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Acaparamiento de agua: hidrocolonialismo y suicidio socio-ambiental

Carlos Eloy Balmaseda Espinosa

“…tú no puedes comprar el viento, tú no puedes comprar el sol, tú no puedes comprar la lluvia, tú no puedes comprar el calor,…”

Canción Latinoamérica, del Grupo Calle 13

Introducción

El agua es un recurso vital por su rol como componente en diversos ciclos como el clima, la alimentación, la salud y el medio ambiente. Aún no se ha encontrado otra sustancia, ni natural, ni fabricada que sustituya sus funciones. Es el principal elemento constituyente del cuerpo humano (60 – 70% es agua) y de casi todos los organismos vivientes. Por tales razones, investigadores plantean que el agua será el recurso que defina el desarrollo sostenible.

La sostenibilidad de los recursos hídricos se valora a través de indicadores que demuestran la disponibilidad de agua en cantidades suficientes para suplir las necesidades (agrícolas, industriales y domésticas), con calidad de acuerdo a los requerimientos de cada tipo de uso y con posibilidades de acceso para todos los ciudadanos.

Casi tres cuartas partes del planeta Tierra están cubiertas por agua. Se estima que el volumen existente es de 1400 millones de kilómetros cúbicos, pero solo una pequeña parte es dulce y accesible para su empleo, la cual alcanza el 0,5% de ese total. Buscando un símil se podría decir que si se coloca toda el agua del mundo en una bañera, la disponible para el uso y consumo humano cabría en una cuchara.

El manejo inadecuado de los recursos hídricos ha provocado que la disponibilidad de agua en muchos países haya disminuido considerablemente. En el año 1950 solo nueve países enfrentaban una escasez crónica, sin embargo, se estima que si continúan los patrones de producción y consumo actuales en el 2025 más de 50 naciones presentarán esa situación, la demanda será 56% mayor que la capacidad de suministro. A esto se agrega el deterioro de la calidad de las aguas causado por la contaminación.

Organismos internacionales (Organización Mundial de la Salud y la FAO, entre otros) definen entre 20 y 50 litros diarios por persona el umbral de pobreza del agua. Una cantidad muy baja para satisfacer las necesidades básicas de un individuo. Aun así, estadísticas de Naciones Unidas indican que en el año 2010 en el mundo había más de 1100 millones de personas que carecían de acceso a fuentes de agua potable y más de 2600 millones (casi la mitad de la población total de los países en desarrollo) sin acceso a saneamiento básico; por esa razón mueren cada día cerca de 4500 niños, la mayoría en países “en desarrollo”, la diarrea es la segunda causa de muertes de niños menores de 5 años; en esas mismas naciones fallecen 3,5 millones de personas por enfermedades causadas por la calidad de las aguas. Esas cifras son superiores a las ocasionadas por las guerras.

La escasez de agua, sea por poca disponibilidad o por falta de calidad, amenaza la producción de alimentos, la salud pública y la estabilidad política y social de cualquier país afectado, por eso está vinculada a la soberanía nacional y debe estar apegada a instrumentos jurídicos y legales. No obstante, las Naciones Unidas no contemplaron el derecho al agua en la Declaración Universal de Derechos Humanos, aprobada por su Asamblea General el 10 de diciembre de 1948. Pasaron 62 años para que, a iniciativa de Bolivia, el 28 de julio de 2010, luego de 15 años de debates, se aprobara la resolución A/64/L.63/Rev. 1 que “reconoce que el derecho al agua potable y el saneamiento como derecho humano esencial para el pleno disfrute de la vida y de todos los derechos humanos” (ONU 2010). La votación no fue unánime, no hubo votos en contra pero sí 41 abstenciones, en las que predominaron países del poderoso norte, entre ellos Austria, Canadá, Dinamarca, Estados Unidos, Irlanda, Islandia, Japón, Luxemburgo, Malta, Holanda, Suecia y Reino Unido. Algunos de esos gobiernos todavía se oponen a que el Consejo Mundial del Agua1 reconozca este derecho humano. En la página web y otros medios de difusión del Foro Mundial del Agua se hace mención a su importancia pero en la Declaración ministerial aprobada el 13 de marzo de 2012, no hay un reconocimiento explícito del derecho humano al agua (Bocanegra 2012).

