2038    En la obra de enseñanza y de aplicación de la moral cristiana, la Iglesia necesita la dedicación de los pastores, la ciencia de los teólogos, la contribución de todos los cristianos y de los hombres de buena voluntad. La fe y la práctica del Evangelio procuran a cada uno una experiencia de la vida “en Cristo” que ilumina y da capacidad para estimar las realidades divinas y humanas según el Espíritu de Dios (cf 1 Co 10-15). Así el Espíritu Santo puede servirse de los más humildes para iluminar a los sabios y los más elevados en dignidad.

2039    Los ministerios deben ejercerse en un espíritu de servicio fraternal y de dedicación a la Iglesia en nombre del Señor (cf Rm 12,8.11). Al mismo tiempo, la conciencia de cada uno en su juicio moral sobre sus actos personales, debe evitar encerrarse en una consideración individual. Con mayor empeño debe abrirse a la consideración del bien de todos según se expresa en la ley moral, natural y revelada, y consiguientemente en la ley de la Iglesia y en la enseñanza autorizada del Magisterio sobre las cuestiones morales. No se ha de oponer la conciencia personal y la razón a la ley moral o al Magisterio de la Iglesia.

2040    Así puede crearse entre los cristianos un verdadero espíritu filial frente a la Iglesia. Es el desarrollo normal de la gracia bautismal, que nos engendró en el seno de la Iglesia y nos hizo miembros del Cuerpo de Cristo. En su solicitud materna, la Iglesia nos concede la misericordia de Dios que desborda todos nuestros pecados y actúa especialmente en el sacramento de la reconciliación. Como una madre previsora nos prodiga también en su liturgia, día tras día, el alimento de la Palabra y de la Eucaristía del Señor.

1.3.         Las virtudes y la vida lograda

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