El agua es un bien social, sin embargo, no se ve como tal debido a despreciables intereses de grupos de poder, que utilizan los recursos hídricos como instrumentos de manipulación política y económica.

Esas contradicciones fomentan la aparición de dos tendencias en los análisis de cómo manejar las aguas:


  1. El agua es un bien de consumo, comercializable en el mercado”, sostenida por las grandes corporaciones y grupos de poder.

  2. El agua es un bien asociado al derecho a la vida, es un derecho humano, por tanto es innato, inalienable e innegociable”, sustentada por la comunidad internacional y especialmente por los pueblos originarios.

Con la primera tendencia, el agua se convierte en un elemento estratégico para quienes quieren controlar el mundo a través de la especulación con las producciones de alimentos básicos, tanto para el consumo humano como para la fabricación de agrocombustibles. Según esa idea, el control del agua está íntimamente relacionado con el acaparamiento de tierras que ocurre desde hace años. Expertos plantean que lo importante en los proyectos de acaparamiento no es solo la tierra, sino los recursos naturales2 que subyacen en ella, incluida el agua y los derechos ilimitados a su acceso y disponibilidad (Duch 2012). Ese control de las aguas propone una política neoliberal de privatizarlas, que tendrá consecuencias geopolíticas a corto plazo, pues es una expresión del modelo económico capitalista de desarrollo en el cual la acumulación de capital está ligada al control sobre los recursos naturales abundantes y baratos, incluyendo los alimentos, el agua y la energía (Kay & Franco 2012).

Al agua la han convertido en una mercancía. Según Willem Buiter (economista jefe de Citigroup) en un futuro no muy distante, el agua se convertirá en “la más importante clase de activos físicos basados en materias primas, minimizando al petróleo, cobre, materias primas agrícolas y metales preciosos” (GRAIN 2012a).

La visión de los pueblos originarios y los sectores campesinos es diferente, ellos hacen una gestión sostenible del agua, la emplean en sus sistemas productivos y la devuelven a los cauces de drenaje o los acuíferos con calidad para ser reutilizadas.

La matriz de uso del agua a nivel mundial identifica a la agricultura como el mayor consumidor de este recurso, aproximadamente el 70% del agua que se extrae es empleada en los sistemas agropecuarios. Sin embargo, no todos los sistemas agrícolas usan el agua de la misma manera. Los que realmente la dilapidan son las grandes empresas, privadas y estatales.

El acaparamiento de agua no solo se realiza en los proyectos agropecuarios, sino que tiene otras formas más encubiertas, pero que también afectan a la comunidad internacional. Algunos ejemplos son:


  • Cuando las empresas petroleras perforan en las cercanías de las costas y arrebatan a los pescadores tradicionales sus áreas de pesca.

  • Cuando las empresas petroleras provocan la “fractura hidráulica3 y contaminan suelos y acuíferos.

  • Cuando se instalan granjas camaroneras en las costas que afectan las tradicionales áreas de pesca.

  • Cuando las empresas mineras utilizan grandes volúmenes de agua para lograr su producción4, lo hacen en detrimento de las posibilidades de otros usuarios de este recurso. Por otro lado, sus residuales son vertidos en los cauces naturales o se infiltran en los suelos y provocan la contaminación de ambos.

  • Cuando la huella hídrica externa5 de un país es alta puede ser una estrategia porque tiene escasez de agua, pero también está externalizando su impacto ambiental, por tanto es una forma de colonialismo de los recursos naturales, especialmente del agua.

Los recursos hídricos son multifuncionales, es difícil separar las consecuencias que tiene su monopolio sobre el uso del agua que hacen diferentes sectores de la economía. Este trabajo se centra en el acaparamiento de aguas que se realiza en los proyectos agropecuarios, por esas razones intenta responder: ¿Qué argumentos exponen los acaparadores de agua para adueñarse de esos recursos? ¿Cuáles son las verdades razones que los motivan y los territorios más afectados? ¿Quiénes son los acaparadores? ¿Es válido el argumento de que el agua es un bien mercantil? ¿Qué sucederá con los pobladores de los lugares donde se acapara el agua? ¿Qué impactos tiene o tendrá el acaparamiento de aguas? ¿Es sostenible la forma en que se manejan los recursos hídricos en los proyectos de acaparamiento de tierras? ¿Qué relación hay entre los “amos del mundo” y el acaparamiento de aguas? ¿Cuál es la posición de organismos internacionales frente a esta avalancha sobre el agua y otros recursos naturales? ¿Qué respuesta está dando la comunidad internacional al acaparamiento de aguas?

¿Qué argumentos exponen los acaparadores de agua para justificar su actuación?

Uno de los más escuchados se refiere a que “la gente no aprovecha las aguas”, por tanto “al emplearlas en grandes plantaciones generarán desarrollo”. Lo que no aclaran es que ese desarrollo no será para la población local, pues los productos que se obtienen generalmente se exportan a los países de los inversores o al mercado internacional.

Las producciones resultantes de los proyectos de acaparamiento de tierras tienen tres destinos que dependen de quiénes sean los inversionistas:


  1. Si el proyecto es respaldado por empresas estatales de países que se consideran con “inseguridad alimentaria” por la escasez de tierras aptas para las producciones agrícolas y/o de recursos hídricos, por ejemplo estados del Golfo Pérsico, China, Corea del Sur, Japón, Malasia, India, etc., todo lo producido va para esas naciones con el fin de garantizar el abastecimiento de alimentos de sus ciudadanos sin depender de las fluctuaciones de precios del mercado mundial.

  2. Si el proyecto es financiado por grandes capitales provenientes de corporaciones del agronegocio o de otro tipo (automovilísticas, financieras, inmobiliarias, petroleras, de comunicaciones), igualmente los productos se exportan del país en que se obtuvieron, pero hay dos variantes:

    1. La especulación en el mercado mundial de alimentos.

    2. La producción de agrocombustibles.

Si los destinos son los expresados ¿Qué queda en los países en que se producen esos alimentos? ¿A qué desarrollo se refieren los inversionistas? Solo les quedará la violación de su seguridad nacional, al dejar en manos de extranjeros o de compañías inescrupulosas parte de sus recursos naturales que por demás son estratégicos para cualquier nación, desalojo y desplazamiento de comunidades, desempleo, desabastecimiento, suelos degradados por la sobreexplotación, recursos hídricos dilapidados y con altos tenores de contaminantes.

Veamos algunos ejemplos de proyectos de acaparamiento en tierras “no aprovechadas”

En Etiopía existen etnias que viven desde hace miles de años del pastoreo y el cultivo de pequeñas áreas en los valles inundables del río Omo, son consideradas por las autoridades como “reductos del pasado” que hay que “modernizar”. El gobierno quiere plantar esas tierras fértiles con caña de azúcar y otros cultivos, así como realizar proyectos de infraestructura hidráulica para generar energía, por tanto cerca de 200 000 personas pudieran ser afectadas. Los pobladores originarios no han sido consultados sobre esas decisiones, aún cuando serán trasladados para reasentarlos en otras regiones, cambiarán sus formas de vida y costumbres, perderán el ganado que es parte de su sustento y de sus relaciones sociales. La realización de estos proyectos del gobierno etíope, que además involucra a empresas italianas, chinas y de la India, tendrá un gran impacto social (Tristán 2012).

El Corredor Nacala es la región más densamente poblada de Mozambique, con suelos fértiles y lluvias bien distribuidas. Allí millones de agricultores con sus familias cultivan la tierra para producir alimentos que los autoabastecen, además de comercializarlos en mercados locales y regionales. Es precisamente en esa región donde empresas brasileñas del agronegocio implementarán el proyecto conocido como ProSavana, que consiste en grandes fincas industriales con bajos costos en la producción de soja, maíz y otros cultivos básicos para exportarlos por multinacionales japonesas. Algunos inversionistas plantean que no desplazarán campesinos, que el proyecto ocupará “áreas abandonadas” donde “no se practica la agricultura”. Sin embargo, el Instituto Nacional de Investigación de Mozambique ha demostrado todo lo contrario. El gobierno de Mozambique no ha dado participación a los campesinos de su país en la decisión. La Unión Nacional de Campesinos ha rechazado el proyecto y advirtió que solo generará campesinos sin tierra, agitación social, pobreza, corrupción y destrucción medioambiental (GRAIN, UNAC, et al. 2012).

En la zona de Taco Pampa, al sur de la provincia Catamarca, en Argentina, y en otros lugares del país, la tenencia de las tierras jamás fue legalizada, la población que vive allí desde hace años, y que mantiene sus lugares de pastoreo de generación en generación, no tiene forma de presentar ante la Justicia un documento legal que nunca tuvo, por esa razón, el 12 de diciembre de 2003 se transfirió el dominio de 116 400 hectáreas de la zona sur del departamento de La Paz, por un valor de 407 050 dólares, a la empresa Los Poquiteros S. A., conformada por capitales nacionales y estadounidenses, con domicilio legal en Bariloche. Esa área es el 36% de dicho Departamento e incluye el campo de pastoreo de nueve comunidades habitadas por aproximadamente 800 pobladores, la mayoría pequeños productores cabriteros (Micheletto 2007). Esta es otra de las zonas que “la gente no aprovecha” según los cánones acaparadores.



¿Cuáles son las verdaderas razones del acaparamiento de las aguas?

Al observar en un mapa la ubicación espacial de los proyectos de acaparamiento de tierras, es notable que la mayoría se realiza en regiones donde la disponibilidad de recursos hídricos está garantizada, son nacientes de ríos, sus cabeceras o puntos estratégicos de las cuencas. Por lo general se trata de ríos caudalosos y otras fuentes de agua, de África y América del Sur, zonas no explotadas comercialmente, algunos ejemplos son: en África, los ríos Omo, Nilo, Limpopo, Wami, Tana, Níger, Senegal; en América del Sur, los ríos Negro, Chibut, Chira, los Esteros del Iberá, el Lago Escondido.

Contradictoriamente en varios de los países africanos involucrados en los proyectos de acaparamiento, parte de su población, en ocasiones millones de personas, padecen hambre y escasez de agua, un caso típico es Etiopía.

Peter Brabeck-Letmathe, presidente de Nestlé, fue uno de los que sin sentir vergüenza, demostró cuáles son las razones reales que se persiguen con el acaparamiento de las tierras, cuando expresó: “Con la tierra viene el derecho a extraer el agua ligada a ella; en muchos países, es esencialmente una ganga que en forma creciente puede llegar a ser la parte más valiosa del negocio”.

El Director general de Global Private Markets de TIAA-CREF6, J. Minaya, en la conferencia sobre la tierra auspiciada por el Banco Mundial en 2011, apuntó: “Observamos las tierras agrícolas y dijimos: Para nosotros, esta es, probablemente, la forma más eficiente de obtener una exposición al agua. Cuando realmente se analiza la compra de una finca, a fin de cuentas es una jugada por el agua.

Por otra parte, Judson Hill, de un fondo de capital involucrado en el acaparamiento de tierras, dijo en una conferencia de banqueros e inversionistas en Ginebra que “Hay muchas maneras de producir un retorno muy atractivo en el sector del agua si se sabe dónde ir”; categóricamente afirmó que el agua puede producir “baldes, baldes de dinero” (GRAIN 2012a).

Las opiniones expuestas son evidencias irrefutables de los objetivos que se persiguen con el acaparamiento de tierras y por tanto de las aguas, lo que en verdad se pretende es el control absoluto de este recurso vital. Son muestras de una nueva forma de colonialismo que trata de imponerse en el mundo actual, llamada hidrocolonialismo.

La realidad de los proyectos agrícolas es que se impone un modelo de agricultura al estilo Revolución Verde. Se trata de plantaciones comerciales casi permanentes, por la sucesión continua de siembras en el tiempo, con grandes exigencias de insumos, aplicación indiscriminada de agrotóxicos, uso intensivo de la maquinaria agrícola y sistemas de riego para satisfacer las necesidades hídricas de los cultivos. Ese modelo conduce a la degradación de los ecosistemas, especialmente al deterioro de los suelos, a la dilapidación y contaminación de las aguas y a la pérdida de la biodiversidad.

Detrás de los proyectos agrícolas se enmascaran otros intereses, por ejemplo, Nestlé es uno de los principales comercializadores de agua embotellada a nivel mundial, obtiene grandes utilidades económicas bombeando agua de pozos profundos, sin interesarse por las consecuencias ambientales y sociales como ocurrió en la región de la Serra da Mantiqueira de Brasil. Los dividendos obtenidos de manera fácil e irresponsable a partir de explotar la naturaleza, son los que hacen ver a su Presidente la gran ventaja en la adquisición de vastas superficies de tierra.

Este modelo es legitimado por el sistema capitalista de producción que mercantiliza todo cuanto está a su alcance, incluyendo los recursos naturales. En la Tabla 1 se puede observar, un resumen de cuatro países extraídos de un levantamiento de 415 proyectos de acaparamiento de tierras, en 66 países de los cinco continentes, donde se realizan intervenciones y se exprimen los recursos hídricos para lograr las producciones agrícolas por más de 280 acaparadores con sedes en 57 países (GRAIN 2012b).



Tabla 1. Proyectos de acaparamiento de tierras (adaptado de GRAIN, 2012b).

País de Acaparamiento

Superficie comprometida (ha)

Acaparadores y sector a que se dedican

Países sede de los acaparadores

Producción

Argentina

961 552

Finanzas: DWS GALOF, Ingleby Company, Calyx Agro, Campos Orientales, Terra Magna Capital; Agronegocios: Al-Khorayef Group, Almarai Co., Grupo Maggi, AgroGeneration, Olam International, Siva Group, Adecoagro; Agroindustria: Beidahuang; Gobierno: Korean Overseas Development Corporation; Industria: Sojitz.

Alemania, Arabia Saudita, Brasil, China, Corea del Sur, Dinamarca, Estados Unidos, Francia, Japón, Singapur

Cultivos, maíz, soja, trigo, bosques y prados, cebada, girasol, ganado, productos lácteos, granos, maní, olivos

Brasil

2 936 854

Finanzas: Aquila, Brookfield Asset Management, Black River Asset Management, TIAA-CREF, Galtere, Calyx Agro; Agronegocios: Cresud, El Tejar, Los Grobo, Chongqing Grain Group, Adecoagro, Archer Daniels Midland, Bunge, Sollus Capital, Tiba Agro, Shree Renuka Sugars, Fonterra, Prio Foods, Clean Energy Brazil; Bienes raíces: Pengxin Group; Industrial: Hyundai, Mitsui; Agroindustria: Louis Dreyfus.

Alemania, Argentina, Canadá, China, Corea del Sur, Estados Unidos, Francia, India, Japón, Nueva Zelanda, Portugal, Reino Unido.

Ganado, caña de azúcar, ganado, cultivos, cereales, soja, canola, algodón, poroto, café, granos, palma aceitera

Etiopía

1 042 600

Finanzas: Al Amoudi; Agronegocios: Acazis AG, Hunan Dafengyan, BDFC Ethiopia, AfricaJUICE, ARS Agrofoods, BHO Agro, Karuturi; Gobierno: Egyptian National Bank, Djibouti; Industrial: Chadha Agro Plc; Construcción: Shapoorji Pallonji and Co.; Energía: FRI-EL Green.

Alemania, Arabia Saudita, China, Egipto, Estados Unidos, Holanda, India, Italia, Yibuti

Cultivo de ricino, maní, ganado, maíz, canola, arroz, caña de azúcar, frutas, cereales, legumbres, palma de aceitera, trigo

Mozambique

1 583 149

Finanzas: Emvest, Principle Capital Holdings; Energía: Petro Buzi, MedEnergy, SEKAB; Minería: Vale-Embrapa; Agronegocios: Hubei SFAC, Asisan Global Management, Tereos, Società Fondiaria Industriale Romagnola, Companhia do Búzi, Olam International, AgriSA, Servir Moç, Tenga Lda, Tongaat-Hulett, Prio Foods; Industrial: Tata Chemicals; Gobierno: Libyan African Investment Portafolio, Mauritius; Agronegocios, Energía: Quifei Natural Resources, Agroindustria: Saxonian Estates

Brasil, Estados Unidos, Francia, India, Italia, Libia, Mauricio, Portugal, Reino Unido, Singapur, Sudáfrica, Suecia

Caña de azúcar, palma aceitera, maíz, soja, arroz, sésamo, semillas de girasol, cereales, canola, ganadería, aceite de coco, jatropha, bananos, almendras, sorgo dulce

Como se aprecia las superficies comprometidas son cercanas o sobrepasan el millón de hectáreas. Hay acaparadores de diversos sectores, muchos de ellos no tienen relación directa con la producción agropecuaria, sus adquisiciones forman parte de la cadena especulativa creada a partir del año 2008 con la crisis sistémica del capitalismo que incluye las finanzas, la energía, el medio ambiente y el clima.

Algunas de las empresas que aparecen en la Tabla 1 operan en diversos países, incluso de distintos continentes. Veamos algunos ejemplos:



  • Adecoagro: 415 600 hectáreas en Argentina, Brasil y Uruguay.

  • Agrogeneration: 52 700 hectáreas en Argentina y Ucrania.

  • Aquila: 254 570 hectáreas en Brasil y Nueva Zelanda.

  • Black River Asset Management: 142 100 hectáreas en Australia, Brasil y Colombia.

  • Calyx Agro: 83 522 hectáreas en Argentina, Brasil, Paraguay, Uruguay.

  • Cresud: 334 mil hectáreas en Bolivia, Brasil y Paraguay.

  • DWS-GALOF: 104 mil hectáreas distribuidas en Argentina, Australia, República Democrática del Congo, Tanzania y Zambia.

  • Ingleby Company: 75 233 hectáreas en Argentina, Australia, Estados Unidos, Nueva Zelanda, Rumanía y Uruguay.

Varias de las empresas del agronegocio son reconocidas mundialmente por las grandes superficies que poseen y los desastres ecológicos que causan en los lugares en que intervienen, ejemplo de ello son:

  • Grupo Maggi: controlado por Blairo Maggi, es uno de los mayores productores de soja del mundo, con 200 000 hectáreas en Brasil, recibió el “premioMotosierra de Oro otorgado por Greenpeace como “denuncia” de la tala realizada por sus empresas en la Amazonia.

  • Adecoagro: controlada fundamentalmente por fondos del multimillonario estadounidense George Soros. Hacen un empleo intensivo de las semillas transgénicas y toda la tecnología de la llamada Revolución Verde con las consiguientes afectaciones a la salud humana y al medio ambiente especialmente a los suelos y las aguas.

  • Monsanto: transnacional proveedora de insumos para la agricultura, especialmente de herbicidas y semillas genéticamente modificadas. Se ha comprobado que sus productos son un peligro para la salud humana, los animales, las plantas y el medio ambiente, entre ellos están: el agente naranja (empleado en Viet Nam para destruir la selva y las cosechas, provoca cáncer y malformaciones), herbicida Roundup (glifosato, presentado como biodegradable siendo en realidad muy tóxico), Policloruro de Bifenilo (PCB, altamente contaminante de suelos y aguas), Organismos Genéticamente Modificados (semillas de soja y maíz resistentes al Roundup), la hormona bovina (Somatotropina bovina). Muchos de estos productos están prohibidos en diversos países, casi todos europeos, por eso los utilizan en los estados del mal llamado tercer mundo.
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